Dekiru De Las Sombras.

Capitulo: El sueño.

Su cuerpo tembló fuertemente en ese momento. Aferrándose instintivamente a las sábanas, que antes de cubrirlo, parecían un adorno a un lado de la cama. Y suspiro, removiéndose. Sus parpados se apretaron con fuerza, en su rostro podía notarse la desesperación. Estaba soñando, más bien, pasando por una pesadilla, que al parecer no era de las mejores.

Si, Daiki Hitsugaya, en su mente se encontraba peleando para sobrevivir, para lograr encontrar al causante de aquel reiatsu aplastante que, sumido en su pesadilla, estuvo a punto de matarlo en varias ocasiones. Siempre a lo lejos lograba ver la figura de una persona con el cabello a los hombros, revoloteando en el aire, de cuerpo delgado y apariencia frágil. Pero cuando se acercaba una risa sádica y la horrible mirada de Aizen Sousuke aparecía.

Y para él era sofocante ¡No tenía pesadillas nunca! Y las pocas veces que eso ocurría no era perseguido por ellas la noche entera.

Su respiración se agito notablemente en cuanto aquello ocurrió por tercera vez aquella noche, y doceava vez en la semana. Y al volver en si, sus ojos turquesa se fijaban en la pared que estaba a unos metros de los pies de la cama. Miro hacía un lado y notando, apenas por la tenue luz de la Luna, a su hermana mayor dormida con su hermano menor juntos.

La peliblanca mayor se dio la vuelta, con los ojos semi abiertos, dirigiéndole una mirada. Se sentó en la cama, con cuidado de no despertar a Hideki. Se puso de pie y se arrodillo en el suelo junto a su hermano.

- ¿Qué es lo que te pasa? – Inquirió con un deje de preocupación en su voz - ¿Sueñas con el diablo acaso? – Se burló – No te quedaste quieto en toda la noche…

- ¿Tú que haces aquí?

- Anoche hice dormir a Hideki-nii y me quede dormida yo también… Hace un rato que tú me despertaste… Preocuparas a mamá y a papá ¿Qué es lo que sueñas, nii-chan? – Pregunto, ahora tomando asiento en la cama, frente a la mirada de su hermano.

El muchacho de catorce años sacudió su cabello, en busca de tranquilizarse un poco más – Es una pesadilla muy extraña… - confesó.

- ¿Pesadilla?

- Si… Un reiatsu muy potente me bloquea, y casi siempre intenta matarme… Justo entonces despierto… La imagen que veo es de una niña, pero a medida que se acerca… - nuevamente se sacudió el pelo, de solo recordarlo un escalofrío lo recorría.

- ¿Qué ocurre cuando eso pasa? – La seriedad y preocupación se notaban claramente en su hermana, que lo tomo del hombro en forma alentadora para que continuase con el relato.

- Aparece Aizen Sousuke – y volvió a despeinarse de forma frenética.

Momoko le miro curiosa y con cierto temor, comprendiendo por lo que pasaba su hermano. Ella y Hideki no le temían tanto al Sousuke, después de todo el ya estaba encerrado y no saldría en un muy, muy, muy largo tiempo. Pero si el dicho de que los hijos salen unidos, algunos más a la madre y otros más al padre, era cierto, el temor de Daiki estaba comprobado, así como su madre tenía ese horrible temor de que su ex capitán algún día regrese, el muchacho lo sentía sin siquiera quererlo o estar enterado.

- Es obvio – pensó la peliblanca, intentando calmar al chico – Así como yo siento el temor de perder a Daisuke-kun, como mi padre temió perder a mamá. Daiki siente el temor de ella en carne propia…

- ¿Sabes que es lo peor? – Ella prestó importante atención – Todo esto ocurre en un sitio desconocido para mí… Y mañana tengo entrenamiento de apoyo en el Rukongai.

- Tranquilo, nii-chan… No te pasara nada ¡Eres fuerte! – Alentó sonriendo, contagiándole la sonrisa al castaño – Ya me voy a dormir… - avisó, revolviendo, ahora ella, el cabello de Daiki y luego saliendo de la habitación, para dirigirse a la suya.

Un sombrío escalofrío le recorrió la espalda a Momoko, haciendo que su caminata frenara a mitad del pasillo, justo frente a la puerta de la habitación de sus padres. Y pudo escuchar claramente el llanto leve y contenido de su madre, acompañado de algunos susurros que su padre le daba de aliento para que se calmase.

Había sido lo que supuso. Después de todo lo de prodigio lo saco de Toshiro.

- Buena suerte hoy, Daiki – se despidió Momo, saliendo de la casa a la mañana siguiente, con su hijo menor en brazos, dispuesta a ir a su escuadrón.

- Lo mismo digo – también salió Toshiro, con el entrecejo fruncido y medio azotando la puerta de la casa al salir.

- ¿Y a este que le pasa? – se dijo la mayor molesta, con ambas manos en la cintura y, copiando el gesto de su padre, con el ceño arrugado. Miro al reloj de la pared y luego a su hermano que con toda tranquilidad le daba su último trago al desayuno – Ya se te hace tarde… - noto, dando una mirada disimulada, el nerviosismo que esa salida provocaba en su hermano – No te preocupes… - le llamo la atención – No se cuantas veces tengo repetirlo, pero, no te preocupes… Si algo llega a pasar, yo estaré atenta – le guiñó un ojo para darle seguridad y luego de que su hermano le diera una de sus sonrisas y saliera por la puerta, suspiro.

Hinamori entró a su oficina, dejando a Hideki sobre el sofá con unos cubos que Rukia le había traído del mundo humano. El pequeño peliblanco los tomo y comenzó a hacer lo suyo, mientras su madre le daba una mirada de soslayo al escritorio de capitán, vacío. Y extrañamente, no se le paso por la mente Hisagi, sino que el recuerdo de Aizen sentado allí haciendo el trabajo hizo que callera pesadamente sobre la silla.

¿Por qué de la nada los recuerdos de su ex capitán regresaban? ¡Si ella ya se había olvidado de todo aquello! No había ninguna razón tampoco para que esos pensamientos la acecharan. La imagen de un Daiki cabizbajo y mirada preocupada apareció en su mente.

- Será que… - se la pensó un poco, mirando atentamente y con mirada nostálgica a Hideki que seguía jugando sobre el sofá - ¿…Él es el que me trae los recuerdos…?

- Oka-san… - le llamo el pequeño peliblanco, mirándola con atención, una vez que tuvo la mirada de su madre sobre él de forma atenta, señaló hacía la puerta y al girar la vista hacía la misma, Momo se encontró con la mirada de su esposo desde la misma y sonrió con cariño antes que él se le acercase.

- ¿Qué ocurre, Shiro-chan? – Inquirió, el peliblanco tomo asiento frente a ella - ¿Es por lo de esta mañana? – un si con un movimiento de la cabeza fue dado y ella bajo la mirada – Me preocupa Daiki…

Y esto sorprendió a Hitsugaya, que hizo dirigirle una mirada interrogante a su mujer.

- Jóvenes, hoy iremos en grupo de diez personas a recorrer el distrito 78: Inuzuri – explico el sensei de Hakuda, de brazos cruzados, acompañado de dos estudiantes al parecer mayores que los presentes.

Daiki se encontraba con la mirada en el suelo, perdido en algún lugar de sus pensamientos, de los cuales todos terminaban en las pesadillas horribles que tanto lo perseguían. Sus compañeros comenzaron a avanzar, dejándolo atrás, lo que llamo la atención del tutor de la misión, que se acerco con paso firme.

- ¡Hitsugaya! – levanto la voz y el mencionado dio un salto del susto – Joven, preste atención o cuando menos quiera acordar un hollow lo acabará. No olvide que nos estamos dirigiendo al Inuzuri – recordó, dando una palmada en la espalda del muchacho para que comenzara su caminata tras sus compañeros.

Un enorme hollow fue partido al medio por el sensei ante la mirada sorprendida de todos los alumnos. Aun así, menos de Daiki.

- Estos son de los más débiles… Aquellos que ya posean su Zampakuto acabaran con ellos en segundos, solo recuerden golpear directamente a la mascara y se acabó, los demás seguro tardarán más tiempo, y si por alguna razón tienen dificultades ¡Pidan ayuda! – recalcó.

- ¡H-Hai! – asintieron todos, comenzando con el entrenamiento. Fue solo entonces que el Hitsugaya mediano prestó especial atención, queriendo olvidarse de su problema y desenvainar su, recién liberada, Zampakuto para comenzar a acabar con los hollows que, con obvia preferencia, iban directo hacía él.

Paso el rato, algunos de sus compañeros llevaban algunos rasguños, y otros los llevaban, acompañados del cansancio que esto provocaba, la mayoría de estos últimos eran por el simple hecho de no tener a su compañera con filo aún.

Daiki, presa de la distracción que lo ataco en mal momento, llevaba un corte en su mejilla, del cual la sangre salía manchando la misma. Se veía constantemente rodeado ¿Solo llegaban a él? ¿O había tantos como para un problema mayor? Los que llegaban eran cada vez más rápidos y difíciles de ganar.

En un momento, varios gritos llamándole a lo lejos se escucharon, con desesperación, intentando advertirle de algo. Y en cuanto volteó, un fuerte golpe lo atontó, mandándolo a volar lejos, seguido de más gritos y movimientos bruscos dados a su cuerpo.

Otro golpe más, los gritos de su sensei y compañeros ya no estaban presentes, y el castaño solo notaba como su vista se nublaba y antes de apagarse del todo, una luz blanca lo devolvió a la realidad por al menos unos segundos más. Sintió caer al suelo con pesadez, estaba perdido, no tenía idea ni de donde se encontraba ni cuantos minutos habían pasado.

Un par de ojos azules, grandes y penetrantes fue lo último que vio, seguido de un pedido de ayuda.

Y la oscuridad, por fin reinó.

Valla… No puedo creer que este subiendo otro fic después de que me vivo quejando que ya tengo muchos xD

Miko: Estas loca, acéptalo… XO Es tarde ¿Podemos ir a dormir? *ya con el piyama puesto y cara de cansancio*

Bueno, pero primero que nada: ¡Dejen sus reviews! Y advierto que este fic es como la 'película' de 'Siguientes Generaciones' fic mío que recomiendo si gustan de leer sobre las aventuras de esta linda pareja y muchas otras ^^…

Es muy tarde y no puedo decir más ¡Nos leeremos! Y Cuídense mucho :D

¡Dejen sus reviews! ^^