Capítulo 1

Sí, lo sé debería estar actualizando mis otras historias pero al parecer me ha atacado el espíritu navideño y decidí que no podía terminar el año sin escribir un fic de navidad.

¡Disfrútenlo!

Disclaimer: Los personajes de Supernatural no me pertenecen sino a Eric Kripke.

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24 de diciembre

Dean lo sabía. Él lo presentía pero no dijo nada pensando que quizás esta vez sería diferente y su padre no rompería esta promesa como las otras que ha roto, pero sin importar las tantas veces que su padre le ha fallado a Sammy, él nunca se acostumbrara a ver la cara de tristeza y desilusión en el niño.

Sammy tiene nueve años y hace tan solo dos años se había enterado de la verdad, desde ese momento su padre lo empezó a ver más como un soldado que a un niño, y desde ese entonces su corta vida fue sentenciada a ser un cazador más.

Él nunca estuvo de acuerdo con esa idea de su padre, Sammy era y sigue siendo solo un niño, el cual debería estar disfrutando de sus amigos o quizás discutiendo sobre cuál caricatura quiere ver y no tener que estar limpiando armas o cargando una petaca de agua bendita y sal en sus bolsillos como si esas cosas fueran las más comunes en un niño de nueve años.

—No te puedes ir papá, tú se lo prometiste ¿Acaso tu palabra vale tan poco? —Vale, estaba enojado y un tanto frustrado por la actitud de su padre.

—Cuida tus palabras muchacho que no estas hablado con uno tus estúpidos compañeros de clase. Yo soy tu padre y me debes de respetar —ladró John.

—Y nosotros somos tus hijos y simplemente no te puedes ir por ahí como sí no tuvieras una obligación con nosotros —dijo Dean elevando un poco la voz, pero no lo suficiente como para despertar a Sammy que dormía en el piso de arriba.

—¿Pero de qué hablas? La situación estará bien, te estoy dejando a cargo, yo sé que sabrás manejar unos días por tu cuenta y cuidar de Sammy ¡ya no eres un niño!

—En eso tienes toda la razón, papá. Ya no soy un niño, pero Sammy aún lo es y el necesita a su padre no promesas vacías.

—Dean, hijo no hagas esto más difícil. Entiéndeme, esto no es fácil para mí pero tengo que ir, recibí una pista muy importante sobre el demonio que mató a Mary y simplemente no puedo quedarme de brazos cruzados tratando de jugar a la navidad perfecta solo porque Sammy egoístamente quiere jugar a la casita, yo... —John se vio interrumpido al ver la pequeña figura de Sammy parado en el marco de la puerta.

Mierda, cuándo dejaré de embarrarla con mis hijos. Lo siento mucho, Mary. Te he fallado, pensó con tristeza al ver la mirada abatida en el rostro de su bebé.

—Sammy yo...

—No te preocupes papá, yo entiendo que la caza siempre ha sido más importante que nosotros —dijo tratando que su voz sonora firme y decidida.

—Oh vamos Sammy, sabes que eso no es cierto ¿verdad papá? —Dean lanzó una mirada a su padre, rogando al cielo para que no empeorará la situación.

—Por supuesto que no. Ustedes chicos son lo más importante en mi vida y sé que no lo digo muy a menudo, pero los quiero —La sinceridad era palpable en la voz de John, y esta vez hablaba con toda sinceridad. Sus hijos eran su todo y lo único que le quedaba de Mary.

—Entonces quédate —Sam sabía que su padre los quería, pero también sabía que él no se detendría hasta cazar al demonio que mató a mamá. Él lo entendía pero no por eso significa que no tenga que doler.

—No puedo, lo siento Sammy —dijo John mientras salía por la puerta. Cualquiera que estuviera allí hubiera dicho que tenía prisa por salir, pero en realidad él solo quería huir, esconderse y quizás olvidarse que él era el único causante que su pequeña familia estuviera tan rota.

Para Dean su padre era su héroe y secretamente siempre ha querido ser como el, pero en días como este lo odia con todo su corazón.

El silencio era ensordecedor y ninguno de los dos supo que decir. Después de unos minutos los cuales pudieron ser una eternidad, Dean decidió romper aquella atmósfera tan incómoda.

—¿Oye Sammy que tal si vamos al parque? —A su hermanito siempre le agradaba ir al parque y sentarse durante horas meciéndose en un columpio, quizás era porque esos eran los únicos momentos de libertad en su corta vida.

—No gracias, mejor dormiré un poco más y antes que lo preguntes, no tengo hambre.

Dean miro extrañado el reloj del microondas para darse cuenta que solo eran las nueve. Además, Sammy se acababa de levantar, no era posible que el niño tuviera sueño.

Solo había una justificación para el comportamiento de Sammy, y tenía nombre y apellido, pocas veces llamado papá.

SW/DW

En la habitación que compartían, Sam se sumergió en un mar de cobijas dejando a la vista su fregona de cabellos castaños.
La habitación era totalmente silenciosa, exceptuando los pequeños sollozos que escapaban por debajo de la pila de sábanas. Sam trataba de hacer su mejor trabajo para no ser escuchado por su hermano.

Dean se detuvo en frente de la puerta de la habitación, su puño estaba a punto de hacer contacto con la madera cuando escuchó un sollozo ahogado, como si alguien no quisiera ser delatado. En silencio giró sobre sus pasos y decidió volver a la cocina donde pudiera elaborar un plan para borrar los daños dejados por su padre.

Dean caminaba de un lado a otro obligando a su cerebro a encontrar una solución ante la situación y cuando pensó que fracasaría como buen hermano mayor una idea se iluminó en su rostro, una idea la cual le causaría mucha gracia.

Dean decidió darle una hora a Sammy, para que el pobre chico se pudiera desahogar y calmarse un poco, mientras tanto decidió hacer unos bocadillos para comer y otros para llevar, el viaje sería largo y el dinero tendrá que durar lo máximo posible. Lástima que esta vez no tenía ni un cinco de sobra para comprarle un presente a su hermanito.

Una hora y media después, muchos sándwich para llevar y una salida rápida a la tienda de la esquina, Dean decidió que era hora de ponerse manos a la obra.

—Sammy podrías bajar un momento —gritó Dean desde la cocina mientras esperaba sentado en una de las sillas del desayunador, girando su cabeza al escuchar pequeños pies haciendo su camino a la cocina.

—¿Si Dean? —habló Sammy mientras se restregaba su ojo con su pequeño puño y bostezaba, su cabello era otra cosa, totalmente disparejo y esponjado.

Dean no pudo reprimir una sonrisa de cariño hacia su hermano, el niño era pura ternura andante y seguro cuando crezca será todo un matador con las féminas de eso no había dudas. El chico por algo llevaba el apellido Winchester.

—Primero ve a empacar todo que nos vamos, en segundo, date una ducha. Y lo más importante apresúrate y come algo.

—¿Empacar? Pero dónde...

—He, he, nada de charlas, no hay tiempo —dijo mientras empujaba suavemente a su hermano escaleras arriba, y el mismo se dirigía a empacar sus pocas pertenencias.

Media hora después Sam estaba listo e informado de la situación y los dos se dirigían hacia la estación de autobuses que los llevaría a Sioux Falls.

SW/DW

Cinco horas después, dos cambios de autobús y un niño hiperactivamente aburrido enloqueciendo a su hermano mayor; lograron llegar a la casa del chatarrero.

Sam corrió entusiasmado a la entrada y sin demora alguna decidió entrar en la casa sin aviso.

Los ojos de Dean se abrieron cómicamente al ver a su hermano hacer tal locura, corrió detrás del niño esperando que Bobby no lo recibiera con una escopeta cargada de sal.

Bobby estaba terminando de acomodar unos libros que había conseguido recientemente, cuando escucho el clic de la puerta principal y unos pasos en la sala. Lo primero que el chatarrero pensó fue que algo sobrenatural había invadido su hogar, con todo el silencio que un cazador puede tener, Bobby sacó su petaca de agua bendita y su pistola detrás de la cinturilla de sus pantalones y le quito el seguro dispuesto a enfrentar lo que estuviera detrás de la puerta.

Bobby pensó que sentiría grandes garras rompiendo sus costillas o enormes fauces destrozando su garganta, pero sin lugar a dudas lo último que espero fue ver y sentir pequeños brazos cerrándose en torno a su cintura, seguido por una mata de pelo castaña.

—Pero que...

—¡Tío Bobby! Me alegra que estés bien ¿no deberías estar descansando? —Por ultimo recrimino la pequeña voz.

La pequeña criatura habló con la cara enterrada en su camisa de franela, pero todo cobró sentido cuando el bicho aquel dijo tío Bobby.

—Sammy por Dios. Casi me causas un infarto y por poco te disparo —dijo Bobby, todavía un poco sorprendido por lo acontecido mientras devolvía el abrazo con afecto —¿Descansar? —dijo el chatarrero, separándose del niño.

—¡Sammy! No deberías entrar sin anunciarte —gritó Dean a escasos pasos de su hermano.

—Pero Dean, yo no quería que el tío Bobby se esforzara, ya es suficiente que se lastimara la cadera bajando unos escalones como para molestarlo con abrir... —fue interrumpido.

—¿Que yo qué? Yo no me he lastimado nada.

—Tranquilo tío Bobby, que no te de vergüenza a todos nos llega a molestar la edad. Aunque en tu caso creo que a unos primero que otros —decía inocentemente Sammy.

Dean solo quería callar a su hermano, pero simplemente no podía dejar de reírse, el niño se tomaba todo muy en serio.

Fue tan rápido que Dean no se dio cuenta, en un instante estaba disfrutando a costillas de Bobby y al otro estaba escupiendo agua bendita.

—¿Qué demonios, Bobby? Sabes que somos nosotros.

—Sí, lo sé pero no me gusta tu actitud de listillo —dijo mientras le plantaba cara al chico y pasaba su brazo por encima de los pequeños hombros de Sam —¿Ahora les importaría a alguno de ustedes decirme qué diablos pasa aquí?

Se encontraban sentados alrededor del desayunador, cada hermano con una jarra de chocolate caliente.

—Bueno, no es la gran cosa Bobby. Solo quisimos venir a... —Dean se vio interrumpido en su intento de mentira barata.

—Mentiroso. Tu dijiste que Bobby se había caído y casi se rompe la crisma y que necesitaba que lo cuidarán —La voz de Sam era totalmente acusadora hasta el punto que hizo sentir a Dean un poco culpable por haber preocupado al niño.

—¿Eso es cierto, Dean? —dijo Bobby mientras fingía enojo.

—Mmm quizás el 95% de ello, pero yo no quería que pasaras la navidad solo. Bueno, Sammy y yo nos tenemos, pero tú lo tendrías que pasar solo —Dean terminó de hablar mientras le guiñaba un ojo a Bobby, esperando que el chatarrero lograra agarrar la excusa.

—Pero de qué...ahh ya he… gracias chicos, esta navidad será diferente con ustedes aquí. Entonces, ¿quieren celebrar la navidad en mi casa?

Bobby sabía que había hecho bien en seguirle la corriente a Dean, la cara de Sam no tenía precio.

—Claro que queremos ¿verdad Dean? —dijo con gran entusiasmo, pero tan rápido como había llegado esa alegría se fue.

—Por supuesto que sí hermanito, lo que tú quieras —Dean trató de fingir que no vio la alegría desparecer del rostro de Sammy.

Mientras Sammy subía a dejar sus cosas, Dean puso a Bobby al tanto de la situación.

Maldito seas John. Bueno, yo me encargare que cumplas tu palabra.

SW/DW

La noche llegó rápidamente, cargada de las típicas frías nevadas de diciembre, por dicha Bobby tenía una casa con buena calefacción y comida caliente. Además de camas cómodas y confortables no como en los moteles de mala muerte que el idiota de John siempre decidía dejar a sus hijos.

Por otro lado, Bobby adoraba a los chicos de John como propios y no podía soportar verlos tristes o ver como John les rompe el corazón. Aún no puede entender cómo el idiota puede dormir tranquilo, sabiendo que ha defraudado otra vez a Sammy, ese chico tiene el corazón más grande que cualquier otro.

Además John piensa que el chico nunca se le revelará, si supiera el infierno adolescente que le toca. Pensó Bobby, mientras se dirigía a la biblioteca a realizar algunas llamadas y cobrarse uno que otro favor.