A Chibi y Fernanda.
Los personajes de Transformers y Marvel Cómics no me pertenecen, sólo soy dueña de mis OC.
(No apto para lectores canon)
Prólogo
Dicen que quien no aprende de los errores del pasado se condena a sufrir en el presente. Por ahora no voy a presentarme como debe ser. Sólo puedo decirles que, mi padre es visto como un villano traidor e incomprendido, manipulador y mentiroso. No es algo que me llene de orgullo; sin embargo, el frío de su corazón fue tocado por una femme autobot.
¿He leído bien? Es lo que en estos momentos te debes preguntar y puedo responderla de forma inmediata "Sí: una femme autobot".
Es muy probable que lo que a continuación voy a contarte haya salido de la imaginación de alguien que no se limita al canon o una "verdad histórica". Apuesto a que eres de las personas que recuerda la famosa Civil War donde se hicieron populares los hashtag: TeamCap y TeamIronman fueron el centro de atención de los ojos del mundo. No voy a emitir una opinión al respecto porque en ese entonces yo no tenía la conciencia necesaria para estar a favor de un bando u otro. Mi mundo (o lo que yo creía) se limitaba a estar con mi madre escuchándole narrar historias sobre Loki Laufeyson el rey Asgardiano y sobre las hazañas de mi abuelo, Optimus Prime.
Alguien de la familia había mencionado que todos tenemos jurisdicciones y fingimos que no existimos, un trabajo recíproco pero ésa son otras historias que han sido contadas con anterioridad, pero a lo que quiero llegar es que allá afuera está mi especie interactuando con ustedes y ayudando a los "héroes" de formas misteriosas. Sin embargo; los enemigos comunes: Red Skull, Amora y el bando de los decepticons liderados por Starscream habían aprendido lo que nosotros, o en éste caso, tanto vengadores, asgardianos y autobots lograron consolidar pero, por situaciones diversas olvidaron: Una Alianza.
Los "héroes más poderosos del planeta" estaban divididos y, cuando la guerra terminó; la Alianza del mal atacó; mi abuelo luchó valientemente para impedir que la tierra cayera en dominio de seres opresores al igual que mis tíos Clint Barton y Lis Pruett, pero el daño estaba hecho. Posteriormente los héroes empezaron a caer. Parecía que la esperanza se había alejado de nosotros.
O eso es lo que yo creí por mucho tiempo.
La guerrera indomable y el lobo blanco
Primera parte
Wakanda
Capítulo 1: La huérfana
En la soledad de un paisaje níveo o lo que al menos reflejaba en ese entonces el gélido país de Islandia, podía divisarse algunas ventiscas adornar el suelo. Aunque todo parecía ser normal, en realidad, fue el inicio de la represión por parte de la Alianza del mal.
Como si fuese una plaga de langostas al estilo del éxodo, de esa manera aparecieron en el cielo aeronaves grisáceas sobrevolando el espacio aéreo de aquella nación aislada del continente europeo. Los frailecillos huyeron despavoridos al percibir el peligro como los animales de la región buscada el refugio en sus nidos, madrigueras y cubiles.
El aire a muerte se percibía y la población empezó a huir buscando refugio. Hombres, mujeres y niños se encontraban en distintas direcciones cual marabunta humana tratando de escapar ante la inminente esclavitud. Pero aquella situación caótica es interrumpida por los disparos de aquellas luciérnagas mortales que emanaban de las aeronaves evitando que aquellos seres lograran su cometido.
A la par de ello, un equipo de siete aeronaves procedían a descender como ave en picada cuando éstos en pleno vuelo, la estructura se transformaba drásticamente para dejar al descubierto a siete robots de gran envergadura cuyos ópticos reflejaban el carmesí infernal.
Simultáneamente, pero a varios kilómetros de la capital Islandesa, en un pueblo de pescadores había sobresalido una cruz gigantesca tallada en hielo donde en su interior se encontraba descansando la figura de una femme cuyo acabados en su estructura eran rojizos, junto a ella también se encontraba un lobo robótico Ambos dormían en el gélido sueño.
Una niña quien portaba un abrigo rojizo y uno jeans de mezclilla de un color azul deslavado sin contar unas botas de nieve aparente para el clima contemplaba a lo lejos aquella obra de hielo. Su cabello rojizo estaba alborotado cubriéndole el rostro, apenas se divisaba un pequeño indicio esmeralda en sus ojos. Se encontraba respirando con dificultad producto del agotamiento de la huida.
Un lobo imponente con colores gris y blanco cuyos ojos compartían con el color de los ojos de la pequeña había aparecido a espaldas de la menor.
-Fenrir, ¡los han matado! – Expresó la niña sin temerle mientras abrazaba una de las patas delanteras de aquel animal.
El lobo emitió un sonido lastimero y se dedicó a tomar a la pequeña por sus fauces para acomodarla en su lomo, alejándola del lugar. La pequeña se aferró al pelaje del cuadrúpedo partiendo con el hacia el círculo polar, en donde difícilmente podrían darles alcance. La pequeña tenía la mirada llorosa producto de aquella impotencia el ver a sus seres queridos atrapados.
-¡Papá… dónde estás! – Susurró con sentimiento la menor.
II
Logrando el cometido y con actitud sobreprotectora, el lobo había logrado llevar a la menor hacia un lugar seguro, se recostó en el vil hielo para proteger a la pequeña pelirroja que se había acomodado con él para darle su calor.
-Fenrir no quiero dormir… deseo ir a casa. – Expresó tristemente mientras se abrazaba al singular animal. – ¡Quiero a mi papá, él nos va a salvar!
El lobo emitió un gemido lastimero a modo de consuelo y coloco su cabeza como parte de su cola en modo de protección hacia aquella pequeña. Poco a poco, la pelirrroja terminó durmiéndose. El cuadrúpedo vigilaba el sueño hasta que su vista la enfocó en el cielo: una serie de luces se divisó en medio de la tormenta de nieve que aterrizaba sutilmente en el hielo.
Una compuerta se abrió dejando verse a una figura atlética en color negro cuya armadura aludía a la pantera negra. El hombre se acercó con cautela llegando casi a la par del lobo. El cuadrúpedo mostró los colmillos de forma intimidatoria, pero el hombre felino mostró prudencia.
-Debo llevarla conmigo mientras hay oportunidad. – Expresó aquella voz que conservaba jovialidad.
El lobo contempló a la pequeña dejando una lamida en la frente.
-Sabes que no puedo transformarme para no despertar sospechas. – Se escuchó que el lobo había hablado; el matiz que pronunciaba indicaba serenidad y tristeza unidos por ese sentimiento. – Ella confía en ti.
Mencionó mientras le daba paso al hombre para que se llevara a la menor quien dormía, sin embargo; dos esferas de luz salieron del interior del lobo quienes rozaban las mejillas níveas de aquella pequeña quien no despertaba de su sueño. Se distinguió que la pelirroja llevaba en sus muñecas unos brazaletes plateados con inscripciones asgardianas y de otra escritura perteneciente a otro mundo.
-Estará a salvo, te doy mi palabra de rey a rey. – Mencionó el hombre con certeza mientras se llevaba consigo a la menor.
-Los decepticons están sobrevolando Islandia, me quedaré a ayudar en lo que pueda. – Mencionó con valentía mientras se internaba en donde el hielo reinaba por completo.
La aeronave del felino había despegado y decidió camuflarse para evadir a los enemigos, mientras que la pequeña seguía durmiendo soñando con su familia que no podría volver a ver en largo tiempo.
III
-No puedo creer que ella sea una princesa. – Se escuchó una voz femenina quien contempló a la menor dormir.
Aquella mujer no tenía cabellera alguna, su color haciéndole honor a la raza africana; portaba un vestuario tribal propia de los guerreros de alto rango que contrastaban de forma equilibrada. Sus ojos negros no mostraban expresividad pero, sin duda; por muy fuerte que pueda ser una mujer, en el fondo se guardan los sentimientos de la maternidad.
-Así es Ayo – Respondió cortésmente aquel hombre con una voz que marcaba respeto. –Es la hija de Laufeyson.
-¿Estás consciente que nuestro pueblo no estará en paz?
T'Chala permanecía observando a la pequeña que continuaba durmiendo ignorando por completo la conversación.
-Wakanda ha permanecido en guerra desde antes, estamos preparados para lo que venga y si ella representa la esperanza de nuestro mundo, entonces debemos protegerla.
El destino de aquella huérfana había sido marcado.
