Capítulo 1: Kate.
Cuando llegó a casa, dejó el bolso en la percha y se quitó la chaqueta. Tenía la mirada abstraída, sus movimientos eran mecánicos.
Se sentó en el sofá mirando a la nada para poco más tarde sacarse los zapatos sin cuidado y echarse, dejando que su cuerpo apoyara todo su peso extendido en el cuero del sofá. Con las manos detrás de la cabeza, volvió a perderse en sus pensamientos, con la mirada puesta en el techo… Se sentía ridícula. Como si el destino le hubiera jugado una mala pasada, como si todo fuera una broma de la que tenía que despertar de un momento a otro. Había hecho el ridículo delante de sus compañeros y aunque eso la hacía sentirse mal porqué había dejado entrever su lado más vulnerable, lo que más le dolía era lo que representaba la situación que acababa de vivir con Castle.
"Dios mío –pensó- iba a hacerlo, iba a dar el paso".
Pero todo se estropeó. Sabía que no era culpa de él que se sintiera así. Si lo miraba fríamente ella le había mentido sobre los Hamptons, le había dicho que tenía que trabajar cuando en verdad estaba planenando irse de fin de semana con Deaming.
Deaming. Qué poco le importó su por aquel entonces novio cuando sintió que algo muy importante se desprendía de su vida, se marchaba aquél que estaba allí siempre, el que siempre guardaba su espalda en los buenos y malos momentos, el que le había demostrado después de más de una año trabajando juntos que no le era indiferente lo que a ella le ocurriese. El día que le dijo que ese sería su último caso juntos, que se iba a pasar el verano fuera de la ciudad, que la dejaba sola a su suerte, abocada a su destino por ella misma; la realidad de sus sentimientos la golpeó, haciendo surgir en superficie sus pensamientos más escondidos. Espósito no ayudó en absoluto cuando le reafirmó algo que ella ya sabía: él no estaba ahí sólo para investigar, ya no. Fue como si alguien le hubiera dado un papel con todos su pensamientos escritos, muy bien explicados, contándole algo que ella ya sabía de antemano pero que se negaba a aceptar y ahí estaba, cobrando forma y haciéndose real. Él se iba. Como cuando a alguien a quien tienes estima muere, como cuando alguien con quien cuentas, un familiar al que a veces tratas mal sin querer queriendo, al que renuncias visitar por hacer otras cosas se marcha, y entonces te das cuenta lo importante que era su papel en tu vida y lo mucho que le necesitabas. Le había dado por sentado en su vida.
En ese mismo instante le golpeó con crueldad el dolor que sentía y es que estaba tomando conciencia de lo mucho que le necesitaba a su lado. Sin casi darse cuenta cerró los ojos y dos lágrimas resvalaron por sus mejillas y cayeron al sofá. Buscó un cojín que tenía a mano y lo abrazó dejando que el llanto la invadiera. Se conocía y sabía que lo mejor era drenar la pena, maldecir al destino y al Universo por su mala suerte. En su casa, en su guarida, lloraba desconsolada por alguien que se le había escapado al primer round. Sentía rabia de sí misma, ya que si bien había sido corta de reflejos, cuando reaccionó ya fue demasiado tarde, llegó tarde y para cuando lo hizo, él ya se había ido.
No sólo iba a estar todo el verano sin verle, sinó que además tenía la visión de su exmujer pasando el brazo por su cintura, llevándoselo con ella tres largos meses. La realidad de los últimos días se concentró se hizo angustia y tuvo que sentarse en el sofá y concentrarse en coger aire.
"Uno, dos, tres, respira Kate. ¿Qué tan duro puede ser? Después del asesinato de tu madre, ¿qué tan duro puede ser esto?" Pero hay veces que controlar la mente y los pensamientos que a uno le vienen a la cabeza no es tan fácil y a ella no paraban de llegar flashes de ese día mientras se revolvía inquieta en el sofá.
"¿Te veré en otoño?" "Sí, nos vemos en otoño".
