Antes de leer:

Tokyo Ghoul pertenece a Ishida Sui.

Este fanfiction participa en ¡Amigo Invisible! del foro Anteiku: la cafetería para fans de Tokyo Ghoul.

Encontrarán un revoltijo de palabras, BL y mucha fealdad.

Tsukiyama Shuu y Kaneki Ken.

n/a: ¡Lo siento mucho, ChaosKittie-san! Siento que no es realmente lo que esperabas, y me costó muchísimo porque al principio quería hacer tu segunda petición, pero me salí mucho del tema y lo borre. Intente con Suzu-chan pero me quebré la cabeza y al final me salió mejor esto. No soy una experta con el Shuuneki, y mucho menos en lo empalagoso, uy. ¡Espero no lo odies tanto y te guste aunque sea un poquito! Prometo te lo pagaré.


Besos que roban el aliento

Para ChaosKittie413

uno

Gruñidos y maldiciones salen de los labios suaves y secos que a Shuu le encantan y le vuelan la cabeza. Pierde la cabeza y es imposible para él recordar a que sabe la cordura, a que sabe la soledad y a que sabe la piel que no sea de Kaneki-kun.

―Ah, Ka-ne-ki-kun― canturrea con una voz seca y de una forma tan delicada aún esté a nada del éxtasis final.

La habitación que se decora con sangre y cuerpos llenos de agujeros es el único testigo de que Tsukiyama está loco, loco por él. Y Kaneki tan sólo se deja mecer por el vaivén que dictan sus cuerpos con desenfreno.

Shuu busca a tientas los labios que, sin importar la estación o las circunstancias, siempre están fríos.

«Ah, Kaneki-kun, déjame calentar esos labios ―sabrosos― suaves tuyos, déjame calentar ese ser tan frío tuyo, déjame-»

Pero la respiración se le va cuando Kaneki suelta un débil murmullo entre sus besos y siente como se deja ir, arqueando su espalda.

―No te… vayas, Tsu… Tsukiyama― su voz dista de ser demandante, y eso es lo que provoca que a Shuu le tiemblen las piernas.

Agotados, sus pechos subiendo y bajando, Kaneki da la primera mordida. La segunda y la tercera. Y Tsukiyama no puede hacer más que dejarse hacer, porque la sangre, la saliva y el amor se entremezclan entre todo ese manjar que se está degustando su amado querubín que las quejas se atoran en su garganta y cierra los ojos.

«Tan bello, Kaneki-kun… Tan, ah.»

dos

A Tsukiyama le gusta el parque que está cerca del departamento. Es su nuevo descubrimiento y disfruta del viento golpeando con suavidad su cara mientras disfruta de un nuevo libro.

Es entonces cuando se da cuenta de unos cabellos blancos y una sonrisa que inocente ya no es, pero que camina con seguridad y ropas desaliñadas. Se sienta a su lado, cambia la página del libro; roza con la mano de Shuu y después la toma en un gesto frío pero tan cálido que siente los dedos de sus pies vibrar.

Las hojas que caen lentamente como la misma relación que tienen ambos, que sin impedimento alguno culminará y decaerá son el único testigo de los besos robados, de las leves caricias y de leves atisbos de sonrisas sinceras.

Y Tsukiyama no puede más que suspirar, porque la comida ya no es comida y puede que la presión en su pecho sea algo más que atracción.

tres

Le sabe a despedida. Le sabe a adiós. Le sabe a último.

Por eso, Shuu Tsukiyama toma con fuerza las caderas de Kaneki y entierra sus dedos. Muerde y lame el cuello, pecho, torso y piernas del menor y no sabe cuándo la sangre se ha colado en su boca. Pero poco le importa ya, se ha vuelto loco y quiere todo de él.

«¿Qué puedo hacer, Kaneki-kun, si no es devorarte? ¿Qué puedo hacer si no robar hasta el último suspiro tuyo y que seas siempre mío? Yo-»

A Tsukiyama le ha invadido la locura. Le sabe a gloria la piel suave de su amante y lame con desesperación. Va a huir, huir, huir, ¡qué tragedia, la comida se ha vuelto más que comida y ahora quiere huir!

Y Kaneki se deja llevar, susurrando pequeños "Ah, te quiero" y "Tsukiyama" que a Shuu le suenan tan llenos y vacíos.

«¿Cómo dices quererme, Kaneki-kun? ¿Dices quererme para después abandonarme? Qué cruel y despiadado.»

Arranca pedazos completos de carne como gritos de Ken. Y Shuu sólo puede continuar con el movimiento brusco de caderas, mordiendo, lamiendo y lamentándose.

«¿Qué haré yo, Kaneki-kun? ¿Qué haré yo cuando no tenga nada más que saborear?»

A Tsukiyama se le va el aire cuando Kaneki lo besa, le arranca los labios a mordidas―y con éstas, su alma.

cuatro

Tsukiyama grita y mueve con desesperación las manos y pies. Sus movimientos se han vuelto erráticos y descoordinados.

―¡No, Kaneki-kun! ¡Nononononooo lo hagas que yo sin ti me muero! ¡Dime cuál es el propósito de todo esto! ¡Morirás!

(Y yo me quedaré sin tus caricias y sin tu amor. Sin tus besos roba alientos y tu piel suave. Tus sonrisas y tus gestos, ¡¿qué se supone que haga sin ellos, Kaneki-kuuuuun?!)

Pero lo golpea y lo tira al suelo como si no fuera algo más que un niño. Y Shuu solo puede derramar lágrimas llenas de sentimientos que lo dejan seco.

―Por favor… Kaneki-kun…

La sonrisa que le dedica le deja sin aliento y siente como se quiebra algo dentro de él.

(Kaneki-kun, que malo eres).

cinco

Rasga la piel que se encuentra bajo sus manos. Siente el maravilloso placer de escuchar el sonido de la sangre caer y comienza a comer.

Entonces escupe la carne y grita.

―¿Dónde está mi Kanekiiiii-kuuuuun? ¿Por qué me lo han quitado? ¡Por qué!

Tsukiyama anhela el contacto de piel con su amado. Tsukiyama anhela besar de nuevo esos labios tan secos y suaves.

Ha caído en un pozo sin salida, donde hay burlas de payasos y lamentos silenciosos. El pierde la cordura y sólo quiere abrazar a Kaneki, besarlo y no dejarlo ir jamás.

«Ah, ¿qué me has hecho, Kaneki-kun? Te amo tanto y mira como me pagas.»

Y cierra los ojos para sumirse una vez más en la miseria.