Consternación

"Esa chica… ¡quiere olvidar todo!, todo su pasado…"

También se olvidaría de él. De hecho, se olvidó de él. Así como también de aquella persona a la que tanto decía querer. De la nitidez e irradiancia de aquella sonrisa, nada quedaba. Ni de aquellos cabellos que se hacían caricias cada vez que lo rozaban. O de las reprimidas y consternadas lágrimas que tantas veces él ahuyentaba…

Todas y cada una de aquellas memorias fueron borradas y arrancadas… memorias esparcidas en un mundo que constantemente evolucionaba.

Y mientras tanto él se desvanecía.

Sucumbió en las sombras de aquel mundo distorsionado, llevándose consigo el único fragmento que le permitiría llevar a cabo su venganza. Permanecería inmerso en ese mundo anormal, construido por los retorcidos fragmentos de una memoria que encerraba un trágico pasado, escondido bajo viejos retajos, protegiendo celosamente aquel cascabel, aquel escudo protector de su arma más poderosa.

Aguardaría a que ella viniera, porque iba a venir. Él lo sabía, lo presentía… su olfato no lo engañaba. Ella acudiría hacia él para destruir ese añejo y triste fragmento… y entonces esperaría el momento justo para hacer añicos su existencia.

Rencor, odio, anhelos de venganza. Todos aquellos sentimientos convergían en su interior. Porque la única persona a la que él había amado lo traicionó vilmente al decidir olvidarse de su pasado, al elegir arrojar todos aquellos recuerdos… al elegir incluso olvidarse de él, su más preciado amigo.

Quizás el deseo de destruir a Alice se había convertido en una obsesión, y el querer complacer a la Voluntad de Abyss era tan solo la manera amarga de restringir y ocultar el resabio sabor de aquel sentimiento que todavía rebozaba en algún recoveco de su ennegrecido y compungido corazón.

Pero las cadenas no sienten… o tal vez sí, porque el convertirse en un fanático seguidor de la Voluntad de Abyss que deseaba destruir a Alice más que nada en el mundo no podía, bajo ninguna circunstancia, tratarse de una mera casualidad.

Su ensortijada mente no podía especular otra cosa más que el deseo maquiavélico de dañar a esa persona que destruyó lo más puro de su ser convirtiéndolo en una carcasa vacía que se estaba pudriendo.

Se incorporó con movimientos parsimoniosos, el cascabel se agitó… el tintineo profanó el silencio sepulcral que reinaba en aquella luctuosa y macabra matiz albergada por esa distorsionada dimensión. Una sonrisa atroz y nacarada se dibujó a lo lejos, resplandeciente e inquietante. Ese desbordante anhelo de destrucción retraído pronto sería liberado. El momento cúlmine por fin había llegado.