Prologo

*Quince años atrás*

Su niña no dejaba de llorar. Había empezado a mostrarse inquieta en la última estación.

Cuando el autobús de Heiwa a Tanaka se detuvo en Jima para recoger más pasajeros (calles inventadas ¿Dónde?)

Ahora, un poco después de la una de la madrugada casi había llegado a una ciudad de Japón y esas dos horas que llevaba intentando tranquilizar a su niñita la estaban sacando de sus casillas.

Cuando se bajó del autobús se dio cuenta de las pocas personas que trascurrían por allí. Había empezado a llover ligeramente. El suelo estaba mojado y los últimos rezagos se habían puesto a cubierto.

Ella vio un hombre vestido todo de negro que estaba parado en una tienda de veinticuatro horas, y sintió que debía correr con todas las fuerzas que tenia o mejor dicho le quedaban ya que durante las dos últimas semanas eso es lo único que había hecho.

Pero… Fue imposible huir…

Él se movió con tanta rapidez que ella no supo con que la había golpeado.

Estaba de pie a tan solo escasos metros de ella y al cabo de un segundo le había puesto la mano en el cuello y le cortaba la respiración, la empujo hasta las sombras, hacia un punto donde nadie se diera cuenta de si iba a atacarla. O a hacerle algo peor.

-Si dices una palabra o mueves un solo musculo matare a esa niñita- decía el hombre.

Su niñita estaba gimiendo entre sus brazos, pero ella no dijo ni una palabra. Ni siquiera se atrevía a pensar en moverse.

Lo único que importaba era su niña. Protegerla. Por eso no se atrevió a hacer nada ni siquiera cuando ella podía simplemente estirar su mano y dejarlo sin poder y energía, pero tenía que protegerla.

Se quedó de pie helada por el terror, apretando con fuerza el bulto que cargaba mientras su atacante la aventaba con fuerza.

-Corre- digo el hombre.

-Si corres y te escondes de mi tendrás tan siquiera un día más de vida, ahora ¡corre maldita zorra entretenme!- decía el mismo hombre.

Ella sin dudarlo corrió no para salvarse ya que ella no tenía salvación si no para salvar a su adorable niña el fruto de su amor.

Tres horas después… la estaba matando, el monstruo la estaba matando. Y luego iba a matar a su niña.

-No- intento inhalar pero solo trago sangre… su propia sangre –Maldito seas ¡NO!- digo la mujer.

Con un desesperado esfuerzo de voluntad, dio un botazo contra el rostro de su atacante. El soltó un gruñido y se apartó, sorprendido y ella consiguió soltarse.

Se apartó de él, tambaleándose, estuvo a punto de caer sobre sus rodillas pero consiguió enderezarse. Con un brazo sujetaba a su niña y con el otro cubrió su herida húmeda y caliente en su panza mientras se alejaba despacio de esa criatura que levantaba su cabeza y la miraba, burlón.

Se dispuso a correr aunque fuera inútil.

Y entonces… fue inútil… ella murió.

-Y entonces… adonde iremos ahora… Narumi…- decía una mujer vestida con un corsé negro que resaltaba su gran pecho operado y una falda que solo le cubría la mitad de su trasero

-No sé a…- pero no termino de decir Narumi ya que entonces escucho unos disparos y un grito de agonía.

-Narumi a dónde vas- preguntaba la mujer.

Pero Narumi no le contesto ya que tenía un mal presentimiento y cuando llego al lugar del disparo media hora después.

Oyó un lloro ahogado que procedía de algún lugar, en la distancia. Un sonido tan insignificante.

-Pero que… diablos… ¡YUKA!- gritaba Narumi al ver el cuerpo de esa mujer.

De la mujer que amaba aunque su sentimiento gamas fue correspondido.

-¿¡YUKA!? ¡HABLAME!- gritaba Narumi con una mirada furiosa y triste mientras lloraba

-Na… ¿Narumi?- decía Yuka con una voz insignificante.

-¿Yuka? Que te paso quien te hizo esto- preguntaba Narumi mientras agarraba el cuerpo casi sin vida de Yuka y le agarraba la mano.

-Narumi… cui…dala… a…Ma…la, no dejes que le hagan lo mismo que a mí y su padre por… favor, no dejes que pongan sus manos encima de ella, dile que siempre la amamos y dale esto por favor… Narumi… rescata a Mi…ka…n- decía Yuka con sus últimas palabras y con sus últimas lágrimas.

-¿Yuka? ¡YUUKAAAA!- gritaba Narumi al cielo nocturno con lágrimas en los ojos.

Oyó otra vez ese pequeño aullido de desvalimiento que lo atrajo a ese lugar, se acercó para ver que era ese sonido.

-Asi que tú eres Mikan… que linda niña… - decía Narumi aun con lágrimas en los ojos.

-Ven yo te protegeré, vamos a un lugar seguro, vamos a Gakuen Alice- decía Narumi para él y la niña.

Pero el lloro continuaba. No cesaba. Le rompía el corazón, ahora caminando hacia la avenida mientras miraba, sin ver nada, más que la luz del amanecer.

Continuara…

Espero que les guste ¿review?