Hola~ ¿Me odian? Eh, lo puedo entender. Disculpen por haber dejado botado Fanfiction y con él, obviamente, mis historias. Fruto Prohibido estará parado hasta que retome la idea y sepa cómo hilar todo. Lo siento. Prometo no olvidarme de este fic, pues estoy de vacaciones (tuve tres meses de horror en la Universidad). Además, es un regalo muy preciado para una amiga. Roww, RowwDarcy, Rowwcaradepapa, te quiero un montón, espero que el fic te guste, te enganche y que te sientas reflejada en él. I lor u beibi~~ ¡Feliz cumpleaños!

Disclaimer: Digimon NO es de mi propiedad. Ni en mis mejores sueños, haha ;_;

Aclaraciones y advertencias: les advierto desde ya que hay MUCHO OoC. Lo siento. Intenté que no fuese en grandes cantidades, pero hay bastante. En cuanto a aclaraciones se trate, el tema de la Universidad me basé en cómo son éstas en mi país (Chile). Por lo tanto, espero que no sea tan confuso, si lo es, un MP y se los explicaré detalladamente.

¡Gracias a todos!


Jugar con fuego

Para Roww

Con mucho cariño~

"¿Estás segura de hacerlo?"

La frase que Sora Takenouchi había emitido alrededor de quince horas, aún seguía presente en la cabeza de Mimi Tachikawa. La castaña tomó un sorbo de agua y suspiró fuertemente. Se encontraba en la cocina, parada frente al lava-losas, con un vaso entre sus manos y con la cabeza gacha, sin saber qué hacer. El problema se reducía a sólo uno. Un problema que comenzó pequeño, pero que terminó siendo bastante grande. No era que no le gustase que las cosas fueran así, en un comienzo le agradaban, pero luego se tornaron… tétricas.

—Ser la chica más popular de la Universidad debería ser divertido, ¿no? —exclamó con un deje de ironía. Apretó los labios y suspiró nuevamente cansada de la situación. Dejó el vaso en la mesa y caminó hasta el sofá del living. Se lanzó con fuerzas hacia el sillón y recostó su cabeza suavemente en un cojín.

Todo había comenzado bien en casi sus últimos años de Universitaria. Faltaban dos años y salía de aquella eterna cárcel. Absolutamente todo había resultado bien. Se había reencontrado con personas, había hecho las paces con algunas de las chicas que se llevaba mal en los primeros años, los profesores no eran tan exigentes, en el salón había un ambiente ameno. Todo iba bien. ¿Qué más podía pedir?

"Tener estúpidos hombres tras ella derramando baba por todo el pasillo del departamento Universitario".

¿Por qué algo tan simple se había vuelto un dolor de cabeza del tamaño del Titanic? ¿Por qué era malo tener fans? ¿POR QUÉ? ¡Eso se suponía que era algo bueno!

Pero ella estaba muriendo.

—Malditos hombres… —susurró angustiada. ¿Desde cuándo se habían vuelto tan… macabros?

"¿Estás segura de hacerlo?"

La frase volvió a repetirse en su cabeza. Una y otra vez.

"No juegues con fuego, porque te puedes quemar"

¿Por qué, de repente, a Sora se le daba la maldita gana de sonar poética y filosófica? ¡Eso sólo la hacía dudar de sus intenciones!

La alarma había sido terriblemente escandalosa, no era muy bueno tener a una banda de rock como ringtone para despertarla. Siempre amanecía asustada de la batería y del tarrerio que emitía el celular. Apagó en seguida la alarma del celular y miró la hora para asegurarse que no se había quedado dormida y que se hubiese despertado con la última alarma programada en el celular.

6:45.

—Uhm, buena hora para una ducha fría… —susurró. Miró hacia la pared donde tenía colgado el horario de clases. Sonrió de medio lado y aliviada al ver que las primeras dos horas de clases eran de Inglés. Ramo el cual tomaba con su mejor amiga Sora Takenouchi y que, por suerte, casi ninguno de los acosadores lo había tomado.

Siempre creyó que tomar un ramo de Lengua era agotador y era una pérdida de tiempo, pero por cuestiones y reglas de la Universidad, debían hacerlo. Aún recordaba cuando maldecía al director por haber implantado esa regla tan mezquina, sin embargo, ahora le aplaudía. Las clases de inglés eran las más tranquilas para ellas.

—Ahora me arrepiento de no haber entrado a Diseño —rió sarcástica. Su humor estaba cambiando de a poco. Ya no era aquella niñita malcriada por los padres, no era la que no se podía defender. Estaba más centrada, y, aunque le costase admitirlo, mucho de su madurez tenía que ver con el gran problema que estaba cursando en esos momentos.

Las horas se estaban pasando rápido, en un abrir y cerrar de ojos ya había llegado a la facultad del inglés. Sin mucho ánimo, entró por las grandes puertas del recinto. Si bien el edificio no era tan grande como las demás facultades, pero sí era bastante amplio dentro del Campus de la Universidad.

Llegó al salón sin problemas, y se sentó con la única intención de que el día se le pasara rápido. Miró por el rabillo del ojo hacia la ventana, divisando que pocos alumnos ingresaban al edificio, cosa que le gustaba en demasía.

—Te ves pálida y ofuscada, Mimi —la voz de Sora llegó como una salvación. Su mejor amiga por fin había llegado al salón y se había sentado a su lado— ¿Estás bien?

—Sora, estoy aburrida de la situación, en serio —condujo la castaña. Desvió la mirada hacia la ventana y luego la volvió hacia la pelirroja.

—En un principio todo esto te agradaba. Ser la chica más popular del lugar, que todos estén detrás de ti y que las chicas te envidien por eso —la pelirroja dejó su maletín a un costado— ¿Y bien?

—Ya te lo expliqué ayer. Me gustaba en un comienzo. ¡Todo era genial! ¿A qué chica no le gustaría ser la más popular?

—A todas —respondió Sora, rodando los ojos. Como si fuese la respuesta más obvia. Sin embargo aquella teoría no se aplicaba en ella.

—¿Ves? Pero nunca pensé que se pondría todo tan… ¡macabro! —concluyó. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

—¿Macabro? —rió Takenouchi— Mimi, ¿no crees que estás exagerando?

—¡Es macabro que un chico te siga durante todo el día! —rebatió la castaña—. Hablo en serio, Sora. No me gusta que me acosen. Me siento extraña, como si no tuviese mi propio espacio. Además había hecho buenas migas con compañeras, y ahora todas me odian.

—Me preguntó porqué comenzó todo esto… Dudo mucho que haya sido por ese corte de cabello —Sora llevó su mano hacia el mentón, como tratando de pensar en una solución y de llegar al problema minuciosamente.

—Haré lo que te dije ayer, Sora —expresó firmemente Mimi, dejando a Sora con la boca abierta.

—No puedes hacer eso, ¿a quién se lo pedirás? —preguntó algo preocupada— Mimi, no juegues con fuego…

—Porque me voy a quemar —completó ella— Sora, estás siendo igual de anticuada que tu mamá. Sinceramente, ¿cuándo me has visto así? ¿Podrías creer que por primera vez no quiero ser el centro de atención de todo el mundo?

—Tampoco es que te sigan todos los chicos de la Universidad.

—Pero sí los de esta facultad. No tengo ni idea cómo comenzó esta pesadilla. En serio Sora, ellos no quieren algo conmigo, ¡están acosándome! Me imagino que cualquier día de estos, un chico entrará a mi casa y querrá matarme —chilló asustada. La pelirroja rodó los ojos y sonrió de medio lado. Por muy cohibida que estaba Mimi en esos momentos, nunca cambiaría ese lado exagerado que tenía.

—Y planeas mentir para que el mundo te deje de molestar, ¿es eso? —preguntó Sora, tratando de recordar el alocado plan que Mimi tenía.

—Claro, sólo será por un momento… ¿Dos semanas? ¿Una semana? Es sólo para que los chicos se alejen —sonrió triunfadora—. Buscaré un chico que sea popular también y a quien le tengan respeto, así los demás no podrán acercarse a mí. Una vez terminemos, los demás me tendrán un mínimo respeto y no querrán meterse conmigo.

—No tiene sentido —debatió la pelirroja—. Puede que termines con ese "chico perfecto" y luego los demás podrán volver a acosarte.

—No si ese chico es Taichi Yagami o Yamato Ishida —murmuró. Sora arqueó una ceja. ¿Esos chiquillos? ¿Esos mocosos que se creían mejor que todos?

—¿Estás hablando en serio? —Sora pensó que no había escuchado correctamente. ¿Por qué precisamente esos dos? — ¿Por qué esos malcriados? Se creen mejor que todo el mundo. Tienen su ego por las nubes.

—Precisamente por eso. Ningún chico querrá meterse con la ex novia de esos chicos. A nadie les caen bien, sólo a su grupito de amigos —afirmó la castaña con la cabeza.

Sora desvió la mirada y negó. A su mente se le vinieron todas esas escenas que la desmotivaban. Taichi Yagami y Yamato Ishida, dos personas completamente opuestas, que se habían forjado una amistad. El primero el tan aclamado Capitán de la Liga de Fútbol de la Universidad. El equipo jamás perdía, siempre ganaba. Taichi mantenía el orgullo de la Universidad en cuanto a deportes se trataba. Alegre, risueño. El segundo, una "estrella de rock". Líder de una banda de rock, frío, sereno. Si había algo que identificaban a estos dos, era por la mera razón de que los dos eran los más rebeldes del lugar y los más intimidantes. Taichi y Yamato habían forjado algo juntos, podían influir como quisiesen con los estudiantes.

Y ella no entendía la razón. ¿Tanto era ser capitán y líder de una banda de rock? De las chicas lo podía entender, tanto Tai como Matt llamaban la atención. Sin embargo, ¿qué pasaba con los chicos? ¿Dónde quedaba el orgullo masculino? ¡¿Por qué todos los seguían?

Bufó al recordar que ella conocía bastante bien a Taichi Yagami. Cerró los ojos y respiró hondo, tratando de alejar aquellas memorias.

—Sora, lo de Tai pasó hace mucho tiempo —de repente, Mimi la había sacado de sus pensamientos—. Además tú misma dijiste que jamás volverías a hablarle… No tienes porqué estar en esto conmigo, yo lo haré sola. No te preocupes —Mimi dejó cae su mano en el hombro de Sora, con la intención de que esta última la mirase.

—¿No puedes pensar en otra persona? —preguntó ella, sin mirarle.

—No puedo… Trataré de convencer a Yamato primero, antes que a Taichi. No quiero que mi mejor amiga me deje de lado por ese estúpido rufián. Además tampoco querré revivir tu pasado. Es sólo un juego y luego se acabará. Lo siento —terminó por decir sinceramente. Sora la miró y le dedicó una dulce sonrisa. Por mucho que no le gustase Taichi Yagami, tenía que apoyar a su amiga en las buenas y en las malas.

Pasado pisado.

—Te ayudaré, tranquila. No dejaré que Taichi Yagami afecte a mi vida de manera negativa nunca más. Tranquila, maduré, crecí y puedo afrontarlo —Mimi emitió un pequeño chillido de alegría—. Aunque primero trataremos de convencer a su inepto amigo, Yamato —aclaró enseguida.

Mimi abrazó fuertemente a Sora, agradeciéndole todo el esfuerzo que estaba haciendo por ella. Sabía que era difícil volver a encontrarse con Taichi Yagami frente a frente, pese a que iban a la misma escuela, ella siempre había tratado de evitarlo y siempre lo lograba. Verlo de pasada era una cosa, pero hablarle y tenerlo frente a frente, era otra muy distinta.

En el marco de la puerta del salón, una chica sonrió ampliamente. Dirigió su vista hacia Mimi Tachikawa y luego la desvió cautelosamente hacia la ventana.

—Bingo —susurró.

—¿Estás segura que aquí estudia? —Sora preguntó, mientras miraba hacia el interior de un edificio— Aún no puedo creer que su facultad esté tan lejos de la de nosotras. ¿Qué tan grande es esta universidad? Dios —se quejó. En efecto, el campus Universitario era bastante amplio. Algunas facultades quedaban más alejadas de lo que se esperaba.

—Sí, Sora. Lo averigüé antes en Informaciones —respondió Mimi, con la mirada fija en el edificio.

—Me siento como toda una acosadora, ¿lo sabes? —dijo la pelirroja. Tachikawa rodó los ojos y tomó un respiro. Nunca había escuchado tanta queja por parte de Sora en tan pocos minutos. "Que la facultad es muy lejos, que no sabemos en qué clase está, no sabemos el horario, blablabla".

—Yo seré la que pregunte, por lo tanto yo seré la acosadora —rió de medio lado— Deberíamos entrar al edificio y preguntarle a alguien en qué clase está o si sabe si está, al menos, en la Universidad —mencionó, dirigiendo la vista hacia Sora.

—Te imaginas si anda vagando por la Universidad… ¡Sería un problema! El campus es enorme —expuso la pelirroja, haciendo que Mimi simplemente asintiera.

Las dos comenzaron a caminar hacia dentro del edificio. Yamato Ishida estudiaba Ingeniería en Sonido, era algo como muy obvio. Al ingresar al lugar, unos pocos estudiantes estaban. Los nervios comenzaron a invadir a las chicas. Las dos eran de segundo año, mientras que tanto Taichi como Yamato, eran de tercero. Era imposible no sentirse incómoda dentro de estudiantes que iban más adelantados que tú y eran mayores.

—Disculpa, ¿sabes si Yamato Ishida está en clases? —preguntó a una chica que sostenía unos libros. La chica arqueó una ceja.

—¿Por? —respondió ásperamente.

—Necesito preguntarle algo —expuso Mimi sin darle importancia a la mirada arrogante y palabras secas que la muchacha le había dirigido.

—No eres de tercer año ni de este edificio —mencionó la chica. Mimi achinó los ojos y mordió su labio inferior.

—Al parecer no sabes, gracias —dijo rápidamente, dando media vuelta y volviendo con Sora. Mordió sus labios y trató de calmar el "vómito verbal" que se venía por la garganta. ¡Tenía unas ganas de gritarle a esa grosera chica!

—¿Y? —preguntó la pelirroja apenas Mimi llegó a su lado.

—Olvídalo, al parecer todos aquí se creen superiores —mencionó, mirando por el lugar para ver si Yamato aparecía.

—Mimi… esto es una mala idea, insisto.

—Sora… —antes que la castaña pudiera refutar o decirle algo a su amiga, un chillido proveniente desde el frente la calló. Una chica se había lanzado a sus brazos y la había abrazado con fuerzas, chillando— Eh… —Mimi trató de observar quién era, sin embargo no pudo divisarla bien hasta que la muchacha se hubo soltado de sus brazos.

—¡Eres Mimi Tachikawa! —mencionó ella. La chica llevaba un tierno vestido, con el cabello largo y bastante baja de estatura.

—Sí… Un gusto —respondió aturdida la castaña.

—¡Mi hermano está enamorado de ti! Él estudia periodismo en segundo año, debe ser tu compañero —la chica seguía sonriendo.

—Oh, ya veo. Por cierto, ¿sabes si Yamato Ishida está en clases? ¿Estudias aquí, no? —aprovechó la situación. Era un milagro encontrar a alguien tan simpático en ese lugar.

—Sí, está en clases de Métodos. Estamos entregando unos trabajos —contestó entusiasta.

—¿Estamos? —preguntó confundida Sora.

—Oh, sí. Yo ya entregué el mío, por lo tanto puedo salir antes de la clase. Él debe estar por salir, ¿por qué? ¿Les interesa el misterioso chico? —la chica sonrió pícaramente, haciendo modismos exagerados.

Mimi y Sora tan sólo rieron. Se miraron y supieron enseguida el siguiente movimiento que debían hacer.

—¡Debemos irnos! —dijeron las dos al unísono, despidiéndose rápidamente y saliendo del edificio casi corriendo.

Una vez las dos sintieron la brisa despeinar sus cabellos, se miraron y rieron instantáneamente. Jamás se habían topado con una mujer tan extraña como ella.

—Parecía una de tus fans, además, ¿viste cómo de chillona era su voz? —mencionó la pelirroja, riendo aún.

—¡Sí! Yo creí que era chillona, pero ella me ganó —respondió Mimi, tomándose el estómago— Aunque no deberíamos burlarnos de ella, al fin y al cabo nos ayudó —mencionó una vez había contralado la risa. La pelirroja asintió solamente.

Se sentaron en una banca cerca de la salida del edificio para esperar a Matt.

—Sora, ¿cómo vas con Joe? —la castaña se acomodó en la banca para quedar de frente con la pelirroja.

—Uhm, ahí está. Trabajando —dijo sin mirarla.

—Hey, no me gusta verte así. ¿Por qué estás con Joe? ¡Él te lleva por años! —mencionó una vez más Mimi Tachikawa. Siempre que hablaban del tema, se generaba una especie de conflicto entre ellas dos. Mimi no aceptaba la relación de Sora y Joe, mientras que Sora sólo hacia oídos sordos a las palabras de Mimi.

—Estamos comprometidos —expuso la pelirroja.

—Lo dices como fuese una excusa. ¡Tú no querías comprometerte con él! Fue tu mamá y su familia la que hicieron todo este lío. ¿Cómo puedes dejar que ella controle tu vida de esta forma? No sé cuántas veces te lo he repetido —anunció la castaña, algo alterada.

—No quiero discutir, ¿bien? —expresó cortante la pelirroja.

—Olvídalo —susurró Mimi, mirando hacia otro lado—. Lo siento —dijo después. Sora tan sólo asintió. En aquél incómodo momento, la castaña logró divisar a su objetivo: Yamato Ishida estaba pasando frente a sus ojos.

—¡Hey! —gritó sin importarle nada. Se paró enseguida y caminó rápidamente hasta él, sin embargo, Matt seguía caminando, sin siquiera mirarle —¡Oye, te estoy hablando! —el chico seguía sin responder— ¡Cabeza de cobre, hey tú! —chilló molesta ante la ignorada olímpica que el chico le estaba propiciando —¡Desgracia…!

Matt giró y se quedó mirándola. Llevó una mano hacia arriba y Mimi abrió abruptamente los ojos, temiendo por su vida. ¡Ese tipo le iba a pegar!

—Qué quieres —dijo serenamente, sacándose los audífonos. La castaña tosió avergonzada. Era una exagerada, pero en mayúscula.

—Quiero hacerte una propuesta —sonrió.

—No te conozco. Adiós —el rubio emprendió nuevamente su camino. Mimi se quedó sin palabras. Dirigió su vista hacia la banca y vio que Sora le hacia una señal para que lo persiguiera.

—Necesito que me escuches —dijo una vez llegó a su lado. Matt no dirigió su vista hacia ella, la mantenía hacia el frente. Ni un gesto había hecho ante las palabras de Mimi. ¡Era como hablarle a una pared! —Mira, necesito que seas mi novio por unas semanas, nada serio. Sólo necesito que actúes, aquí en la Universidad te tienen respeto, así que…

—No —la fría voz y la tajante negación hizo que la castaña se callara por unos segundos. Sin embargo, le seguía el paso y no iba a abandonar el plan por nada del mundo.

—¡Sólo será por unas semanas, te lo prometo! —condujo ella.

—No.

—¡Eres uno de los más populares aquí —siguió intentándolo. El chico no aceleraba el paso, pero tampoco daba indicios de detenerse para escucharla.

—No.

Mimi suspiró, molesta. Tomó aire. ¡No iba tampoco a rogarle a ese maldito!

—¡Te pagaré! —gritó por última vez. Matt detuvo el paso repentinamente.

«Uh, aparte de arrogante es avaro»

—Y créeme, te conviene —siguió hablando. El chico dio media vuelta, mirándola.

—Cuánto.

Mimi sonrió triunfadora.