Os presento un nuevo Drarry, en esta ocasión, serán 8 capítulos más un epílogo que ya están escritos, que no lo dejaré a medias.
No puedo dejar de dar las gracias a Aeren, no sólo por ser una gran Beta, si no tb por ayudarme en los momentos en que me convertía en una reina de drama y quería borrar toda la historia. Gracias por todo guapa! Si veis algún error, es mi culpa, os lo aseguro.
Esta historia nació un día que me sentía un poco sola, como Harry, pero salvando las distancias por supuesto. Espero que os guste y que la disfrutéis de la misma forma que yo escribiéndola.
oOoOoOoO
Un rayo de luz tímida le acariciaba el rostro. A pesar de estar refugiado entre sabanas y una pesada colcha, el sol ya había salido y le daba los buenos días, recordándole que la noche ya había llegado a su fin. El amanecer hacía acto de presencia, dando paso a una jornada más a la que enfrentarse sin ninguna motivación.
Harry se dio la vuelta tapándose la cara en el proceso. Seguro que por estar un ratito más en la cama no pasaría nada en absoluto. Cuando estaba empezando a dormirse otra vez, el sonido de su móvil le despertó de nuevo.
—Oh por favor, ¡es que no puede uno descansar en paz! —gruñó malhumorado mientras sacaba una mano de las sabanas para responder a la llamada. En cuanto vio quien era, no pudo evitar soltar un gemido de desesperación.
—Hermione, buenos días
—¿Buenos días Harry? Son casi las once de la mañana —contestó la voz del teléfono.
—Anoche me fui a dormir tarde, Hermione —respondió resignado. Había cosas que con ella, jamás cambiarían —.¿Qué es lo que quieres?
—¿Recuerdas lo de esta noche, no?
—Si, claro, claro —contestó un poco perdido, sin saber de que estaba hablando Hermione.
—Harry… la cena en mi casa —comentó suspirando.
—Que si Hermione. La reunión para celebrar que Neville y Luna se han prometido – respondió aliviado. Realmente se le había ido de la cabeza.
—De acuerdo. A las nueve Harry y se puntual.
—Si Hermione… —dijo resignado. Parecía que el tiempo no pasaba cuando le regañaba —. Nos vemos luego.
Apagó el móvil dejándolo en la mesita y volvió a taparse entre el revoltijo de las sábanas. Tampoco tenía nada que hacer hasta la noche y dormir para evadirse de la realidad entre sueños de recuerdos felices, siempre era más gratificante que estar despierto.
oOoOoOoO
Se había perdido, ni el mismo se creía lo tonto que podía llegar a ser a veces. Como podía ser que después de cuatro años se hubiera extraviado en Howgarts, pero si, "El chico que vivió" no sabía donde estaba e iba a llegar tarde a su clase de pociones. Estaba seguro que Snape se pondría muy contento.
Escuchó pasos y pensó que tal vez tendría suerte y un Ravenclaw generoso le diría como llevar a las mazmorras. Cuando vio quien era, se dio cuenta de que ese no era su día.
—Vaya, vaya, Potter… ¿Qué haces por esta parte del castillo? ¿Acaso te has perdido? —Preguntó Malfoy sonriente, mientras se acercaba rápidamente a Harry —.Yo te hacía un poco más espabilado… pero está visto que me había equivocado, la comadreja es más inteligente que tú, y mira que eso es difícil.
—Malfoy, ¡vete a la mierda y apártate de mi! —gruñó Harry mirándole con rabia —.Lo que yo haga en esta parte del castillo no es de tu interés.
—Estás equivocado carajada, y ¿sabes por qué? —preguntó mirándole con malicia.
—A ver, ilumíname Malfoy.
—Porque esta parte del colegio es para ir a los dormitorios de Slytherin —comentó sonriendo mientras se acerca todavía más al cuerpo de Harry —.Y a no ser que tengas una cita caliente con una Slytherin, no deberías estar aquí.
Harry se sonrojó pensando que se había metido en un tremendo lío. No quería reconocer que se había perdido delante del condenado rubio, pero no encontraba ninguna excusa que explicara la razón de porqué estaba en esa zona. Decirle que había quedado con alguien, le podía meter aun en más problemas
—Er… pues… yo… —balbuceaba mientras se iba sonrojando sin parar, sin dejar de mirar al suelo — iba a…
—A por un polvo seguro que no Potter, sólo hay que verte y escucharte —comentó el Slytherin riéndose.
—¿Qué? —gritó Harry —.¿Por qué narices dices eso? ¿Y por qué estás tan cerca mío?
—Vamos Potter, ¿me tienes miedo? No voy a hacerte nada… —susurró acercándose a su oído —.O es por esto por lo que has venido a mi territorio, por que me estabas buscando…
Harry podía sentir el aliento caliente de Malfoy en su oreja y un olor a menta que estaba seguro venía de su cuerpo. "¿A que estaba jugando el desgraciado?" No entendía a que venía todo eso y sobretodo, no sabía por que había empezado a notar como sus mejillas estaban enrojeciendo a una velocidad pasmosa.
Draco por su parte estaba en la gloria. Su intención había sido molestarlo un poco, pero esto era mucho mejor. El cuerpo del moreno desprendía un calor y una fragancia que le estaba volviendo loco. Quería descubrir hasta donde le dejaría jugar el Gryffindor.
—Malfoy, no se que quieres, pero apártate de mi —refunfuñó Harry sin moverse ni un centímetro del sitio donde estaba.
Draco se alejó de su oído y miró a Harry. A esos ojos verdes tan transparentes que se escondían detrás de las gafas. Por una vez lo observó sin odio, sin prejuicios. Le contempló olvidando todo el pasado que habían vivido juntos, la mirada más limpia y sincera que jamás le había dado a alguien. No entendía por que, pero necesitaba que de todas las personas que conocía, fuera Potter el destinatario de todo eso que quería transmitirle.
—Harry… mírame… —susurró de forma pausada.
Cuando escuchó a Malfoy llamarlo por su nombre, levanto la cabeza y le observó directamente, quedándose de inmediato sin respiración. Sus ojos grises le miraban brillantes, sinceros, puros. Jamás le había visto esa expresión durante esos cuatros años que llevaban en Howgarts. Nunca podría haber llegado a imaginar que él, precisamente él, le podría mirar de esa forma tan bella y que le estaba robando el aliento. Cuando quiso darse cuenta, los labios de Draco acariciaban los suyos y sólo pudo dejarse llevar por esa sensación tan nueva, intensa y sobretodo, ardiente. Era como reencontrarse con algo que no sabía que había perdido y que, estaba seguro, no volvería a querer separarse.
oOoOoOoO
La expectativa de la reunión de esa noche no le hacía ninguna ilusión, pero no podía faltar. A pesar de haberse convertido en un antisocial de primera categoría, había compromisos que no podía evadir, y ese era uno de ellos
Al final, se levantó de la cama pasadas unas cuantas horas. Perezoso se dirigió hacía la ducha, cogiendo unos calzoncillos y unos pantalones de algodón. Gracias a la calefacción del piso, había un ambiente agradable que contrastaba con el frió de enero que hacía en Londres.
Su apartamento era, una de de las pocas decisiones que había tomado en los últimos seis años y de la que se sentía realmente orgulloso. Después de vender Grimauld Place y con algo del dinero de la herencia de sus padres, finalmente pudo trasladarse al Londres Muggle. Lo menos que quería era vivir en el Mundo Mágico, y sobretodo, se le hacía imposible tras haber estado buscando a Draco durante algo más de un año. Además, tras vencer a Voldemort, la gente le miraba como un gran salvador, como un dios divino que tenía la solución y las respuestas para los males de todo el mundo, cuando la verdad era que no era capaz ni de encauzar su propia vida. Si, vivir en el Soho había sido la mejor opción que podía haber tomado.
Tras la ducha reparadora, se dirigió de nuevo a su habitación. La cama seguía sin hacer y toda la habitación estaba sumida en un pequeño caos, pero era algo que tampoco le preocupaba. Tenía contratada a una asistenta que se ocupaba de esos quehaceres y vivir en el desorden no le molestaba. Vio el teléfono apagado y pensó que sería mejor encenderlo, por si Hermione volvía a llamarlo preguntándole cualquier cosa que se le pasara por la cabeza. Al momento, la alarma de dos mensajes le apareció en la pantalla. Los dos de la misma persona. Josh.
Lanzó el teléfono al colchón, después de haberlos leído. Si le respondía, sabía que le llamaría al momento con un magnífico plan para que no estuviera solo. Eso era realmente lo que más quería hacer, al menos hasta la cena de esa noche.
Mientras miraba el plato que tenía delante, con los restos de una cena un poco pesada para su gusto, le era imposible dejar de pensar en lo poco que le apetecía estar sentado en esa mesa rodeado de sus amigos. Era cansado tener que fingir con una sonrisa, que todo en su vida era perfecto y maravilloso, cuando por dentro tenía el alma rota.
Al menos había sido una cena entretenida. Para celebrar el compromiso de Neville y Luna, habían venido también Ginny y Dean, George con Angelina, y Seamus junto con Lavander. Cada uno de ellos, explicando como era sus vidas juntas y lo felices que eran.
Ser el único soltero y sin pareja en una reunión de esas, era una tortura.
Ver las muestras de cariño y amor que se profesaban mutuamente y ser consciente que no tenía nada de eso, le hacía sentir incomodo. No eran celos por no sentirse amado, era la amargura de saber que la persona a la que quería con todo su corazón, no estaba a su lado. Era el simple hecho de saber que no había vuelto a sentir, las mismas sensaciones que había experimento junto a Draco.
Por fortuna, el espectáculo por fin estaba llegando a su fin. Ya sólo quedaban los postres, para poder largarse de ese sitio tan rodeado de magia y volver a su apartamento donde podría liberar la pena que le corroía por dentro.
—Harry ¿me estás escuchando? —Preguntó Hermione mirándole intrigada —.¿Te encuentras bien?
—¿Qué? Perdona, estaba distraído —respondió, dejando de observar por fin el plato, mirando a Hermione —.¿Qué me decías?
—Te estaba preguntando si vendrás a comer a la Madriguera conmigo y Ron la semana que viene. La señora Weasley pregunta por ti, ¿verdad George?
—Es verdad amigo, no te vemos mucho el pelo. Desde que hace años te mudaste, únicamente dejas el mundo muggle para cosas del trabajo y alguna reunión. ¿Algo que tengas contarnos Harry? — preguntó sonriendo con descaro.
—Eso Harry, ¿Algún romance a la vista? —cuestionó Hermione mirándole divertida mientras acariciaba la mano de Ron por encima de la mesa.
—No hay nada de lo que estáis pensando —gruñó mientras dejaba el tenedor con un golpe en la mesa —.Y si me disculpáis, creo que será mejor que me marche —aseguró mientras se levantaba arrastrando la silla.
—No, Harry, perdona, nosotros… —dijo Hermione poniéndose también de pie.
—Tranquila Hermione, no me encuentro bien, no os preocupéis por mi —manifestó mirándolos a todos con una breve sonrisa —. Me alegro por vosotros Neville y Luna, sed felices.
Tras esa última frase, cogió su abrigo y se desapareció del comedor.
oOoOoOoO
Después del incidente del beso, tanto Harry como Draco estuvieron unos días evitándose.
Harry no se veía capaz de poder mirarle sin recordar el suave tacto de sus labios, el sabor de su lengua jugosa mezclándose con la suya, con un sabor tan extraordinario que le había provocado una excitación vergonzosa. El simple hecho de rememorarlo hacía que su miembro empezara a ponerse duro, así que llegó a la conclusión que si se enfrentaba a él, se lanzaría a sus brazos como un loco y los enemigos eternos no se abrazan y se besuquean, ¿no?
Pero, a pesar de todo, no podía evitar buscarle con la mirada. En ocasiones, se daba cuenta que se había pasado cinco minutos deleitándose con su figura, con su pelo, con sus manos, sus ojos, y esos labios… esos labios rojos, jugosos, dulces y apetitosos… Merlín, se estaba convirtiendo en un triste Voyeur devorador de rubios, y lo peor de todo es que sabía que una pequeña parte de su cabeza y de su cuerpo, se moría por volver a besarle para perder el sentido comiéndole la boca.
Era en esos momentos, cuando se acordaba de los castigos de Dobby y que tal vez, debería empezar a darse golpes contra la pared. A lo mejor así, conseguiría quitarse a Malfoy de su cabeza. Pero en honor de la verdad, esa idea no le acababa de convencer del todo. Tal vez si se volvía a perder disimuladamente por las mazmorras, acababan coincidiendo otra vez. Esta vez, no se iría corriendo.
Draco por su parte, tampoco se veía capaz de afrontar a Potter. Todavía recordaba como, pasados unos minutos de su momento de lujuria, se habían separado, para ver como Potter primero le miraba excitado, después avergonzado y después con terror, para irse al final corriendo como si el mismísimo Voldemort le estuviera lanzando maldiciones sin parar… en otro momento tal vez habría tenido su gracia, pero no, le había dolido mucho y reconocerlo le enfurecía.
A él no le gusta Potter, por Circe. Sólo le había besado por que… bueno, no sabía muy bien por que, pero ese contacto había estado muy bien y había notado que Potter pensaba igual que él. Ese bulto que había notado en sus pantalones lo demostraba con claridad. Pero no, el muy idiota tenía que entrar en pánico y salir huyendo…
No quería una relación con Potter, no estaba tan loco, pero estaba claro que entre los dos había química, y sabía que podrían pasárselo muy bien. No era como si hubiera pensado en declarar su amor cantándole una serenata en el Gran Comedor. No le quería, sólo le apetecía un poco de entretenimiento en su vida. Además, los eternos enemigos no se amaban, ¿no?
Sentado en clase de Pociones y mientras escuchaba a Snape dar instrucciones sobre un nuevo ejercicio, no podía dejar de mirarle. Se encontraba sentado dos filas por delante suyo, mirando al profesor con cara de no entender nada de lo que le estaba contando. Cosa normal en Potter. No entendía que podía haber visto en él.
De acuerdo, tenía unos ojos que quitaban el sentido si los observabas de cerca, una nariz y unos pómulos exquisitos, el pelo negro azabache tan desordenado llamada a gritos ser acariciado, y sus labios eran puro fuego, tan dulces y apetecibles como un pastel de manzana, pero, a parte de eso… era un chico normal… "oh Morgana, estaba tan jodido…."
Un suspiro se escapo de sus labios sin poder remediarlo. En parte se moría de deseo de volver a encontrarse con él, de repetir ese momento que se había grabado en su piel, de rozar los labios de Harry con los suyos… Bueno, tal vez era el momento de enfrentarse a la realidad e intentar encontrarse con Potter disimuladamente.
oOoOoOoO
Se apareció directamente en una calle lejos de su apartamento. Había sido muy descortés irse de la casa de sus amigos de esa forma, pero no se encontraba con fuerzas de continuar más tiempo junto a ellos. Sobretodo si la conversación iba a girar sobre hipotéticas relaciones.
La cabeza le iba a mil por hora y necesitaba un paseo para despejarse o tal vez una visita al Mylar, un bar de ambiente al que iba en alguna ocasión. No le apetecía dormir esa noche solo y tal vez, si la cosa iba bien, acabaría el día acompañado. Aunque no fuera de la persona que le habría gustado.
Le echaba de menos, habían pasado seis malditos años y todavía le echaba de menos y ese sentimiento le causaba dolor y rabia en la misma medida. Eran en días como ese, cuando pasaban por su cabeza situaciones completamente irreales. Empezando por que no habría ido sólo a esa cena, que sus manos se abrían acariciado por debajo y por encima de la mesa, que habrían compartido risas y situaciones cotidianas de sus vidas con sus amigos, y que cuando le mirara a sus ojos grises, habría visto amor… pero nada de eso era real, todo era como el humo del cigarro que se estaba fumando en ese momento, se evaporaba y se iba rápidamente con el viento… como hizo él, un día de hacía ya seis años… el momento en que su corazón se rompió en millones de pedacitos y que aun hoy, a sus 24 años, no había conseguido recuperar. El día en el que Draco le abandonó tirando por tierra, una relación complicada pero, donde ante todo, había amor.
