El beso fue subiendo de intensidad, a cada momento, era más y más apasionado, una mano acaricio su mejilla derecha, al instante de que ambos cuerpos cayeron a la suave cama.

Sus ojos eran tan bellos, cuanto tiempo había pasado desde la última vez que los observo, minutos, segundos, parecía una eternidad, el beso fue un poco más lento, otra mano intento entrar debajo de su ropa.

Para ser inmediatamente detenida, quizás, habías roto una regla, más de una en realidad, pero a un no estabas lista, definitivamente a un no estabas lista.

- - - Lo comprendo – fue lo único que salió de sus labios, al instante de hacerte perder el aliento de nueva cuenta, mientras podías, sentir el sabor, algo dulce de los labios de tu hermanastro, aquel, que siempre estaba a tu lado, cuidándote, protegiéndote de cualquier peligro, ya fuera de este mundo o cualquier otro

- - - Martin – lograsteis decir al instante de sentir como volvía a besarte con esa necesidad, pegando inconscientemente tu cuerpo al de él, en esa cama, esa cama que se suponía no debían compartir, nunca de esa manera – Martin – volvisteis a repetir ese nombre que tanto necesitabas decir, desde el momento que no pudisteis seguir ocultando, todo lo que en algún momento te callasteis – te amo - un sonrojo cubrió tus mejillas, al notar la cara sonrojada de tu hermanastro.

- - -Y yo a ti Diana – susurro el rubio volviendo a besar esos labios, con los que había soñado cada noche, desde que tenía siete años – te amo Di -.