—¿Escuchaste?—expresó el rubio a su novia que sonreía al ver esa expresión en el rostro de Adrien—¿Marinette?

Ella asintió.

—Lo hago yo... siempre—dijo—Siempre yo—expresó Adrien, en lo que parecía ser una queja—¡Todo yo!

—¿Quieres que lo haga otro?—preguntó la chica divertida por la actitud del joven.

—¡No!—exclamó con un alto volumen en su voz—¡Por supuesto que no!

—¿No te estabas quejando? —Cuestionó— Todo yo, siempre yo—repitiendo las palabras del muchacho.

—No era una queja, estoy marcando mi posición —explicó—Yo lo haré, solo yo. No quiero a otro que haga eso. Solo yo tengo permitido hacerlo.

Marinette contuvo la carcajada que su garganta quería emitir ante su "marco de territorio"

—¿Piensas que lo haré con otro?

—No —tenia alta confianza en su novia, pero por las dudas—Quiero asegurarme de que yo soy el único —justificó—Yo te toco, yo te abrazo, yo te muerdo, yo te beso..., ¡Todo yo! ¿Okay?

Marinette volvió a asentir.

—Eres mía—dictaminó—No te compartiré con nadie.

—Como digas, gatito.

Y rió.