Octubre 1975
Lily Evans se encontraba en su cuarto, a punto del colapso, mientras se ponía el uniforme a toda prisa. ¡Se había quedado dormida! Sabía que quedarse hasta tarde estudiando, no era buena idea. ¿Pero acaso era un delito esforzarse por aprobar? Sin tiempo que perder, en cuanto estuvo lista, Lily salió disparada de la sala común de Gryffindor. Era consciente de que correr por los pasillos era algo que ella jamás habría hecho por respeto a las normas, pero la ocasión lo requería. Cuando por fin logró llegar al pasillo donde se hallaba la clase de la profesora McGonagall, Lily paró un momento para tomar el aliento y comenzó a caminar más serena, tratando de aparentar normalidad. Lily se bajó la falda del uniforme, mientras se colocaba un poco el pelo. Cuando estuvo frente a la gran puerta, Lily suspiró y abrió a la puerta cruzando los dedos para que la profesora no estuviera muy molesta con su actitud. En cuanto la puerta se abrió, Lily se dio cuenta de que la profesora no estaba, ya que su mesa estaba vací sus compañeros de clase las miraron asustados al creer que se trataba de la profesora, pero cuando se aseguraron de que no eran quien esperaban, siguieron hablando y charlando encima de los pupitres o en cualquier rincón de la clase de transformaciones ignorando su presencia. Todos, Menos uno. James Potter, la miraba algo incrédulo. ¿Lily Evans había llegado tarde? Lily suspiró aliviada y entró cerrando la puerta tras de sí sin tan siquiera fijarse en James. 'Por los pelos'. Pensó mientras caminaba directa a su pupitre, dónde sentada sobre él, la esperaba Marlene como todos los días.
— Buenos días bella durmiente — Sonrió Marlene.
Lily la miró alzando una ceja y puso los ojos en blanco dejando sus pesados libros sobre el pupitre y se sentó.
— ¿Por qué no me has despertado?
— Estabas muy mona durmiendo.
— No tiene gracia.
— Ay, Lily no seas...
— Todos a sus mesas por favor — Interrumpió la profesora McGonagall entrando en clase. Todos los alumnos se colocaron a prisa en sus pupitres nada más verla. McGonagall avanzó entre las mesas y se sentó seriamente en su mesa pronunciando las palabras mágicas: 'Abran el libro de transformaciones por la página 124' Dando así, comienzo a una laaaarga clase.
En cuanto la clase finalizó, Lily huyó por la puerta. El pasillo estaba abarrotado de gente. Por suerte, Marlene pudo alcanzarla.
— ¡Eh, Lils! ¿Dónde vas? — Le preguntó caminando a su lado.
— A la biblioteca.
— ¿A la biblioteca? Pero es la hora libre — Se decepcionó —. Vamos fuera a disfrutar del sol.
— Marlene, necesito avanzar en Pociones o suspenderé.
— Eres Lily Evans ¡por Merlín! Eso no va a suceder — Se burló.
— Prefiero no tentar a la suerte. Luego nos vemos — Se despidió Lily caminando hacia las escaleras.
Tal y como había dicho, Lily subió las escaleras hasta cuarto piso hasta acabar en la biblioteca.
La biblioteca era el sitio más tranquilo del Castillo, pues casi siempre estaba vacía, ya que la lectura o el estudio no eran los hobbies más frecuentes de los alumnos de Hogwarts. Lily soltó sus libros sobre una de las grandes mesas y se introdujo en las amplias vitrinas de libros, buscando algún libro avanzado de pociones. Estaba concentrada, rebuscando libros entre las vitrinas, cuando se chocó con otra persona que venía en dirección ó la vista para ver quien se trataba con intención de disculparse, pero cuando se encontró de frente con aquellos ojos dorados, las ganas de disculparse se desvanecieron.
— Vaya, Hola Evans.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando James Potter pronunció su nombre. Lily apartó la mirada de James e intentó volver a seguir su camino, pero para su sorpresa no fue posible, ya que él se puso en medio.
— Dime ¿Cómo es que la perfecta Lily Evans ha llegado tarde a clase?
Ignorándole, Lily siguió fijando su mirada en los miles de libros de la vitrina.
— No me lo esperaba de ti, Evans — Sonrió James.
Lily resopló de la impotencia.
— Lárgate Potter, necesito encontrar un libro — Replicó rabiosa buscando un libro en las estanterías.
— ¿Qué libro estás buscando? Si quieres puedo ayudarte.
— Lo dudo.
— No me subestimes. Vengo mucho por aquí.
— Dudo que sea para leer — Bufó Lily.
— La verdad es que no.
A pesar de que Lily no le estaba mirando, pudo percibir la sonrisa en su cara ¿Cómo era posible que la sacara tanto de sus carillas aquel idiota?
— ¡Eh potter! — Le llamó un jugador del equipo de Quidditch que apareció en la otra punta del pasillo en ese instante — Mueve el culo, tenemos entrenamiento.
Lily agradeció con todas sus fuerzas que aquel chico alejara a James de allí.
— ¡Ya voy! — Gritó James a su compañero y después, fijó su vista en la chica pelirroja — ¿Quieres venir a verme entrenar?
— Já. Prefiero mil veces quedarme aquí leyendo que ir a verte entrenar Potter.
— ¡Oh vamos! admite que soy mejor que esos libros, Evans.
— Que más quisieras —Bufó Lily —. Lárgate a entrenar y deja de incordiarme.
James sonrió negando con la cabeza. Aquella chica era dura de roer.
— Tú te lo pierdes Evans — Dijo James con tono socarrón mientras se marchaba.
Lily tornó los ojos y negó con la cabeza, mientras seguía a lo suyo. Cuando por fin encontró un libro decente, lo cogió y se marchó de allí para comenzar a leer.
