Se miran con cara atónita, no quieren perder el control, no ahora. . . pero el lívido siempre les será más fuerte.
-Hoy no tengo ganas – responde Bill a una mal tentativa, atrapado entre las piernas de Andreas.
Andreas encima de Bill, el pecho desnudo y un collar colgando de su cuello a modo de péndulo, perplejo.
La clavícula de Bill se siente atacada pero aun así no se inmuta. . .los ojos fijos pero ausentes, más melancólicos que otras noches.
– Esta noche no.- Andreas le mira, mientras el sudor previo le recorre la frente, se desliza por su nariz y ataca el pecho también desnudo de Bill.
No lo siente, o aparenta no sentirlo.
Le quita la mirada y solo se pierde en el espacio, melancólico. Andreas le contempla, aún encima de él. Le contempla y sólo eso. Como un niño a un juguete: favorito, único e irremplazable.
La relación entre ellos nació de una simbiosis o bueno eso es lo que Bill cree.
Bill cree en la dependencia mutua, en compartirse mutua y exclusivamente, en el amor puro y esas cosas.
Andreas le cree a Bill, tanto como él quiere que él lo decida.
Esta relación nunca existió para llevarse cogidos de la mano sin rumbo alguno a través de los parques.
Todo este teatro tiene orígenes en un paso en falso, errado, una mala jugada. .
La primera vez, Bill corrió a sus brazos, asustado, con la esperanza de un refugio para el dolor y la soledad. Para dejar de sentirse tan solo y sanar viejas heridas, de un pasado remoto. . . casi olvidado pero no del todo. . .
Aún sus pequeños demonios merodeaban bajo la almohada. Grandes espacios de insomnio y malas noches.
El papel de mejor amigo lo cumplía a carta cabal, sin miramientos ni negativas, él estaría para protegerlo tanto como sea posible. Tanto como aquellos demonios no decidan alejarlo de su vida.
Tímido como él solo, se recostó sobre su cuerpo, como si tan solo de eso pudiera sentirlo aún más cerca. Cerro los ojos
-Andreas. . .- le mira atento - hazme el favor de levantarte…-
