[One shot]

PD. Pobre Bulma

Una mañana de abril, las aves ya cantaban y el sol brillaba, el cielo era completamente azul y se sentía la brisa primaveral de aquel año. Su padre le había prometido llevarla al parque de diversiones, pero no le dijo cuando. Ella eligió esa mañana para salir a tan ansiado paseo. Alistó su pequeña mochila rosa con cápsulas de mamá, no tenía idea del contenido pero como siempre las llevaba, se le hizo fácil tomar el estuche completo. Preparó sándwiches de mermelada y café para desayunar con su padre antes de ir a divertirse.

Sin más, se apresuró al dormitorio de sus progenitores y subió a la cama donde descansaban su madre y su padre. Comenzó a dar saltos y caer una y otra vez encima del abdomen de Vegeta, quien lo tenía debidamente trabajado pero relajado al estar durmiendo. Los rodillazos de su hija lograron sacarle el aire.

—Papá, papá, papá, papá.— Gritaba una pequeñita de 5 años con cabello azul y grandes ojos azules.

—¿Qué quieres?—Contestó el padre enfadado, pues estaba molesto al ser interrumpido en su sueño, era domingo y por un día el príncipe tenía ganas de seguir durmiendo.

—Despierta papá, despierta ya es hora de ir al parque de diversiones, anda lo prometiste.— la chiquilla seguía saltando y abriendo con sus manitas los ojos de su padre.

—Vegeta, cumple lo que prometes, lleva a Bulla al parque de diversiones y déjenme dormir.— protestaba la esposa sin querer ser molestada.

Ya era inútil para el Saiyan recuperar el sueño, así que se levantó y se dio una ducha de 3 minutos, pues la nena seguía haciendo escándalo y lo apresuraba. Es que con los hijos uno ya no puede tener privacidad ni para ir al baño.

Bajó a comer el desayuno que había hecho la pequeña, sándwich de mermelada... bueno al menos se esforzó, pensó en llevarla a desayunar de camino al parque, pues al ser saiyan también comía demasiado.

Lo aguardaba una taza de café recién hecho.

—¡Vaya! Bulla, te luciste cariño.— al primer sorbo del café tuvo que escupirlo. La niña había agregado sal en lugar de azúcar.

—¿No te gustó papá?.— preguntaba la muchachita con un semblante de preocupación al ver que su padre había escupido lo que ella había preparado.

Vegeta no sabiendo como no herir a su niña le dijo una mentira piadosa.

— Es que así se cata el café, para ver que tan bueno está y te ha quedado de maravilla.—mientras una gota de sudor recorría su frente.

La niña lo miraba expectante.

—Ya lo cataste, ahora ¿por qué no lo tomas?, Se te va a enfriar y mamá dice que el café se debe tomar caliente.— animaba La infante al príncipe.

Ya no quedando más remedio, hizo de tripa corazón y tomó la bebida, fue corriendo a vomitarlo y regresó para salir al parque de diversiones.

No muy lejos de allí aterrizaba una nave espacial, la compuerta se abrió y reveló una figura. Era menuda, una mujer que aparentaba unos 40, pero en realidad tenía casi 70, cabello oscuro, mirada asesina y una cola que enredaba en su estrecha cintura. Encendió su scooter, iba a buscar a una persona en específico y lo encontró. Voló hacia el parque de diversiones de la capital del oeste.

—Papá, holaaaaaa, Papá adioooooos—saludaba la pequeña cada qué pasa a enfrente de Vegeta en el carrusel. Con esa ya era la 21th vez que le decía hola, adiós.

Fueron a comprar golosinas. Subieron al trenecito y a todos los juegos de niños. Fueron a la casa de los espejos. Mientras Bulla hacía caras graciosas, Vegeta la seguía vigilante hasta que le pareció ver a alguien reflejándose, alguien conocida y espectral.

Con ese segundo de distracción, Bulla desapareció y Vegeta enloqueció, no detectaba su ki. Unos tipos habían raptado a Bulla, pero ella era un hueso duro de roer, le dió una paliza a sus secuestradores, los mordió, los pellizcó, les picó los ojos y los golpeó hasta que su padre llegó por ella.

—¡Huyan de esa escuincla del demonio, tiene rabia!!!!.—gritaron los secuestradores y Vegeta controlaba y calmaba a su niña.

—¿Estás bien nena? , perdóname hija.—Le decía el saiyan a su heredera.

—Si papi, tú eres el mejor.— la pequeña lo abrazaba mientras era cargada por su héroe.

Una señora observaba la escena y se acercó al dúo de padre e hija.

—¿Vegeta?.— pronunció la mujer.

—¿Ma...mamá?.—Vegeta palideció ante la aparición de su madre, pues no recordaba la última ve que la había visto.

—¿Tengo otra abuelita?— dijo La Niña mirando a la mujer.

La mujer se puso azul pues aún era joven y bella como para ser abuela. Pero aunque no quisiera era la realidad, tenía dos hermosos nietos de su hijo mayor. La mujer midió el poder de batalla de sus descendientes y se descepciono de Vegeta.

—¡Me decepcionas hijo!, La Niña tiene más poder que tu, ¿Qué demonios te paso?, Seguro vivir aquí te ha comido el cerebro y ahora eres un flojo mantenido.—en parte tenía razón la sabia señora.

—¡Madre!, mi poder lo puedo controlar.—contestó el guerrero mirando hacia abajo apenado.

—¡Muéstrame mentiroso!.—dijo la mujer para retarlo.

Vegeta no se iba a quedar así, entonces cambio a súper saiyan. Acabó con el scooter de la mujer. La mujer sonrió.

—La niña, ¿es igual de poderosa hijo mío?—miro a La Niña como si de una maravilla se tratara.

—Yo creo que si, pero aún es pequeña.—decía Vegeta cargando a aún a su nena.

—¡Quiero conocer a mi nuera entonces!. A juzgar por su poder de batalla, debe ser una poderosa saiyan y bella, pues mi nieta es La Niña más hermosa que he visto y aunque mi hijo es realmente apuesto, no se parece nada a tí.— decía la mujer haciéndose expectativas.

—Y quien lo diga— Vegeta condujo a su madre a su casa, pues no le quedaba de otra, era la Reina.

Llegaron a la gran mansión de los Briefs y La Niña entró corriendo mientras Trunks entrenaba con Goten en el jardín.

—Esos muchachos, ¿son tus hijos también?- miraba la mujer a los dos peleadores.

—¡Trunks!, ven a saludar a tu abuela.—gritó Vegeta.

Un adolescente de cabello morado, con peinado muy raro, pero con toda la cara de su hijo se presentó ante ella.

—Mi abuela salió hace ... ¿quien es ella?—preguntaba Trunks.

—¿Trunks? , ¿Bulla? Esos no son nombres saiyan, ¿qué pasó hijo? ¿No tienes orgullo Saiyan?—decía la mujer.

—Soy Trunks Briefs, encantado de conocerla.—la saludaba el muchacho con una gran sonrisa y fuerte apretón de manos.

La mujer sentía que se iba a desmayar, su apellido real no había sido heredado, los nombres de sus descendientes no eran saiyan y aunque se veían poderosos no tenía idea de lo que seguía.

—¡Vegeta!, que bueno que ya llegaron, oye necesito que vayas a comprar algunas cosas ya que tengo mucho trabajo y además tú permites que se acaben todo los trogloditas se tus hijos. Por cierto no te olvides de que mañana Bulla tiene clase abierta y yo no puedo ir, al menos tómate la molestia de acompañar a tu hija.—decía una mujer de cabello azul, pálida tez y sin mirar a quien se estaba dirigiendo.

—¿Cómo es que te hablan así hijo? No se está dirigiendo con el debido respeto— la mujer se ponía roja del coraje.

—¡Bu...Bulma!.—Gritó el guerrero.

—Mami, mami, mami, mira nos encontramos una abuelita nueva después de que me secuestraron y la adoptamos.— decia La Niña emocionada por el acontecimiento donde golpeó y humilló a sus secuestradores.

—¡¿Cómo que secuestraron a Bulla?!, ¡Vegeta!eres un mal padre, distraído, mono sin cerebro, ni porque eres tan fuerte puedes cuidar a tu propia hija.—Bulma le daba golpes en la cabeza a Vegeta.

—¡Bulma!.—Gritó el saiyan y la mujer se quedó mirándolo con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Madre, mi esposa, Bulma, mi madre.—Dijo el príncipe mientras presentaba a dos de las tres mujeres más importantes de su vida.

—¿Ma...madre? .—Bulma abría los ojos y apenas se daba cuenta de la mirada que le daba la señora, nunca creyó que tendría que lidiar con una suegra.

—Hm, no tiene cuerpo de guerrera, hijo, ¿acaso tu esposa entrena? Está muy flácida y se ve que es muy mayor.— criticaba la vieja maldita sin saber con quien se metía. Bulma estaba fúrica sobre todo por el maldito cuerpazo que tenía y a ella se le estaba cayendo todo.

—¡Yo soy totalmente normal, ustedes son los raros que no envejecen!!!!.—gritaba la mujer.

—¿Vegeta? Hijo, no me digas que.. ¿donde está tu cola? Nadie tiene cola... no puede ser...—la mujer estaba en shock, su hijo, el príncipe se había casado con una terrícola.

Bulma se fue a su laboratorio y Vegeta la seguía para calmarla un poco, si su mujer era peligrosa, no se la imaginaba con una suegra.

—¡Bulma, cálmate!, ya se irá y todo seguirá normal si. Es una saiyan y se va a aburrir de la tierra.— decía Vegeta deseando que su madre se fuera lo antes posible.

—Estaba mejor cuando eras huérfano, ¿cuándo me ibas a decir que esa mujer del demonio estaba viva?—Recriminaba Bulma a su marido.

—¡No lo sabía!, ¿tú crees que no hubiera previsto su presencia de saber que estaba viva? La enviaré con Tarble.—decía el príncipe.

—¿Así que me quieres lejos? Todavía que hago el viaje para conocer a mis lindos nietos y tu que me tratas con la punta del pie, una como quiera pero ellos, mis nietos, son unas criaturas. Hay que educarlos como buenos saiyan y darle su licuado de mamá Celery, si no, ¡se quedarán chaparros como tú!—decía la mujer saiyan connodio en su mirada.

—No, no dije eso mamá, solo que entiende esto es nuevo.— decía Vegeta tratando de mediar las cosas.

—Yo si estoy de acuerdo en que se vaya, a ti no te cuidó, Nappa fue más madre para ti que está señora y tú lo mataste.— dijo Bulma cruzando los brazos y esperando a que su esposo matara a la saiyan enfadosa.

—¡Bulma!... no mataré a mi madre, madre Bulma es mi esposa, por Kami santo, ¿pueden llevarse bien? No seré réferi de dos mujeres locas.- cruzaba los brazos y salía de la habitación.

Ambas mujeres se miraron lanzando chispas, la guerra acaba de comenzar.