Disclaimer: Este relato es un fanfiction inspirado en la serie Héroes. Todos los personajes correspondientes a la serie Héroes, pertenecen a su creador Tim Kring y tiene plenos derechos sobre ellos. El resto es mera invención mía.

Spoilers: Existen spoilers hasta el capítulo 1x23. Lo escribí antes de que se emitiera la segunda temporada, si hay alguna coincidencia con tramas posteriores es pura coincidencia.

Capítulo Uno:
"Bonnie & Clyde[1]"

POV: Claire Bennet

Han pasado cinco años desde la frase 'Salva a la animadora, salva al mundo'. Y sigo viendo el rostro de mi padre, mi padre biológico, por última vez en mis sueños. En un principio pensé que murió en la explosión, pero de algún modo fue lo suficientemente rápido para escapar del infierno que se desató en los cielos. Aun así, aquella fue la última vez que le vi con vida. Cuatro meses después, atentaron contra él en un discurso que dio en Washington.

Y ahí es donde comenzaron mis pesadillas.

No volví a ser animadora desde entonces.

Ahora se puede decir que tengo un futuro que me he labrado con mis propias manos, aunque a costa de ciertos sacrificios. Al menos la gente no me mira rara por ser lo que soy. Mi poder esta considerado inofensivo por las autoridades del país. Pero yo sigo sin ver la lógica de esa ley. Pueden dispararme un cargador de balas entero y sigo viva. Pienso que eso no es precisamente inofensivo. Por mi parte me contento con seguir con mi vida.

Ya han pasado los tiempos en los que tuve que cambiar tantas veces de nombre y de estado. Pasé por California, Nevada y finalmente me he instalado aquí, en Nueva York. E irónicamente mi piso de estudiante tiene una pequeña terraza que da a la plaza Kirby. Como un recordatorio de que el círculo se cierra sobre sí mismo. Estoy viviendo a dos pasos del lugar que tendría que haberse convertido en la zona cero de la bomba humana.

No sabía en aquel entonces que una las personas que estaban en la plaza Kirby aquella noche tenía en sus venas la amenaza de una plaga cercana y que una persona que había conocido acabaría por formar una parte importante de mi vida. De hecho, si me hubieran dicho que acabaríamos teniendo una relación después de cinco años, habría pensado que era un disparate.

Pero así a acabado siendo.

Yo enamorada.

Y él prófugo de la justicia.

A lo Boonie & Clyde.

Bueno, no os he contado que si bien yo soy inofensiva para el FBI él es justo lo contrario. Su aptitud, le vuelve uno de los individuos más peligrosos de todo Estados Unidos. Y no es que me haya quedado colgada del típico chico malo. Es cierto que él (y también yo) tenemos algunos esqueletos en el armario. Pero ha querido sobreponerse a los errores que cometió e intenta ayudar a otros como nosotros. Le perdí la pista hace ya un año. Pero gracias a un amigo inesperado, pude encontrarle hace apenas dos meses.

Él se resistió a que le ayudara.

—Claire, no pienso incriminarte. Si te pillan escondiéndome puedes acabar en la cárcel —me razonó angustiado.

—Si me pillan, tú sales volando y listo. Y yo les digo que me amenazabas con matarme si no colaboraba —le repliqué esbozando una sonrisa picaruela.

—Eso no lo digas ni en broma, ¿vale?

Al final acabó aceptando quedarse una semana en mi casa. Pero supongo que le gusta mi comida, y mi compañía, porque de esa conversación ya ha pasado más de un mes.

Pero la razón por la que lo invité no fue para poder estar con él de nuevo, ni para poder pasar las noches a su lado. Yo tenía un plan madurando en cabeza desde hacía casi un año. Pero para poder completarlo necesitaba la ayuda de alguien más 'especial' que yo. Y él era el único en quien podía confiar esta misión. Íbamos a rescatar a Hiro Nakamura del lugar en el que lo tenían encerrado, el centro de detención federal de Nueva York. De hecho, él le debía el favor a Hiro. Si Hiro no le hubiera avisado acerca de los planes de Parkman. No habría escapado y ahora no estaría escondido en mi apartamento, en libertad, sino en el lugar de Hiro.

Venía de hacer la compra y al entrar en el apartamento, noté enseguida que había un silencio extraño. Algo no iba bien, lo intuía. Dejé las bolsas de la compra encima de la encimera, con el corazón latiendo cada vez más fuerte y más rápido ante aquella sensación, cuando noté una presencia a mi espalda.

—¡Buuu! —oí una voz que hizo que mi corazón se sobresaltara.

Me giré en redondo y le vi todo sonriente.

—¡Dios mío! No vuelvas a darme un susto así. Casi me da un infarto —dije poniendo mi mejor cara de enfado. Se disculpó dándome un breve beso de bienvenida. Acaba de darse una ducha en el baño y de afeitarse. Olía a una mezcla embriagadora de aftersave y colonia.

—Ya he arreglado el calentador y está listo si quieres darte un baño —me ofreció mientras me ayudaba a sacar la compra de las bolsas.

—No hacía falta que arreglarás el calentador, para eso está el casero —le dije mientras metía la comida en el frigorífico.

—Me gusta ayudar. Ya sabes, arreglar cosas. No quiero ser una carga para ti —replicó encogiéndose de hombros descuidadamente.

Yo no pensaba que fuese ninguna carga, al revés. Debido a mí don no había conseguido al menos una compañera para el piso de estudiante. La gente creía que me saldría fuego por la boca o que por las noches me convertía en un monstruito peludo. Prejuicios que no solían mostrar ante mí, pero que notaba a mí alrededor. Al menos con él, no tenía que intentar parecer normal. Le hablaba de cómo me había ido en las clases en la universidad, de mi familia y demás cosas y sabía que siempre me escuchaba.

Después de ayudarme a preparar la cena (¡Lástima que fuese tan malo cocinando!), puso la mesa, mientras yo me daba una buena ducha relajante. Todo hubiera parecido tan idílico si exceptuamos que la mochila de él estaba preparada siempre apunto en la habitación.

Listo para desaparecer en cuanto hubiera la más mínima advertencia.

Esa era la razón por la cual tenía que darme una buena ducha caliente. Los nervios, la incertidumbre, de su presencia en aquella casa. No sabía qué esperar a cada momento y aquello me estresaba mucho. Al salir de la ducha mientras me secaba al pelo con la toalla, reparé en los planos que había encima del escritorio. Y en el bloc de dibujos suyo.

—¿Has estado revisando el plan? —le pregunté extrañada. Ya lo habíamos repasado tantas veces que debía sabérselo al dedillo. Asintió con la cabeza con el rostro contraído.

—Sigo pensando que es una locura de plan —me contestó finalmente mientras se servía una cerveza helada.

—¿No crees que puedas conseguirlo? —le dije en un tono burlón. Me miró con una mirada como diciendo 'Sé a qué estas jugando' y dijo:

—El plan es muy fácil de ejecutar. Entro en el recinto, cojo a Nakamura y me largo. Pero…

—De 'peros' nada —le corté antes de que empezara con un sermón—. Y querrás decir 'entramos', ¿no?

Se puso a la defensiva, con los brazos cruzados.

—Serías una distracción, Claire. Tendría que estar pendiente de que no te quedarás atrás y me estorbarías más que ayudarme —aquello me tocó el orgullo. Le odiaba cuando se comportaba de esa forma tan paternalista. Que fuera más mayor que yo siempre era su excusa para demostrar más experiencia.

—No soy una niña, ¿vale? —le recriminé cruzándome de brazos a su vez. —Y el plan entero es cosa mía. Sin mi contacto, no tendríamos los planos, ni la vía de escape que nos va a proporcionar —era cierto. Sin la ayuda de Wireless, un antiguo contacto de mi padre, no habría podido encontrarle a él, ni a Nakamura—. Además, si te distraigo tanto como dices, lo mejor sería que hoy durmieras en el sofá.

Murmuró algo incomprensible por lo bajo que sonó como una maldición y finalmente dijo firmemente:

—¿Has pensado en las consecuencias del plan?

Yo había procurado no pensar en ellas. Me había hecho una idea sencilla. Rescatar a Nakamura. Mantenerle a salvo el tiempo suficiente para que se recuperara. Y finalmente Hiro viajaría en el tiempo con un mensaje para evitar la muerte de Nathan. Después sería como en los finales de los cuentos. Vivieron felices y comieron perdices. No había pensado en las posibles consecuencias de lo que íbamos a hacer en menos de 24 horas.

—Para empezar, si te ven conmigo despídete de todo esto —dijo abriendo los brazos como queriendo abarcar toda la habitación—. Por descontado, que tu padre se enterará de que ayudaste.

«¡Dios mío!» no había pensado en cómo se lo tomaría mi padre si se enteraba de lo nuestro. Seguramente no me volvería a hablar en mi vida.

—Pero aparte de convertirte en una prófuga como yo. Está el asunto de cambiar la línea del tiempo —continuó él aprovechando mi aturdimiento. A ese punto es el que yo no quería que llegase y reaccione beligerantemente.

—Si Nathan vive, no existe la segunda bomba humana. Así de sencillo —respondí con un tono duro e hiriente. La muerte de Nathan había sido el desencadenante de la segunda amenaza de explosión—. Y no habríamos estado separados en dos grupos. Unos buscando a su asesino y otros buscando el virus Shanti —eso era otra verdad como un puño—. Por lo que habríamos impedido la muerte de otros tantos de nosotros. Mataremos dos pájaros de un tiro.

—Ya, pero no te das cuenta de que si Nathan siguiera vivo, él sería el presidente. Muchas cosas más se pueden desviar. Por ejemplo, nosotros no estaríamos juntos, y es posible que… —pero se le fue apagando la voz a medida que hablaba. No quería terminar la frase, y yo sabía la verdad que se escondía detrás de aquellas palabras tan egoístas.

—Todo irá bien —le dije para que se tranquilizara, posando una mano sobre su hombro y mirándole dulcemente a sus ojos castaños—. Mañana pondremos en marcha el plan. Y ahora nos vamos los dos a la cama.

Horas más tarde, tuve un sueño. Bueno no era exactamente un sueño. Recordé la noche en la que conocí por primera vez a alguien como yo. La noche del baile de Bienvenida del Instituto Union Wells. Cuando Sylar mató a Jackie Wilcox y Peter me salvó de acabar muerta. Y me desperté agitada, temblando, pensando que era la niña indefensa de aquel entonces. Noté que la cama estaba vacía y me pregunté dónde demonios estaba. Me calcé unas zapatillas de conejitos rosas y me dirigí a la luz del baño que estaba iluminada.

—¿Te he despertado? —preguntó él después de secarse la cara con la toalla, al parecer se estaba refrescando.

—No, tenía una pesadilla, ¿te pasa algo? —dije finalmente, tenía los ojos rojos.

Parecía afectado.

—Es por Sylar —terminó diciendo por fin, después de un tenso silencio mirándome. En cuatro años no le había vuelto a oír ese nombre en sus labios—. Tengo miedo de que te haga daño, Claire —le abracé y él me devolvió el abrazo con fuerza—. No quiero hacer algo que te dañe. Pero si cambiamos el pasado puede que Sylar siguiera matando.

—Sylar no está —afirmé al tiempo que le silenciaba con el dedo un 'pero' que estaba a punto de salir de los labios—. Tú mismo me dijiste que Sylar murió aquella noche en la plaza Kirby. Cuando Hiro lo apuñaló —otro 'pero' intentaba salir de sus labios, sin resultado porque un breve beso lo ahogó—. Eres Gabriel Gray. Ya no eres Sylar. Y te quiero.


[1] Bonnie & Clyde: una pareja de forajidos de los años de la gran depresión, ladrones de bancos, que se hicieron celebres por perpetrar todos sus robos conjuntamente.