Si ustedes están al día con el manga, lean tranquilos. Pero si no quieren spoilers, mejor pasen de esta historia. Mi inspiración para este fanfic vino de los últimos capítulos. Advertencia: mucho drama. Y probablemente, un final nada feliz.

Están avisados.


Capítulo 1: Primeros síntomas

La oscuridad era impenetrable. Ni siquiera una leve penumbra que permitiera escudriñar entre las sombras. Lucy avanzó a través del largo túnel con una mano tanteando al frente y la otra sobre sus llaves, estremeciéndose cada tanto. Hacía demasiado frío. Un frío insoportable.Era como si viniera desde adentro. Desde su propio pecho.

-¿Natsu?- llamó, tragando saliva y temblando-. ¿Happy?

La muchacha estaba segura de que momentos antes iba con los otros dos, hasta que se vio sola y todo se apagó sin más a su alrededor. No tenía idea de donde estaba. Lucy tropezó y estuvo a punto de chillar cuando una mano cálida cogió su muñeca para impedir que cayera. Pero el grito se murió en su lengua cuando pequeñas llamas empezaron a brotar de la nada, parpadeando graciosamente e iluminando el lugar. El frío se aligeraba.

-¿Estás bien, Lucy?- le preguntó Natsu.

La maga celestial suspiró de alivio y estuvo a punto de abrazar a su amigo, pero se arrepintió, un poco ruborizada. En cambio, adoptó una postura de mal fingido enfado.

-¿Dónde se supone que estabas?

Natsu parpadeó.

-¿De qué hablas, bicho raro? Estuve todo el tiempo al lado tuyo.

-¿Qué?

Lucy estaba más que confusa. Natsu se rió de ella y empezó a andar, cogiéndola nuevamente de la muñeca.

-Vamos. ¡Me muero de hambre!

Lucy iba a decirle que fuera más lento, pero entonces su amigo se detuvo de pronto, haciéndola trastabillar.

-¿Ahora qué pasa?

Natsu no se volteó. Su cuerpo, lentamente, empezó a desintegrarse ante los ojos atónitos de Lucy. La muchacha intentó agarrarlo, pero sus dedos solo atravesaron la nada. Lo último que vio, antes de que todo se apagara nuevamente, fueron los ojos verde oliva del mago de fuego, quien giró la cabeza hacia ella. Ojos que se iban volviendo cada vez más opacos, como si la vida se extinguiera dentro de ellos.

-¡NATSU!


Despertó con un grito ahogado, enredada entre sus mantas. Lucy se llevó una mano al pecho y respiró lentamente, consciente de que todo se había tratado de un sueño. Los rayos del sol matutino se filtraban a través de su ventana entreabierta.

-¿Eh? Pero si anoche la cerré… ¡Aaaghh!

La rubia se levantó de golpe y echó las mantas de su cama a un lado, revelando a un joven de cabello rosa y un gato azul acurrucados entre las sábanas. Happy murmuraba en sueños algo sobre salmones a la plancha. Una vena se infló en la frente de Lucy.

-Definitivamente voy a colocar una cerradura de titanio en esa ventana- masculló-. ¿Por qué tengo que aguantar esto?

Su voz despertó a Happy, quien parpadeó adormilado.

-Hablas muy fuerte, Luuushy. Es de mala educación despertar así a los demás.

-¡No quiero escucharte a ti hablándome de educación!

Happy se incorporó, bostezando.

-Aye. ¿Qué vamos a desayunar? Espero que tengas sardina.

-Por supuesto que no. ¡Natsu! ¡Despierta, coge a tu gato y vete a tu casa ahora!

El muchacho ni siquiera se inmutó, por lo que Lucy lo sacudió con fuerza, casi arrastrándolo para que saliera de su cama. Pero cuando vio bien el rostro dormido de su amigo, se detuvo.

-¿Qué pasa Lucy?

-¿No te parece que está un poco pálido?

Happy se acercó y ladeó la cabeza a un lado.

-Mmm… yo lo veo igual que ayer.

-Pero…

Justo en ese momento, Natsu empezó a despertar. A diferencia de Happy, se tardó bastante más y por unos momentos miró a Lucy como si apenas la reconociera. Hasta que finalmente murmuró, frotándose los ojos:

-Tus pechos están más grandes.

Lucy le dio un golpe en la nuca, echando humo.

-¡Largo de mi casa!

-¡Peeero Luucy! ¡Antes tenemos que comer!

-Ve a comer al gremio.

-¡Pero no tenemos dinero!- lloriquearon ambos, de rodillas en la alfombra. Lucy apartó los ojos de sus caras adorables y resopló, cruzándose de brazos.

-Vale, vale. Pero mañana comen en el gremio ¿ok? A mí tampoco me queda mucho dinero.

Natsu sonrió ampliamente.

-Recuerda que mañana salimos de misión con Erza y el stripper, así que pronto tendremos dinero.

-¡Ahhh! ¡Lo había olvidado!- exclamó Lucy mientras se dirigía al baño para tomar una ducha-. Bien, coman lo que quieran, pero no rompan nada. ¡Y Natsu! Pobre de ti si me espías mientras me baño…

-Como si no te hubiera visto desnuda seis veces.

Lucy se sonrojó. ¿Realmente las había contado?


Después de desayunar, los tres se dirigieron al gremio charlando animadamente. Tras dos meses "sabáticos", por fin saldrían en una misión. Y es que después de la guerra y el caos desatado tras el enfrentamiento contra Acnologia, todos los magos de Fairy Tail habían coincidido en que necesitaban tomarse un descanso. Especialmente Natsu, a pesar de que el joven había protestado. Curiosamente, no fue Lucy quien logró convencerlo de que se tomara las cosas con calma, sino su hermano.

"Aún es difícil acostumbrarse" pensó Lucy, sonriendo tristemente mientras observaba como Natsu y Happy bromeaban acerca del nuevo corte de pelo de Erza. De hecho, todo el mundo menos los miembros de Fairy Tail pensaban que Zeref había muerto a manos de Natsu. Pero lo cierto es que ahora este vivía junto al mago de fuego en la casa del bosque, remodelada por ambos para hacer más espacio.

Tras recuperar sus recuerdos, Natsu se había visto incapaz de matarlo. Además, hacerlo habría significado su propia destrucción. Y a pesar de que fue complicado asumir la dura realidad sobre Natsu al principio (especialmente para Gray), todos habían acabado por entenderlo y apoyarlo.

Sin embargo, el trágico destino de los hermanos Dragneel era cosa del pasado y ahora por fin podían llevar la vida que ambos merecían. Y es que los dioses, como agradecimiento a Natsu por haberle devuelvo el equilibrio al mundo tras la derrota de Acnologia, revirtieron la maldición de Zeref, devolviéndole su mortalidad.

Las cosas por fin empezaban a ir bien.

-Podrías invitar a Z. para que vaya con nosotros- le sugirió Lucy a Natsu. En público, todos habían acordado llamarlo Z., para evitar que alguien del Consejo de Magia se enterara de que el ex mago negro aún seguía vivo-. Le haría bien salir un rato ¿no?

-¡Lo invité!- resopló Natsu-. Pero no quiere. Prefiere estar allí, viviendo en el bosque. Creo que aún no se acostumbra a la gente, pero yo le dije que nadie sabía realmente como era él. ¿Y sabes que hace cuando se lo digo?

Lucy sonrió.

-¿Qué cosa?

-¡Me da esa sonrisa suya y me dice que no me preocupe antes de seguir leyendo o mirando los árboles y los pájaros! ¿No te parece aburrido? En serio, a veces me cuesta creer que tengamos los mismos genes- refunfuñó Natsu-. Y tampoco acepta pelear conmigo, a pesar de que es muy fuerte.

-Bueno, no es como si eso fuera un defecto- dijo Lucy-. Aunque la última vez que lo vi, parecía muy contento. Estoy feliz por él.

-Y realmente cocina genial- añadió Happy-. ¡Tampoco hay tanto polvo en la casa ahora que Z. está ahí!

Natsu sonrió y estuvo de acuerdo. Pero antes de que abriera la boca para decir algo, un mareo repentino lo desestabilizó, haciéndolo tambalear a un lado.

-¿Natsu?

-Tsh, me tropecé. ¡Sigamos!

Sus amigos asintieron y siguieron caminando. Natsu, en cambio, reprimió una ola de nauseas. Por suerte, Lucy y Happy estaban hablando entre ellos, por lo que tuvo tiempo de respirar hondo y calmarse sin que se dieran cuenta. Desde hacía algunos días que estaba teniendo algunos mareos, pero hasta ahora nunca le habían atacado las náuseas. No entendía qué le pasaba. ¿Había comido algo en mal estado? Tendría que hablar con Wendy si la cosa no paraba, aunque, realmente, Natsu no tenía ganas de hacerlo. Odiaba hacer escándalo por algo tan pequeño. ¡Seguro que el maldito stripper se burlaba de él por comportarse como un debilucho!


En el gremio, Natsu no se sintió mejor. De hecho, se notaba extrañamente cansado, a pesar de que había dormido toda la noche y no había ido a una misión en dos meses. ¿O sería la propia inactividad lo que lo tenía así? El muchacho ya deseaba salir en aquella misión de clase-S con los chicos para despabilarse.

-No has comido casi nada ¿estás bien?- le preguntó Mirajane mientras señalaba el plato de estofado extra picante que Lisanna le había regalado.

El mago de fuego se encogió de hombros.

-Sí. Es que no tengo tanta hambre.

A su lado, Gray casi escupió su bebida.

-Debes estar bromeando- dijo el mago de hielo.

-Venga, vamos a pelear afuera. Necesito entrenamiento.

-¡Oi, oi, espera! Aún no me como lo mío. ¡Vete a retar a Erza!

Natsu miró a la pelirroja, que conversaba con Levy y Lucy en una de las mesas. La verdad es que se veía bastante bien con el cabello hasta los hombros, aunque nunca se lo diría. Se preguntó cómo se vería Lucy con ese mismo look.

-Y ahora sonríes solo. Definitivamente hay algo mal contigo- comentó Gray, mirándolo de reojo.

-No quiero oír eso de alguien que solo lleva calzoncillos.

-¡Ahhh! ¿Cómo ocurrió?

Mirajane se rió e intercambió una mirada extraña con Cana, quien bebía, como siempre, de su enorme tonel de alcohol. Luego ambas miraron a Natsu y este entornó los ojos, un poco nervioso. La expresión de esas dos no le daba buena espina.

-¿Qué?

-Últimamente te gusta mucho mirar a Lucy cuando ella no está viendo ¿no?

Natsu tomó una cucharada de su estofado y masticó con violencia.

-¿Y eso que tiene de malo? Somos compañeros.

Cana se le acercó, alzando las cejas e inclinando su delantera sugestivamente.

-Compañeros ¿eh? Seguro que sí.

-No sé a dónde quieren llegar- dijo Natsu con la boca llena.

-¿Sabes, Natsu? En cierta manera, esa actitud inocente tuya es algo… atractiva. Seguro que Lucy también lo piensa, aunque dudo que te lo diga.

Gray hizo un mueca de incomodidad al ver a donde Cana quería llegar con aquella conversación y miró de soslayo a su amigo, quien miraba a la otra mujer entre exasperado y confundido. ¿En serio el idiota no se daba cuenta de que le estaba coqueteando?

Repentinamente, Natsu se levantó, dejando su plato a medias. Cana se sorprendió, preguntándose si había dicho algo que le hubiera molestado. Sin embargo, Natsu parecía… ido. Y bastante más pálido que antes. Gray observó perplejo como el muchacho, sin decir nada, salía corriendo del gremio.

¿Tal vez se había puesto nervioso con los coqueteos de Cana? ¿O era… algo más?


Natsu se inclinó por octava vez, vomitando violentamente entre uno de los arbustos que bordeaban los terrenos del gremio. Por suerte, nadie estaba por los alrededores. Realmente no quería hacer un alboroto. El joven mago de cabello rosa respiró entrecortadamente antes de que una nueva arcada lo hiciera doblarse, aunque ahora no salió nada. Su estómago se había vaciado por completo. Sin embargo, la sola idea de comer algo hacía que se le revolvieran las tripas de nuevo.

-Mierda…- masculló, limpiándose la boca con la manga de su chaleco.

¿Por qué había sentido esas ganas repentinas de vomitar? ¡Ni siquiera iba a bordo de ningún transporte! Natsu se apoyó contra una pared e intentó recuperar el aliento, aunque se sentía realmente cansado. Podría dormir allí mismo.

"No. Tengo que ir a casa", pensó. No quería que sus amigos le empezaran a hacer preguntas que, de todas formas, no podía responder. Ni él mismo entendía por qué su cuerpo estaba reaccionando así. Sin embargo, ahora estaba casi completamente seguro de que había comido algo en mal estado.

"Pero no necesito a Wendy. Zeref puede darme alguna medicina", decidió, sonriendo débilmente y alejándose de la pared para caminar hasta su casa.


Espero que hayan disfrutado su lectura. Dudas, quejas o sugerencias en los comentarios.

Hasta la próxima!