En tu cumpleaños

Reto ALSS

28 de Junio 2016

Angie Jb / Angelina Velarde


- La verdad es que eres una persona muy mal organizada, hija.

- Y usted tía, todo se lo toma demasiado en serio.

- ¡Niña! ¡Modales! ¿Cómo es que tengo que recordártelo tan seguido últimamente? Parece mentira.

- Está bien tía, disculpe si la ofendí…

- Si, te disculpas pero de todos modos vas a hacer lo que quieras. Sabes que esto que pretendes se contrapone a todas las reglas que tenemos al respecto. Estás arriesgando demasiado… Eso de involucrar a los pequeños… ¿Qué tal si preguntan, si lo comentan?

- Creo que justo lo que estoy haciendo, es lo que él espera – le dijo a la tía sonriéndole para tratar de calmarla – y también creo que es lo menos que podemos hacer dadas las circunstancias de todas esas reglas que le han arruinado la existencia a mi hermano. Y finalmente no me importa lo que diga o no el Consejo ni usted. Se lo digo con franqueza tía, esas reglas son un desaguisado, un error monumental. Anthony, Stear y Archie son ahora pequeños pero igual les encantará convivir con su tío. Anthony ya lo adora ¿por qué no dejar que sus primos lo conozcan y lo quieran también? No hay nada que temer ¡son familia, son niños!

La tía suspiró profundamente dejando escapar un bufido en silencio. No pudo más que enmudecer. Se dio cuenta que no le convendría seguir con ese hilo de la conversación. Que cualquier argumento solo la empeoraría. Su sobrina de un tiempo para acá, se estaba convirtiendo en una mujer altanera, incluso rayando en la grosería, pero muy en el fondo ella le concedía razón. Quizás porque aunque no lo supiera bien a bien, ella misma reconocía la injusticia que rodeaba toda esa situación. De cualquier manera su plan de vida ya estaba hecho, no podían tirar por la borda todo lo que habían "ganado", "protegiendo" al heredero.

Rosemary, todavía se dio el lujo de dar una estocada final antes de retirarse del saloncito de té, para seguir con los preparativos de la fiesta.

- Para variar, será una fiesta con invitados divertidos… - y le guiñó un ojo a su tía antes de salir con toda calma hacia el jardín – Esta será una fiesta memorable… ble… .ble…. ble

Albert cerró los ojos para concentrarse en el recuerdo que conservaba nítido en su memoria, un poco más. Las palabras de su hermana lo habían llenado de orgullo aquella tarde. Detrás de la puerta, él había escuchado cada una sin querer. Sus primos eran unos niños entonces, pero eran su familia y convivir con ellos le obsequió una sensación por demás agradable: la de pertenencia, la de amor filial. Todos jugaron y corrieron y jugaron y volvieron a correr en los jardines, junto con él. Fue un día simplemente excelente. Su mejor cumpleaños desde que su padre había muerto hace ya un tiempo.

Albert sonrió, recordando la sonrisa de su hermana festejando la algarabía y el griterío de todos, desde su sitio bajo la sombra de los árboles... Ese año, ella murió…

Su sonrisa se fue desvaneciendo. Entonces se alzó del diván donde descansaba al caer la tarde en una de las terrazas de Lakewood, y de buenas a primeras salió corriendo hacia el bosquecillo cercano a la propiedad. Aceleró lo más que pudo, tratando de huir de los recuerdos que no quería traer a cuestas. Peligrosamente y resbalando de vez en vez en el suelo semi húmedo por las tormentas veraniegas recientes, siguió corriendo como si le fuera la vida en ello, esquivando piedras, saltando escollos, recorriendo rutas azarosas entre los árboles. Parecía loco ¿Un escape que denotaba su "escaso o limitado control emocional" como decía la bendita tía, cuyo pasatiempo en los últimos meses eran los libros de auto ayuda? A veces, y bien lo sabía él, era indispensable darse el lujo de la locura.

El impulso le alcanzó incluso para subir una colina empinada y llegar jadeando a la cima. Otro cumpleaños perdido en el monte. La tía Elroy no dejaba de escandalizarse por ello. Albert esperaba que un día finalmente se acostumbrara a que el continuara ejerciendo su libertad, justo como él quería.

- ¡NO LO HAGAS JIMMY, NO LO HAGAS!

Al grito furibundo que lo sustrajo de sus pensamientos, siguió el ruido de un sonoro chapuzón. Albert empezó a caminar hacia el origen de aquella voz, a la parte de la propiedad que lindaba con un lago pequeño.

- ¡JÁ! ¡EN TU CARA! – gritó el tal Jimmy antes de salir huyendo.

Albert empezó a reírse descontroladamente ante el espectáculo, suponiendo que por la distancia no lo podían escuchar.

El monstruo de lodo del lago, es decir, una joven se levantó penosamente del lodazal que era esa parte del lago... Bueno, Albert supuso que era una joven por el tono del primer grito que escuchó, pero visualmente era difícil precisarlo. Ella intentaba salir de ahí, empapada de pies a cabeza, portando unos pesados pantalones de mezclilla y botas cubiertos por el lodo espeso, que seguramente raspaban y representaban tremendo de exceso de peso dada la manera en la que ella intentaba caminar. Si había una peor parte donde caer al lago, Albert la desconocía.

A duras penas, la chica se quitó el lodo de la cara para poder ver mejor hacia dónde se dirigía. Su cabello cenizo era de un color todavía impreciso. ¿Rubia, trigueña, pelirroja? No estaba seguro ¿quién podría afirmarlo? Luego, cuando ella por fin llegó a la orilla, resbaló y cayó sobre el fango otra vez. Albert movió la cabeza negativamente y empezó a caminar a ella con una sonrisa muy difícil de borrar en su rostro.

Ella, escuchó sus pasos y se giró en una pieza hacia dónde el venía. Ya más cerca la visión era más grotesca todavía. Por más que intentó, él no pudo contener una carcajada.

- ¿Te puedo ayudar en algo? – surgió la voz resignada de la chica, que en vano esperaba a que él terminara de reírse.

- Si… espera... disculpa es que... – dijo él tratando de controlar la risa y después de un rato terminó diciendo - ¿Podrías ayudarme dejándote ayudar?

- Si – respondió ella renunciando a cualquier intento de salir sola de esa situación. No era cosa de andar con orgullos ahora – Ayúdame a salir de aquí, por favor.

- No hay problema – señaló Albert acercándose con cuidado para no caer el mismo en el lodo de la orilla.

Le tendió la mano para que paso a paso se alejara del terreno resbaloso. Luego ella con los dos pies sobre tierra firme, y sin decir agua va, se quitó la camisa llena de tierra que traía, quedándose con una pequeña camiseta roja de tirantes que se pegaba a su cuerpo. Albert automáticamente miró hacia otro lado por respeto, e eso que le enseñaron en alguna parte, alguna vez, pero luego la volteó a ver de reojo, rápidamente y ya sin sonreír.

- Buen samaritano, necesito tu camisa – solicitó la chica

- Bien… – respondió él, pensando que era el precio justo por burlarse de ella tan desfachatadamente, y claro por esta última visión tan… interesante. Desabotonó su camisa con rapidez, se la quitó y la extendió hacia la chica con una mano, tratando de mirar hacia otro lado.

- Gracias – contestó ella secamente sin mirarlo a los ojos.

- ¿Quién eres? – le dijo él mientras ella se cubría con su camisa y trataba de limpiar su rostro con las mangas de la misma.

- Tú Hada Madrina – respondió ella sarcástica y de mal humor, aunque ya más tranquila. Después de todo él no tenía la culpa de que Jimmy fuera un patán… ¡Ese Jimmy!

- Nunca te habría imaginado así Hada Madrina – contestó él tuteándola y sonriendo, mientras mataba de un manotazo a un bicho que caminaba por su hombro desnudo.

- Pues sí, soy tu Hada Madrina. Y solo porque me acabas de "regalar" tu camisa – ¿regalar? él la miró directamente a los ojos levantado una ceja – te voy a conceder un deseo… ¡Pero nada que implique volver a lago ni desvestirme más! ¿Está claro?

Él se le quedó viendo pensativo y luego dijo de forma muy natural y sin pretensiones.

- Hada Madrina, solo quiero un regalo de cumpleaños.

Ella lo miró fijamente en lo que pareció un lapso interminable, deteniendo la limpieza de su cuello con el trapo que ahora era la camisa de Albert. Siguió limpiando su rostro y sus manos, calibrando su próxima respuesta, intentando leer en el semblante de Albert si se trataba de un loco depravado o algo peor. Finalmente sonrió, hasta divinamente, pensó Albert.

- Va – dijo el Hada Madrina

Sin más preámbulo, la chica se acercó a él y lo besó en los labios, con un beso suave, que pretendía ser impersonal. De improviso, tensó el cuerpo y se separó inmediatamente de él, aunque no se alejó. Algo la cimbró. Su piel se había erizado en grado tal que simplemente no podía ignorarlo. Solo le había pasado dos veces en su vida, y hacía tanto tiempo. El Hada sonrió. Mirándolo a los ojos fijamente, ella se acercó y lo besó otra vez pero con más calma, recorriendo tan solo un poco más sugestivamente su labio inferior, abrazando apenas su boca con los labios, como si paladeara un jugoso melocotón.

Luego se ella se separó sonriendo, llevando su mano hacia la frente cual cabo que saluda a su teniente, y dando por cumplido su trabajo, extendió su mano hacia arriba y afuera en un movimiento ágil y rápido, y luego se alejó caminando hacia atrás unos pasos, sonriendo, para después darle la espalda a Albert y seguir su camino sin más.

- ¡Hada Madrina! – dijo Albert alzando más la voz, casi de inmediato.

- ¿Si...? – contestó ella tranquila y coquetamente, volteando con lentitud a verlo. Su sonrisa de lado y mal disimulada, le provocó a Albert mojarse los labios, sin querer.

- Solo te pedí un regalo... – siguió Albert, sonriendo apenas.

- Lo sé. El otro regalo fue para mí... – dijo la chica guiñándole un ojo – ventajas que uno tiene en esto de ser Hada Madrina.

Albert sonrió más abiertamente. En un par de zancadas la alcanzó, y tomando su hombro la giró con para besarla levantando su mentón percudido, suavemente con una mano. Ella dócilmente aceptó la oferta y regresó el beso, disfrutándolo con descaro.

- Espero que vuelvas por más regalos, querida Hada Madrina

Entonces Albert sonrió y se retiró caminando a la Mansión. De espaldas a él, y antes de que se escapara del alcance de su voz, ella gritó:

- ¡Candy!... ¡Soy Candy!… ¡Un mes más, misma hora, mismo lugar! – y luego salió corriendo


Archie, Janik, Tom y Carolina lo miraban con incredulidad. Llevaban horas esperándolo para celebrar una "fiesta sorpresa" de cumpleaños pero Albert parecía que no llegaría jamás.

- ¡Albert! ¿Dónde estabas? ¿Es que hay que agendar contigo las fiestas "sorpresas"? - le reclamó Archie que era muy proclive al protocolo, aun en fiestas sorpresa – Ahora tendremos que buscar a Cielo Azul y Stear que llevan horas "buscándote" por el bosque (si ajá) – dijo – Además ¿porqué vienes sin camisa?

- Eso digo yo ¿Por qué no traes camisa? – secundó Janik mirando su torso con disimulada admiración - ¿Qué pasó?

- Mi resbalosa Hada Madrina la necesitaba más que yo…

- ¿Tú qué? – contestaron todos al mismo tiempo.

- Permítanme cambiarme de ropa… - dijo Albert sonriendo con picardía.

- ¡Ve Albert! – le interrumpió Archie - Te esperamos en la terraza ¡y nos tienes que contar todo!

Si claro, con "lujo de detalles", pensó Albert al tiempo que se dirigía a su habitación. No tenía la mínima intención de compartir más de lo indispensable. Y ello no incluía ni su regalo, ni el hecho de que la vería nuevamente en un mes.

- Ese Jimmy merece una medalla – se dijo finalmente pensando en lo bien que había salido ese cumpleaños después de todo.


Nota del autor

Como decía, este relato responde a otro Reto con ALSS, para festejar el cumpleaños de Albert en 2016.

Corresponde al relato 27 que hago en esto de las "Historias Alternativas" ¡ya!