¡Hola! Bienvenidos a mi nueva historia (: Espero que sea de su agrado y que la disfruten tanto como yo disfruto escribiéndola.

Advertencia: En esta historia, Draco es OC... ya verán por qué se los digo.

Summary: Luego de la guerra, el colegio se vuelve a abrir para los alumnos, y Hermione no puede evitar el extraño comportamiento que tiene Draco hacia los aurores que cuidan el colegio luego de que pasase un poco más de dos meses en Azkaban.

¡Enjoy it!


Fix You

By

Daryak

Capítulo 1

Miró a su alrededor con temor. El lugar estaba oscuro, y era frío y húmedo. Podía sentir el rugir violento de mar. Llovía. Alguien lo empujó con brusquedad.

- Muévete – le espetó el auror, y el joven comenzó a caminar, observando las celdas que ocupaban la mayoría del lugar, lugar donde iba a pasar una buena temporada, si no el resto de su vida. Lo condujeron entre los pasillos de Azkaban, y tembló, sabiendo lo horrible que era el lugar, a pesar de que los dementores ya no eran los guardianes, sino que aurores.

Al llegar frente a una de las celdas, el auror que lo llevaba la abrió con un movimiento de su varita, y lo empujó al interior, cerrando estruendosamente la reja.

- Asquerosos mortífagos – espetó con asco mientras se marchaba.

El joven observó a su alrededor, notando dos camas en mal estado, una en cada esquina, y una pequeña ventana en lo alto, pero lo que más llamó su atención fue la persona que ya estaba allí. Frunció el ceño y se dirigió a la cama desocupada.

- Draco…

- No quiero hablar – espetó el joven sin siquiera voltearse.

El hombre guardó silencio por unos segundos.

- En algún momento tendrás que dirigirme la palabra – objetó.

- Lo evitaré.

- Hijo…

- ¡No me llames así!- el rubio se volteó y fijó su mirada por primera vez en los ojos de su padre, los mismos que los suyos - ¡Yo no soy tu hijo! ¡Déjame en paz! – se acomodó en la cama y le dio la espalda sin percatarse de la triste y herida mirada de Lucius Malfoy.


La joven castaña caminó por el pasillo del Expreso de Hogwarts de regreso a su compartimiento. Estaba feliz de que, luego de tres meses de la guerra, el colegio volviera a abrirse y diese la oportunidad para repetir el año no cursado. Si bien ella, al ser una heroína del Mundo Mágico, recibió una gran cantidad de ofertas, prefirió ir a terminar sus estudios, junto con su amigo Harry. Ron aceptó una de esas tantas ofertas y prefirió no volver, especialmente luego de que Hermione lo rechazara.

Sus ojos se volvieron tristes. Lamentaba no poder corresponderle, pues sabía que era un buen chico, pero así eran las cosas y, si bien en sexto año sí sintió algo por él, con el tiempo se dio cuenta que en realidad era sólo un gran cariño de hermanos.

Observando a las distintas personas a través de las ventanas de las puertas de los compartimientos, sonrió al ver que, a pesar de las pérdidas que aún eran recientes, muchos estaban felices y sonrientes.

Paró abruptamente frente a uno de los compartimientos y miró fijamente a la persona que estaba sentada sola, mirando el paisaje a través de la ventana. Llevaba ropa muggle, unos jeans azules junto a un polerón negro con capucha, la cual llevaba sobre la cabeza, pero aún así se le escapaban algunos de los inconfundibles mechones rubios platinados, característico de los Malfoy. Lo observó con cierta tristeza. La última vez que lo había visto fue en su juicio, el cual se había hecho hacía dos semanas atrás, y, al verlo al medio de aquella sala, bastante más delgado y pálido, sintió pena, porque sabía que todo lo que estaba viviendo no era porque él lo hubiese querido.

Suspiró con tristeza. Esperaba que no tuviera tantos problemas aquel año y que los alumnos dejaran de lados los rencores, pues lo último que él necesitaba era que lo acribillaran con palabrotas.

Observándolo una última vez, se dirigió al compartimiento donde estaban sus amigos. Al abrir, se encontró con Ginny, Harry, Neville y Luna, quiénes se voltearon a verla, sonrientes.

- Aquí están las cosas que me pidieron – les entregó una bolsa con los dulces y se sentó al lado de la ventana y al frente de Harry.

- ¡Gracias, Hermione! – exclamó Ginny buscando una rana de chocolate. La castaña le sonrió.

- Al fin un año tranquilo – suspiró Harry, aliviado.

- Ya era hora, ¿no? – Hermione rió con suavidad.

Comieron en silencio los dulces que había traído Hermione, relajados, pero con cierto aire melancólico. Hubo muchas pérdidas en la guerra que aún estaban frescas.

- Escuché que iban a haber aurores en el colegio, ¿es cierto? – preguntó Neville.

- Sí, quieren asegurarse que todo vaya bien – respondió Harry.

- No será por Malfoy, ¿cierto? – cuestionó Hermione.

- ¿Malfoy? – Harry la observó, sorprendido.

- Sí, bueno… lo vi mientras venía hacia acá. Vuelve a Hogwarts – la castaña se encogió de hombros, restándole importancia.

- ¿Qué mierda hace Malfoy acá? – volvió a preguntar Harry por cierto enojo.

- Harry, no seas así – la joven suspiró -. Está solo, y pasó un poco más de dos meses en Azkaban, ¿crees que seguirá siendo el mismo de siempre? Además tú mismo fuiste a interceder por él en el juicio.

- Sí, sólo porque no creía que merecía estar tras las rejas, pero eso no quiere decir que lo quiero cerca – espetó el moreno con el ceño fruncido.

- No deberías ser tan cerrado – objetó Hermione, frunciendo el ceño también -, se veía distinto, créeme. Vestido con ropa muggle, solo, incluso parecía… deprimido.

- Pues se lo merece – Harry se cruzó de brazos.

- Harry, por favor – Ginny lo observó con ojos suplicantes -, no discutamos, menos por él, además, quizás Hermione tenga razón.

Harry bufó, pero no dijo una palabra al respecto, cosa que Hermione agradeció.

Los cinco amigos se acercaron a las rejas de entrada a los terrenos del colegio, la cual estaba franqueada por cuatro aurores, quienes revisaban a los alumnos. Eran uno de los últimos en entrar, junto con un par de grupos de Hufflepuff de cuarto y sexto año, un par de alumnos de segundo año de Gryffindor, y Malfoy.

- Señor Potter, ¿cómo está? – lo saludó uno de los aurores. Tenía cabello castaño claro y ojos verdes, y bordeaba los 27 años. Les sonrió.

- Ah, David – Harry le estrechó la mano al reconocer a uno de los aurores que había ayudado a reconstruir el colegio.

- ¿Qué tal el viaje? ¿Ningún problema?

- En lo absoluto – Harry le sonrió.

- Bien, tengo que revisar sus cosas, como ya sabrán – anunció y los jóvenes asintieron.

- Señor Malfoy – dijo otro auror con amabilidad -, necesito revisar sus cosas.

Los cinco se voltearon a ver al rubio, el cual seguía con la capucha tapando la mayoría de su cabello rubio platinado, paralizado.

- ¿Señor Malfoy? – volvió a decir el auror.

- Yo… de verdad no traigo nada, no… no creo que sea necesario que me revise – murmuró el joven con voz apenas audible.

- No creo que traiga algo tampoco, señor Malfoy, pero son las reglas de este año – dijo el joven auror mientras se acercaba al rubio, quién se tensó al notar cómo el hombre se aproximaba.

El auror miró al rubio y frunció el ceño, notando el comportamiento del joven. Se acercó con cautela y tomó el equipaje del adolescente, quién seguía mirando el suelo. Lo revisó con cuidado, notando que sólo traía su ropa, las cosas necesarias para el colegio, dinero y su escoba. Cerró la maleta y se acercó al joven, notando cómo temblaba imperceptiblemente. Frunció el ceño aún más al ver el miedo del joven y simplemente se decidió a hacer un hechizo para detectar magia oscura. Notó los ojos fuertemente cerrados del joven Malfoy.

- Todo bien, señor Malfoy – le dijo con suavidad.

- Adam… - comenzó a decir David.

- Dije que todo estaba bien – habló más fuerte Adam.

Malfoy agarró su baúl y se alejó de allí con rapidez, sin mirar a nadie.

- Adam, bien sabes que tenemos que revisarlos a ellos también – le reprochó David.

- No voy a discutir esto frente a otros alumnos, David, lo hablaremos después – le mandó una mirada significativa, la cual el auror captó.

Hermione observó el lugar por el que había desaparecido el rubio, intrigada por el extraño comportamiento del joven. Lanzó una mirada a los aurores, quienes se observaban entre ellos con cierto aire significativo.

- Todo listo, se pueden ir – David les sonrió mientras el grupo se dirigía hacia el castillo. Se volteó hacia Adam, quién seguía pensativo -. Adam – lo llamó.

- Lo notaste, ¿cierto? – le preguntó éste con cierta frialdad.

- ¿El qué? – entornó los ojos.

- Su comportamiento, tan… - suspiró – Estaba aterrado.

- ¿Aterrado? – abrió los ojos con sorpresa.

- David, parece que los rumores son ciertos.

- ¿Los que corren sobre Azkaban? – preguntó otro de los aurores. Se acercó al par de amigos, junto con su compañero atrás.

- ¿Tú crees? – preguntó el cuarto, algo sorprendido.

- No lo vieron – los puños de Adam se volvieron blanco por la fuerza ejercida -. Temblaba – soltó un gruñido.

- Sólo podremos saberlo si él confiesa – razonó David, y el otro par de aurores asintieron.

Adam suspiró y asintió, y los cuatro cerraron la reja, pusieron los hechizos necesarios, y se dirigieron hacia el castillo, discutiendo en voz baja lo recién planteado.