Hola!

Bueno soy nueva en esto,*Ame suspira*… me surgió esta idea espero no haberla hecho tan mal…Gracias a mis amigas escritoras virtuales que me dieron ánimos para escribir...

Capítulo beteado por Isa, Betas FFAD...www . facebook groups / betasffaddiction/

Gracias Isa, Bien estoy nerviosa *Ame se come las uñas*, sin mas les dejo una de mis locuras…


"Un amigo es la persona que nos muestra el rumbo y recorre con nosotros una parte del camino"… Francesco Alberoni

JUEGOS DE AMIGOS

Un ruido espantoso sonaba a lo lejos, cada segundo que pasaba se iba haciendo más claro, pero gemí al darme cuenta que era el teléfono móvil. Quité la almohada debajo de mi cabeza y me cubrí para tratar de aminorar el ruido que hacía mi despertador, anunciando que empezaba otro día más de tortura. Perezosamente apagué el aparato que sonaba y sonaba. Me levanté de mi hermosa y calientita cama para dirigirme a mi cuarto de baño y tomar una relajante ducha. Quince minutos después salí de la ducha, me puse crema hidratante de fresas con miel por todo mi cuerpo, me coloqué mi conjunto de ropa intima y salí del cuarto de baño envuelta en una bata de color azul, mi favorito. Mi conjunto del día sería unos jeans, una camisa a cuadros color morado, mis balerinas negras y mi chaqueta color morado. Un maquillaje natural que consistía en una base, rímel, un labial color durazno y mi larga cabellera color marrón con destellos rojizos amarrada en una cola de caballo.

Suspiré al darme cuenta de la hora. Vamos Bella, tarde otra vez me dije. Salí corriendo de mi habitación, bajé las escaleras a toda prisa, le di un beso a mi madre, tomé un yogurt y emprendí otro día más.

Soy Isabella Swan o, como todo el mundo me llama, Bella. Tengo 17 años, de tez blanca gracias a Renne –mi madre–, delgada, uno sesenta de estatura, curvas pequeñas pero tengo, muy recientemente soltera. Jacob y yo llevábamos dos meses de relación, lo amo, era todo para mí. Pero justo cuando queríamos llevar nuestra relación al siguiente nivel, se enteró que era virgen y dejó de interesarle. Sí, extraño; soy la única virgen de la escuela Cesar Chávez en Phoenix, pero nadie debía saberlo. ¿Por qué? Porque soy parte del "Team Star" y nosotros siempre somos espectaculares, bien lo dice el dicho: no siempre somos lo que parecemos, ¿no? Patética, sí lo sé, pero tengo que defenderme; soy adolecente y sobrevivir en una escuela de más de 1500 alumnos, donde si no eres parte de algún grupo selectivo mueres o simplemente te vas de la escuela porque serás la burla de todos. Cruel, pero cierto.

Caminé dos cuadras hasta la parada de autobús escolar ya que no tenía coche porque a Renée no le alcanzaba para solventar dos, con mucho esfuerzo teníamos el que ella manejaba. Así que como vivo en el vecindario Barcelona, al este de la ciudad y muy cerca de mi escuela, tomaba el autobús.

Al llegar a la escuela me encontré con mis amigas. Alice era bajita, delgada pero bien moldeada. Su cabello color negro azabache, corto y peinado en puntas disparejas. Ojos color gris y siempre al último grito de la moda. Rose una escultural rubia de ojos azules. Medidas perfectas: noventa, sesenta, noventa; digna representante de una revista "Maxim". Angie, una encantadora chica cabello negro, tes blanca, ojos color miel, sencilla pero de buen corazón. Todas pertenecientes a "Team Star" como nos hacíamos llamar. Saludé a mis amigas con los respectivos dos besos. Estaban en una plática sobre qué debíamos usar para la próxima fiesta de "High school take over", nuestro fin de semestre. Me entrometí en la plática, sugiriendo a mis amigas que fuéramos de compras porque necesitaba con urgencia un vestido nuevo que le dejara muy en claro a Jacob que soy una mujer y no una niñita. No me importaba que me haya dejado para irse a buscar en la Tonta de Leah lo que yo no le di, pero lo amo –o eso creía– y lo necesitaba conmigo porque ella no era mejor que yo.

"We are the champions" sonó en los altavoces de la escuela. Renegué. ¿A qué estúpido se le ocurría poner como himno institucional una canción de Queen?

Las horas pasaron y cuando menos lo esperé ya estábamos en el almuerzo, sentados en nuestra mesa de siempre. Los novios de mis amigas nos acompañaban, lo cual me recordó que ahora Jake no estaba a mi lado, sino queriéndome dar celos con la tonta innombrable.

Empecé a comer mi ensalada, ya que mis tres amigas estaban en tremenda sesión de besos con sus respectivos novios. En un dos por tres, Rose se separó de su novio, Emmett, y le susurró algo al oído. Él dió una sonrisa pícara y se levantó, saliendo de la cafetería seguida de Rose. Rodé los ojos; se iban a echar un polvo a los campos de soccer que estaban al final de la escuela. Ojalá que no se encontraran a Mark –el prefecto de la escuela– o les daría tremenda sanción, pero ellos no se preocupaban por eso.

Sentí que alguien se sentaba a mi lado. Volteé encontrándome con Edward Cullen, señor Don juan de Cesar Chaves High School y mi mejor amigo. Él era hermano de Alice y nos conocíamos desde pequeños, habíamos crecido juntos. Antiguamente éramos vecinos y Esme –la madre de Edward y Alice– me cuidaba después de la escuela ya que Renée era madre soltera y trabajaba todo el día. Ahora ellos se habían mudado a un nuevo vecindario, pero seguíamos de amigos y yo pasaba la mayor parte del día en casa de ellos, ya fuera con Alice, Edward o ayudando a Esme con la cena.

—Hey Bella.

—Hola galán, ¿cómo estás hoy? —pregunté—. ¿Y tu novia no viene contigo hoy?

—Perdón, ¿quién?

—Oh, vamos. ¿Ya terminaste con…? ¿Cómo se llamaba? Mmm... Lauren… emm... no, Erika… emm no, verdad que ella fue la semana pasada… Oh sí, ya sé, Vanessa.

—Así como lo dices pareciera ser que soy un gigoló.

— ¿Y no lo eres? —pregunté de broma.

Gruñó y se me fue encima para hacerme cosquillas. Él sabía que odiaba las cosquillas, así que empezamos a forcejear y comencé a gritar, llamando la atención de varios en la cafetería. Me rendí y él me dejó, prometiendo por la garrita no volver a insinuar que era un gigoló.

Noté que mis amigas me habían dejado sola en la mesa. Genial, a las otras también les entró la revolución hormonal. Bufé.

— ¿Qué pasa? —preguntó Ed.

—Pues que mientras tú me atacabas, mis amigas se fueron a tirarse a sus novios a algún lugar remoto de la escuela y me dejaron sola. Eso me pasa.

—Vamos Bella, hay que aprovechar el tiempo. Mark se ha enfermado, por lo tanto no hay prefecto que ronde en esa maldita mini moto los niditos de amor de la escuela.

—Desde que mis amigas despertaron su interés por las partes íntimas de sus novios, me han dejado sola.

—Que va, tú también te interesabas por las del tuyo, pero ahora que no tienes lo estás resintiendo.

—Gracias, qué amble por recordar que mi ex me dejó por una tipa que sí le dió lo que yo no le di. Y para tu información, yo no me intereso en las partes íntimas de nadie —dije molesta.

—Emm… demasiada información, Bells —dijo Ed rascándose la cabeza—. Pero no me digas que nunca te acostaste con Jacob. Él alardeaba que tenía meses tirándote.

— ¿Qué? —respondí sorprendía—. ¿Cómo se atreve? Maldito tarado poco hombre, si él fue el que se arrepintió a última hora solo porque le dije que seguía siendo virgen —dije suspirando. Aún lo amaba.

—Eso no se escuchó bien, Bells, de seguro fue otra cosa. Te has puesto algo posesiva o celosa, Jake no haría eso. Y no me digas que siques siendo virgen, Bella.

—Cállate, si quieres publícalo.

—Vaya qué sorpresa, nunca imaginé que una de las "Star" fuera virgen. Bueno, no soy tonto y sé que Jasper se mete con mi hermana desde hace meses.

—Gracias, ayudas a mi autoestima, Edward —dije levándome cuando escuché a Queen—. Nos vemos luego, no digas nada de lo que dije por favor porque mi reputación caería por los suelos. Confió en ti —. Él asintió y se despidió

Al salir de la cafetería, alguien me jaló a la parte trasera del edificio y me estampó contra la pared. Era Jacob

—Hola hermosa —dijo acercando su nariz a mi cuello—. Hueles deliciosamente. ¿Cómo has estado, mi vida?

—Bien, muy bien, gracias por preguntar.

—Bella, tesoro, ¿ya te has desecho del problema?

— ¿Qué problema, Jake?

— ¿Cuál va a ser hermosa? Pues el de tu lindo coño sin estrenar.

—No es ningún problema para mí —dije.

—Para mí sí. Me gustas Bella, me gustas mucho y quiero seguir contigo, pero eso me impide continuar. Deshazte de eso y volveremos a estar juntos, te quiero.

—Pero estás con Leah, ¿no?

—Eso fue una escusa para alejarme de ti, pero no puedo. Ella no me gusta, es tonta y aburrida, en cambio contigo me divierto todo el día, conversamos de manera natural y lo más importante; me prendes. Desaste del problema Bella, te quiero, te quiero para mí—dijo, pero mi corazón reaccionó.

—Yo no —dije.

—Mientes, sé que mientes. Me quieres —dijo acercándose a mis labios y besándome con pasión. —Muero de celos al pensar que no serás mi novia. En cuanto te deshagas de eso, búscame, estaré esperando. Te quiero —dijo besándome por última vez y alejándose de mí.

Estaba alucinada, Jacob dijo que me quería. Yo lo amaba y necesitaba urgentemente deshacerme de mi virginidad para poder regresar con él, ¿pero cómo? Bueno, sí sabía cómo, el problema era con quién. Necesitaba un hombre que no quisiera compromisos. A mí no me interesaba ser una más de alguien, yo quería ser la única para Jacob. Si deshaciéndome de mi virginidad él regresaría conmigo, tendía que hacerlo, ¿pero quién? ¿Quién quería? A mi mente llegó unos hermosos y penetrantes ojos verdes.

Rápidamente le mandé un mensaje de texto a cierto chico de melena cobriza

"Necesito que me ayudes con algo que es muy importante" B.

"Está bien, nos vemos detrás del Edificio D en 10 minutos" E.

— ¿Qué es de tanta importancia que hiciste que saliera de clase de francés?

—Eres mi amigo, ¿verdad? Y los amigos se ayudan en todo.

—Sí. Bella, me preocupas.

—No es para tanto, necesito que me ayudes a deshacerme de algo.

—Dios, Bella. ¿A quién tengo que golpear o matar?

—No es tan radical. Necesito que me ayudes a dejar de ser virgen.

— ¿¡QUÉ!? Estás loca, ¿qué? ¿Por qué?

—Es algo que a ti no te incumbe. ¿Me ayudarás?

—Bella, estás loca. Eso no puede ser, somos amigos y entre amigos no hacemos eso.

—Por eso, porque somos amigos. Yo necesito dejar de ser virgen y quién más que tú, mi mejor amigo, para que vengas a mi rescate, como siempre.

—Sí Bella, somos amigos, pero esto no es un juego. Eres mi mejor amiga, con la cual he compartido demasiadas aventuras de niños, como para liar y arriesgar algo que tiene tantos años.

—No, no va pasar, somos amigos y no te quiero de esa manera. Confió en ti, me ayudarás.

— ¿Qué gano yo con todo esto?

Lo pensé un rato. —No has conseguido pareja para el sábado, ¿no? Pues ya tienes pareja y quien más que una de las "star". Si prometes que el viernes vendrás a mi casa, pasarás la noche conmigo y tendremos sexo sin compromiso.

—Mmmm.

—Vamos Edward. Lo estás pensando —dije emocionada.

—Pondré una condición.

— ¿Cuál?

—A mí siempre me gusta repetir mis encuentros amorosos por una semana, digamos que es mi "código de exclusividad".

—Está bien, lo que tú quieras.

—Vaya, sí que estás urgida, Bella.

—Tonto. Entonces, ¿trato? —cuestioné.

—Trato —dijo y sellamos nuestro trato como cuando niños.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Los días pasaron y Edward y yo no volvimos a mencionar el tema, un trato es un trato y siempre lo cumplíamos, pero me ponía nerviosa. Había recibido varios textos de Jacob diciéndome que me quería y que estaba esperando por mí en cuanto dejara mi virginidad atrás. Yo lo amaba, teníamos tiempo saliendo y no era tan santa como creen que soy. Digamos que siempre llegábamos a primera base, pero de ahí no pasaba, sin embargo cuando realmente se animó, me dejo. Pero él me amaba y yo era la del problema. En unas cuantas horas dejaría de serlo y por fin regresaría con Jacob, aún no lo podía creer. Él era tan guapo, alto, moreno, con unos buenos bíceps, sonrisa de comercial de dentífrico… Simplemente magnífico.

Ese viernes salí de la escuela y me dirigí a casa para preparar la cena. Hoy Renée tenía guardia en el hospital y no llegaría hasta el sábado al medio día, así que podría dormir todo el día siguiente hasta reponer las energías por el desvelo. Mamá a la 7 en punto se fue de la casa, diciéndome que me encerrara bien, que pusiera las alarmas y que cualquier cosa llamara al móvil. Cuando se fue, corrí y textié a Edward diciéndole que lo esperaba a las 8:30 en casa. Me fui a mi habitación y la ordené un poco. Estaba demasiado nerviosa, no sabía qué hacer. Bueno, en teoría había estado en varias pláticas de educación sexual en la escuela y mis amigas no eran la excepción ya que cuando hacíamos pijamada en mi casa era de lo único que hablaban. Tenía demasiadas expectativas sobre mi primer encuentro sexual.

Tomé una ducha relajante, depilé mis piernas y unté crema por todo mi cuerpo. Elegí un conjunto interior color negro, unos jeans ajustados, una blusa de tiras, mis Converse, poco maquillaje como siempre, dejé mi cabello en ondas naturales y puse un poco de perfume en mis muñecas.

Bajé a la sala y encendí la televisión para pasar el tiempo, Edward no tardaría en llegar. A las 8:30, el timbre de mi casa sonó y mi estómago se estrujó de nervios. Corrí y me encontré con una estampa de revista. Edward vestía unos vaqueros azules, una camisa negra en cuello "V", una chaqueta, botas estilo militar color café y su cabello color bronce como siempre despeinado. Me veía con una sonrisa de lado.

—Hola.

—Hola, pasa.

— ¿Renée? —cuestionó.

—Se fue a las siete, sabes que tiene guardia

—Sí, solo era simple confirmación.

— ¿Quieres algo de beber? —dije cuando se sentó en la sala muy relajado.

—Sí por favor. Tampoco cené, así que si me guardaste cena sería grandioso.

—Dije que si querías beber algo, no comer —dije juguetonamente—. Yo tampoco he cenado, así que hagámoslo juntos.

Cenamos tranquilamente. Al terminar limpiamos juntos la cocina y nos fuimos a la sala a ver televisión. Nos sentamos en cada extremo del sofá. Estaba nerviosa y empecé a dudar si en verdad sería buena idea hacer esto.

—Veamos una película —dije.

—Vale.

Pusimos la película que estaba saliendo en la televisión e inmediatamente me relajé. Me senté a lado y me recosté sobre su pecho como siempre lo hacíamos cuando veíamos películas. Él me abrazó amigablemente, pero un rato después me empezó a acariciar el brazo, subiendo y bajando su mano, haciendo que sintiera cosas extrañas. Su mano derecha alcanzó mi barbilla haciendo que mi rostro dejara de observar la pantalla y mirara sus ojos verdes, ligeramente más obscuros.

— ¿Estás segura de lo que quieres que pase?

—Sí —respondí sin titubear.

—Eso me temía —dijo e inmediatamente después acercó sus labios a los míos.

El beso empezó suave, un simple roce de labios. Empecé a corresponder el dulce y cálido beso, que poco a poco fue tomando más intensidad y Edward me giró haciéndome quedar horcajadas sobre él. Cuando nuestras lenguas se rozaron, una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo e inmediatamente subí mis manos a su cabello, enrredando mis manos en él. Edward, por su parte, apretó mi cintura y empezó a recorrer con sus manos toda extensión de mi columna. Pasamos un buen rato besándonos, pero nos alejamos cuando era imposible respirar.

Vi sus ojos, ellos estaban más obscurecidos, su boca estaba un poco sonrojada y él estaba completamente despeinado gracias a mis ágiles manos. Me miró con su sonrisa de lado.

—Creo que esto no será tan malo, vamos a tu habitación —. Asentí

Al llegar a mi habitación él pegó su cuerpo al mío, tomándome de la cintura y atrayéndome hacia él. Empezó a besarme como lo había hecho en la sala, me giró e hizo que mi espalda se estampara contra la puerta. Una de sus manos se coló debajo de mi blusa acariciando mi abdomen. Sus labios dejaron los míos y bajaron por mi mandíbula hacia mi cuello. Me besaba con audacia, haciendo que me retorciera por las sensaciones inactivas de mi cuerpo.

—Hueles esquisito, Bella —dijo susurrando en mi oreja y mordiendo el lóbulo.

Gemí. Nunca había sentido esto, ni en nuestras interminables sesiones de besos con Jacob.

Edward siguió besando mi cuello, mordisqueando y succionando un poco. Gemí nuevamente. Me mordía mi labio inferior salvajemente y mis manos no dejaban de acariciar su cabello. Lentamente fue deslizando un tirante de la blusa, haciendo un camino de besos hasta mi hombro y repitió la misma acción con la otra tira, desaciéndome de mi blusa, quedándome solo con el sujetador, pero rápidamente llevó sus manos a mi espalda para librarme de aquella molesta prenda.

Yo estaba sonrojada. Edward me había visto desnuda antes, pero éramos unos niños, ahora de niños ya no teníamos ni el cabello y eso me hacía tener un poco de timidez. Intenté cubrir mis senos con mis manos, pero él las apartó mirando mis senos intensamente. Su mano derecha empezó a acariciar uno de ellos lentamente, y con su otra mano subió mi pierna, enrollándola en su cintura. En un acto instintivo, él dio una estocada para que nuestros sexos se tocaran y gemimos al unísono. Él, al sentir más acceso a mi intimidad, subió mi otra pierna a su cintura y caminó conmigo a mi cama, depositándome en ella.

Se quitó su chaqueta y camisa, quedando solo con sus jeans. Se recostó junto a mí y siguió besándome y acariciando mis senos. Fue inevitable que lo acariciara, sentir su piel tersa y ligeramente más cálida era sensacional. Besó mis pechos haciéndome gemir, y que cierta parte de mi anatomía fluyera cierto líquido. Empezó a desabrochar mi jeans, quitándolos lentamente junto con los zapatos y empezó a besarme desde la pantorrilla hasta mis muslos internos, haciéndome jadear por la sensación. Repitió la acción con mi otra pierna y justo cuando iba separar mis piernas, lo jalé a mis labios que lo necesitaban urgentemente.

Nuestras lenguas empezaron una danza frenética. Mis manos recorrían el ancho de su espalda hasta sus glúteos sobre el pantalón. Llevé mis manos a el botón y él entendió a la perfección qué era lo que estaba deseando. Se quitó sus jeans y regresó a mis labios. Sus manos hacían figuras en mi abdomen, pero lentamente bajó su mano derecha hasta mi entrepierna, traspasando mis bragas. En esa zona separó mis labios y acarició mi clítoris. Jadeé por la sensación. Empezó a juagar con él, introduciendo un dedo en mí y gemí por la nueva invación. Empecé a sentir una necesidad insoportable de ser penetrada más profundo e instintivamente moví mis caderas.

—Tranquila, todo a su tiempo.

Retiró mis bragas, separó mis piernas y sentí un ligero viento en mi entrepierna. Cuando quise protestar, fue cuando sentí su lengua juguetear con mi clítoris y me dejé caer en la cama disfrutando de la sensación. Mordió, lamió y penetró con su lengua toda mi intimidad, para luego empezar a mover sus dedos en mi interior, bombeando, haciendo círculos, indagando en mi interior. Empecé a sentir un remolino que crecía debajo mi ombligo y me llenaba hasta mi hinchado clítoris. Sus bombeos se incrementaron y yo me retorcía sobre la cama, contrayendo la sensación. Un ligero sudor se apoderó de mi frente. Mordí mi labio, apreté las manos en mis sábanas color lavanda e intenté cerrar mis piernas, pero su otra mano lo impidió.

—Déjalo ir preciosa, relájate. Vente y derrámate en mi boca.

Al oír esas palabras subí al cielo, empezando a gemir, gruñir y decir incoherencias, pero después me llegó una calma que hacía que mis ojos se cerraran.

—No te duermas, si acabamos de empezar —dijo.

Regresó a mis labios y un sabor extraño llegó a mi boca, era mi sabor, pero era erótico. Nuestras lenguas jugaban, danzaban y se retaban una a la otra.

—No puedo más —dije.

— ¿Estás lista?

Asentí.

Se quitó su bóxer, separó mis piernas y se posicionó entre ellas. Regresó a mis labios, pero el beso comenzó despacio. De repente sentí su pene en mi entrada y me contraje.

—Relájate, así no podremos avanzar —dijo—. Dolerá un poco.

Lentamente empecé a sentir un ardor que incrementaba con cada milímetro que él me penetraba. Empezó a susurrar cosas al oído para que me relajará, pero quería llorar y decirle que se quitara. Sentí que llegó a mi barrera y con un empujón fuerte me penetró completamente. Aullé de dolor.

—Shhh... Shh... Bella, tranquila, relájate que pasará, no te muevas.

—Es que me duele… Me quema, no lo soporto.

—No es para tanto.

—Pues como a ti no te están metiendo nada —gruñí.

—Tú lo querías, ¿no?

Iba a protestar, pero me silenció con un beso lento, pero que subió de intensidad. Empecé a tomar confianza a la situación y moví mis caderas, indicándole que estaba sintiéndome relajada. Él empezó a empujar dentro y fuera de mí. Empezamos un vaivén lento que en cuestión de segundos se fue tornado más rápido.

Mi habitación decorada con fotos de mis amigos, mi madre y peluches de mi infancia, se vio invadida de un espectacular concierto de gemidos y jadeos. Comencé de nuevo a sentir ese remolino en mi interior justo como el de la vez anterior y empecé a mover mis caderas más rápido y fuerte. Edward subió una de mis piernas en su espalda para hacer la penetración más profunda. Sus movimientos también aumentaron el ritmo, por lo que no soporté más y exploté gritando el nombre de mi mejor amigo con voz estrangulada. Unos segundos después, él gruñó mi nombre y supe que también había explotado al sentir un calor en mi interior.

Todavía dentro de mí me beso miestras se retiraba y se acostaba a mi lado. Estaba completamente relajada. Nos cubrió con la manta y me atrajo a su pecho.

Esa noche lo hicimos tres veces más. No fue tan molesto como la primera vez, pero fue mejor, mucho mejor.

Al siguiente día desperté casi al mediodía, asustada porque mi madre fuera a encontrar a Edward en mi casa. No era extraño ya que de vez en cuando se quedaba, pero nunca habíamos hecho nada de lo que pasó la noche anterior. Había una nota en mi mesa de noche.

Dormilona, quería esperarte pero fue imposible, quedaste rendida. Que tengas dulces sueños y paso por ti esta noche a las ocho. E.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

La fiesta de ese sábado fue estupenda como lo predije. Me reventé a morir, bailé toda la noche junto con mis amigas y Edward no se separó de mí. Repetimos lo de la noche anterior en los baños y de regreso a mi casa en el coche. Lo dije, un trato es un trato y ahora tenía que cumplir. Bueno, no era un sacrificio, de hecho debo revelar que empezaba a gustarme esto del sexo. Además mi ayudante era muy guapo, demasiado hermoso y sexi para su propio bien. Si en verdad no supiera que quiero a Ed solo como mi mejor amigo me enamoraría de él, pero lo sabía, él es mi mejor amigo.

No había llegado a pensar que ahora que ya no era virgen regresaría con Jacob al fin, pero eso no me alegraba.

La semana pasó demasiado rápido. Edward se encargó de enseñarme todos los niditos de amor que habían en Cesar Chávez e incluso en una ocasión casi nos pilla Mark. Nos la pasábamos textiando acerca de dónde lo haríamos la próxima vez. Había escuchado a mis amigas de los beneficios y la adicción al sexo, pero como nunca lo experimenté, no sabía a qué se referían.

Al final de esa semana me sentía demasiado triste. No me sentía emocionada porque ya sabía que regresaría con Jacob, me sentía mal porque la semana de condición concluyó y hoy había descubierto la verdad sobre mi amor por Edward; No solo era como amigos, si no ahora como hombre. Un tiempo atrás creí estar enamorada de él, pero como éramos amigos decidí dejarlo pasar. Al fin yo tenía novio y él seguiría siendo mi mejor amigo, hasta ahora que se me ocurrió esta maldita idea. La semanas pasaron y él se había alejado de mí, eso me dolía.

No regresé con Jacob, todavía no me sentía preparada para él. Aunque seguía asechándome, yo le decía que aún no me había deshecho del problema como él lo decía. Me di cuenta que él no me quería o amaba, solo quería una noche de sexo y estoy segura que después de haberlo conseguido, me hubiera dejado de alguna u otra manera.

Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Hoy se cumplían tres meses del favor que Edward me había hecho y me arrepentía más que nunca de haber insistido en dejar de ser virgen. Había perdido tanto.

Había perdido a mi mejor amigo. Si yo iba a su casa, él salía por la puerta trasera y en la escuela me evitaba. Me sentía pesimamente mal y para colmo algo iba mal en mí.

Me sentía extraña, estaba muy sensible y mi periodo estaba retrasado. Eso no era raro en mí ya que era la chica más irregular del planeta, por eso mi madre me había llevado a que me recetaran tratamiento, pero mis periodos irregulares no me habían preocupado porque yo sabía que no había tenido ningún encuentro con nadie. Bueno, hasta ahora, así que decidí hacerme una bendita prueba de embarazo. Corrí a la farmacia más alejada del vecindario, pero cuando tomé la caja choqué con alguien, haciendo que la prueba cayera de mis manos. Al subir mi vista me encontré con unos ojos verdes demasiado asustados. Él se agachó a tomar la prueba y la depositó en mis manos.

—Hola —dije bajando la mirada.

— ¿Cuándo pensabas decírmelo? —respondió a la defensiva.

—No es de tu incumbencia, es solo por desmentir. Sé que no pasa nada porque estoy tomando un medicamento que son como anticonceptivas y además usaste protección, ¿no?

Me miró con cara de susto y dijo:

—No… Bueno, no en todas.

Me alarmé cuando me dijo eso, pero lo ignoré y lo hice a un lado para pagar la prueba. Salí de la tienda con Edward pisándome los talones. Iba hacia la parada de autobús cuando él me interumpió, diciendo que él me llevaría porque también quería saber.

Al llegar a casa bajé rápidamente del auto. Mi madre se encontrara horneando pastelillos, nos saludó y le dije que iríamos a mi cuarto a hacer tarea. Ella asintió y le dio un pastelillo a Edward. Corrí al baño, leí las instrucciones tres veces, realicé los pasos y esperé los benditos cinco minutos. Miré la prueba y ahí estaban dos rayitas que cambiaron el destino de nuestra amistad.

Lo que empezó como un juego de amigos, se había convertido en algo más.


Gracias por leer…si les gusto nos leemos en el otro :D