Memorias de un Ángel
Capítulo I
"Cuando todo comienza a retroceder"
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- La única manera de que estés bien contigo es enfrentando aquello que temes. Lo he estado pensado y creo que la mejor manera de hacerlo es que escribas sobre ello.
- ¿Escribir?
- Así es. Escribe sobre lo que te paso. Una especie de diario. Un diario hacia el pasado.
- ¿A qué se refiere con un diario?
- Ya sabes, un diario de vida.
- Ah, pero ¿por dónde empezar?
- Bueno eso es fácil, normalmente uno comienza desde el principio. La pregunta es ¿cuál es tú principio?
- No sé si sea capaz de recordar…
En ese momento se inclinó sobre mí y revolvió mis cabellos. Se dirigió hacia el gran ventanal de su oficina y observó el paisaje mientras la brisa ingresó en la habitación y jugó con las largas cortinas, el delantal blanco y los cabellos de ambas personas que, inmóviles escuchamos el sonido del viento.
Además de tu médico de cabecera, también me he desempeñado como un psicólogo para ti en cierta manera – se volteó y me observó de medio lado – te conozco desde que tienes seis años, puedo saber con facilidad cuando me estás mintiendo. Estoy seguro de que lo recuerdas todo, como si hubiese sucedido ayer; que lo recuerdas incluso mejor que nosotros, quienes lo vivimos más veces que tú. En teoría tú sabes más que el más sabio de nuestro reino sobre este asunto – solo baje la cabeza y fije mi mirada en la pequeña hormiga que recorría el suelo en busca de algo. Pensé por un largo tiempo y el doctor pareció adivinar lo que sucedía. No pronunció palabra alguna mientras estuve allí inmóvil, con la mirada fija en nada. Respetó mis pensamientos. Como siempre lo había hecho.
- Quizás tenga razón. Tal vez lo intente, aunque será muy doloroso recordar.
- Será difícil, pero es la única manera en que quizás entiendas lo que realmente ha significado todo esto.
- Tal vez… - me puse de pie y me despedí del hombre que desde los seis años me había acompañado y que desde hace dos se había convertido en mi mayor apoyo y guía – muchas gracias doc. – salí de la habitación con los pensamientos revueltos como cuando quieres decir muchas cosas, pero nada es lo suficientemente claro como para expresarlo, entonces tus pensamientos se aglutinan y confunden.
La confusión y la inseguridad habían aumentado desde el incidente de hace dos años y a esos sentimientos se sumaba el odio y el rencor por quienes culpaba del hecho, aún cuando no lo fuesen, ya que resulta injusto incluir a todos en un mismo saco cuando el culpable es solo uno, sin embargo es algo inevitable. Esos seres tuvieron la culpa de todo, ellos jamás me aceptaron y aunque a mi me eran indiferentes, desde lo sucedido aquella noche jamás volví a ser la misma persona. Mi corazón se había vuelto frío, la determinación primaba en toda situación y, de esa manera, conseguí uno de los puestos más elevados de la guardia real. El mayor problema es que a quienes servía eran también a quienes más odiaba.
Pero el problema no inició hace dos años, son diez años los que han pasado y, tal como dijo el doctor, lo recuerdo como si hubiese sucedido ayer. Ese fue el primer incidente, el que marcó mi vida para siempre y, claro, los hechos que le sucedieron fueron de todo, menos alentadores. Cada día que pasaba se convertía en una eterna agonía marcada por la soledad.
Si no hubiese sido por el viejo Edgar jamás hubiese sobrevivido. Hace diez años ese viejo científico salvó mi vida. En ese tiempo él se había convertido en líder de la "Orden de la Rosa", una especie de organización cuyo fin era erradicar el mal de un mundo que recién comenzaba a ser amenazado por las garras del caudillo de los demonios, Lucifer. Ese individuo, no contento con haber destruido a la raza humana casi en su totalidad, en sus ansias de poder, decidió dominar el resto de los mundos mortales; sin embargo, en su conquista de mundos indefensos piso la cola de uno de sus mayores enemigos, la Orden de la Rosa, liderados por Edgar, el más ingenioso de los científicos.
Cuando volví al mundo conciente, me percaté de que estaba a punto de entrar en la sala de asambleas. Me detuve frente a la imponente puerta y la observé detenidamente, no tenía nada especial, era lisa, sin detalles, sin adornos. La gran puerta se abrió de pronto y me arrojó lejos. Levante rápidamente la vista para ver quien era el culpable de ese gran golpe. Entonces le vi, Chrno, el poderoso líder del reino de Orión, uno de los nueve Reinos de Yum Kaax, que junto al reino de la Rosa formaban la alianza más poderosa contra Lucifer y sus legiones. Chrno también era un demonio, uno de los más poderosos. Su mirada dorada se clavó en mis azules ojos, era firme y fría como el hielo, calaba los huesos. Su imponente figura, digna de los demonios de alta elite, sobrepasaba tres veces mi diminuta estatura. Su fuerza era reconocida por todo y todos; además de eso el temor que causaba era inmenso. Por mi parte, como dije, solo era odio y rencor, algo que definitivamente adivinó en mi mirada, al menos eso me imagino, por la actitud que tomo. Sonrió y continuó su camino. Me puse de pie y le observé marcharse, seguido de su escolta, tres demonios de igual reputación a la de su Aion, Shader, Ewan y Reeves.
Bien, si se me solicita sinceridad, he de decir que el malestar desapareció espantado por aquel disgusto. Al menos podría haberse disculpado, pero es típico de los demonios de alta alcurnia el sentirse superiores a los demás; claro que razones no faltan para ello, después de todo, realmente se encuentran por sobre el resto de los mortales (son inmortales, eso ya los hace superior). Recuerdo que en mi niñez les temía, aún cuando mi abuelo repetía, una y otra vez, que los demonios no eran reales… ¡Qué equivocado estaba! Claro que se percató de su error demasiado tarde.
Sin querer volví a sumirme en mis pensamientos y dejé de prestar atención a todo lo que me rodeaba. Atravesé el patio de entrenamiento e ingresé en "La Tercera Torre".
"El patio de entrenamientos esta rodeado por siete "Torres", cada una de ellas es la sede de reuniones de los diversos grupos de la guardia real. El número de cada torre determina la posición de aquel grupo dentro de la escala de escoltas.
La Primera Torre se encarga de la vigilancia del Rey, está compuesta por un limitado grupo de hombres, todos de la clase más alta de la aristocracia, ya que solo ellos tienen acceso a los secretos del Kaax, el aura que otorga el poder a los guerreros de Yum Kaax. Los de la primera torre son capaces de controlar este poder casi en su totalidad. El número de sus miembros, como dije, es muy reducido.
La Segunda Torre, es quien resguarda la seguridad de la familia del Rey, que en este caso es nula, por lo que secundan las funciones de la primera torre.
La Tercera Torre, a la cual pertenezco, se encarga de la protección de los altos mandos del senado, un montón de viejos gordos que no hace más que ir de una fiesta a otra. Diplomáticos, los llaman mis compañero… yo los llamo bolas de grasa. Ingresé a estas filas tras salvar la vida de la hija del senador mayor. Antes pertenecía a la Torre cinco, encargada junto con las torres seis y siete, de las tropas de guerra. Los que van a combatir.
La Cuarta Torre es más bien administrativa, aunque cumple labores de espionaje. Cuenta con los mejores técnicos del reino, tengo algunos conocidos en aquel lugar, pero nada impresionante.
De esta manera las tres primeras torres son las mejor reconocidas en todos los reinos."
Como decía, ingresé a la Tercera Torre, estaba pendiente de mis pensamientos. Saludé a todos como de costumbre, de forma ausente, cada vez que visitaba al Doctor Steiner tenía algo sobre qué pensar. No es que normalmente no pensase sobre las cosas, solo que no les prestaba tanta importancia. Así transcurrió la mayor parte del día.
- ¿Qué te sucede? Desde que llegaste esta mañana te encuentras ausente – Una melodiosa voz interrumpió mis pensamientos, era Satella. Una mujer de unos treinta años. Vestía de forma bastante llamativa, su esbelta figura jamás le hacía pasar desapercibida y, claro, su vestimenta ayudaba a quitarle trabajo a la imaginación de cualquier hombre.
- No me pasa nada y no te me acerques tanto.
- ¡OH! Qué descortés, al menos podrías alabar mis ropas. ¡A qué son bonitas!
- Si, claro…muy bonitas
- Mm… eso no suena convincente, pero te disculparé. ¿Y qué es lo que te pasa?
- Ya te dije que nada, solo estoy pensando en algo que el doctor Steiner me dijo.
- Doctor Steiner… cada vez que le vez vuelves así. ¿Qué te ha dicho esta vez?
- Pues… que la única manera de estar bien conmigo y de liberarme de este terrible asunto es dejándolo salir. Me recomendó una solución.
- Bueno, te ha dicho lo que todo el mundo te dice, pero tú no escuchas. Es como si eso que te ha pasado no le hubiese pasado nunca a nadie, no entiendo qué tan terrible puede ser. Haber¿cuál es esa genialísima idea?
- Escribir un diario.
- ¿¡Un diario¡Qué rayos tiene que ver un diario con todo esto! – exclamó mientras se servía un poco de néctar.
- No lo sé, pero me parece que podría funcionar.
- Si eso es lo que crees… ve y escribe un diario.
- Bueno, ese es el problema, no se si sea capaz de enfrentar los hechos… otra vez.
- Rossette, escucha con atención. Si no enfrentas las cosas ahora, tu pasado te perseguirá donde quiera que vayas, influirá en tu trabajo, en tu vida y, con el tiempo, la herida se volverá más profunda y dolorosa.
- ¿Ahora te las das de sabia, preciosa? – interrogó un hombre de unos treinta y cinco años que acababa de ingresar en la habitación – Pero son muy ciertas, esta mujer a veces dice cosas que tienen sentido. Pequeña, ella tiene razón.
- ¡Edward¿cuántas veces te he dicho que no escuches nuestras conversaciones? Son conversaciones de…
- ¡Bah! –interrumpió el sacerdote castaños que era nuestro superior, mientras se bebía el néctar de la pelirroja, que era el color de los cabellos de Satella – No seas exagerada.
- ¡Cómo que exagerada¡Qué poco caballeroso!
En ese momento, mientras mis superiores discutían como de costumbre, decidí comenzar desde mi propio principio. Enfrentar hechos que en su momento fue mejor olvidar sería algo terriblemente difícil, eso lo tenía más que claro. Pero aún así, necesitaba una opinión más.
Salí de la Tercera Torre y me dirigí a las antiguas ruinas del Templo de la Rosa, lugar en el cual todo comenzó para las personas de Yum Kaax. Caminé hacia el centro y pronuncié unas palabras en el antiguo idioma de este mundo: "Kroshiêr Trhumasum vlotaryum Kräciàrsh"
Entonces se abrió un camino en el suelo. Descendí por unas largas escaleras hasta legar a una puerta con innumerables grabados en ella. Golpee tres veces y la puerta se abriólentamente. Un anciano ayudado de un bastón se acercó a mí lentamente.
- Cada vez que necesitas un consejo acudes a mí. Deberías ser un poco más independiente, mi joven aprendiz.
- Lo siento mucho maestro – pronuncié mientras me inclinaba con respeto – pero usted sabe que siempre me es útil charlar con para aclarar mis pensamientos – el anciano sonrió complacido.
- Tu no cambias, Rossette – se acercó y medio un abrazo.
- Satella siempre te ha dado buenos consejos – pronunció el anciano mientras bebía un sorbo de té.
- Lo sé, pero… aún hay algo que me molesta. No acabo de convencerme.
- Dices eso, pero estoy seguro que ya casi tienes las cosas totalmente claras.
- Si, es probable.
- ¿Sabes? Cuando tenía tu edad tuve que pasar por una situación similar.
- ¿¡Alguna vez tuviste veinte años!?
- ¡Más respeto! No olvides que soy tu tutor y Maestro.
- ¿¡Respeto¿cómo quieres que te respete si eres un pervertido?
- ¿¡Cuántas veces tengo que decirte que no me llames así¿no ves que disfruto de la belleza femenina nada más?
- ¿Lo ves? ERES un per-ver-ti-do
- No soy un…
- Bien, continúa.
- Tienes que concentrarte en por qué quieres solucionar la situación. El rencor que tienes guardado no es bueno y lo sabes. Además, aunque desees vengarte, no puedes hacerlo, por que él es el rey…sería traición.
- No es mi rey, en primer lugar. Es SU rey, yo solo hago esto porque se lo prometí, nada más.
- Entonces, si honras su memoria, porque no hace lo que el doctor te dice, así aclararas tu mente.
- Bueno, en eso tienes razón… ya tengo que irme.
Ya casi anochecía y la brisa nocturna comenzaba a levantarse.
Necesitaba una opinión más, esta vez me dirigía al ala central de los cuarteles, un pasillo completamente de marfil, entre demonios, vampiros, hechiceros, caminé sin mucha dificultad, cada uno estaba ocupado en lo suyo, como siempre. Subí al tercer piso, el pasillo estaba vacío, como de costumbre. Me acerqué al gran portal y me encontré cara a cara con un cuerpo que me arrojó a tierra, era la segunda vez que me encontraba en el suelo durante el día.
- Vaya, cada vez que me encuentro contigo estás en el suelo – levanté la vista, aquella voz, grave y altiva. Era Chrno –levántate – lo hice. Su mirada era altiva, como siempre. Normalmente no se tomaba la molestia de compartir palabra alguna ¿por qué me había hablado?- fíjate por donde caminas – siguió su camino. Me quedé sin habla observando a aquel individuo mientras descendía por las escaleras. Tras unos segundos, unos golpecitos en la cabeza me trajeron de vuelta.
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- Hace ya tiempo que no te pasabas por acá a saludar, Rossette. ¿Qué te trae por aquí?
- Ewan, Buenas Noches – era uno de los escoltas del rey y, curiosamente, quien me había recomendado al consejo superior como nuevo miembro de la Tercera Torre.
- ¡Buenas!
- Necesito platicar ¿tienes tiempo?
- Claro – me hizo pasar a su oficina y ofreció una taza de café que acepté con mucho gusto dado que aquella noche me tocaba guardia en palacio (una tarea que no correspondía a mi torre, pero que Ewan se había encargado de otorgarme para comenzar a introducirme en la primera torre, cosa que a mi parecer, no era muy agradable). Ewan Remintong era uno de los seguidores más fieles de Chrno, no era un demonio ni un hechicero, pertenecía a la raza de los elfos y era miembro de una de las más famosas castas de Yum Kaax - ¿Cómo has estado?
- Regular
- ¿Has dicho regular? - interrogó mientras se sentaba.
- Si, he dicho eso exactamente.
- ¿y a qué se debe ese estado de ánimo?
- Bueno, acabo de visitar al doctor. Sabes lo que pasa cuando lo hago. Me ha recomendado una solución y ahora me corresponde la decisión de tomar o no su consejo. Eso me confunde un poco, la inseguridad de siempre.
- Y has venido a pedirme consejo.
- Correcto.
- Muy bien… te escucho.
- El doctor Edgar ha pensado mucho en esta situación, quizás casi tanto como yo. Cree que lo mejor es escribir sobre ello, ha dicho que eso me ayudará a ordenar los hechos y quizás descubrir al responsable.
- Bueno… eso sería positivo tomando en cuenta que te esmeras en culpar al único individuo que no puede ser castigado. – pronunció mientras se cruzaba de brazos y apoyaba sobre el respaldo de la silla.
- Es que él tiene la culpa – dije apuntando en dirección a la salida
- ¿eh¿y porqué apuntas a la puerta¡Ah! Te has encontrado con él en la salida. Al parecer, tu destino es tropezarte con él una y otra vez – terminó con una sonrisa.
- Irónico, pero cierto.
- Y bien ¿qué has decidido?
- Te he dicho que no tengo completa seguridad. No se si sería capaz.
- ¿Es todo?
- ¿Cómo que si es todo¿Te parece poco?
- No, pero la solución para eso es muy simple.
¿A sí¿Cuál es?
- Escribir, por supuesto.
- Vaya ayuda. Todos ustedes me han dicho lo mismo.
- Pero si es la única solución, además, si es Edgar quien lo recomienda debe serte de utilidad. Por otro lado, es una decisión netamente personal, no podemos influir en eso. – suspiré. Después de todo tenía razón, la decisión era solo mía.
Salí de la oficina con los pensamientos en otro lugar, tal cual había estado todo el día. Ellos tenían razón, pero la pregunta era ¿Cuándo empezar?
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¿Qué será lo que tiene que escribir Rossette? ¬¬ y tanto problema por escribir en yun dirario?! En el próximo capítulo conoceremos un poco más de cerca a Rossete y quizas nos enteraremos porqué odia tanto a Chrno.
Autora: Deberías tener cuidado. Del odio al amor solo hay un paso
Rossette¡Jamás! No con ese especimen con cuernos!!!
Autora: ¬¬u ... Por favor dejen Reviews!!! D
