Hola que tal, cómo esta todo el mundo? Aquí yo publicando mi primer Fic sobre esta maravillosa saga, y que mejor manera de hacerlo que en a unas cuantas horas de que termine este 2013. Y antes de que pase esto, quiero compartir con ustedes algo en lo que he estado trabajando desde hace ya algún tiempo. esto no es sino una probada de lo que hay detrás, y así como yo disfrute escribiendo esta historia, espero que a ustedes también les guste.
Pero antes de que se me pase. Familia, amigos, compañeros de trabajo, gente que no conozco, pero en especial a ustedes que dieron click a esta historia, desearles un feliz año 2014. Los mejores deseos para ustedes y los suyos, y aunque quizás ustedes tengan cosas mas importantes que hacer, comida, invitados, las uvas, etc, no importa. Si leen esto hoy, espero que la cena este deliciosa, y si lo leen mañana espero que la resaca que puedan tener no les afecte :)
Bien, como les contaba, esta es solo una parte de en lo que estoy trabajando. Se sitúa entre los hechos de Resident Evil 4 y la quinta entrega. Esta es la primera de tres partes que lo componen, y todas son un extracto de la historia original, un preview por asi decirlo, por lo tanto no es el principio de esta historia. Pero antes de que pasen a leer, quiero que observen la imagen cover que acompaña este Fanfiction.
Es el eje central de esta historia, y espero haberlo hecho bien. Ahora a pesar de que en el summary menciono una frase perteneciente a un anime fuera de contexto con Resident Evil, la historia es parte de este ultimo universo. Sirve para resaltar la situación a la que se enfrenta el protagonista.
Y sin mas que decir, que lo disfruten
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—Ah… suéltame… ¡maldición!
Su resistencia estaba a punto de ceder. La última gota de aliento no tardaría en ser derramada, y con ella, podría comprobar de primera instancia, lo que Thomas King describía con sumo detalle, sobre este tipo de ser en sus archivos.
"…no obedece el comportamiento de ninguno de los otros. O de ninguno del que se halla registrado. Al Renegado, una vez que tenga su presa bien fija, no le importara porque métodos tenga que hacerlo, lo único que querrá, será hacer algo distinto a comer. Y antes de que el pobre desafortunado tenga contemplado morir, antes, se llevara su última impresión. Porque una vez que lo tenga descuartizado, el pobre no muere… ¡sigue consiente!, y presencia ante sus ojos desorbitados, como el Renegado, no le da el golpe final…sino que antes, juega con las partes que ha mutilado…"
Todo aquello resonaba en su cabeza con un dolor palpitante que no parecía ayudar en nada. La angustiante idea de ser devorado por uno de ellos era lo que menos quería pensar ahora, ¡pero ya no había manera de zafarse!
Aaaaggrr
El aliento que emano después de emitir el gruñido apestaba a muerte. Su fuerza era descomunal, podía adivinar y no equivocarse, que podía equipararse a la fuerza de un luchador profesional de peso completo, aun sabiendo que el infectado no podía sobrepasar los 50 kilos que componían su cuerpo delgaducho y podrido. Y con todo esto en mente, y que él lo rebasaba por muchos 30 kilos, claramente estaba en desventaja. Pero es que de dónde saca tanta fuerza, se preguntaba con una impaciencia desbordada. Su mano pálida tenía firmemente sujetado un brazo, la extensión de la palma acompañada de los dedos alargados y huesudos le permitía tomar a su antojo esto y una parte del pecho como si fuera uno solo. Con la otra tenia prisionera su muñeca, pero en ambos casos mientras más dejaba pasar el tiempo, podía sentir como sus dedos se hundían en su carne, y que estuviera a cualquier cosa de que desprendiera con facilidad los miembros que tanto saboreaba.
— ¡SUÉLTAME!
De hecho era tanta la fuerza que empleaba, que se hacía resaltar toda la presión que usaba, en el bíceps por debajo de los dedos. Podían verse las venas resaltadas y el bulto bien ejercitado, gradualmente iba perdiendo su forma a causa del estrujamiento.
Rápidamente entro en la desesperación. Algo que también recomendaba Thomas King no hacer. Se movió de lugar de forma intencional en busca de algún apoyo que le sirviera para soltárselo, su visión estaba limitada, además de enfocar el blanquecino cuerpo de su captor, a solo ver unos metros delante gracias a su linterna, pero debía de haber algo. Esto dio pie a un vaivén de bailoteos por la cafetería del salón de esparcimiento, dejando en claro que haría el desorden necesario con tal de liberarse. Solo logro chocar contra todo lo que se le interpusiera en el proceso. El orden de las mesas y sillas fue historia, mesa que tocaban, mesa que se tiraba, arrinconarlo contra el librero suponía que al contacto se cayeran todos los libros al suelo, y que decir de atravesar una puerta de cristal, esto no fue sino con el fin de crear el ruido necesario para que pudieran venir más de ellos y poder darse un festín de carne fresca.
Falto de aire, intento moverse bruscamente, ladeo su cuerpo y con ello jaloneo el del infectado en espera de que la velocidad de su movimiento lo hiciera soltarlo, no obstante, no hizo más tirar de su camisa y rasgarla, además de que lo enfureció más. De nuevo se le ocurrió hacer lo mismo, ambos se movían rudamente, casi como una danza de vida o muerte, donde el que lograra dar el mejor paso se vería ganador de un enorme logro.
Entonces, cuando los dos dejaron de bailar y quedaron a mitad de ese sitio, el Renegado aumento su fuerza, todavía más, y acerco su pestilente hocico hacia su rostro, pudo observar una lengua ennegrecida junto a unos dientes colgando de la encía, y un poco más allá, un abismo repugnante del cual provenía su fétida exhalación. Estaba a nada de poder plantar los únicos que le quedaban fijos en su cara.
En un último intento, puso su mano libre contra su pecho poniendo la fuerza que le restaba, queriendo apartar esa horrible perspectiva.
No fue esto sino su último intento echado a perder en vano.
—Ahhh
De repente sucedió algo que estaba fuera de su sentido común. Cerro lo ojos tan fuerte como pudo. Había sido vencido, el infectado se dirigió a devorar su mejilla…
—NO… ¡NOO!
¡Pufff!
¡Se desvaneció! Así sin más. En un abrir y cerrar de ojos, o incluso en un periodo más rápido que eso, había desaparecido sin dejar señal. Porque no se inmuto en dejar ni sus ropas o su característico olor. Solo se esfumo.
Al instante, sintió un jaloneo que le indico que ya no estaba bajo sometimiento del Renegado, y tanto su brazo como su muñeca sintieron que la sangre volvía a circular. Volvió a abrirlos presintiendo que de no hacerlo se caería, no daba crédito a lo que veía.
—Pero, que puta madre…
No había nada en el mundo que explicara lo que había sucedido, y más ahora, esta era la segunda vez que pasaba.
Fue cuando se dio cuenta que algo no estaba bien. Ya desde antes lo sabía, pero esta vez se intensificaba más la duda. Mantuvo los brazos suspendidos en el aire tal cual como los tenia sujetados el infectado, lentamente los fue bajando sin dejar la sospecha de lado, y cuando lo hizo, sintió que la gravedad natural de la tierra no respondía correctamente. Fue como si estuviera en gravedad cero, tardo en bajarlos y ponerlos a sus costados. Y que en cualquier momento los objetos a su alrededor, mesas, sillas, basura, él contando, empezaran a flotar. Dentro de sí inconscientemente ansiaba que no sucediera eso, entraría en un estado de completa locura y desfallecería.
Pero así se quedó…inmóvil, mientras el complejo seguía tan callado como lo es. No hubo una respuesta inmediata, no fue sino hasta que su respiración se volvió pesada y difícil de realizar. Su vista, penetrando en el suelo dibujado de azulejos blanquecinos y algo manchados, se tornó borrosa, con ello, apretó los dientes y cerro los puños. Todo esto por reacción y no por voluntad.
Pronto no pasaron ni escasos tres minutos cuando los parpados se hacían cada vez más pesados, en lo único que podía controlar era su movimiento ocular, el cual le ordeno que escrutara a su alrededor lo que sea, o que fuera la causa de que en su rostro se plasmara la soledad que bloqueaba sus sentidos y no tardara en adoptar un semblante sereno. Como el de alguien que hubiera sufrido la pena de perder algo querido. De solo pensarlo se formaba un nudo en la garganta y vería algo que en muchísimo tiempo no afloraba: el llanto.
Y de repente…
—…
Se desvaneció. Más no como lo hiciera el Renegado.
En ese momento si hubiera tenido la suerte de contar con Claire Redfield que lo acompañara, y lo viera, lo primero que se le vendría a la mente seria" Se desmayó, su cuerpo se desplomará, ¡ayúdalo!", sin embargo no había nadie allí cerca, ni había tal ayuda, y no sucedió tal cosa.
No cayó al suelo, ni perdió el equilibrio, o se desplomo como un muñeco de trapo. No. Solo se… desvaneció, su última reacción fue agachar la cabeza y descansar el mentón en su chaleco táctico. Como si se tratara de una magia de la que no había sido testigo, esta, coloco su mano influyente sobre su frente y con un desliz de muñeca pudo colocar en un suspiro todo el peso de un mundo sobre sus hombros.
Quedo a merced de algo invisible que tomo su plan de encontrar una cura a tiempo, y que le hizo un giro de tuercas adentrándolo en un juego extraño.
Su destino se había vuelto incierto.
Pero justo antes de perder la conciencia, pudo volver a jurarlo. Estaba tan claro para él, y no tenía la necesidad de mentir, que algo… había entrado a su cuerpo.
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Atención, cambio de persona. A partir de aquí los hechos los narra el propio protagonista.
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Desperté.
El sueño letárgico al que había sido inducido no pudo continuar su curso, y pude abrir mis parpados de golpe. Sin embargo, no estaba preparado para lo que vería. Si hubiera sabido de ante mano la consecuencia que conllevaría abrirlos, no me hubiera despertado. Me hubiera quedado muerto en el sueño.
Pero lo hice…
Y al hacerlo, y por un momento, me rodeo una especie de aura, no lograba ver otra cosa que no fuera ese destello blanco. Un manto incandescente que cubría por completo toda mi vista y me daba la bienvenida de nuevo a la realidad. Era una intensa luz, que me obligo a cubrir mis ojos ante semejante proyección. Me di cuenta, que un segundo más, y mi retina ardería hasta gritar del dolor. Agache mi cabeza, y con mi mano, tape mis ojos hasta convertirlos en un nidal de aves dentro de cascarones. Sea lo que sea eso que me recibió, así como vino, sentí que ya no estaba más allí.
Fuera de esto, ya no había peligro, ni sensaciones extrañas, ni presencias misteriosas o insólitas. Mi mano seguía tapando mi cara, note como de ella estaba sudando, cuando la humedad empapo mi piel, esta logro traspasar la carne y perpetrar en mis orbes cansados. Me forzó a abrirlos nuevamente.
Pausadamente fui abriendo los dedos, como el niño temeroso ante el monstruo del armario que era, mi visión se filtró por entre las extremidades, y en efecto, ya no había tal segadora luz. Esta había reducido su tono. Ahora despegue la mano de mi frente y por fin presencie el ambiente que se desenvolvía con extraño.
Cuando quede libre de toda atadura, me quede congelado.
Estaba de pie, no acostado, ni sentado, ¡estaba de pie!
Voltee hacia abajo, pisaba un suelo de color grisáceo, uniforme y sin líneas que lo dividieran o segmentaran, bastante limpio a mi parecer, sabiendo el lugar donde me encontraba. Así mismo desde mi perspectiva note como mi equipo estaba en perfecto orden, tal cual como lo recordaba. No era gran cosa tampoco. Mi chaleco táctico multi-bolsillos seguía vacío, las ranuras para colocar los cargadores estaban huecas. No había linterna, ni mapa, ni mi cuchillo, ni mucho menos un arma. La había perdido de la forma más estúpida. Mi reloj también desapareció. No guardaba nada útil para esa situación. Solo me acompañaba mi radio portátil de comunicación, pero no tenía en mente usarlo, desde que había llegado a este lugar no había encontrado ni una sola señal ajena.
Lo demás era ya costumbre. Camisa y pantalones rasgados y empapados por la lluvia, completamente sucio y con un olor extraño, y mis botas, que siendo negras cuando recién salieron de la caja, ahora habían tomado un color marrón. Debía haber pisado alguna sustancia que impregnara ese color, pero no le había prestado la suficiente atención.
A mis lados, dos muros imponían una apariencia de dos grandes guardianes. No podía estar a más de dos metros de separados. Al igual que la superficie debajo de mí, estos se fundían con ella en color y textura. Quede por un momento reducido a una simple migaja ante tal dominio.
Note también con asombro el origen de tan intensa luminosidad. Aunque quede algo decepcionado. Alce la cabeza, y sobre mí, colgando de un delgado cable de cobre revestido en plástico, había un pequeño foco que destellaba un brillo débil. Estaba instalado directamente sobre mi cabeza y hacia realzar el color de las paredes y piso.
Lograba emanar un calor a penas perceptible que consiguió abrazarme, y resaltar mi humanidad por sobre todo.
Pareciera también que se burlara de mí, porque la experiencia que sentí solo puede ser comparada con el éxtasis de volver a nacer, y sin embargo todo era burla de una inocente bombilla que si de tener rostro, tuviera uno de dos puntitos como ojos y una larga curva de sonrisa.
Si, se sentía extraño, era… un ambiente neutro.
Pero ahora me aquejaba otra incertidumbre. Me dedique nuevamente a mirar a mí alrededor con la mirada, porque era lo único que yo, allí de pie, se me ocurría hacer. O que podía hacer. Y preguntarme…
— ¿Dónde diablos me encuentro?
Un pasillo sin vida, un corredor de paredes blancas carentes de significado, sin nada que lo distinguiera o que lo diferenciara de otros que he visitado. Así sin más… simplemente seco. Recordaba bastante bien donde había tenido mi última lucha, era el área de esparcimiento, un espacio amplio bien reconstruido y amueblado. Podía ver los divanes cubiertos una tela color negro y las mesitas sencillas de la cafetería como si las tuviera delante de mí, podía apreciar las máquinas expendedoras, los recibidores, los televisores, los enormes ventanales abiertos que dejaban entrar el gélido aire de la noche. Incluso podía recordar el aroma a café proveniente de un frasco destapado que vi cuando huía. No había sentido ni un solo minúsculo movimiento de mi cuerpo desde esa última vez, y aun así me encontraba en un sitio todavía más extraño que este hospital militar.
Pero… de todo esto, había algo que lograba anteponerse a todo. Al resplandor, al Renegado, a los dos muros guardianes, a mí mismo… a la bombilla burlona. "Eso" fue lo que más miedo me dio.
Justo más adelante, donde el diámetro del haz de luz terminaba y no podía llegar a más. Donde las paredes laterales se perdían y parecían solidificarse. Había logrado ocultarse excepcionalmente bien. Justo allá, cuando me di cuenta que allí estaba eso, eso, también se dio cuenta de que yo estaba allí. No es que fuera una nube o algún vapor que levitaba. Ni mucho menos algo humano, aunque podía tener la presencia de uno. Y ver algo nunca visto. Sentir…algo nunca sentido.
Era un vacío que devoraba el corredor, una masa oscura maleable, y que de extremo a extremo, por lo ancho y alto, solo había rastro de algo tenebroso.
Así es como lo podría describir… Un acto omnisciente
Qué manera de dejarte tan abrumado y no tener palabras como para poder explicarlo.
Sin forma, ni color. Debía de poder adoptar cualquier apariencia que quisiera. Más esta debía de ser su modo de presentarse. Te dejaba a tu juicio que tú le dieras la imagen con la que surgiría sin complicaciones de ese vacío. Ya que cualquier objeto simple podía ser transformado a lo que más le hace temblar a uno.
Una muñeca, un triciclo, un libro… un globo… un payaso… un humano.
Y por fracciones, quizás solo fuera mi imaginación al desborde, podía escuchar algo parecido a un susurro continuo. Tal vez tuviera la habilidad de hacer sonidos. O de hablar.
En mi caso me preocupe más aun, se inmuto en adoptar alguno de los pensamientos por los que paso mi mente, solo se quedó así. Y aunque podía quedarme a averiguar qué era eso que nació donde la luz no puede emerger, no conseguiría nada, porque no podía quedarme fijo en eso por mucho tiempo. Cada vez que clavaba la mirada en ese espacio, me mareaba, a tal grado que mi visión se nublaba, y estuviera a cualquier cosa de vomitar. ¿O quizás solo fuera a causa de tres días de no comer alimento decente? No lo sé.
Pero aquello me hizo pensar sobre mi lucha con el infectado. Aun no lograba comprender muy bien, cómo alguien había desaparecido ante mi presencia, no encontraba la razón de que se hubiera evaporado sin dejar ni un solo indicio de que hubiera existido. Toque mi rostro y podía sentir incluso, como había dejado un rastro de aliento sobre mi mejilla.
Seguramente el Renegado se había transformado en eso que me estaba acechando.
Mareado, confuso, hambriento, comencé a parpadear en busca de un alivio y olvidar todo aquello.
Que equivocado estaba, no tarde en lamentarme. Mis parpados no dejaban de abrirse y cerrarse. Volteé a ver el techo y para cuando me di cuenta, ya había entrado en pánico.
— ¡Que… no espera, que… que está pasando!
La tenue luz que se ponía sobre mi disminuía su intensidad conforme yo pestañeaba. Primero eran leves lapsos, como si estuviera tomando fotografías con una cámara instantánea, después descubrí que esos lapsos eran ya autónomos. No había control por parte mía, en ese momento mi mente y mi voluntad no respondían a las suplicas que pedía, y la desesperación pronto me estremeció.
— ¡No puedo dejar de pestañear… AHH!
Comencé a respirar agitadamente, en la angustia por no saber qué hacer voltee a mirar a todas direcciones buscando como loco una solución, aun sabiendo que no había nada. ¡NADA! ¡Estaba solo! Mis manos temblaron horriblemente, la izquierda, de tan incontrolado que era el movimiento, los músculos se tensaron, se enrosco, y sufrió un calambre que hizo que gritara.
— ¡AHHH!
Pero yo seguía pestañeando, y a contrario de lo que deseaba, iba en aumento. Ahora, ya ni mi rostro podía dominar, hice muecas de todas formas y sentidos, al igual que con mi mano solo era cuestión de tiempo que sucediera lo mismo. Afligido, alce la cara y mi vista quedó trabada en ese punto negro. Constate con terror como a cada parpadeo, eso se acercaba un centímetro más, se transportaba sin dejar de abandonar su forma, e iba consumiendo la poca luminosidad que me quedaba. No tenía pensado tomar algún miedo mío y personificarlo, ¡lo que quería era tragarme en su forma natural! Tome un largo respiro, y en ese momento vino algo que tarde o temprano esperaba que surgiera. Termine por hincarme, las lágrimas salieron de mis ojos, y presencie con horror lo que inevitablemente debió de pasar, hacía ya mucho tiempo.
Lo único que restaba, era entregarme a ello.
—Por favor, no… así no.
Y llego el momento que más temí. La masa que me vigilaba al fondo termino por tragarse todo a mí alrededor, y me sumí en la oscuridad que tanto había estado evitando. Y lo peor de todo, era que no escuchaba nada, no sentía nada, todo parecía provenir de mi interior
Después, hubo más silencio.
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¿Había muerto? Para mi desgracia no, todavía seguía hincado y sujetando mi mano temblorosa. Pude con cierto alivio abrir los ojos, la pupila se había dilatado al no encontrar rastro de luz y mi frenético pestañeo por fin encontró calma, más no el tambaleo de mi corazón.
Eso, fue lo que me indico que estaba vivo.
Me quede inmóvil por un segundo, atento a saber que era lo que pasaría después. Espere… espere hasta que algo se acercara o hiciera algún ruido.
No pasó nada. Suspire pesadamente.
Allí se dio un fenómeno algo inusual que jamás había experimentado. No sabía con certeza si mis parpados estaban cerrados o abiertos. Coloque mi mano frente a mí, intente hacer un cálculo de a que distancia se hallaba pero no dio frutos. No podía ver absolutamente nada. Podía estar a centímetros de mí, o estar a metros de alejada.
Me rodeaba un inmenso universo de negrura del cual no podía estar expectante a que sucediera algo. Sentía que podía quedarme allí hincado todo el tiempo del mundo y no llegar a ninguna conclusión. A esto era a lo que me merecía llegar. Había probado por todos los medios, recurrí a mis métodos, y de todos ellos repare, que no importa cuánto intente, siempre hay algo que me aventaja y me hunde, tal y cual y como estoy ahora y descubrir que la gente a mi alrededor era víctima de mi mala suerte. Ya nadie podía preocuparse por mí. Fácilmente podía rendirme y quedarme acostado acurrucándome, aguardando a que alguien viniera y me sacara de mi demencia…
— ¡¿Qué?! Pero que pendejadas estas murmurando, ¡tú no eres así! —me dije.
No, debía seguir, ese no era yo, todo aquello que meditaba no era mío, era la consecuencia de que a otros se les pasara por la cabeza, que el mundo era la caja de arena perfecta para construir sus monstruosidades. No, debía levantar este cuerpo sucio y viejo y sacar de mi mente la laguna de estupideces que obstruían mi verdadero objetivo actual. Una vacuna.
Todos la necesitaban. Más que nada, ella la necesitaba.
Por Ada…
Aclare mi mente que circundaba como loca antes de prepararme, trague saliva un dolor agudo vino y se fue, y alivie mi garganta reseca, tome una gran bocanada de aire lo suficiente como para sobrecargar los pulmones y tome fuerza.
Intente ubicarme. Al tiempo que me levantaba, alzaba mi mano realizando giros lentos en el aire, en busca de algo sólido, rápidamente haciendo memoria, recordé a los dos guardianes, y me recorrí hacia mi derecha donde encontré la pared lisa. Si, allí seguía, no había desaparecido. Y como el ciego que era, me dedique a palpar toda su estructura con el fin de poder conocer cada detalle, claro, hasta donde mi brazo pudiera alcanzar a llegar. Ya poseía mi bastón blanco, mi objeto guía, lo único que faltaba era vencer al atisbo de duda que impedía moverme. Lo cual no era sencillo. Pero no me quedaba otra opción.
Abrace mi estómago con mi brazo libre, mi mano poco a poco iba recuperando la movilidad, hasta quedar completamente de pie.
Comencé a dar pasos cortos, cada uno tan pesado que parecía que trajera rocas en vez de botas y tan sincronizado como el balanceo de un péndulo. Quería asegurarme primero, que después de que levantara el pie, primero hubiera suelo que pisar, y poder plantarlo con seguridad en el suelo.
Un paso… luego otro… otro…
Así debía conservar el ritmo. Contarlos, y hacer de ellos una especie de conteo para medir el tiempo que llevo así.
Todos me hacían pensar de al posible lugar al que terminaría por llegar, no podía ser mucho peor que este oscuro lugar… o eso esperaba. Mi sentido de orientación se perdía, nada podía decirme o advertirme que probablemente mis pasos me guiaban en una recta infinita, o en un interminable ciclo de vueltas. Para eso también arrastraba mi mano, para comprobar que en efecto me estaba moviendo. Lo que si debía tener por seguro, era que por nada debía detenerme, ya había encontrado el impulso para caminar, y no importara que mis botas terminaran por gastarse, que acabara arrastrando los pies y sangraran en señal de advertencia debido a la piel desprendida, no querría que mi alma cayera fatigada y me hundiera en mi aflicción.
Aun seguía tratando de escrutar las sombras con mis ojos cansados, los tenía bien abiertos como el atractivo principal del circo de fenómenos. Estos ya no querrían intentar descifrar los misterios que lo envolvían. Así que decidí cerrarlos, no hubo cambio alguno en la retina ¡pero que alivio vino a mí! Pude aspirar y exhalar con sosiego.
Y así anduve por diez minutos contados exactamente gracias a mi reloj improvisado. Por desgracia, no le veía fin a este eterno corredor. Mis pasos se habían hecho mucho más ligeros, acelerando mi recorrido. Incluso, no me percate de que le había dicho adiós al calambre en mi mano. Por lo tanto la había estado levantado a momentos casi de manera impulsiva. Más nunca despegue la otra de la pared.
Después vino lo que era inevitable. Comencé a confundir los ruidos que producía, con la demencia que le tenía a este ambiente no acostumbrado. Cuando lograba arrastrar el pie, este dejaba una resonancia que se extendía por un rato. Similar a cuando alguien calla a una persona haciendo ese característico ruido. A veces pateaba una piedra diminuta y salía rebotando mas allá, que pensaba que eran pasos además de los míos.
Debido a mi hambre, murmure algo corto, y ese murmuro escuche que alguien más lo dijo. No era más que el eco que me era devuelto, pero aun así me hizo sacar un susto. Aquí cualquier sonido puede cobrar una gran importancia. Cómo se notaba que esta atmósfera jamás en su vida se deleitó con escuchar otra cosa que no fuera voces o gritos. En cierta manera se podía sentir una exaltación, una emoción por parte den esto, y muestra de ello era precisamente ese eco que dejaba mientras caminaba. No era normal que se prolongara. Como un único alimento del que viviera.
Qué triste que algo así existiera.
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—…..
En eso, me recorrió un escalofrió por todo el cuerpo y me pare en seco. Algo lo había ocasionado. Fue una especie de sacudida que tuvo su concentración en mi espalda e hizo que los músculos se tensaran, dando como reacción que contrajera los hombros. No era nada que no me haya cuestionado antes, esto provenía justamente de mi impaciencia al no encontrar nada más que lo mismo.
Una pregunta comenzó a jugar con mi mente. Una, a pesar de su simplicidad, de magnitudes colosales. Fue aquí cuando se generó una inquietud maníaca. Me sentí agitado. De solo preguntármelo una y otra vez, los vellos de mis brazos se erizaron. Y de nuevo me volví a preguntar…
— ¿Qué es lo que hay detrás de mí?
Seguía tocando la pared, ahora un poco encorvado. No pensé que algo así pudiera debilitarme tanto, que hiciera que mis respiraciones fueran entrecortadas. Que error tan grande había cometido al solo dedicarme a mirar hacia delante y no detrás de mí.
Abrí los ojos ya descansados, la negrura no tenía pensado dejarme. Insistía en quedarse. También lo hacia la pregunta. Gire la cabeza sin vacilar. Como era de esperarse no veía nada. Pero la respuesta no se encontraba en solo ver, siempre me abstenía a esto, sino en mi situación, en poder tocarlo, y confirmar que si había algo allí. Así que con trabajo me voltee hasta quedar de frente. Enderece la espalda, levante mi mano a puño cerrado a la altura de mi pecho. La verdad era que no quería hacerlo, sin embargo tenía que sacarme esa duda de cualquier forma, solo así no podría avanzar tranquilo, seguramente no se tratara de nada.
Ja, si claro, me dije.
Esta vez no escudriñe en el aire, lance la mano directo a la nada con valentía, a que explorara con libertad.
Y si… mi mano choco con algo.
— ¡¿Qué diablos?!
Rápido quite la mano, retrocedí en cuanto sentí el más mínimo roce con eso. No logre identificar que era exactamente, aunque ante mi toque debió tener alguna reacción, me percate que no tenía movimiento. Otra vez volví a acercarla, algo dudoso. Primero fueron mis pulgares los que tantearon. Era algo plano, duro y a la vez suave, y fino. Estaba algo lejos, por lo que me acerque, aun manteniendo mi distancia. Una vez perdí el miedo, coloque la palma. La deslice por sobre todo lo que lo componía. Desprendía algo de polvo, pero no tenía deformaciones o abolladuras.
Algo simple e inofensivo. Se sentía tan…familiar.
Entonces, cuando ya sospechaba de qué podría tratarse, apareció ante mí de golpe con un resplandor propio, y pude verlo sin mucha dificultad, no sé como pude pero lo vi. Ante la impresión solo pude retroceder.
— ¡AHH DIOS!
Era un tercer guardián. Un tercer muro, idéntico al que se había convertido en mi bastón guía, me venía siguiendo desde que inicie mi trayecto sin que hiciera ni un solo ruido. Consiguió pegarse a mis espaldas mientras yo soñaba con ser liberado de este vacío. Continué retrocediendo, esta vez con la mano alzada entre el muro y mi pecho impidiendo que se acercara más, no obstante, justo cuando hubo una diferencia notable entre los dos, el susurro que escuche antes regreso.
Me di media vuelta, y me apresure a alejarme tanto de ese muro como de ese susurro que se volvía insoportable. Esa especie de murmullo pronto fue tomando otro tono aún más tétrico, le venían sonidos… musicales. Instrumentos de percusión adjuntos a lo que bizarramente ya no era una voz apagada, escuche muchas voces conjuntas y todas bien coordinadas. Lo que oía eran coros, un cantico en toda regla. En concreto, lo acompañaba lo que parecía ser un órgano, de esos que suenan y retumban tus oídos en las iglesias, y que precisamente hacía que a cada nota que era tocada, una presión en mi nariz me molestaba. Agite la cabeza en frenesí, un dolor punzante se apodero de mi coordinación haciendo que tropezara…
¡Ya no aguantaba más!
Luego hubo otro silencio, se habían apagado los cánticos de manera súbita, ahora lo reemplazo otro ruido que me ponía en alerta. Esta vez era producido por un objeto físico. No sabía bien de dónde provenía, todo era al unísono, solo que lo escuchaba algo cercano, un tanto sospechoso. Me dirigí hacia el origen con los brazos ejerciendo de rastreadores, aunque nada más alcance a dar un paso, porque nuevamente mi mano pego con algo, y no tuve que pensar demasiado para saber que es. No pude errar en eso.
Sentí el otro muro paralelo al que yo tocaba. Misma textura, misma dureza, y suponía, mismo color. Recordaba claramente como una diferencia de tres metros, separaba ambos muros, sin embargo, aquí yo podía tocar ambos con los brazos casi extendidos, y solo había dado un paso. ¿Este corredor se cerraba? ¿No encontraría salida? ¿Se me habría pasado algún escape, tal vez del extremo izquierdo?
— ¿Qué es eso?
Ya meditándolo bien, lo que escuchaba era el roce de alguna enorme piedra con otra. Un ruido fuera que no me esperaba, algo casi natural. Como cuando friccionas dos ladrillos de forma lenta. Pero no solo eso. Así quedaron mis brazos extendidos, no los despegue ni moví para nada, las piernas las separe y mis codos los mantuve flexionados.
Solo que en este último se comenzaban a flexionar por si solos. El ante brazo no lo movía yo, pero cada vez percibía que mis manos se acercaban un centímetro más a mí.
Esto la verdad, era lo único que me faltaba.
— ¡MIERDA!
Las paredes se cerraban, los muros pretendían unirse y ser uno solo, y si el camino era infinito, no había forma de que yo saliera de allí sin ser aplastado. Gritar podía, mas nadie podría escucharme.
Pegue carrera. Me apoye en los dos muros que se acercaban entre sí para tomar impulso y acelerar mi huida. Esto me sirvió para connotar la ansia que tenia de escapar, me ayudaba a agilizarme, aunque estando oscuro, sin ver nada, ni poder sostenerme de algo seguro, lo único que conseguía era agitar mí cuerpo y agotar más el aire que no tardaría en ser escaso, con mis respiraciones agitadas. Ese era mi mayor obstáculo. Conforme corría simulaba estar nadando, rodeado de un mar de oscuridad hecho de piedra, braceando hacia la superficie.
La opresión se intensificaba. Mis brazos llegaron a no poder manotear más, aun tenia espacio para moverlos pero ahora los hombros rozaban con los muros, y los había colocado a mis costados, solo me quedaba dedicar mayor rapidez a mis piernas, no importara que solo arrastrara los pies. Estaba alterado, se notaba en mis ojos llorosos, en mi mandíbula tensa, le imploraba a lo que fuera que me sacara de allí, pensaba en todas la personas que me venían a la mente, familia, amigos, compañeros, ¡Dios, todos pasaron tan rápido y ninguno me podía socorrer! Y ese detestable ruido seguía retumbando en mis oídos, ahora ya más potente. Quería aguantar más, pero la angustia me ganaba.
Después vino lo inevitable. Tropecé al dar un paso en falso, un pie se enredó con el otro y caí al suelo con los brazos extendidos hacia delante, dándome un tremendo golpe de cuerpo completo en el frió cemento. El chaleco no sirvió en nada para amortiguar el impacto, pese a que además de las placas de Kevlar, está revestido de una tela acolchada que pudo evitar quedarme sofocado. Me he dado, y me han dado golpes con mucha más intensidad, así que me levante como pude, sin fijarme donde podía haber futuros moretones…
—Ouch…
Cuando me erguí y que mi cuerpo llegara a estar jorobado, hasta allí llegue, mi cabeza golpeo contra algo que me detuvo. Eso en verdad si me dolió, por lo que me sobe inmediatamente. Al tiempo que lo hacía, toque eso que en realidad estaba bastante pesado. Intente tragar saliva pero la sorpresa me aventajo. Constate con horror como un cuarto guardián, un cuarto muro, venia bajando ahora a comprimirme con el suelo que tenía debajo.
Grite. Corrí agachado. Si hubiera pensado que morir prensado por dos muros era la peor forma de terminar mi vida, debía recapacitarlo. Morir aplastado, antes, arrastrándome y jadeando como un perro, sintiendo la presión venirse sobre mí, no podía ni siquiera pensarse. Tanto la espalda como la cabeza podían tocar el muro, y cada vez tenía que agacharme más para seguir escapando, descendía a una velocidad mayor. Hasta que me dejo a mi suerte.
Quede acostado, me dejo acurrucado en una caja de la que no podía moverme más que alternando los brazos y pataleando los pies.
— ¡AHHH!
Entonces, sucedió algo. Justo al instante de que por mi mente pasara eso, a lo lejos, algo se declaró victorioso a mi rescate. Tuve que taparme los ojos para que no me lastimara. Se encendió un farol incandescente delante de mí. Una luz blanca ilumino el poco tramo que me que me restaba para salir, eran por mucho dos metros tal vez menos, pero los sentía tan lejanos. Ya la pared la tenía a centímetros. Sin embargo note algo en la luz que no era propio de ella, no estaba en un punto fijo. Tenía un movimiento aleatorio, oscilaba, como buscando algo. Y cuando dirigió el haz hacia abajo, vi unos zapatos. Era una persona…
—Hey, tu… ¡ayuda!
Pero no me respondió, se quedó inmóvil, tal vez no me veía. Tome más impulso sacado de quien sabe dónde, los brazos termine por extenderlos esperando que aquel sujeto me alcanzara, aunque tampoco parecía así auxiliarme, ya no podía mas que clavar las uñas y ganar un poco más de avance, y aun así todavía me faltaba por recorrer. En eso, el muro comenzó a apretar mi pecho, el aire falto y me ahogue, la cabeza también la apretujo quedando mi mentón atrapado. Conseguí ladearla, y este fue mi último aliento que di, mi carne y mis huesos estaban por terminar hechos molidos.
— ¡POR FAVOR, AYUDA!
De pronto… una mano cálida sujeto la mía, mi reacción fue la misma y acabe estrujándola. No sé de quién podía tratarse ese desconocido, pero con una fuerza increíble, y sin siquiera mucho esfuerzo, me jalo de un solo tirón, y en un segundo, el muro quedo atrás, y yo por fin salí. Cuando sentí que ya no había más presión sobre mi pude ponerme de pie y correr hacia delante, solo hacia delante, más choque con algo que de nuevo, y con una rabia en mi interior, me detuvo. Tome reposo sobre el muro, respire el aire gélido que reavivo todos y cada uno de mis músculos, mis sentidos, las articulaciones volvían a su funcionamiento. Trate de contener una sensación que emergió en mi estómago y viajo de allí, atravesó de mi pecho, hasta llegar a la garganta. Quería vomitar. Ya no sabía si gritar, llorar, golpear la pared o el piso. Ni quería abrir los ojos.
Vaya manera de pasar de la angustia a la calma.
—Gracias… muchas gracias —dije entrecortado—. No veía la manera de salir.
Pero cuando voltee a verlo y darle las gracias como solo yo podía, no había nadie. En vez de eso, solo pude levantarme y quedarme de pie en una sola pieza, aturdido. Lo que observaba me dejo pasmado y sin poder hablar.
El muro dejo de existir, todo rastro de aquellos cuatro guardianes dejo de ser. Lo había reemplazado una simple puerta metálica color gris, resaltando en su perímetro un marco seco del mismo color. ¿Que habrá sido eso de lo que casi no pude escapar? Nadie podía responderme, pero lo que si hice fue acercarme a esa puerta, tome de la perilla, la gire, y la abrí con coraje. De ese extraño sujeto, solo quedo la lámpara que estaba empotrada en un tubo que sobresalía de la pared, aun encendida. Esta luz pudo iluminar el interior y de nueva cuenta quedarme en shock ante lo que veía.
Escobas, trapeadores, cubetas con agua puerca, atomizadores, trajes colgados en un perchero, el olor a pino concentrado. Era un cuarto de limpieza. No había muros, ni vacío, ni rastro de cánticos acompañados de un órgano. No quedo señal del kilométrico corredor, ni de la presencia omnisciente. Fue como si hubiera tenido una pesadilla. A parte de mi lo único que sobrevivió, fue la bombilla burlona que seguía instalada en el techo con su alargado cable revestido de plástico, y que no tenía ningún cambio. Seguía burlándose de mí y de mi experiencia.
A esto es a lo que todo mundo se refiere. Haber llegado al fondo…
Me lleve la mano a la cabeza y la estruje, estaba por volverme loco. Trate de ordenar mis ideas, tranquilizándome, cerré los ojos, no quería parpadear, tomando pausadas tomas de aire, me troné la nuca, y con todo esto no pude evitar una sonrisa nerviosa.
Pero qué más da, azote la puerta, Y LO MANDE TODO AL DIABLO.
— ¡PUTA MADRE!
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Hasta aquí termina la primer parte. ¿les gusto? ¿le falto algo? Pueden decirlo con toda confianza con sus reviews.
Gracias . Nos vemos.
CAPCOM©. Resident evil y sus personajes, salvo esta historia, pertenecen a sus respectivos creadores.
Johan Liebheart y la frase introductoria pertenecen a Naoki Urasawa y sus colaboradores.
