Prólogo
Nankabe Town era un pueblo maravilloso, y después de 13 años, ella había aprendido a amarlo con toda su alma. Una joven se paseaba por los caminos del poblado; de cabello negro que caía por debajo de sus hombros, sus grandes ojos azules resplandecían con el brillar del sol, su estadía en un clima tropical había coloreado su piel de forma no muy extrema, pero lo suficiente para lucirla.
Con una gran sonrisa, saludaba a la gente que transitaba las calles; gente que conocía de toda la vida, gente que podría llamarse su familia.
Como parte de una rutina, de la cual ya había olvidado la razón, llegó al parque del pueblo, donde varios niños jugaban. Se sentó en una banca a la sombra de un árbol, y se dedicó a amirar a los niños.
"Y... ¿Te estás quedando aquí con tu familia?"
Sintió un terrible escalofrio recorrerle la espalda entera, y desde la esquina de su mirar, ubicó la silueta de alguien. Pero al girarse, no había nadie. Siguió buscando a sus alrededores por unos minutos, no estaba segura de a qué, pero se mantuvo buscando.
Esa voz...
Había perdido toda noción de tiempo y espacio, pero sabía que se encontraba en un bosque. Siguiendo sus pasos, casí sobre sus talones, venía esta extraña criatura que se había convertido en una especie de guardian, que cumplía todos sus deseos, sin necesidad de pedirselo. Esa criatura... que tenía sus ojos.
El dragón bufó, impactando su aliento gélido contra el cuello de su contraparte humana, y al instante, ambos dejaron de caminar. El muchacho, de aspecto pálido y cansado, alzó su mano al cielo y chasqueó los dedos. El dragón, tomando esto como señal, lanzó una ventisca hacía las copas de los árboles, haciendolas estremecer. Después de unos segundos, de entre las ramas y hojas, calló un bolso, justo frente al muchacho.
"Increible." Murmuró una voz femenina, antes de soltar una risilla. Acto seguido, una desconocida personalidad se lanzó al suelo desde su esconidte entre las sombras, revelandose ante el humano y el dragón. "Tienes unos sentidos muy agudos, ¿Sabes?"
"¿Quién eres tu?" Preguntó el muchacho de ojos amarillosos, sin cambiar el semblante en su rostro. La muchacha arqueó una ceja, extrañada, antes de volver a reir.
"Oh, vamos. ¿Me diras que ya me olvidaste?" Preguntó ella. La muchacha se llevó ambas manos detrás de la espalda y comenzó a andar en circulos alrededor del humano y su pokemon. "Después de la molestia que me tomé para encontrarte-"
"Tu nombre." Interrumpió el muchacho, cortante. Le enfermaba que lo trataran como un idiota. "¡Ahora!" En complicidad, el dragón de hielo rugió estruendosamente. La chica se detuvo, les miró a ambos de reojo y sonrió, antes de extenderle su mano al muchacho.
"Amethyst." Se presentó la chica. El joven miró su mano con desconfianza por unos segundos, antes de estrecharla.
"Grey."
"¿Grey?" Repitió la castaña, confundida. "Tu... ¿Te llamas Grey?"
"Creí que me conocías." Murmuró el de cabellos grices, sonriendo levemente. La chica frunció el entrecejo levemente, para después agachar la mirada y soltar la mano del chico. "No soy quien tu creías, ¿Cierto?"
"Pero... no tiene sentido." Susurró Amethyst, más para si misma que para Grey. "Tu... compartes sus sueños."
"Sus." Repitió el muchacho, con sorna. "De nuevo él."
"¿Por qué compartes sus sueños?" Preguntó la chica, de pronto sonando desafiante, casí amenazadora. "¿Cúal es tu vinculo con él?"
"Él." Gruñó Grey. "Ese tipo... cuyo nombre no conosco... Cuentame de él."
"...Lo siento." Se excusó ella, para después dar media vuelta, y darle la espalda. "Pero no me conviene que sepas de él." Y sin más, Amethyst comenzó a caminar para alejarse de ellos. Sin embargo, Kyurem comenzó a olfatear el ambiente con desesperación. Grey miró a su criatura por encima de su hombro, y después volvió su mirada a Amethyst, sorprendido.
"Tú..." Murmuró, deteniendo a la muchacha unos pasos delante de él. "Tú eres... igual a nosotros." La de ojos amatistas miró al par por encima de su hombro por unos momentos, tratando de descifrar el significado detrás de esa frase. Sin embargo, 20 segundos después, se había marchado.
Aunque llevaba toda la mañana dando vueltas por el pueblo, sin ningún objetivo fijo, no había dejado de pensar en esa silueta que vio temprano ese día. Era... familiar, en cierto modo, pero no podía terminar de identificarla. Ahora, había llegado a uno de sus lugares favoritos en Nankaba Town; la colina más alta, desde la cual se podía apreciar toda la isla. Ella simplemente se recostó en la hierba, y se dedicó a admirar las nubes viajeras en el cielo.
¿Cúantas historias podrían contarle esas nubes, de poder hablar? Cuerpos esponjosos que venían de los rincones más lejanos de la tierra. Kanto, Johto, Hoenn, Sinnoh-
"Sunnyshore City."
Antes de que el escalofrio terminara de abandonar su cuerpo, la muchacha ya estaba de pie, buscando cualquier indicio de vida, cualquier cosa que se moviera. Y entonces, en medio de la myriada de colores en los que se había convertido su visión, vislumbró a alguien: una persona en la playa, mirando en dirección hacía ella. Estaba demasiado lejos como para distinguirla bien, pero sabía que era la misma silueta del parque. Haciendo uso de todas sus fuerzas, la chica corrió colina abajo, sin importarle si ese desconocido era peligroso.
"Estoy en una misión." "¿Hoy a quién le arruinaremos la vida?" "Suena como una forma muy bonita de estafarme."
La voz se hacía más y más clara, inundando su mente, aturdiendo sus oídos. Había cerrado los ojos y ahora solo corría usando su memoria como guía, manejada por puro instinto. Finalmente, sus pies golpearon la arena, y abrió los ojos: no había nadie. Esa persona ya no estaba allí.
El sonido de las olas siempre había logrado relajarla, hacerla olvidar sus problemas. Quizá debía olvidar el asunto, quizá sería mejor para su salud y seguridad. Esa persona no podía ser tan importante si seguía ocultandose de ella.
"Oh, ¿Te estás rindiendo?"
Esta vez, sintió una brisa de aire en su cuello, pero no hizo nada; no se movió. Sabía que al hacerlo, esa persona desaparecería. Estaba equivocada: si era alguien importante. Todas esas frases... eran memorias, eran recuerdos, frases que alguien más le había dicho alguna vez.
"Pero para mí, la playa no significaba diversión.."
"Era solo el único momento del día en donde podría estar con las personas más importantes para mí." Terminó la morena, sin la más remota idea del origen de aquellas palabras. Trataba de ver, desde su visión periferica, a aquella persona que estaba a sus espaldas, pero le resultaba imposible. "...¿Quién eres?"
Nadie le respondió, no esperaba que lo hiceran. Así como tampoco esperaba aquel objeto pequeño que cayó sobre la arena a sus pies. Lentamente, y sin mirar atrás, la chica se arrodilló y tomó el objeto redondo: una moneda. Por varios minutos, la muchacha se mantuvo mirando la moneda, absorta del mundo a su alrededor.
"Cara, me muestras tu rostro." Anunció ella, aún mirando la moneda. "Cruz, dejaré de buscarte." Un tanto dudosa, la muchacha lanzó la moneda al aire, y la atrapó casi al instante, la puso sobre el dorso de su otra mano y la reveló. "...Adelante."
Pero nada pasó. Ella pudo haberse quedado allí por horas, y él nunca hubiera mostrado su rostro. Pero-
"No me refiero a eso, Ness. Si eres importante para mí."
Y entonces, esa persona volvió a su memoria, ese rostro sonriente regresó frente a sus ojos. Ese cabello dorado, esos ojos brillantes, la forma en que le miraba. No pudo contenerse; sus piernas flaquearon y cayó de rodillas a la arena, sintiendo como sus ojos se humedecían.
"..Co..." Murmuró ella. No podía- No podía atreverse a decir su nombre. El nombre de ese niño con el que soñó tantas noches, el niño que rompió su corazón, ese niño que en solo uno días se convirtió en...
"Eres importante para mí."
No pudo evitar reir un poco. Por mucho tiempo se imaginó como resultaria un reencuentro con el chico de Sinnoh, pero un día, aún cuando no estaba segura de cuando exactamente, un día... ella dejó de pensar el él. Dejó de recordarlo, de extrañarlo. Y ahora, completamente de la nada, estaba de regreso, y ni siquiera se dignaba a mostrar la cara.
"Eres increible." Murmuró Ness, aún de rodillas en la arena, con la mirada clavada en el suelo, sonriente. "Han pasado 3 años, y no me das la cara. ¿En qué clase de hombre te convertiste, Rayito de Sol?" No hubo una respuesta más que el sonido del viento y la marea. "¿Acaso terminaste tu misión? ¿Acaso haz venido a algo más? He de decir que me intriga un poco la manera tan... supernatural en la que vienes a molestarme. Es cobarde. Lo cual no tiene sentido; uno pensaría que después de vernos desnudos uno al otro no te daría pena mirarme a los ojos."
"¿Acaso moriste?" Preguntó ella, sintiendo un nudo en la garganta, y las lágrimas desbordar por las esquinas de sus ojos. "¿Estás muerto y ésta es tu manera de venir a despedirte? ¿Eres un fantasma ahora?" Una vez más, solo estuvieron los elementos para charlar con ella. "Dices que soy importante para tí... Entonces, ¿Por qué vienes a buscarme hasta ahora? ¿Soy la última en tu lista? ¿Soy la última persona de la que te debes despedir? Acaso... ¡¿Signifiqué tan poco para tí?"
"No, no es algo que..."
La frase se desvaneció en el aire, mientras lo único que se escuchaba eran los sollozos de la muchacha. Ness se rodeó a si misma con sus brazos, sin molestarse en retener sus lágrimas, dejando que cayeran sobre la arena.
Pero no cayeron solas. Por cada lágrima que ella derramaba, la arena se mojaba dos veces, en otro punto frente a ella. Como... como si alguien llorara con ella.
"Algún día..." Murmuró Ness, antes de limpiar su rostro con el dorso de su mano, para después ponerse de pie, y mirar al lugar donde cayeron las lágrimas del chico. "Algún día te miraré a los ojos... y lanzaré la moneda nuevamente. Juro por dios que caera Cruz."
"Cara, te vas, y no me volverás a ver nunca más. Cruz... me besas, y podrás hacer después lo que tu quieras."
Era por esto que debía encontrar a su hermano, y embarcarse en una nueva misión.
