Aviso de copyright: Este fic es un trabajo transformativo sin ánimo de lucro y no pretende violar derechos de autor.

Aviso al lector: publiqué un par de playlists en spotify, lado A está construido como un soundtrack y lado B es más instrumental, si les da curiosidad ambas las pueden encontrar en mi página: (persephonetxt) punto (tumblr) punto com (/) rhapsodies

En este momento del tiempo


Capítulo I: Cielo Rojo

Ella nunca entendió ese sentimiento que la aplazaba fuera de su vida, lejos del presente, en un momento indeterminado. No era soñar con el futuro, si así fuera tendría las cosas preparadas de antemano, tendría ambición de vivir el futuro... Pero era más que eso y ella siempre se sentía atrapada, lejana. Cuando fue el funeral de su madre no lloró, no tenía ninguna expresión en el rostro. Su padre solo asumió que el shock y la pena eran muy grandes para la corta vida de su hija de diez años.

No era tristeza, no en ese momento, ella simplemente no podía concentrarse ante lo que pasaba; ilusiones que no tenían ningún sentido llenaban su cabeza y cuando el funeral terminó y se encontró sola en casa, ante la inmensa oscuridad de su cuarto finalmente la realidad le pegó y encontró las lágrimas y lloró, lloró y lloró hasta que vomitó.

Su padre, lo suficientemente preocupado por ella pero al mismo tiempo bastante ingenuo, decidió que lo mejor era mantenerla ocupada con sus estudios, clases extracurriculares y un montón de barbaridades para una niña; pero a ella nunca le importó, si lo hizo alguna vez nunca se quejó.

Así fue como Zelda creció, llena de actividades, siempre ocupada, siempre con un reloj en su muñeca izquierda y una agenda en su bolso, no podía permitirse distraerse. Siendo hija de un famoso empresario, a punto de casarse en solo seis meses, con un trabajo estable y a punto de graduarse, con honores, de la carrera de derecho. Pero todo tiene un límite, el cuerpo es un templo y el de ella estaba en ruinas, abandonado, negado de descanso.

Por eso y casi de manera espontánea y durante el primer día de clases del último semestre decidió darle una pausa a esa atareada vida que llevaba desde la niñez.


Era un día hermoso, el azul del cielo, los árboles florecientes y el olor a café. En la facultad siempre se respiraba un aire de optimismo cuando empezaba el semestre y Zelda no podía sentirse mejor. Anotando y revisando en su agenda no se dio cuenta que alguien se acercaba a ella hasta que una mano le quitó la pluma de las manos. Era Ruto.

—¡Hey Zelz! —con una sonrisa coquetona, increíblemente bien vestida en ropas de diseñador, piel morena y piernas largas pero bastante inteligente y elegante, Ruto era una de sus amigas más cercanas

Zelda sonrió mientras veía a Ruto acomodarse, de forma algo ruidosa, en la silla y tomaba un sorbo a un café helado. El ritual de inicio semestral siempre era así: se acomodaban en las sillas y Ruto hablaba de su novio temporal, de su nuevo proyecto empresarial o de un nuevo show en televisión… Pero pronto descubrió Zelda que esta vez sería diferente cuando su amiga dejó el vaso de su bebida en la mesa y la miró acusatoriamente, casi enojada.

—¿Es cierto el rumor? —Preguntó oscuramente Ruto —¿Es cierto que te diste de baja, un semestre antes de terminar la maldita carrera?

Zelda suspiró, aún con una sonrisa en los labios.

—Sí

¿Había algo más que decir?

Zelda era una especie de figura bien conocida a lo largo, no solo de su carrera, de la universidad entera, habiendo ganado y participado en varios concursos de distinta índole: Como una de las figuras principales en campañas contra la pobreza, participado en programas de radio y de televisión. En resumen se podía afirmar que no solo era gracias al dinero de su familia, ella misma se había hecho un nombre, y se encontraba orgullosa de sus logros y méritos propios. Con todo eso en mente no se le hacía raro que la noticia correría tan rápido como el viento. De hecho había silenciado su celular justo cuando salía de las oficinas para tramitar su baja temporal. No quería (y no tenía) que darle explicaciones a nadie.

Su amiga simplemente la miró con desconcierto, hizo ademán de querer hablar pero el shock era demasiado, lo intentó un par de veces hasta que finalmente dio un grito muy parecido de terror.

—¡¿Acaso estás loca?! ¿Qué? —Gritó histéricamente su amiga.

—Baja la voz, la gente va a creer que estás loca —respondió tranquilamente Zelda.

—¡La única loca aquí eres tú! —exclamó Ruto, totalmente escandalizada —Zelz, por el amor de todas las diosas, por favor reconsidera.

—Hey, todo está bien, es solo una baja temporal —explicó sonrientemente.

—Pero… ¿Por qué? ¿Acaso Midna te dijo algo? ¿Qué piensa ella? —Preguntó consternada y preocupada—Se supone que se van a casar ustedes dos después de la graduación ¿Recuerdas?

Oh Zelda lo recordaba muy bien, era inevitable pensar en su propia boda.

—No se lo he contado todavía —confesó ella sintiendo la culpa en su rostro.

—Que alguien me pique porque siento que estoy soñando —exclamó melodramáticamente su amiga todavía sin creérselo —Zelda eres una de las personas más friki control que he conocido en mi vida ¿Sucedió algo?

"Algo siempre estuvo sucediendo", pensó Zelda para ella misma. Pero no era algo que se encontrara cómoda discutiendo, ni siquiera con su prometida y aunque apreciaba mucho a Ruto sabía que no la entendería. Al menos no ahora.

—No pasó nada, al contrario Ruto, es como tú lo dijiste, soy muy controladora de todo lo que hago y pensé que unas leves vacaciones serían lo mejor para mí. —No era la verdad completa, pero tampoco era una mentira. —Admito que no parece el mejor momento, pero si no es ahora ¿cuándo?

—Está bien, pero no vengas llorando a mí cuando descubras que perdiste el tiempo en tontería y media —le regañó Ruto.

Zelda se echó a reír, tenía que hacerlo… si solo Ruto supiera la verdad… Y la verdad era que ya había perdido bastante tiempo.


Aún tenía que atender varios asuntos, debía de avisar a su grupo habitual su momentánea partida académica, hablar con un par de profesores, tenía que buscar un nuevo trabajo… Pero decidió dejar todo eso al lado, llevada por su nueva libertad se condujo por el parque de la ciudad para visitar una cafetería, y después se dirigió al centro comercial en donde compró ropa nueva, más holgada y alegre, era un contraste muy gracioso ya que ella siempre llevaba un traje de ejecutiva, más pantalones que vestido.

Finalmente se dio cuenta que estaba evitando lo inevitable y se dirigió a casa, ya era tarde y seguramente Midna llegaría pronto al departamento en donde ambas vivían. Justo en el centro de la ciudad de Hyrule, en el sexto piso. Pero muy pronto descubrió que su novia ya había llegado antes que ella.

Midna era… hermosa, con su pelo rojizo, piel nívea y ojos férreos… pero también increíblemente testaruda, con los pies en la tierra, comentarios siempre acertados y poco deseo de censurarse a ella misma; a diferencia de Zelda no guardaba sus sentimientos; los hacía blandir como una espada. Sabía lo que quería y rara vez no lo conseguía, de ingenio agudo y siendo la mejor de su generación en derecho político justo después de ella. Su novia, su prometida, su futura esposa.

Habían comenzado a salir juntas después de una fiesta de tercer semestre. La pasión era lo suficientemente poderosa como para que Zelda tachara de su lista "cosas que nunca hay que hacer: salir con alguien de tu misma clase". Rara vez discutían y cuando pasaba siempre encontraban la manera de resolver la situación, así la pasión se transformó para dar paso al amor. Y durante su tercer aniversario de noviazgo Zelda se hincó ante Midna para proponérsele con el anillo que su padre antes le había dado a su madre.

Midna, entré lágrimas, aceptó.

Ahora la situación era distinta pero Midna, al igual que aquella vez, se encontraba entre lágrimas. Así la encontró Zelda al abrir las puertas de su departamento.

Zelda se espantó por un momento, el ambiente era intenso, y observando detenidamente el rostro de su prometida comprendió que estaba furiosa: eran lágrimas eran de rabia.

—Tu padre me habló —comentó Midna conteniendo sus emociones sin mucho éxito. —Quiere saber porque renunciaste sin previo aviso —explicó.

Oh, eso.

—Es solo… que yo…

—Aún no he acabado —le interrumpió Midna —El profesor Alfonso también me envió un mensaje de texto, preguntándome porque te habías salido de la carrera.

—Yo… ¿por qué estás tan molesta? —Preguntó Zelda, intentado recolectar sus pensamientos, estaba aturdida por la furiosa reacción de su novia y le costaba encontrar las palabras para explicarse —es mi decisión después de todo.

—Carajo, Zelda, pensé que confiabas en mí —el tono de su voz era de reproche —se supone que estas cosas se platican entre pareja y más si nos vamos a casar —se detuvo un momento —Solo ahora estoy esperando que rompas nuestro compromiso.

—¡No! —Respondió de inmediato —¡Claro que no! Solo necesito tiempo, eso es todo…

—Tiempo… —Midna sonrió sardónicamente — Y puedo saber ¿Tiempo para qué? ¿O hay algo que necesito saber?

Zelda se detuvo un momento a pensar ¿sería que Midna pensaba que la estaba engañando? No, no, no… No era nada de eso ¿qué podía decirle? "Hey, desde que era niña siempre me he sentido fuera de este mundo" Aunque fuera la verdad sabía que no lo comprendería, al menos no en su estado de ánimo, conocía a Midna, ella era la persona más práctica que conocía…

—Eso es todo, me sentía estresada. —Explicó Zelda llanamente.

—Estrés es lo que he sentido yo todo el día, ignorando mis llamadas y pensando lo peor.

¿Sus llamadas? Zelda buscó entre sus pertenencias su celular, en efecto; tenía varios mensajes sin leer y cuatro llamadas sin contestar. Desde la mañana lo había silenciado para tener paz y tranquilidad, no se le había ocurrido que Midna se hubiera enterado de sus planes y sobretodo no se le había pasado por la mente esa reacción de enojo.

—Lo siento, yo… —No sabía que decir, sabía que tenía que decir algo, pero las emociones de Midna eran como una cachetada en la cara ¿En qué estaba pensando al decidir sin consultarlo con ella?

Las dos se quedaron calladas durante lo que se sintió un largo momento incómodo y tenso. Entonces su prometida salió de la sala y se encerró en su habitación.

Midna no era del tipo posesivo-celoso, ella no era así. Pero sí era impecable en saber lo que quería. Si Zelda tenía que adivinar sus pensamientos le dijeron que estaba enojada precisamente por no hablarlo con ella antes, después de todo, la boda estaba programada para finales del semestre, una vez que ambas se graduaran, pero ya había tomado su decisión. Era muy tarde para dar vuelta atrás.


Decidió pasar la noche en un hotel pequeño, sin nada más que su bolsa de siempre, puesto que Midna se había encerrado con el seguro puesto y no podía entrar siquiera para preparar una pequeña maleta. Salió a la calle, hacia el centro comercial de nuevo y compró ropa interior y un pijama. El dinero no era ningún problema para ella, siendo hija del dueño de un empresario con negocios por todas partes rara vez tuvo problemas con el dinero, un asunto con sus respectivas ventajas y desventajas, a menudo más de lo primero.

Cenó en un restaurante pequeño, oculto en el centro de la ciudad, escogió un plato vegetariano, pues no podía darse el lujo de subir de peso cuando el vestido de novia iba a ser encargado dentro de poco. Incluso en esa situación Zelda sabía que podían revolver sus altercados. Pero comió lento sin saborear, todavía sin un pensamiento claro en su mente, sin tener una idea sobre que decirle a su prometida. Buscó alrededor de la zona con ayuda de internet un hotel discreto pero de buena calidad y se dirigió con paso tranquilo a su destino, era un hotel encantador de tonos cálidos de tema rústico, como una cabaña, pidió una habitación con cama matrimonial en un piso superior.

Mientras se lavaba los dientes trataba de pensar que era lo siguiente que tenía que hacer, como disculparse ante su novia sin sonar ridícula, Midna tenía razón, se iban a casar en seis meses, necesitaba abrirse ante ella.

Eran acciones muy drásticas y ella lo sabía, pero a sus 24 años sentía que la vida se le escapaba, como siempre le había pasado con el tiempo, si no era ahora ¿cuándo? Decidió enviarle un mensaje al grupo de chat de su grupo de clases, disculpándose de antemano y avisando su decisión de salirse de la carrera solo por un tiempo. Le envió otro a su padre para poder quedar con él durante el desayuno y finalmente le envió un mensaje de voz a Midna expresando lo mucho que lo sentía y lo mucho que la quería. Puso su celular en modo avión, colocó la alarma y apagó las luces. Se quedó viendo el techo mientras sentía de forma extraña y familiar a su vez cómo el tiempo le daba la espalda y sentía el mundo ponerse quieto.


Al día siguiente por la mañana se encontró con su padre, Nohansen, empresario a cargo de varias empresas, amigo de varias personalidades de poder y uno de los hombres más ricos en el poder. Sin embargo él poseía fuertes valores y ética, todos sus empleados, incluso aquellos que trabajaban en la limpieza tenían seguros de vida, pensión asegurada y salario razonable. Nohansen también creaba varios eventos de caridad y era partidario de apoyar la educación, en suma su padre era un hombre raramente bondadoso y amable, pero extremadamente inteligente.

El desayuno con su padre fue tranquilo, la plática fluyó con un tono de reproche difícil de negar, pero Nohansen había aceptado las decisiones de su hija, si bien sus intenciones no eran claras y su futuro incierto. Bueno no del todo, la boda seguía en pie y una boda era lo que él necesitaba para sentir la paz de que su hija tendría alguien a su lado, él mismo ya se sentía viejo y aunque sabía que era muy temprano pensar en su propia muerte saber que su Zelda ya no estaría sola, sin él ni su madre, le tranquilizaba.

—Hija, tú sabes bien que te amo y deseo apoyar tu decisión, pero si te descubro que te ves envuelta en deudas en el futuro…

—¡Ay papá! —le interrumpió su hija divertida con la idea. —¿Quién crees que soy? —Tenía razón y ambos lo sabían; Zelda simplemente era muy responsable. —Además es solo por un tiempo…

Nohansen suspiró, siendo director ejecutivo de una de las mayores empresas del país su vida cotidiana se encontraba siempre ocupada. Cuando su hija tomó la decisión de convertirse en abogada tan pronto como pudo le dio un puesto relativamente compresible dentro de su grupo de abogados dedicados a la empresa. De esta manera ella obtenía además de una experiencia que cualquier egresado de la carrera envidiaría y él podía verla seguidamente. Desayunaban juntos al menos una vez a la semana y el resto de los días podían saludarse excepto cuando él salía de viaje.

La iba a extrañar.

Podía detenerla con un montón de amenazas, pero la verdad era que su hija siempre se veía melancólica cuando no estaba con Midna. En lo que respectiva su futura nuera Nohansen no tenía mucho contacto con ella a excepción de unas cuantas cenas y un par de mensajes, pero en esas raras ocasiones que las veía a ambas podía ver que el semblante de su hija florecía un poco más. Él solo esperaba que fuera aquello que le molestaba a su hija pudiera encontrarle solución.

—¿Cómo van los preparativos? —preguntó, desviándose del tema y llevándose a la boca un trozo de filete.

—Ya tenemos listo el lugar, y el día, si todo va bien la semana que viene buscamos vestidos. —respondió ella, picando su ensalada.

—¿No necesitas nada más que mi presencia? Sabes que puedo darte tu dote todavía…

—Ya te dije que no, —le respondió ella en tono tranquilizador, y levantando una mano con el signo de parada, —ese dinero lo puedes usar para cuando te retires.

—Si es que puedo retirarme…

—Lo harás tan pronto encuentres a alguien capaz en estos días hay montones de gente más que competente. —su hija le dio una sonrisa radiante, era cuando sonreía que Nohansen podía ver la chispa de su esposa.

El optimismo que Zelda tenía respecto a ese tema era casi envidiable para él. Nohansen sentía que ese era el problema, la demanda era mucha y examinar caso por caso resultaría complicado, como el director en jefe nada le hubiera gustado más encontrar a esa persona entre su círculo más cercano, pero su mano derecha, una mujer, de fuerte carácter y que le llevaba una década más de vida, se retiraría en cuanto él dejara su puesto. Suspiró una vez más, no se podía tener todo en esta vida.


Terminado el desayuno y habiéndose despedido de su padre Zelda visitó el museo. Su cuadro favorito, el de la diosa Hylia, se encontraba en el mismo lugar de siempre; al final del ala norte. Ahí se encontraba ella; resplandeciente, sosteniendo en sus manos una espada de color azul brillando como joya, vestida de blanco y con el pelo dorado. La joven siempre sentía que veía a una vieja conocida, a una vieja vida, ver ese cuadro le daba paz y era una de las pocas cosas que le ayudaba a sentirse bien, se sentía parte del mundo, participando en el tiempo. Se quedó ahí hasta un poco pasado el mediodía, necesitaba hablar con Midna.

Mientras devolvía sus pasos hasta la entrada pudo observar que en una de los cuartos principales colocaban un escenario, se quedó parada ahí un buen rato sin darse cuenta, hasta que una de las jóvenes que inspeccionaba el trabajo se acercó hasta ella.

—¡Hola! —era bonita, con cara redonda, pelo corto y teñido de verde haciendo juego con el color azul de sus ojos. —El evento es mañana por la noche, a las 7, —le avisó simpática mientras le extendía un panfleto.

Zelda simplemente parpadeó, le dio las gracias y aceptó el papel, después de eso la chica volvió a sus quehaceres. El panfleto decía:

"Hecatombe: noche de poesía"

Con la participación del grupo cultural Kokiri.

Alumnos del Instituto de Arte Nacional

En asociación con el grupo-empresa Gerudo.

20:30 p.m.

Quizá iría, tenía algo de tiempo para ella sola después de todo.


El ambiente se sentía distinto de la noche anterior, entrando al departamento Zelda no vio ningún cambio de inmediato pero de pronto lo notó; mientras los muebles seguían en su lugar, creando la ilusión que nada en el apartamento había cambiado pero pudo darse cuenta de los pequeños detalles; los cómodos zapatos que Midna tenía cerca de la entrada para cambiárselos inmediatamente cuando llegaba a casa no estaban en su lugar, una de las pinturas que a ella le encantaba también no estaba, algunas fotos, trofeos e inclusive plantas estaban ausentes. Mientras se adentraba lentamente tuvo un mal presentimiento.

Midna estaba sentada en la mesa del comedor tomando un café, se veía cansada, con ojeras bajo sus ojos, el pelo todavía una maraña, ropa descuidada y vieja. Zelda sintió un nudo en el estómago presintiendo lo que se acercaba, intentando racionalizar la situación y fallando en el proceso, sintiéndose con todavía más pánico.

—"Esto está mal, esto está mal, esto está mal"— se repetía una y otra vez.

—Siéntate, —le pidió Midna calmadamente —necesito hablar contigo.

Singular, ella estaba usando el singular.

Zelda se sentó y dejó sus cosas en el suelo, sentía que hacía todo lentamente. Su prometida solo observaba el café, Midna nunca bebía café, posiblemente estaba cansada, o había pasado la noche en vela, esas eran las únicas explicaciones.

Hubo un largo momento antes de que Zelda decidiera hablar primero.

—No sé cómo decir esto, pero lo siento.

Midna no mostró algún signo de emoción en su cara, ni siquiera veía bien su rostro, simplemente mezclaba su café lentamente y el silencio incómodo volvió entre ellas, acaso con más pesadez. Zelda sintió que pasaban horas, antes de que Midna retirara la cucharita de la taza y le diera un sorbo a la bebida.

Midna suspiró.

—Zelda, necesito romper contigo.

—¿Qué?

Pánico, confusión y miedo embargaron su cuerpo ¿Qué estaba diciendo? ¿Solo por salirse de la carrera y de su trabajo? Midna no era así…

Pero el rostro de ella mostraba signos de determinación, era todo lo que tenía que decir por el momento.

—Lo siento pero de la misma manera que tú decidiste no contarme nada, he decidido hacer lo mismo.

—Midna, yo…

—No, no digas nada más —le detuvo antes de que continuara —Lo siento Zelda, pero esto es necesario —le respondió con determinación antes de quitarse el anillo y dejarlo en la mesa.

No podía terminar así…

No de esa manera.

Pero el cuerpo de Zelda no respondía, mientras su ahora ex novia se levantaba, recogía su bolso y le daba una última mirada

—Adiós —murmuró Midna.


Todo estaba bien.


Cuando era niña solía tener sueños sobre batallas de leyenda, magia, reyes, princesas, héroes y villanos. Juntos todos esos elementos eran increíbles pero terroríficos a su vez, lo que resultaba más en pesadillas que en sueños placenteros. Seguidamente despertaba sin saber que pasaba en ellos realmente y cuando cumplió 16 años los sueños se detuvieron.

Sin embargo, ahora, en la soledad de su cama, separada de Midna, del mundo, los sueños habían vuelto.


Llegó cinco minutos antes de que el evento empezara, era poesía y después de todo no tenía nada que hacer en su casa más que deprimirse. Mientras buscaba un buen lugar en donde sentarse, pensaba como su padre la había llenado de actividades. Una tras otra casi sin descanso de alguna manera, aunque había sido una barbaridad, también le había ayudado bastante.

Si había funcionado antes debía de funcionar ahora…

Pero…

Pero…

Lágrimas empezaron a aflorar de los ojos de Zelda, silenciosa y quietamente intentaba secárselas, la gente a su alrededor no se dio cuenta y si lo hicieron lo consideraron bastante normal pues para ese entonces ya habían pasado varios poetas muy emotivos y hermosos, algunos graciosos, otros de amor, pero una joven había subido antes al escenario con un poema sobre su padre que había perdido la vida en la guerra y antes de ella un chico gay había hablado sobre lo difícil que era su vida después de que abusaran de él sexualmente.

Zelda, al principio, solo los escuchaba a medias, sin embargo conforme pasaba el evento parte de ella pudo sentirse culpable al escuchar estas historias de tragedias personales. Pudo registrar que su propia vida, a pesar de no estar en su mejor momento, podía mejorar, simplemente estaba confundida más que nunca.

El ultimo poeta, un joven de pelo rubio y ojos azules profundos como el mar finalmente subió al escenario. Lo había presentado la misma muchacha de pelo color verde y a diferencia de los demás poetas, que estaban en el grupo Kokiri, él se encontraba en la asociación Gerudo, una empresa que se posicionaba como una de las más poderosas junto con las de su padre.

—Buenas noches a todos, —comenzó el joven —mi nombre es Link Farore Claude, antes de acabar la noche me gustaría agradecerles a todos ustedes esta noche por estar aquí.

La audiencia, incluida Zelda, aplaudieron cortésmente.

El joven respiró profundamente y comenzó.

—En este momento del tiempo, en el que me encuentro fuera de él: del tiempo.
Lejos del mundo y apartado de todos ¿Algún día podré vivir en el tiempo?
¿Pues que soy yo; sino un trozo de luz envuelto en la oscuridad?
Soñé con un tirano decrepito y una princesa llena de tristeza.
Sueños del pasado que no existen ya, pues nuestro mundo y tiempo otros son ya.

"Soñé con las viejas tres diosas de nuestro mundo, Din, Farore y Nayaru.
Muertas ellas estaban ya, y yo sin propósito, como mortal y como guerrero me encontré.
Soñé con una diosa distinta y ella me susurró que todo había muerto.

"Muerto todo, ha muerto todo, muerto el amor, muerto el odio ¿Qué haremos sin el amor?
Amor, eso que la madre le da a un niño.
Amor, eso que crea el mundo.
Amor sentía por ella, y ahora la he perdido.

"Muerta mi madre, muerto mi padre, muertas las diosas ¿Qué haremos sin el odio?
Odio, eso que el maldito escupe a su prójimo.
Odio, eso que destruye el mundo.
Odio sentía por él y ahora le he perdido.

"En este momento del tiempo, en el que me encuentro adentro de él: del tiempo.
En el mundo y cerca de todos.
¿Pues que soy yo; sino un rayo de luz que ayuda en la oscuridad?
Soñé con un rey justo y su reina hermosa.
Sueños del futuro, pues nuestro mundo y tiempos siempre los mismos serán.

"Y en mis sueños las diosas me cantaban al oído
Encontraba mi propósito como mortal y destruía mi espada.
Y la diosa dorada me susurraba; ve, ve y vive.

"Y vivo aquí, en este momento del tiempo.

Cuando acabó su poema la gente aplaudía pero Zelda ahora lloraba abiertamente, ya no de tristeza, sino de felicidad.

Y subiendo la mirada sus ojos se encontraron con los del poeta.


Notas de la autora:

Originalmente el plan era subir este capítulo en Enero, pero fallé y en Febrero iba a publicar un fic MidZel pero obviamente también fallé, al ser multishiper era importante para mi subir también ese otro fic pero me quedé con bloqueo de escritora, espero poder publicar muy pronto ese otro trabajo.

Así que, en lo que respecta este fic comenzó como algo muy personal, han pasado cosas muy fuertes en mi vida y tan pronto como salí de ese momento turbulento de mi existencia tenía ganas de manifestarlo de alguna forma, y un día me sentí inspirada y escribí una versión alterna del poema de Link y pronto se convirtió en fanfic. Tal vez no escriba mucho, pero el fanfiction tiene un lugar apreciado en mi corazón, tal vez por eso tomó esta forma.

No tengo intenciones de hacerle bashing a Midna, su personaje es complicado y tiene una razón poderosa para comportarse de manera drástica, no la odien, la veremos pronto.

EgrettWilliams, gracias por chatear conmigo, gracias a ti me vi inspirada en revisar y pulir un poco más este capítulo.

Feliz primavera chicos.