-Ciao- Esta es mi primera historia con romano como protagonista *tira confeti gaymente* y también la primera yaoi así que no se que tal me baya a quedar. De una vez les digo que aquí no habrá lemon, porque yo no se escribir de eso.
Es raiting T por lenguaje y porque todo lugar donde haya franceses es raiting T.
CHANCHANCHAN las parejas que habrá serán prumano espamano y franmano… también abra hetero al que ya estoy acostumbrada.
Espero que les guste n.n
Hetalia no me pertenece.
Prologo
Pov Lovino
Abrí los ojos todavía rojos por la falta de sueño y apague la desquiciante alarma que marcaba en numeritos rojos las seis de la mañana. Como pude me despegue de la cama y tome mi ropa para tomarme la rápida y fría ducha matutina de siempre a punto de resbalarme con el maldito jabón, salí y me dirigí al refrigerador lleno de imanes con la cuenta de la luz, del agua y otras deudas. Empezó a sonar el teléfono una, dos, tres veces y lo desconecte.
-Esos idiotas del banco, apenas abres los ojos y ya te están jodiendo con el pago.- mire de reojo el reloj de la pared, eran las seis y veinte, ya se me hacia tarde para el trabajo. Metí en mi mochila el uniforme de mi segundo trabajo y cerré la puerta de la casa, tratando de ignorar la pila de sobres que llenaban mi buzón con mensajes de ALERTA FECHA DE PAGO VENCIDA, entrecerrando los ojos por el sol. Empecé a caminar por la acera casi sin prestar atención al camino, pasando enfrente de un restaurante familiar. El olor de los huevos fritos hizo gruñir a mi estomago, palpe mis bolsillos- lo siento barriguita, no tengo ni un centavo estamos bien jodidos- pensé para mi mismo dándole unos golpecitos a mi estomago.
Seguí mi camino, recorriendo las mismas calles que desde hace tres años ya frecuentaba, trague saliva al ver al grupo de vagos de siempre acumulando latas para conseguir algo de dinero, tal vez pronto yo sería uno de ellos. Ni yo mismo me di cuenta de cuando caí en aquel intento de sobrevivir a la selva de asfalto, aquella monotonía de trabajo continuo y presiones sobre la espalda a cada segundo de mi vida. Me levanto a las seis y tomo una ducha, si tengo suerte desayuno algún pedazo de pizza congelada o una taza de café que ahora eran mi mejor sustento y fuente de glucosa, camino por unos cinco minutos y llego al pequeño local sentándome tras el mostrador hasta las cuatro de la tarde cuando termina mi turno, paso por alguna tienda y me compro la primera chuchería que me encuentre (preferiblemente la más barata) comiéndomela en el camino hacia mi segundo trabajo de barman, me pongo el uniforme y me la paso sirviéndole bebidas a la misma bola de idiotas de siempre hasta la una de la mañana del día siguiente, regreso a mi casa y me tiro en la cama sin siquiera cambiarme solo para dormir unas cuantas horas antes de que la alarma vuelva a sonar y repita lo mismo una y otra vez. Deprimente ¿no?
Pues así continúe con aquella gloriosa lista interminable y repetitiva de cosas por hacer y llegue a la tiendita para empezar con mis primeras diez horas de trabajo y, ¿Cuál fue la sorpresa que me lleve? Ninguna. Todo siguió como siempre, mi celular empezó a vibrar, lo tome pensando que era uno de los miles de mensajes de la compañía telefónica con ofertas de descuento y promociones sin sentido. Alce la ceja al ver en la pantalla el nombre de mi hermano junto a un aviso de al menos cincuenta mensajes, solo lo apague y le saque la batería recostándome de nuevo en mi silla. De las pocas buenas decisiones que e tomado, irme de la casa de mi hermano fue la mejor.
El solo hecho de recordar ese par de ojos llenos de lastima con los que me miraba cada vez que me lo topaba, simplemente me daba irritaba, tener que tolerar un día mas los regaños de mi familia diciéndome la vergüenza que era para ellos, definitivamente no lo aguantaría, siempre quedando en segundo plano siendo el cero a la izquierda mientras me comparan con lo que quisieron que yo fuera y que solo Feliciano, mi fratello, logro ser. Solté un bufido asomándome por la ventana, contemplando el ir y venir de los peatones que andaban por las calles despreocupadamente, mire de soslayo el reloj de mi muñeca, hora de irme a mi siguiente trabajo.
Cerré la tienda y, a falta de dinero, tuve que aguantarme el hambre y los gruñidos de mi estómago por segunda vez en el día. Llegue al bar y rápidamente me cambie de ropa que sinceramente era la mas formal que tenia, unos pantalones negros lisos, camisa blanca de mangas largas y un chaleco del mismo color que los pantalones, me posicione tras la barra y poco a poco el lugar se empezó a llenar de bastardos forrados de dinero y prostitutas meneando la cola tras ellos. Lo de siempre.
Eran apenas las diez y media cuando ellos aparecieron, justamente la clase de gente que más odio. El primero de cabellos castaños y sonrisa de idiota, el segundo era uno de esos típicos estereotipos de francés con el cabello recogido en una coleta dejándose una pequeña barba y el tercero, el de peor pinta, un chico totalmente albino y con unos brillantes ojos escarlata que lo hacían parecer un loco. ¿Que por que los odio? Bueno, la razón es simple, esos tres gilipollas en realidad son el trió de imbéciles mas asquerosamente rico del país y claro, para mayor suerte mía, se sentaron justo en frente de mi puesto en la barra. Esto no podía ser bueno.
Con tranquilidad y frenando mis deseos de correrlos, me dirigí hacia ellos poniéndoles la mejor cara que pude, en su caso una mueca mal reprimida.
-¿Desea ordenar algo?- le pregunte al castaño fingiendo una sonrisa, el tipo se me quedo viendo embobado, tal vez por mi intento de felicidad forzada y después me sonrió.
-La verdad, no se. ¿Cuál bebida sabe mejor?- ¿Y cómo demonios quieres que yo sepa si nunca e comprado una?, calma Lovino, el es un cliente ¿no ves su cara de tonto?, seguro es un enfermo mental, aguanta un poco más, no contestes mal.
-¿Cómo quieres que yo sepa?- maldición ahí estaba yo contradiciéndome- ¿vas a ordenar o no?
-Calma, calma tenemos toda la noche amigo-me dijo el francesito dirigiéndome una desagradable mirada seductora que me hizo dar un paso hacia atrás- ¿por qué no olvidas por un momento el trabajo y vienes con nosotros?
Jodete- No gracias.
-Kesese este chico es otro estirado como Rod- rio ahora el oji rojo- vamos, tu también debes tener tus noches de diversión con amigos o una que otra conejita, ¿no?, todo el mundo disfruta de su vida lo mas que puede.- empecé formar puños con mis manos y a morderme la lengua tratando de aguantar la sarta de insultos que quería soltarles por decirme unas palabras tan increíblemente falsas.
1, 2, 3…
-Jeje Gilvo no es para tanto tal vez solo tubo un mal día.- comento el español mientras poco a poco sentía el dolor de mis manos al ser presionadas con tanta fuerza junto con un ligero cosquilleo en mi garganta.
4, 5, 6…
-Jonjonjon deberías descansar más ami, olvídate de todos tus problemas y ven a divertirte con nosotros y algunas amiguitas nocturnas.
7, 8, 9… y ahí la jodieron toda, ya no podía frenarme.
-¿Que todo el mundo disfruta de su vida?, ¿tener tan solo un mal día?, ¿olvidarme de todos mis problemas?- solté una risita seca mirándolos con ojos incrédulos- Se nota que ustedes tienen una vida fácil si van soltándole esa clase de gilipolleces a cualquiera.
Los tres solo guardaron silencio contemplando mi risa cínica.
-¿ACASO CREEN QUE ESTO ES UN PUTO CUENTO DE NIÑAS EN EL QUE TODOS SON FELICES IGUAL QUE USTEDES?, ¿EN EL QUE SOLO HAY GENTE DISFRUTANDO DE LA VIDA, FOLLEANDOSE A CUALQUIER MUJER QUE SE LES PONGA EN FRENTE, OLVIDÁNDOSE DE SUS PROBLEMAS Y MANDANDO AL CARAJO TODO LO DEMÁS PORQUE SU VIDA ES LO SUFICIENTEMENTE BUENA? TAL VEZ NADIE SE LOS HA DICHO PERO EN ESTE MUNDO NO TODOS NACEMOS EN UNA MANSIÓN, RECIBIENDO EL DESAYUNO EN UNA BANDEJA DE PLATA Y CON UN FUTURO BIEN ASEGURADO. ALGUNOS TENEMOS QUE ROMPERNOS LOS HUESOS TRABAJANDO DIECISIETE HORAS AL DÍA SOLO PARA APENAS PODER PAGAR LAS CUENTAS NECESARIAS PARA VIVIR BAJO UN MALDITO TECHO Y NO DEBAJO DE UN PUENTE.- para entonces ya todos los clientes tenían sus ojos puestos en mí y me miraban como si fuera un loco gritándole al aire, pero ya no me importaba que se fuera todo a la mierda. Uno de los tres, el de ojos verdes, se paro e intento sostenerme la mirada sin mucho éxito ya que la aparto rápidamente.
-No sé de qué mundo es del que me estás hablando pero…
-¡¿Aun no lo sabes?!- lo interrumpí borrando mi sonrisa y mostrándole una mueca mientras extendía mis brazos- Te doy la bienvenida al mundo REAL, sin vidas fáciles, sueldos apenas sustentables y desgraciados demasiado suertudos que aun viven en sus burbujas de felicidad falsa.- dije sin dejarle objetar nada mas ya que me di la vuelta y salí del bar caminando por las calles mientras caía una de las pocas lluvias trasnochadoras de la primavera.
-Maldición- grite cuando por fin llegue a mi casa y cerré de golpe la puerta-¡maldición, maldición, maldición!- continúe recargándome en la misma, cayendo lentamente al suelo. ¿Cómo pude ser tan estúpido? ¿Cómo pude haber echado a perder tres años de trabajo en tan solo unos minutos? Empezaron a llegar a mi mente las cuentas a pagar y los gastos de comida haciendo temblar a todo mi cuerpo, y ahora como carajo iba a pagar eso, estaba claro que mis nueve horas en la tienda no servirían de mucho. La imagen de mi durmiendo en un banco del parque me hizo estremecer por segunda vez.
El sonido del reloj era el único aparte de mi respirar entrecortado, maldije ese mal habito mío de empezar a lagrimear cada vez que mi enojo llagaba a mis limites, ese maldito habito de ser un bocón descerebrado cuando se trataba de guardar la calma y ese maldito habito de recordar las cosas malas cuando ya todo estaba echado a perder.
Entre alguna de esas maldiciones fije mi vista en el calendario que había pegado frente a la puerta de mi habitación, diecisiete de marzo. Solté una risita irónica y un sordo- feliz cumpleaños Lovino- mientras poco a poco cerraba mis ojos ya cansados por el llanto y caía en los brazos de Morfeo.
UwU les agradezco mucho si llegaron hasta aquí, espero que les haya gustado el prologo pronto empezare con lo demás.
Recibo gustosa sus tomatazos y reviews los veo la próxima n.n
