El Potterverso pertenece a J. K. Rowling.
Este fic participa en los Desafíos del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Consiste en que hacer cinco viñetas, cada una centrada en una emoción. Las mías eran enfado, paciencia, angustia, depresión y felicidad. Esta primera viñeta está centrada en la angustia.
Será
o-o-o
I
Los aposentos de Rowena estaban silenciosos desde hacía días.
Aunque llamar días al tiempo que la mujer llevaba enferma era casi un insulto.
Nunca llegó a recuperarse completamente de lo mal que la trataba su marido; aunque sonrió cuando le llegó la noticia de que Godric, al enterarse del sufrimiento y las humillaciones que ese canalla le hizo padecer, había salido victorioso del duelo que la dejó, afortunadamente, viuda, jamás volvió a sentirse totalmente tranquila tras aquello.
Y cuando Helena huyó fue horrible. Le había robado la diadema que representaba el trabajo de toda una vida, pero lo peor fue perder a su hija. Helena, el motivo por el que se había obligado a ser fuerte, la había abandonado, llevándose con ella la diadema y la salud de su madre.
Sentado en la cama de su amiga, Godric Gryffindor observaba el sueño intranquilo de Rowena. Bebía de las frases entrecortadas que murmuraba, se tapaba con el cabello salpicado de plata que enmarcaba su rostro, derretía la coraza de hielo que cubría su corazón con su fiebre y se aferraba a cada espasmo de la mujer como un náufrago abraza una tabla que flota en el mar embravecido.
Quería disfrutar de lo que le quedaba de ella. Del final de los más de veinte años que había pasado a su lado, no siempre de la forma más correcta, pero con ella. Con Rowena.
Escuchó la puerta abrirse. Sabía que se trataba de Helga, pero miró de todos modos. Efectivamente, su amiga estaba ahí, con la bandeja de la cena de Rowena en las manos.
—Despiértala—le pidió a Godric. Él obedeció. Rowena solía tener mejor despertar si era él el culpable de sacarla de su sueño.
La mujer abrió los ojos, azules y llorosos, y se aferró a la manga de la túnica de Godric.
—Mi Godric… ¿Se sabe algo? Algo de Helena.
Descorazonado, Godric borró el amago de sonrisa que se había dibujado en sus labios mientras veía abrirse los ojos de Rowena. Le dolía la respuesta a esa pregunta tanto como le angustiaba el no saber si cada vez que la mujer se dormía era o no para siempre.
—No. Pero pronto llegarán noticias.
Rowena soltó una risita irónica, aunque perdió un poco el efecto por la debilidad de su voz.
—Moriré antes de la siguiente noticia—Godric se obligó a ignorar el comentario y ayudó a Rowena a incorporarse. Notó costillas bajo la piel que tantas veces había acariciado y se estremeció.
—No digas tonterías—intervino Helga, pese a que su mirada también era triste. Dejó la bandeja sobre las sábanas y cogió una cuchara llena de sopa—. ¿Tienes hambre?
Rowena negó débilmente con la cabeza, recostada en las almohadas. Godric le apartó un mechón entrecano del rostro.
—Tienes que comer. Si no, no…
Rowena clavó los ojos en los iris tristes de su amigo.
—Lo siento—susurró—. Ojalá hubiera sido contigo.
—Será—replicó Godric—. No sé cuándo, ni dónde, pero te juro que será.
Notas de la autora: Me apetecía hacer algo deprimente. Y de momento he conseguido deprimirme yo sola... así que por eso de "Mal de muchos, consuelo de tontos", quiero deprimiros a vosotros también. O intentarlo, al menos.
En fin, ¿qué tal? ¿Bien, mal? ¿Regular? ¿Reviews?
