Guardia nocturna.
La mira bostezar y sonríe, alimentándose de la visión a pesar de saber que luego el vacío será más difícil de soportar.
Ella le devuelve la sonrisa y se frota los ojos cansados.
Podría decirle algo. Podría hacerle una broma u ofrecerse para hacerle un sándwich con esa mantequilla de maní que nunca falta en la sala de descanso.
Pero el silencio es tan delicioso luego de un día de gritos, lloros y quejas de los pacientes… no, mejor no decir nada.
Ella parece cansada y adolorida. Apaleada por la vida.
Deja caer un poco la cabeza y se pasa la mano por el cuello, entrecerrando los ojos.
Podría levantarse y sin decir nada, darle un masaje en el cuello. Luego, bajar lentamente por su espalda, desatando nudos con dedos ágiles. Ella se recostaría del todo en el sofá, gimiendo suavemente, y luego…
Da un respingo, conteniendo las ganas de abofetearse por permitirse soñar despierto con ella presente. Si tan solo supiera…
Ella lo mira nuevamente, con la pregunta pintada en los ojos, y luego se recuesta en un movimiento sinuoso, igual al que su mente había producido momentos antes.
No debería dormir durante una guardia, pero el cansancio es grande. Lo ve en sus ojos acuosos, por lo que no le dice nada y le tiende su propio abrigo para que duerma más cómoda. Y para que lo llene con el aroma embriagador de su perfume, y tenerla con él el resto del día siguiente.
Si fuese un poco más valiente, le pediría que lo llenase directamente a él con su perfume.
Que a cambio le quitaría el aburrimiento, el sueño, el frío y el dolor.
Pero no quiere mancillarla como hizo con las tres anteriores, con la ofensiva partícula de "ex".
Ella está hecha para ser un recuerdo dulce y perenne, un remanso de paz. Para ser querida hasta el infinito.
Y él está hecho para ser un cobarde sin remedio, un apostador de emociones. Un infiel.
Con ese pensamiento en mente, se levanta de su propio sillón para inclinarse sobre ella y acariciarle el cabello.
-Dulces sueños, Allison- susurra casi sin despegar los labios, y acalla a su corazón cuando ella le responde, entre el sueño y la realidad:
-Buenas noches, Wilson.
