1

1

El legado

Futura ciudad de Boston, futuro estado de Massachussets, edad media, fechas desconocidas

Cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, se encontraban reunidos en una pequeña vivienda hablando en susurros, se encontraban sentados en una mesa redonda. Los cuatro vestían una especie de capa negra con capuchas que les tapaba la cara. La vivienda era muy pequeña y se encontraba sola puesto a que era la única a miles y miles de kilómetros a la redonda. Los cuatro seguían susurrando.

-¿Están seguros de que quieren hacer esto?-preguntó uno de los hombres.

-Si, es lo mejor, él ya está en camino y va a encontrarnos pronto, habernos escapado de Inglaterra a esta tierra desconocida solo sirvió para ganar más tiempo, pero él nos encontrará y es mejor que si lo hace no obtenga lo que está buscando-dijo el otro hombre.

-Él ya está cerca, puedo sentirlo, será mejor que nos apresuremos-dijo una voz de mujer.

Los cuatro se pararon alrededor de la mesa y se tomaron de las manos y dijeron en voz alta: Que todo nuestro conocimiento y nuestro poder queden grabados en este legado y que sea encontrado solo por quienes usaran su poder para hacer el bien y nunca el mal. Un remolino de colores los envolvió y luego se concentro en el centro de la mesa, luego este desapareció dejando ver un gran libro de color dorado que relucía por donde se lo mirase.

-Este será el libro de la luz-dijo la otra mujer que hasta ese entonces no había hablado-quienes lo encuentren serán los elegidos para proteger al mundo de él ¡Marion ven por favor!-dijo la mujer.

Una pequeña figura se acerco flotando desde una habitación continua. Medía más o menos quince centímetros de alto, tenía el cabello corto, en punta y de color verde oscuro y sus ojos eran del mismo color que su cabello, vestía un traje de color amarillo claro, tenía unos zapatos puntiagudos de color marrón oscuro y poseía un cinturón con un cuerno de aire atado a él, además de su espalda sobresalían dos pares de largas alas traslúcidas: era un hada.

-¿Me mando a llamar señora?-preguntó Marion.

-Si querida-respondió la mujer-tenemos una misión para ti.

-Lo que sea que pueda ayudarlos lo haré maestros-dijo la pequeña hada al tiempo que se posaba en la mesa redonda.

-Queremos que seas la guardiana de este libro y que lo protejas con tu vida, él no debe encontrarlo, escóndelo bien y has que solo los verdaderos elegidos lo encuentren, no importa cuanto tiempo pase hasta que ellos aparezcan pero cuando lo hagan, cuéntales nuestra historia y guíalos para que puedan cumplir su misión-dijo uno de los hombres.

-¿Pero como sabré quienes serán sus sucesores?-preguntó Marion.

-Lo sabrás querida, confía en nosotros-dijo una de las mujeres-ahora vete, él ya no está muy lejos y llegara en cualquier momento. El hada tocó el libro con sus manos y ambos desaparecieron en un remolino de colores.

En el preciso momento en que el remolino de colores desapareció de vista, la puerta de la vivienda se abrió de un golpe dejando entrar la luz de la brillante luna llena y por ella entró una figura negra vestida con una capa del mismo color, se ubicó delante de la puerta y luego la cerro agitando su mano derecha en el aire.

-Vaya, vaya, veo que tenemos una reunión familiar por aquí- dijo el recién llegado con una voz tan lúgubre que erizaba el bello de la nuca. Los cuatro aludidos se pusieron de pié y se sacaron las capuchas dejando al descubierto sus rostros. Los dos hombres eran uno moreno y el otro pelirrojo y las dos mujeres eran una rubia y la otra castaña. Como respuesta a este acto el recién llegado también se sacó la capucha dejando al descubierto un pálido rostro, una calva cabeza y un par de ojos amarillos que no parecían de un ser humano.

-¿Qué es lo que quieres de nosotros Armot?-preguntó la mujer rubia.

-Mi querida Alice, tu sabes muy bien que es lo que quiero-dijo Armot.

-No, en realidad no sabemos-dijo ahora la mujer castaña.

-Vamos Marie, todos saben muy bien que es lo que quiero-insistió el recién llegado.

-¿Y que si lo sabemos? Nunca te lo daremos de todos modos-dijo el hombre de cabello negro.

-Es cierto, nunca te lo daremos-dijo ésta ves el hombre pelirrojo.

-Jonathan, Robert ¿de verdad creen que, como se dice, no se los arrebataré de todos modos?-dijo el hombre con una malévola sonrisa-¡Denme su magia!-exclamó al tiempo que levantaba sus manos que brillaron de un color negro y luego de apuntar a los cuatro les lanzó dos rayos de color negro. Jonathan levantó sus manos con las palmas abiertas y una pantalla de fuerza apareció enfrente de los cuatro, los rayos chocaron contra esta y rebotaron por las paredes. Alice apuntó a ambos rayos con su mano izquierda abierta y estos desaparecieron, luego apuntó con su misma mano a Armot y los dos rayos reaparecieron en dirección a este y le dieron de lleno en el pecho, pero estos parecieron no afectarle en lo más mínimo. Luego Robert apunto con sus manos a Armot y de ambas salio una luz cegadora que envolvió al malvado mago, después de unos segundos cerró sus manos y la luz desapareció pero esta tampoco pareció afectar a Armot. Luego Marie apuntó con sus puños cerrados a Armot y luego abrió sus manos con un movimiento brusco para usar su poder, pero este tampoco surtió efecto ni tampoco daño a Armot, solo provocó que este brillara un momento de un color verde. Por último Jonathan empujó con sus manos abiertas la pantalla de fuerza hacia delante y esta salió despedida hacia Armot, chocando de lleno en su cuerpo, pero tampoco funcionó: Armot seguía de pie.

-Sus poderes no surten efecto en mí ahora que me he convertido en el mago más poderoso del mundo-dijo soltando una malvada carcajada-y cuando les robe su magia, ya nadie podrá detenerme.

-¡No te saldrás con la tuya Armot!-gritó Alice-¡Hagámoslo!

Los cuatro se tomaron de la mano y empezaron a susurrar palabras en un extraño lenguaje:-¡O gran magia ancestral que vives dentro de mí, envía a este malvado hechicero lejos de aquí!- repetían una y otra vez los cuatro.

-¡Su hechizo no logrará destruirme, soy muy poderoso para eso!-gritó Armot.

-¡Tal vez no te destruya!-dijeron los cuatro al mismo tiempo-¡pero al menos te dejará inactivó durante mucho tiempo! ¡O gran magia que vives dentro de mí, envía a este malvado hechicero lejos de aquí!

Un gran remolino de colores se formó alrededor de ellos destrozando todo a su alrededor incluyendo la casa. Jonathan, Robert, Alice y Marie se desvanecieron en el remolino que luego se concentró alrededor de Armot.

-¡Noooooooo! ¡Me las pagarán, malditos hechiceros!-gritó en voz al cuello Armot al mismo tiempo que desaparecía junto con el remolino de colores.

Los cuatro magos blancos murieron después de haber conjurado el hechizo para detener a Armot, y no se supo nada más ni de éste ni de Marion y el libro de la luz durante mucho tiempo, hasta que…

Glaciar Hubbard, Alaska, actualidad

Todo estaba calmo, la superficie del agua no estaba agitada, era una de esas noches donde no soplaban los fuertes vientos característicos de Alaska y todo parecía normal, hasta que una gran luz roja perforó una de las paredes del glaciar Hubbard y por ella un hombre vestido con una capa negra salió flotando.

-Por fin el hechizo de esos malditos ha cesado y ahora estoy libre de nuevo y es hora de volver a rearmar mi ejército para conquistar el mundo, jajá jajá.

Ciudad de Boston, estado de Massachussets, estados unidos de América

-¡Jason!-gritaba una voz de mujer-¡Jason, ya es hora de levantarse querido, o llegaras tarde a tu primer día en la preparatoria! ¡Jason, ya es hora de levantarse!

Jason Breeks abrió sus ojos con dificultad, era el primer día de clases después de dos meses de vacaciones y ese día comenzaba las clases en la preparatoria de Boston por lo que no debía llegar tarde. Se levantó lentamente, hizo su cama, tomó su toalla y se metió al baño donde se dio una cálida y reconfortante ducha que lo despertó bien. Luego de secarse, se ató la toalla a la cintura y se lavó los dientes, salió del baño y regresó a su habitación en donde se miró al espejo: un joven muchacho de dieciséis años le devolvió la mirada, tenía el cabello de color negro y corto y los ojos marrones. Se sacudió la cabeza por lo que su cabello quedó parado y se comenzó a vestir para ir al colegio, se colocó la ropa interior y luego se comenzó a poner el uniforme del colegio: camisa blanca, pantalón de vestir gris, medias azul marino, zapatos negros, corbata azul marino y un sweater escote en "V" de color rojo brillante.

Una vez que estuvo listo tomó su mochila, la cual había preparado la noche anterior y bajó a desayunar.

-Buen día mamá-la saludó dándole un beso en la mejilla y luego sentándose en la mesa para empezar a comer la avena que le había preparado su madre.

-Buen día querido, ¿Cómo amaneciste?-preguntó la señora Breeks, una mujer de cabello negro y ojos verdes un poco más baja que su hijo.

-Muy bien, gracias, buen día pa-saludó también el chico.

El señor Breeks, un hombre alto y de pelo negro algo canoso y de ojos marrones que estaba leyendo el diario matutino, lo apartó y saludó a su hijo- buenos días hijo, ¿listo para tu primer día en la preparatoria?

-Si, creo que si-respondió Jason que estaba comiéndose su avena rápidamente.

-Bueno pues, vamonos entonces-dijo el señor Breeks tomando una tostada y dejando el diario en la mesa.

-Suerte en tu primer día cariño-le dijo la señora Breeks a su hijo dándole un beso de despedida.

-Gracias mamá-respondió Jason tomando su campera del uniforme (que era del mismo color rojo que el sweater) que estaba colgada en el perchero al lado de la puerta-nos vemos a la tarde.

El señor y la señora Breeks se despidieron dándose un beso en los labios y luego Jason y su padre subieron al auto.

Los dos emprendieron la marcha hacia el colegio.

-¿Ansioso?-le pregunto su padre a Jason.

-Si, más que nada estoy ansioso por volver a ver a Liz y a Richard-dijo Jason mirando a su padre.

-¡Pero si los has visto en las vacaciones y no ha pasado tanto tiempo!-dijo su padre.

-¡Papá son mis mejores amigos y ya ha pasado un mes desde la última vez que los vi!-replicó Jason.

-Está bien, perdóname, yo también ansiaba ver a mis amigos después de las vacaciones de verano-dijo su padre. Jason le sonrió.

-¿Y que cursos piensas tomar?-le preguntó su padre.

-Pues la verdad aún no lo se, me decidiré alli-respondió Jason.

Después de hablar unos minutos más, llegaron al colegio.

-Bueno hijo, muchísima suerte en tu primer día-le dijo su padre dándole un gran abrazo-te pasaré a recoger a las cuatro en punto.

-Gracias papá-le agradeció Jason-sí, estaré aquí a las cuatro menos diez.

-Adiós-le dijo su padre.

-Adiós-respondió Jason, y luego de ver como el auto de su padre desaparecía doblando una esquina, se dispuso a ingresar al colegio.

El Colegio de Estudios Secundarios de Boston era un edificio enorme que ocupaba dos manzanas de diámetro, estaba rodeado por un gran cerco de ladrillo adornado con árboles y tenía una gran puerta de rejas en la entrada. Una vez que pasabas esta puerta, te encontrabas con el jardín del colegio: un gran jardín que tenía de todo, desde una plaza con fuentes de agua y bancos para sentarse al aire libre, hasta una piscina para las clases de natación. En el medio del jardín había un largo sendero de baldosas de color marrón que conducían hasta el edificio que era de color marrón claro con una gran puerta y escaleras y muchas ventanas de los salones, pero a pesar de tener todos estos lujos, el colegio no era un internado.

Jason cruzó la puerta de rejas y comenzó a caminar por el sendero, miraba para todos lados en busca de algo (o alguien). Por fín encontró lo que buscaba dos o tres metros más adelante y una sonrisa asomó en su rostro: un chico y una chica que venían hablando animadamente, eran Richard Johnson y Liz Sunshine, los mejores amigos de Jason.

Richard iba vestido con el mismo uniforme que Jason solo que se había arremangado las mangas del sweater hasta la altura de los antebrazos y tenía la corbata un tanto desordenada. Media igual que Jason, 1.71 de alto, era pelirrojo y utilizaba siempre el pelo bien corto, cortado con máquina pero no rapado, aunque en esta ocasión no lo llevaba tan corto y tenía los ojos marrones.

Liz por otro lado iba vestida con el uniforme femenino del colegio: camisa blanca, en lugar de pantalón de vestir gris, las chicas usaban una pollera escocesa lisa (o sea sin ninguna raya ni otro color) de color azul marino que les llegaba hasta arriba de las rodillas, medias azul marino que las usaban hasta la altura de los gemelos, zapatos negros, corbata azul marino, sweater escote en "V" de color rojo brillante y la campera del mismo color que el sweater. Ella era muy bonita, tenía el cabello de color rubio platinado, desde el comienzo de su cabeza hasta el comienzo de sus hombros, su cabello era lacio, pero desde allí hasta el final, que era por debajo de su cintura, su cabello era ondulado. Sus ojos eran de un color plateado y tenía una sonrisa muy hermosa, ella siempre cuando estaban en la escuela usaba su largo cabello rubio atado en una cola de caballo, por eso a Jason le sorprendió mucho verla con el cabello suelto ondeando con el viento. Era la más baja de los tres dado a que medía 1.57. Cuando Jason la vio acercarse su corazón comenzó a latir más deprisa de lo normal. Él siempre la había querido, desde que la vio por primera vez en la escuela primaria, pero nunca tuvo el valor de decírselo.

-¡Jason!-gritaron Richard y Liz al unísono. Él levantó la vista y vio que los dos se acercaban corriendo y segundos después sintió los brazos de Liz alrededor de su cuerpo dándole un gran abrazo, él se colocó sumamente colorado y luego cuando ella lo soltó, Richard le dio un abrazó también y unas palmadas en la espalda.

-¿Cómo has estado?-le preguntó Liz alegremente.

-Bien-respondió Jason-y ahora que los veo a ustedes mejor-añadió con una sonrisa.

-¿Cómo pasaste éste mes que no nos vimos?-le preguntó Richard.

-Bien, aunque un poco aburrido, ya no había nada que hacer-respondió Jason.

-Te entiendo-dijo su amigo pelirrojo-en Wyoming no hay nada interesante que hacer tampoco, a los dos días de llegar me volví loco.

-¿Y como estuvieron tus vacaciones en Nueva York?-le preguntó Jason a Liz.

-Pues, un poco más interesante estuvo, pero me volví loca a los tres días, quería regresar lo más rápido posible-respondió la chica.

En ese momento sonó el timbre indicando a los alumnos que debían ingresar al edificio.

-Vamos-les dijo Jason a sus amigos y los tres comenzaron a caminar por el sendero hacia el edificio. Ingresaron por la gran puerta de madera y comenzaron a caminar hacia un gran tablero de anuncios que tenían las materias optativas y los segundos idiomas que los alumnos debían elegir para estudiar ese año.

-¿En que idioma piensan anotarse?-les preguntó Jason a sus amigos.

-Pues yo he pensado en anotarme en Español-dijo Liz mirando a sus amigos.

-¿¡En Español!?-preguntaron Jason y Richard al unísono-pero es un idioma muy complicado y difícil.

-Ya lo sé-dijo Liz-pero me gustan los retos así que me inscribiré, además creo que el español es un idioma muy bonito-dicho esto tomó una lapicera de su mochila y escribió en los largos espacios que habían debajo del nombre de cada asignatura, en la columna del idioma Español "Liz Sunshine".

Jason y Richard se miraron y luego de dar un largo suspiro también sacaron una lapicera de sus mochilas y escribieron sus nombres debajo del de Liz.

Un segundo timbre se oyó, esto indicó a los alumnos que debían ingresar a sus salones.

-¿Qué materia tenemos ahora?-preguntó Richard.

-Creo que es matemática-respondió Jason.

-Si, es matemática-confirmó Liz sacando un papel con los horarios-y luego tenemos dos horas de historia, luego el almuerzo y más tarde lengua y química-terminó la chica.

-Este será un largo año escolar-se quejó Richard. Jason y Liz lo miraron y sonrieron.

Los tres ingresaron al aula de matemática, eran los primeros a excepción de una chica que estaba sentada en la última fila leyendo un libro. La chica era muy bonita, tenía el cabello de color castaño, ondulado y largo hasta la mitad de la espalda, los ojos de color azul verdoso y una expresión de concentración en el rostro. Al verla Liz sonrió. La chica se llamaba Josie Stybenson y era la mejor amiga (mujer) de Liz.

-Chicos-les dijo Liz a sus amigos que ya se habían sentado y le habían guardado un lugar para ella-yo me iré a sentar con Josie, no me guarden el lugar-y dicho esto se fue a sentar junto a Josie. Jason puso cara de pocos amigos.

-¿Por qué siempre tiene que sentarse con esa chica que no nos quiere a nosotros dos porque piensa que somos una mala influencia para Liz y que la llevaremos por un mal camino?-le preguntó a Richard.

-Bueno, son amigas ¿no?-dijo Richard.

-Si pero piensa que somos unos rufianes-replicó Jason.

-Pues Liz no piensa lo mismo, puesto a que si lo hiciera no se juntaría con nosotros.

En ese momento un hombre alto, con cabello castaño y ojos cansados ingresó al aula.

-Bienvenidos alumnos, mi nombre es Stuart Johanson y seré su profesor de matemática, en este semestre nos enfocaremos en…

Luego de dos horas de matemática los chicos se dirigieron al aula de historia en donde comenzaron a ver la segunda guerra mundial.

-¡Que aburrida que estuvo la clase de historia!-exclamó Richard.

-Bueno, es historia Rick, ¿qué esperabas?-le preguntó Jason.

-Yo opino que fue una clase interesante-dijo Liz.

-Claro, a ti te interesa todo-se burló Richard.

Los tres se dirigieron al comedor y luego de servirse la comida, se sentaron en una mesa para tres.

-Oigan ¿Qué les parece si hacemos algo juntos esta tarde?-les preguntó Jason a Liz y a Richard.

-¿Algo como qué?-preguntó Richard.

-No lo se, ¿Qué les parece si salimos a caminar después de merendar?

-Me parece una idea excelente-dijo Liz-¿Cómo a las cinco más o menos?

-Si me parece bien-respondió Jason.

Luego del almuerzo los chicos tuvieron lengua (Inglés) y luego química, después de otras cuatro horas de clases, el primer día escolar finalizó a las cuatro de la tarde. Los tres salieron del colegio para dirigirse a sus casas.

-Entonces ¿A las cinco?-preguntaron Richard y Liz al mismo tiempo.

-Si a las cinco-respondió Jason.

Jason se despidió de los otros dos y corrió hacia la salida del jardín donde se encontró con el auto de su padre que había ido a buscarlo.

-Hola hijo ¿Cómo te ha ido en tu primer día de clases?-preguntó su padre.

-Hola pa, muy bien, aunque las materias son un poco pesadas pero bueno que le vamos a hacer.

-Te acostumbraras-dijo su padre-a mi también me pareció duro mi primer día en la preparatoria, pero luego me acostumbre. ¿Te has inscripto en algún segundo idioma o materia extracurricular ya?

-Sí, en español-respondió Jason.

-¿¡En español!?-se extrañó su padre.

-Si-respondió Jason-¿por qué te extraña?

-No por nada-respondió su padre.

Durante el resto del viaje camino a casa, Jason y su padre hablaron del primer día de clases y Jason le contó que saldría a caminar con Liz y con Richard esa tarde.

Cuando llegaron a la casa, Jason subió a su habitación, se sacó el uniforme del colegio y se puso una chomba roja, unos vaqueros celestes y unas cómodas zapatillas, luego bajó a merendar con sus padres.

-¿Así que iras a caminar con Liz y Richard eh?-preguntó su madre.

-Si ma, pero solo será por un rato, llegaran dentro de diez minutos más o menos-dijo Jason.

Y en efecto a las cinco en punto, se escucho que alguien golpeaba la puerta, Jason corrió a abrirla y se encontró con sus amigos del otro lado. Richard llevaba una remera azul, unos vaqueros y zapatillas. Por su parte Liz llevaba una remera amarilla, una pollera de jean que le llegaba por arriba de las rodillas y zapatillas también.

-¿Nos vamos?-preguntó Richard.

-Si-respondió Jason-regreso dentro de una hora-agregó hablándole a sus padres.

Los tres comenzaron a caminar si rumbo alguno.