Capítulo 1 La huída
Los personajes pertenecen a la inigualable Stephenie Meyer. Mia solo es la historia.
Hoy comenzaba el viaje a una nueva no-vida, dejaba atrás todos los momentos felices que había vivido en este lugar, pero sobre todo huía de aquel día, aquel día que me arrebataron a lo mejor de mi existencia
-Firme aquí y es todo.- El abogado me acercó una pluma para que firmara el contrato de compra venta. Observé por una última vez todo lo que me rodeaba, aquella casa que había sido testigo de todo el amor de mi familia, de todas mis travesuras, de todas mis lágrimas y tras aquella puerta, que aún tenía los sellos de policía, de la más terrible noche de mi existencia.
Tomé la pluma y después de tomar aire para tomar valor firme el contrato.
-Listo, aquí tiene el cheque.-
-Gracias.-
-¿Ya sabe lo que va a hacer?-
-Sí, no se preocupe, gracias de nuevo.-
-¿A dónde va a ir?-
-Creo que iré a descubrir mis raíces.- Mire mi bolso que estaba encima del escritorio, de él se asomaba un folder amarillo que me había entregado el abogado de mi padre unos días antes.
-Es un placer hacer negocios con usted, en verdad siento mucho lo que pasó con su padre.-
Inmediatamente de mis ojos comenzaron a salir lágrimas de dolor.
-Lo siento no quise…
-No se preocupe, supongo que con el tiempo dejará de doler, ahora si me lo permite tengo que irme.-
-Quiere que la lleve a algún lado.-
-No gracias, el taxi que me llevará al aeropuerto me espera.-
-Que tenga un buen viaje y ya sabe que aquí estaremos por si algún día decide volver.-
-Gracias.-
Volví a mirar a mi alrededor, tomé el bolso del escritorio y me dirigí a la puerta.
-¿Le puedo pedir un último favor?-
-Dígame señorita Saha.-
-Cuide de mi hogar.-
-Así lo haré.-
Sin más salí por la puerta en dirección al taxi.
-Al aeropuerto, por favor.-
El hombre asintió.
No quería voltearme, sabía que en cuanto lo hiciera las lágrimas saldrían descontroladas y comenzaría a temblar por la furia de no haber estado esa noche en casa, yo pude haber detenido a aquel vampiro, sí, sabía lo que había matado a mi padre, sabía perfectamente que me buscaban a mí, pero como toda adolescente esa noche tuve que escaparme para ir a un estúpido bar con mis amigas y al volver encontrarme con aquella escena. Mi padre sentado en su escritorio sin una gota de sangre en su cuerpo, sin los latidos de su corazón que cada noche me hacían compañía mientras dormía, lo extrañaría mas que a nadie en este mundo y esto solo había sucedido por mi culpa.
No le había dicho a la policía lo que realmente había sucedido, me habrían tomado por loca y en realidad lo estaba, estaba loca del dolor pero debía de tranquilizarme si no quería que todos se dieran cuenta de lo que era.
Por eso había vendido la casa, había vendido el taller de mi padre y la florería que alguna vez fue de mi madre, me había deshecho de todo aquello que me retenía en ese país.
-Llegamos.- Con esas palabras salí de mi burbuja de dolor.
Le pague al taxista mientras bajábamos las maletas de la cajuela y me dirigía hacia la entrada del aeropuerto. Llegue a donde se hacía el check-in y me adentré a la sala de espera donde me dirigiría en un largo vuelo a Seattle, una hora en avioneta hasta Port Angeles, una hora en coche hasta Forks y de ahí a la Push.
-Pasajeros del vuelo 533 a Seattle favor de abordar por la puerta 11.-
Y eso era todo, ahora iría como una cobarde a exiliarme a una tierra que no conocía, que en mi vida había visto y ni siquiera me hubiera imaginado que existiera, pero mi abuelo al parecer me había heredado una casa y tierras junto a la playa de una reserva india en la playa de la Push, esos eran los papeles que el abogado de mi padre me había entregado junto con el diario de mi abuelo.
Tomé mi lugar en el asiento del avión, solo esperaba que las cosas pasaran rápido, quería llegar lo mas rápido posible a aquel lugar para encerrarme y dejarme caer, era algo que no me había permitido hacer desde aquel día y vaya que lo necesitaba.
Cerré los ojos y así me quedé hasta que me perdí en la inconciencia de mi mente.
Dulces momentos, sueños increíbles e historias memorables
Besos Kbash
