MAR DOTHRAKI
1.
Lo encontraron al tercer día, jalando la puerta de madera que se rompió en las manos morenas del responsable. Se encogió en sí mismo, sabiendo que solo había dos opciones para él; ser asesinado o esclavizado, esto último anudado con la posibilidad de que le confundieran con una mujer y tratasen de violarlo, lo que posiblemente terminaría con él siendo asesinado como si fuera su culpa de que el cerebro de esos salvajes fuese tan pequeño como para asegurarse de que estaban tomando a la persona del sexo correcto.
Levantó la mirada por mero instinto cuando se dio cuenta de que no pasaba nada, y sus ojos verdes se encontraron con unos oscuros como el carbón. Lejos de mostrar miedo, le desafió con la mirada, como si estuviese tentando al otro a matarlo de una vez, pero el Dothraki* no se movió ni pareció enojado, simplemente lo analizó con la mirada atentamente, permitiéndole a su vez hacer lo mismo, mirando su piel bronceada por el sol, sus ojos afilados e intimidantes, su cabello largo, aceitado y en una trenza llena de pequeñas campanillas; su cuerpo fuerte, surcado por cicatrices y por una pintura azulada que contrastaba con su piel y aunque no era demasiado alto, lo fornido de su cuerpo lo nivelaba perfectamente.
Ninguno de los dos se dio cuenta en principio de la llegada de otro compañero del hombre frente a él, sino hasta que intentó lanzarse encima de él, impedido por el primer hombre, que lo agarró por el hombro y susurró unas palabras en un gutural idioma, recibiendo una reacción muy agresiva por parte del otro, que le doblaba en altura, pero que no fue en absoluto rival para él, que sacó su arma, el Arakh* si no mal recordaba, y rebanó el cuello del otro sin siquiera dudarlo, empujándolo con el codo e ignorado el gorjeo que hizo tratando de hablar mientras se desangraba, limpiando su arma con indiferencia y luego tendiéndole la mano.
— Conmigo –dijo secamente, con dificultad. Yuri le observó con duda, sabiendo bien como podría terminar eso, pero se sentía como una polilla atraída por la luz, y cuando se dio cuenta, su mano estaba sobre la de él, grande y morena, sacándolo de la choza donde se encontraba.
Entrecerró los ojos al recibir el sol de frente, mirando alrededor, notando con cierta desazón los cadáveres apilados, la sangre esparcida por todo el lugar, algunas casas en llamas, o medio destruidas, los Dothraki tomando todo lo que habían saqueado y preparándose para irse, cosa que provocó cierto acceso de terror, ¿qué iban a hacer con él? Otro de aquellos hombres se le acercó, de rostro menos exótico, ojos grandes y azules, piel más morena que el hombre que le sujetaba y más alto, quien lo evaluó con rapidez sin la hostilidad del que se encontraba muerto en el suelo de la choza y miró a su captor, hablando rápidamente en el idioma con los que aquellos barbaros se comunicaban, recibiendo respuestas que tampoco entendió. El más alto le miró, con una sonrisa.
— Eres la única persona que ha llamado la atención de Otabek, pequeño. Siéntete afortunado. —Yurio le miró, sorprendido de que supiera el idioma común y lo hablara tan bien, sabiendo que el comportamiento más lógico sería quedarse callado y no responder nada, su temperamento se adelantó, apretando los labios y dedicándole una fea mirada.
— No soy ningún pequeño, tengo dieciséis. –bufó antes de llevarse una mano a la boca. Maldición, aquello podía costarle la cabeza, pero el otro se rio, como si estuviese complacido ante esa respuesta.
— ¡De verdad que eres interesante, gatito! Mi nombre es JJ. Si necesitas comunicarte con Otabek con algo más que con señas, solo dime. –le revolvió el cabello y se marchó trotando, dejando al rubio indignado, antes de darse cuenta de que de nuevo estaba solo con…
— ¿Otabek? –preguntó, mirándolo. El nombrado le devolvió la mirada y asintió, sin soltar su mano.
— ¿Nombre? –preguntó a su vez, en aquel tono dificultoso y gutural, y aunque era una sola palabra, él le entendió.
— Yuri.
No hubo más preguntas, y de alguna manera Yuri se sintió seguro a su lado.
MAR DOTHRAKI
Los Dothraki odiaban a los omegas hombres, esclavizaban a los que encontraban, asesinaban a los que estuviesen embarazados con la excusa de que era 'antinatural'. Nunca abusaban de ellos y como esclavos nunca permanecían demasiado tiempo con vida. Eso era lo que le habían contado, historias de boca en boca de las personas que supuestamente habían conocido a los Dothraki, y Yuri durante mucho tiempo tuvo miedo por ello, imaginarse la horrible posibilidad de ser atrapado por ellos y asesinado simplemente por ser un omega macho. Pero ya llevaba casi un mes con el Khalasar* y nadie había tratado de asesinarlo.
Lo cierto es que había algo de verdad en aquellas historias; los Dothraki no les gustaba que los omegas hombres tuvieran el mismo trabajo de reproducción que las mujeres. Sus costumbres se guiaban por la dualidad de sexo de los caballos, hembras y machos, solo que pasado a los humanos, por lo que para ellos el trabajo de las mujeres era únicamente doméstico y para complacer a los varones del Khalasar, quienes a su vez protegerían a los niños que procrearían. Eso incluía a los omegas machos, que normalmente pasaban sus celos solos o con mujeres, ya que el copular con un alfa hombre era severamente penado, casi siempre con la muerte de ambos.
Lo cual también significaba que había luchadores Dothraki omegas, muchos con trenzas largas llenas de pequeñas campanillas de oro y plata. Que, según le había explicado el casi siempre irritante JJ, el largo del pelo era un indicativo de que no habían sido vencidos nunca y las campanillas en las batallas que habían luchado, y cuando le preguntó el motivo por el cual su cabello era demasiado corto aun, le explicó, no sin cierta tristeza, que había perdido una batalla muy importante y aunque Yuri quiso saber más, la mirada que Otabek le dedicó le hizo entender que no debía preguntar nada más. Así que no tardó en aprender que había cosas que no le podía preguntar al alfa irritante que lo había tomado bajo su protección al igual que Otabek.
Ser el esclavo de ambos alfa no era tan horrible como pensó que sería. Principalmente el trabajo era servirles comida, acicalar a sus caballos, ayudar a montar las tiendas todas las noches junto a los demás esclavos. Los peores trabajos parecían haber sido alejados de él y no entendía realmente por qué. Solo sabía que ahora su mayor trabajo era lograr que Otabek aprendiera un poco más del idioma común, porque a pesar de que él había comenzado a aprender casi a la fuerza el idioma de los nómadas que lo tenían bajo su poder, el hombre que lo había sacado de aquella choza y le había llevado con él solo le hablaba con toscas frases en idioma común.
— Yuri… –sus ojos se dirigieron hacia el dueño de aquella voz que ya conocía a la perfección y se encontró con Otabek, parado afuera de la tienda, con su larga trenza aceitada, las campanillas moviéndose debido a la manera brusca en la cual respiraba, y el omega pudo sentir el peligro antes de olerlo, su mirada oscura fija sobre él, sus músculos tensados. Otabek estaba entrando celo— Fuera. –gruñó, y él no dudó en huir del lugar. Huyo del olor que le estaba provocando revoluciones en sus propios sentidos.
Se detuvo cerca de la parrilla donde estaban asando carne de caballo*, tomando una gran respiración, dejando que el olor a carne cocida y a grasa le llenase los sentidos. Completamente aterrado por lo que había sentido, porque si bien estaba consciente de los efectos del celo de los alfas sobre los demás, en verdad se sintió tentado en ofrecerse para ayudarle a pasar con más facilidad aquella época que si se parecía a su propio celo, debía ser terriblemente insoportable.
"Deja de pensar eso", se dijo a si mismo mientras se acuclillaba junto a las mujeres que cocinaban. Las cuales ya parecían acostumbradas a su presencia, así que no le miraron y él agradeció el hecho de que el olor a la comida era tan intenso que nadie se daría cuenta de que, durante unos segundos, había olido a deseo.
MAR DOTHRAKI
Habían pasado varios meses desde que los Dothraki habían saqueado un lugar, el cual curiosamente había sido de donde lo sacaron, ya que las demás ciudades habían sido inteligentes y se había encargado de darles tributos jugosos: llenos de comida, telas, esclavos, dinero, piedras preciosas. Era una muy buena dotación para ellos, pero no se consideraban victorias para el pueblo, de modo que con el tiempo los miembros del Khalasar se habían empezado a mostrar ansiosos. Las peleas entre los mismos miembros empezaron a abundar, hasta que por fin encontraron un pueblo indefenso que atacar y los esclavos fueron mandados a armar las tiendas mientras los hombres empezaban la invasión. Aunque Yuri trató de mantenerse tranquilo, no podía evitar que los nervios y la incomodidad subieran por su estomago hasta su garganta como si de una bilis se tratara, sentimientos que había estado tratando de evitar desde que se habían detenido en la primera ciudad que les había brindado tributos.
No era lo mismo ver a miembros del Khalasar matarse entre sí, luchando con fiereza. Normalmente ambos miembros estaban de acuerdo con aquello y, aunque le parecía completamente estúpida la idea de que ni apreciaran su vida lo suficiente como para matarse por diversión, no le molestaba demasiado. Pero escuchar los gritos de las personas que eran asesinadas, las mujeres violadas, algunos niños secuestrados para venderlos como esclavos, los cuales tendrían un destino mil veces más desagradable que el suyo…
Sabía que no estaba bien meterse en la tienda de sus 'amos', pero él se fue a una de las esquinas mas abarrotadas y se escondió allí, abrazando sus piernas mientras cerraba los ojos y trataba de pensar en algo que no fuese los sonidos lejanos, pero no sabía cómo, y se estaba desesperando. Se preguntaba si quizás aquel Khalasar era el que había acabado con la vida de sus padres, lo que había hecho que su abuelo lo llevara a las ciudades libres, las cuales había abandonado luego de la muerte de este, cuando él ya había visto 16 días de su nombre*. Un día más de su nombre había pasado en cautiverio con los Dothraki y se preguntaba cuantas más pasaría en ese lugar.
El saqueo acabó en la madrugada, las luces del alba apenas iluminando la entrada de la tienda cuando el sonido de un gruñido le hizo abrir los ojos de golpe y mirar como dos personas estaban caminando dentro de la tienda, muy juntas, con el olor a sangre presente. Al principio se tensó, hasta que reconoció el olor debajo de la sangre y se levantó de su lugar de golpe, acercándose a ellos.
— ¡JJ! –llamó con preocupación al hombre que era acostado en las alfombras de pieles y cuero, con una herida larga en su pecho, no demasiado profunda, pero que sangraba y había sin duda mellado las fuerzas del alfa.
— Ah, gatito. Sabía que estarías escondido –Yuri no dijo nada ante el apodo que el hombre le había puesto. La voz del hombre sonaba jadeante y le tocó el hombro por puro instinto, asustado ante la posibilidad de que la herida fuera demasiado para él—. Estoy bien… solo me acerqué demasiado a un objeto afilado… –se rió ligeramente y luego tosió, haciendo un gesto de dolor.
— Yo… Yo… Yo… —la lengua se le trabó, mientras los recuerdos de su madre, con su vestido lleno de sangre y a punto de morir, mientras le acariciaba la mejilla y le decía que todo estaría bien, le llenaban la mente. Sintió sus ojos picar y una mano caliente se colocó en su espalda, haciéndole volver a la realidad, volteando para ver el rostro de Otabek, él también estaba herido, pero nada tan grave como JJ.
— Busca quien nos atienda. –ordenó, y su cuerpo obedeció antes de que su mente procesara, saliendo del lugar y buscando a uno de los esclavos más recientes, un maestre* de mediana edad proveniente de otro continente llamado Poniente del que no sabía nada, pero que hablaba la lengua común. Sus habilidades de curación eran muy apreciadas entre los demás esclavos, ya que los Dothraki no confiaban en él para curarlo, pero él estaba seguro que, si había alguien que podía ayudar a JJ, era él.
— ¡Por favor! –jadeó, sintiéndose avergonzado por rogar de esa forma, sin siquiera explicar antes que quería— Venga conmigo. –el maestre, que ya no llevaba su cadena, le miró con las cejas levantadas, pero no dijo nada. Siguiendo al chiquillo hasta la tienda donde JJ y Otabek se encontraban. El segundo frunció el ceño al verlo llegar con el beta, estando de acuerdo con la resolución de no dejar que personas que no permanecían al Khalasar como miembros de pleno derecho le trataran las heridas y haciendo amago de levantarse, pero JJ levantó el brazo para detenerlo, con una sonrisa en los labios.
— Es un maestre. No está en su naturaleza matar personas a las que debe cuidar –Su sonrisa menguó por el dolor, pero el maestre se arrodillo a su lado y evaluó la herida con cuidado.
— Aunque sea un esclavo, las palabras que recité antes de convertirme en un maestre siguen latentes en mi interior –Aceptó el hombre, antes de empezar a pedirle cosas a Yuri, el cual entró y salió al menos siete veces de la tienda corriendo en la frenética búsqueda de todos los pedidos, mientras el Khalasar despertaba por completo y el botín llegaba a su destino para ser cuidadosamente repartido entre todos los miembros, e incluso colocaron una chiquilla joven junto a la tienda de ellos, atada, algo golpeada y aterrorizada, a la cual Yuri ignoró entre sus entradas y salidas, demasiado centrado en lo que hacía.
— Creo que esto es suficiente –cuando ya el sol iluminaba perfectamente el lugar donde se encontraban asentados, el maestre terminó de vendar la última herida de Otabek, mientras JJ parecía dormitar luego de que Yuri lograse encontrar un poco de leche de amapolas* para él, algo que escaseaba entre los Dothraki debido a que sus curanderos estimaban que era necesario sentir el dolor en toda su intensidad para poder demostrar su valía, cosa que hacía que las muertes entre sus miembros luego de los saqueos fueran mayores de los que deberían— Le recomendaría tomar un traguito de leche de amapola, pero…
— No se preocupe. Soportaré. –fueron las planas palabras del alfa, mientras el maestre hacía una inclinación con la cabeza en aceptación. Otabek se levantó y miró al beta— Hay una persona afuera. Vea su estado. Yuri, quédate con JJ.
Yuri sabía de quien estaba hablando, la había escuchado sollozar, pero como se había convertido en algo así como el ayudante del maestre, no le había dedicado ni una sola mirada. Miró como los hombres se marchaban y sus ojos se volvieron hacia el alfa que se encontraba recostado, con su pecho vendado cuidadosamente luego de que la herida fuese cubierta con una cataplasma que había visto al maestre usar anteriormente y que sabía que funcionaría.
— Hm… Gatito… hueles… a… miedo… Ya estoy bien, ¿no ves? –los ojos del alfa se abrieron y los del omega se entrecerraron.
— No estás en absoluto bien, idiota. Te abrieron el pecho. –se quejó. Sabía que, de haber sido otro Dothraki, le hubiese partido la cara por haberlo insultado, pero a JJ parecía encantarle ese comportamiento, verlo enojado y vulgar y a veces no podía evitar pensar que era un masoquista.
— Ya… gajes del oficio –trató de reírse y tuvo que detenerse por el dolor—. Lo hiciste bien, gatito.
Aquellas palabras fueron un golpe para el corazón del omega y apretó el puño sobre las mantas que el mayor tenía sobre sí, sintiendo los ojos empezar a humedecerse. A pesar de que era un esclavo, a pesar de que vivía con unos nómadas sanguinarios que disfrutaban matarse entre sí solo para demostrar quién era más macho, JJ y Otabek se habían vuelto personas importantes para él. Se había empezado a aferrar a ellos a pesar de lo ridículo que era sentir tanto aprecio por sus carceleros, pero ellos nunca le habían tratado mal. Nunca le habían obligado a hacer cosas que fueran difíciles o vejatorias y le trataban con un respeto inusual para la forma en la que los Dothraki trataban a sus esclavos, al punto que algunas veces se preguntaba si en serio era eso para ellos.
— T-tu… idiota… —sollozó, sintiendo una lágrima bajar por su mejilla, antes de que la mano grande y cálida del alfa la limpiase, mientras le dedicaba una sonrisa cansada pero dulce.
— Lamento haberte hecho preocupar. –susurró con un hilo de voz y Yuri simplemente actuó por impulso, inclinándose hacia abajo y buscando sus labios, besándolos con miedo y torpeza, sintiendo el sabor de la sangre, el sudor e incluso el de sus propias lágrimas. Un beso que sabía que no debía estar dando, pero cuando JJ puso su mano en su nuca y le apretó mas contra su boca, se dejó fundir en él.
Otabek los observó desde lejos, en la entrada de la tienda, y una sonrisa apenas notable apareció en sus labios, casi como si hubiese estado esperando que ese momento se materializara.
MAR DOTHRAKI
Era el día 18 de su nombre, y se encontraba arrodillado en el suelo, mientras veía sus manos teñidas de sangre temblar, su mente incapaz de procesar lo que acababa de suceder hasta que escuchó unos pasos y alguien detenerse a distancia de la escena.
— Yuri… —jadeó Otabek, mirando el cadáver de su otra esclava, su pecho un amasijo de color rojizo debido a la cantidad de puñaladas que había recibido, su rostro en una expresión de terror permanente, y el autor de aquello ni siquiera pareció haberlo escuchado.
— Dijo que iba a decirle a todos lo nuestro… —murmuró en voz baja, cerrando sus manos en puños, apretándolos— I-iba a hacer que los mataran, yo no… Yo no… Ella intentó meterse con ustedes, ¿verdad? Y se dio cuenta así que nosotros tres…
— Yuri, detente. –las manos de Otabek lo tomaron por los hombros y él levantó la mirada justo cuando entraba JJ y se quedaba tan paralizado como el otro alfa lo estuvo hace unos segundos. Yuri deseó gritar, deseó apuñalar de nuevo al cadáver de esa maldita niñata que pretendía hacer que los asesinaran porque los alfas no se la habían follado. Ella, que había destruido su perfecto equilibrio, ella que incluso muerta acababa de destruir todo.
— Otabek –llamó JJ, con cara de circunstancias, apretando los labios.
— Tendrá que ser más pronto –dictaminó, frunciendo el ceño—, pero Yuri…
— Yo me encargaré de los caballos, las provisiones y que el maestre Sak esté preparado para irnos, tú encárgate de Yuri. Lo necesitamos lo más consciente posible para poder movernos con rapidez.
JJ volvió a irse y Otabek jaló con poca delicadeza a Yuri del cuerpo de la chica, haciendo que este saliera de su shock, mirando al mayor con sus ojos verdes teñidos con terror.
— Van a matarme, ¿verdad?
— No. Nos largamos de aquí.
Al principio Yuri no entendió de que estaba hablando, mientras dejaba que Otabek lo llevara a un lugar donde lavarse las manos y ponerse algo más abrigado y discreto, pero de alguna forma, con el tiempo las cosas empezaron a caer como piezas de un rompecabezas que iban encajando. JJ sabía hablar perfectamente la lengua común desde siempre, nunca hablaba de su pasado, pero era obvio que no había nacido en el Khalasar y ambos habían aceptado al maestre Sak como su cuidador con una facilidad casi inaudita. Además, últimamente los había notado mas ansiosos, en especial en sus encuentros furtivos alejados de todos donde le tomaban, como si estuviesen tramando algo peligroso.
— Yuri… –se terminó de enganchar la capa de color oscuro y notó como el alfa le tendía una daga, viéndose totalmente distinto con un jubón* de color oscuro, acostumbrado a verlo casi siempre con el pecho descubierto— Corta la trenza.
— ¿Qué?
— Córtala.
Se quedó mirándolo sin saber qué hacer, sabiendo ahora lo serio que era la situación. Tomó la daga con manos temblorosas, cerrando los ojos y tratando de ignorar los recuerdos de su mente sobre lo que había sucedido la última vez que había tenido una daga en sus manos. Cuando los abrió de nuevo, se encontró con el mayor de espaldas, esperando a que realizara la orden. Sus dedos temblorosos tomaron la gruesa trenza, que tintineó por el movimiento, y pasó la parte afilada de la daga por el cabello, que cedió con facilidad debido a lo afilado que estaba el metal.
El cabello cayó con un sonido sordo, varias campanillas cayeron al suelo, y Otabek se volteó, con lo que había quedado de su cabello cayendo libre por su rostro, enmarcándolo y provocando una sensación extraña en el estómago del omega que no supo explicar.
— ¿Están listos? –ambos miraron hacia el origen de la voz y se encontraron con JJ, quien al igual que le otro alfa, llevaba el cabello corto ya sin la trenza. Para los Dothraki, cortarse la trenza significaba la derrota, ser indigno para llevarla, pero de alguna manera, verlos a ambos así, le hacía pensar en la libertad— No tenemos mucho tiempo, alguien encontrará pronto el cadáver de la chica.
Otabek tomó la capucha de la capa que Yuri llevaba y la levantó, haciendo que esta ocultara su rostro antes de jalarlo para que se moviera. A lo lejos podía ver la iluminación de las antorchas y el fuego del campamento Dothraki, pero no estaba lo suficientemente cerca como para iluminarlos a ellos. Caminaron un rato más hasta que se encontraron tres caballos y al maestre de pie junto a uno de ellos, observándolos con ansiedad.
— ¡Gracias a los siete* que llegaron! Estaba empezando a ponerme nervioso.
— ¿Estás seguro de que nos recibirá a nosotros dos también? –Otabek ignoró al hombre y miró a JJ, que tomaba las riendas de uno de los caballos.
— Completamente. Conozco lo suficiente a mi hermano como para saberlo, Viktor los recibirá con los brazos abiertos cuando lleguemos a Pentos. Ahora que su padre ha muerto, no hay problemas en que vuelva a Poniente.
— Espera, ¿Poniente? –jadeó Yuri, mareado por tanta información. Acababa de matar a una mujer, le había cortado la trenza a Otabek, estaban allí con ambos alfas, a punto de huir y ¿Poniente? ¿Qué tenía que ver ese lugar con JJ?
— Yuri, simplemente confía en nosotros –pidió Otabek, colocando una mano en su hombro— ¿Confías en nosotros o no?
El omega lo miró y luego miró a JJ. Los tres se habían embarcado en una relación prohibida por los Dothraki desde hace tiempo, los tres sabían que lo que estaban haciendo era peligroso, y él había sido ingenuo al creer que existiría una manera simple de salir de lo que tenían sin alterar la extraña rutina que a la que se había acostumbrado a pesar de lo brutal que era. Pero ahora estaba allí, y se daba cuenta de que no había manera fácil de salir de eso. Que solo tenía dos opciones: afrontar el castigo por matar a aquella esclava o marcharse con ellos a un futuro que no conocía, descubrir los secretos que JJ escondía celosamente de todos. Miró a lo lejos la pequeña luz que era el campamento Dothraki y admitió que el único motivo por el cual había logrado soportar todo ese tiempo en relativa calma había sido por la presencia de ellos dos, si ellos se marchaban y lo dejaban solo, él simplemente… no podría seguir.
— Confío –contestó por fin, bajando los hombros y sintió el alivio palpable en la expresión de Otabek, que tomó su rostro entre sus manos y le besó sin ninguna clase de vergüenza, haciéndolo sentir arrullado y seguro entre sus brazos.
— Señores… tenemos que irnos. –interrumpió el maestre, nervioso— Mientras más pronto nos pongamos en marcha más lejos estaremos de ellos cuando descubran que no estamos. –Yuri deseó mirarlo mal por haber interrumpido su momento con Otabek, pero estaba consciente de que tenía razón.
— Gatito, irás con uno de nosotros. –explicó JJ mientras el maestre se subía a su caballo, una yegua tranquila que a veces había tenido que cuidar y que no pertenecía a ningún miembro del Khalasar— No eres un buen jinete y es mejor ahorrarnos las posibles molestias. –había un tono de pinchazo en sus palabras, como si las hubiese elegido cuidadosamente para provocar una reacción en él.
— ¿Molestias? ¿Por quién me tomas? –respondió por impulso, dedicándole una mirada no demasiado amable, sintiendo que la presión en su pecho por el miedo se disipaba un poco, subiendo al caballo de Otabek con su ayuda, notando que los mismos caballos tenían bolsas para el viaje, preparados para la larga travesía hacia Pentos, el amplio pecho del alfa envolviéndolo y el viento contra su cara cuando se alejaron a todo galope lejos de sus esclavistas.
Cerró los ojos y dejó que toda la tensión de su cuerpo y su mente se liberara, aprovechando el viento para que secara las lágrimas que iban saliendo de su rostro, cada lágrima aligerando más y más el pesar de su cuerpo.
Nunca esperó que la libertad se sintiera así.
MAR DOTHRAKI
Glosario:
Dothraki: Son una cultura de guerreros nómadas, conocidos por el uso de sus caballos para la lucha y sus costumbres por saquear todas las ciudades alrededor para subsistir, puesto que sus creencias y religiones están en contra de los asentamientos permanentes. El territorio donde se encuentran es basto y es conocido como 'Mar Dothraki' lleno de planicies y ruinas.
Arakh: Es una espada-guadaña. Empieza como una espada y antes de la mitad se vuelve curva, lo que la hace más apta para la pelea en caballos, y le es más simple para quien la usa decapitar de esa manera.
Khalasar: Son las caravanas en las que los Dothraki se mueven. Todos están unidos bajo la autoridad de un 'Khal' que es el luchador más poderoso del Khalasar.
Carne de caballo: Es casi la única carne que los Dothraki consumen, al igual que usan su piel para hacer su vestimenta y a los vivos para trasladarse, el caballo es básicamente el centro de toda la vida de los Dothraki.
Día del nombre: Es el cumpleaños de una persona.
Maestre: Los maestres son una orden de eruditos, curanderos y científicos. Son educados en un lugar de Poniente conocido como 'La ciudadela' y sus estudios se completan con la formación de una cadena llena de eslabones de distintos metales, cada cual representa un distinto estudio que han dominado. Los maestres no se quitan la cadena siquiera para dormir.
Leche de amapolas: Es un anestésico extraído de la amapola con efectos inmediatos para dejar de sentir dolor dependiendo de las dosis. Una sobredosis puede causar la muerte.
Jubón: Prenda de vestir ajustada que cubre el tronco del cuerpo, generalmente con faldones, sin mangas o con mangas fijas o de recambio; era una prenda básicamente masculina que se acolchaba con plumas de ave, algodón o capas de tejido y se llevaba con calzas.
Los siete: Es una religión de poniente, donde se reza a siete dioses en un Septo. Es la religión con más seguidores en dicho continente.
MAR DOTHRAKI
Y bueno... A la final sucumbí a la tentación de hacer un fic de YOI xD aunque lo hice a mi manera (?) Los capítulos serán auto conclusivos, pero en el caso de hacer mas capítulos, estarán entrelazados entre si aunque no se deberán leer todos para entender un solo capitulo.
Le agradezco con todo mi corazón a Maneki-Neneko por betearme este capítulo 3
Espero que la historia haya sido de su agrado y que mi glosario lograse abarcar todo lo que no se entendió del fic, me encantaría saber su opinión sobre él!, espero poder traerles una segunda historia, con otra pareja -Cruza los dedos (?)-
Besitos 3
