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¿No lo crees?
—¿No crees que Petra sería la esposa perfecta?
El capitán tragó mucho de su café demasiado rápido, y sintió el líquido quemarle al descender por su garganta.
—¿Qué? —farfulló.
La científica se reclinó en su silla para observar a la soldado pelirroja, que, en ese momento, estaba de pie al otro lado del salón riéndose de algo que el nuevo recluta Yeaguer le había dicho.
—Sabe cómo hacer bien el café de todo el mundo. Es una cocinera decente. Es tan buena limpiando que ni siquiera tú te quejas después de que ha limpiado algún salón —Hange observó a Petra cariñosamente—. Tiene madera de esposa, ¿no lo crees?
—No sé de qué hablas, cuatro ojos —gruñó. Mentiría si dijera que la idea no le había cruzado por la cabeza una o dos veces, pero que Hange lo dijera tan casualmente le hacía querer estrangular a la imbécil gafotas.
Hange sonrió malignamente y codeó al capitán.
—¡Claro que lo piensas! ¡Todo el mundo lo hace! Deberías casarte con ella, Levi. O lo haré yo —movió sus cejas maliciosamente, mientras él sólo le miraba. Pese a que era uno de sus pocos amigos, parecía constantemente ponerlo de los nervios. Levi se preguntó cómo es que todavía seguían siendo amigos. Hange golpeó la mesa, atrayendo la atención de Yeaguer y Petra—. ¡Hey Petra! ¿Qué pensarías de casarte conmigo?
—¿Eh? —las cejas de Petra se alzaron con confusión.
—¡No seas tímida! ¡Seguramente harías a cualquiera feliz si accedieras a casarte con él! —Hange miró a Eren— ¿Y qué tal tú, Eren? ¿No crees que casarte con Petra sería maravilloso?
—¿Eh? —el niño casi tiró su taza de té y un cálido rubor comenzó a trepar por sus mejillas. Le tomó unos momentos antes de poder tartamudear una respuesta— Supongo que sí. La señorita Petra es una persona maravillosa después de todo.
Petra tapó su boca con la mano para ahogar una risita.
—Eso es muy dulce, Eren.
—Cuidado, capitán —susurró Hange juguetonamente—. Parece que vas a sacarle otro diente a Eren.
—Cierra la boca, Hange —replicó Levi con dientes apretados—. Estoy bien.
—¿Todavía Eren está corriendo? —le preguntó Hange a Levi, quien observaba cuidadosamente al mocoso trotando alrededor del castillo por lo que debía ser la centésima vez esa mañana—. No recuerdo que tus entrenamientos fueran así de rigurosos.
—Necesita entrenamiento extra si no quiere arrastrarnos durante la expedición que viene.
—Pero iremos a caballo.
Levi sonrió con malicia.
—Unas cuantas vueltas no lo matarán.
—Fanfiction, 02 de enero de 2017
