¿Qué fue tal sensación erótica que recorrió cada centímetro de mi cuerpo cuando despedía delirantes palabras de mi boca?
Ésa misma que obligó a mi corazón latir, tan rápido que creía iba a explotar.
Me pregunté qué fue aquello que me motivó a confesarme ante ti.
A decir lo mucho que te amaba.
Que en mis brazos escribía tu nombre entero con el filo del cuchillo.
Me pregunté qué fue aquello que me motivó a confesarme ante ti.
A decir esa atracción que me llevó a la locura.
Que me tocaba pensando en tu figura con los objetos que te robaba, como éste lapicero.
Me pregunté qué fue aquello que me motivó a confesarme ante ti.
A decir que quería arrancarte la piel y gatear dentro tuyo.
Que de una vez no me importaran las consecuencias de mis actos o si ella estaba escuchando.
Dijiste que sí...
Tanto me odiabas.
Aún cuando saqué ese hermoso cuchillo, te quedaste paralizado, no hiciste intento alguno de acercarte a mí y arrebatarlo porque tenías miedo, estabas tan horrorizado que tu piel se volvió pálida y, oprimías el deseo de vomitar.
Estoy segura que ese fue un sí debido a que temías que te lastimara.
Pero a su vez, se sentía tan bien que, era evidente que algo malo iba a suceder, no podía tener un final feliz... ¿verdad?
Es por eso que sonreí.
Enterraba la punta de metal contra mi estómago, dolía como mil infiernos, pero no me importaba, era por amor. Podía sentir cómo mis tripas se desgarraban y la adrenalina se presentaba.
Gritabas al ver cómo la sangre salía a borbotones de entre mis manos y, el suelo se tornaba rojizo.
Llorabas porque pedías que me detuviera, aunque sabíamos que eso no terminaría ahí.
Un último golpe directo al lugar que tú destruiste: Mi corazón.
Fue la experiencia más satisfactoria que pude tener en toda mi vida, morir por ti fue el placer más grande que alguien se pudiera imaginar.
Mi cuerpo se debilitaba, es por eso que caí contra el suelo, coloqué mi cuerpo contra una silla y recargué mi cabeza contra el asiento y te miré.
Permaneciste a mi lado, estos tres días mientras mi cuerpo se pudría, estabas ahí, viendo cómo las moscas se comían mi carne, oliendo un cuerpo podrido y, deleitando tus ojos cuando te diste cuenta que mi sangre se volvía negra en vez de roja.
¿Te gustaba verme de este modo?
¿Disfrutaste de este acto?
Desearía que las cosas tuvieran otro final, uno en el que hubieras actuado, fueras valiente y, me vieras en ésta posición pero sin lo que ahora evidentemente me caracteriza.
¡Tuviste un feliz fin de semana!
