Marinette tenía apoyada la cabeza en el regazo de Luka, mientras su novio le acariciaba dulcemente su cabeza. Ella tenía los ojos cerrados, disfrutando sus suaves caricias por su cuero cabelludo. Estaba tan relajada con el contacto que estaba seguro que en unos minutos más e iba estar en los brazos de Morfeo.

Sin embargo eso no sucedió, al oír un murmullo dulce y hermoso. Era tan suave y calmante que no quiso dormir al desear escuchar más.

—Umm—pronunció en su estado somnoliento, abrió los ojos, parpadeando varias veces seguidas.

Entretanto seguía escuchando ese sonido. Luka estaba tarareando una melodía desconocida para Marinette. No recordaba haberla escuchado, pero llegaba directo a su corazón, evocándole una sensación indescriptible en su pecho.

Lo hacía lento y suave. Llegando a sus oídos, esa música la enamoraba más por lo dulce de la composición.

—¿Que estas tarareando?—preguntó, cuando se rindió en el intento de descubrir, cuál era la canción que trataba de representar.

Sus orbes azules conectándose con el otro par de esa tonalidad.

El chico sonrió dulcemente antes de responder.

—Es la canción que tengo en mi cabeza desde la primera vez que nos vimos, es el sonido que produce tu alma.

Las mejillas de la chica se volvieron rojas, no sabiendo que responder a eso. Su novio seguía sonriendo, pero ahora con un leve toque pícaro.

Sin saber que decir ante esas dulces palabras, Marinette volvió a cerrar los ojos hundiéndose en la vergüenza. Luka siguió acariciándolo los cabellos incluso cuando vio que se quedó dormida durante las caricias.

El muchacho la observaba dormitar, pensando que si el alma tenía una música. La de ella debía ser así: Dulce y hermosa.

Sin resistirse, al observar su linda cara donde tiene sus tiernas pecas, sus bonitas pestañas, sus preciosos cachetes, sus tentadores labios.

Inclinándose, beso esos últimos, en un suave roce que intensifico la melodía que no paraba de sonar en su cabeza desde que conoció a Marinette, la chica, que no estaba dormida.