Decidí premiar algunos post que abran páginas nuevas en el topic Taiora =). En especial este caso :3 Así que cada vez que haga algo así, irá en este fic :3
Serán drables, viñetas, cositas cortas =)
De amor y valor va la cosa
Regalo
Para Midnighttreasure
(Pag 222, post: 5,971 del topic Taiora)
Sora se despertó sintiendo un sudor frio recorrerle la espalda. No es que tuviera miedo de nada exactamente, es que algo fallaba. Miró a su alrededor. Continuaba en la cama que compartía esa noche con Mimi. No había cambiado mucho la habitación de la Tachikawa, excepto que las cosas más infantiles habían desaparecido por algunas más llamativas. Es más, Mimi siempre se negaría a llevar a Yamato a su dormitorio: los posters de él y de su banda de rock eran solo privados para ella.
Se sentía segura. Lo estaba. Mimi dormía a su lado soltando algún que otro suspirito en sonido de ronquido y murmuraba el nombre de su hombre preferido mientras se frotaba los labios contra la mano.
¿Por qué entonces estaba ella nerviosa?
Volvió a girar la mirada por la habitación hasta que lo encontró. El calendario. Mimi no lo tenía marcado, desde luego, pero ella sí. En el suyo, en su habitación, justo sobre la fotografía donde ella y él se abrazaban y miraban al objetivo con una sonrisa abierta en sus rostros. Aquel había sido el día más perfecto de su vida.
Porque fue cuando comenzaron a salir.
Y eso es lo que le preocupaba. Su primer aniversario. Había quedado con Mimi para comprarle algo al chico para celebrarlo. Mimi se había vuelto loca yendo de tienda en tienda y por eso terminó quedándose a dormir en su casa.
Sora se abrazó a sí misma y sonrió. Había comprado el regalo perfecto al final, por más que Mimi se negara a creer que era así y alegar que ella nunca de los jamases le regalaría eso a Yamato.
Pero es que Taichi no era Yamato. Taichi amaría su regalo.
Entonces, ¿por qué ese estremecimiento?
Al día siguiente, ambas se prepararon para reunirse con los chicos en la cafetería de siempre. Mimi no tardó en lazarse a los brazos de Yamato. Sora sacudió la cabeza e intercambio un casto beso con su novio.
Se alejaron de los otros dos y Sora extendió su regalo con la preocupación en la garganta.
—Espero que te guste.
Taichi pareció perplejo. Rompió el papel y extendió su regalo frente a sus narices.
—¡Sora!
—Lo sé.
—¡Sora! —repitió. Ella sonrió.
—Lo sé, Tai, lo sé.
Taichi negó.
—No, no lo sabes Sora.
Sora entonces cesó de llevarle la contraria. Frunció el ceño.
Taichi suspiró.
—Mi madre me regaló una igual hace tres días. Estaba por enviarte la foto que hice pero nunca lo hice, así que en parte es culpa mía.
Sora estaba a cuadros. No podía ser… ¿quizás eso era el escalofrío que sintió durante la noche?
—Pues la descambiamos y buscamos otra cosa —ofreció. Taichi torció el gesto.
—No quiero descambiar algo que me ha comprado mi chica.
Sora se sorprendió. Taichi se rascaba la nuca, pensativo. Alargó la mano para quitársela. Él retrocedió. Enarcó una ceja. Volvió a intentar quitársela, levantándose. Él la esquivó y se puso la camiseta por encima de la ropa.
—¡Taichi!
—¡Sora! —exclamó él con una sonrisa divertida cruzándole la cara.
Cuando la estrechó entre sus brazos, Sora ya estaba más que malhumorada y avergonzada por su error. Al menos, hasta que Taichi posó su boca sobre la suya.
—Gracias —susurró—. Lo digo en serio, no voy a cambiarla. Esta me la pondré y la de mi madre la colgaré en la pared.
—¿Estás seguro?
—Totalmente.
Sora sonrió y dejó que la besara de nuevo. Quizás no había sido la mejor idea, y su propio cuerpo lo presentía, pero tampoco había estado tan equivocada…
08 de Febrero de 2017
¡Gracias por leer!
