Prologo

Aquel hombre corría desesperado por las calles de la ciudad. Acababa de asaltar una pequeña tienda de vivieres y el medio de la pela este había herido mortalmente al anciano que atendía la tienda.

La oscuridad de un estrecho callejón fui su cómplice para poder esconderse. Sin esperar más se interno en las sombras. Suspiro aliviado recargándose contra una de las paredes.

— ¿Te sientas más seguro en las sombras?

Aquella voz alerto por completo sus sentidos, de inmediato se puso en pose de defensa.

— ¿Quién eres? ¿Dónde estás?

—Eso no importa…—Respondió la voz—Lo que importa es que pagaras por tu crímenes.

Aunque aquel hombre abrió enormemente los ojos para tratar de ver en la oscuridad, jamás pudo prevenir la patada que impacto en uno de sus costados arrojándolo al suelo.

— ¡Maldito! —Gruño desde el suelo.

De entre las sombras salió un hombre estaba vestido completamente de negro, un pasamontañas. Lo único visible de su rostro, era el par ojos turquesa que lo observaban inquisidores

—Pagaras por todo el mal has hecho—Aseguro.

Lanzo otra patada, pero el hombre en el suelo lo sujeto por el tobillo deteniendo el golpe. De inmediato el hombre de negro se giro y con las manos en el suelo, lanzo una nueva patada al hombre. Este se estrello de espaldas contra uno de los muros.

El hombre de negro estaba a punto de lanzar un golpe directo a la cara del hombre. Cuando una esfera de energía oscura dio de lleno el hombre.

Un grito desgarrador lleno el callejón. En unos instantes el hombre había sido consumido por la energía oscura. Cenizas quedaron el lugar donde había estado.

El hombre de negro se alejo unos pasos sorprendido. Y miro en dirección a donde había venido aquel ataque.

— ¿Qué paso? —Murmuro sorprendido.

Sus sentidos se alertaron al sentir una presencia que se acercaba a él. Instintivamente salto hacia un lado, justo en el momento que un golpe fue lanzado.

— ¿Quién eres? ¿Por qué me atacas? —Pregunto.

—Es mi misión—Respondió una voz grave—Eliminarte antes de que despiertes.

—No sé de que hablas—Contesto confundido.

Como respuesta, pudo ver el leve resplandor de una esfera de energía oscura. Alzo sus brazos frente a su para tratar de protegerse. Pero fui inútil la fuerza del ataque lo lanzo contra uno de los muros.

Quedo recargado contra la pared, sin energías debilitado.

Pequeños aros de energía salieron despedidos hacia él. Atrapándolo contra la pared. Uno en cada pierna y brazo y uno más en el cuello.

— ¿Quién eres? —Pregunto en un susurro.

De entre las sombras apareció un hombre alto y de marcada musculatura. Su piel era ligeramente cobriza, un par de ojos celestes, adornaban un atractivo rostro. El cabello blanco le caía largo y lacio hasta los hombros. Vestía un uniforme negro, con pequeños detalles en gris, una larga capa negra ondeaba detrás de él.

—Soy Kunzite. Uno de los cuatro Generales del Reino Oscuro—Camino hasta quedar frente a él—Y mi misión es acabar contigo, guardián del poder de la luz.

En un rápido movimiento, arranco el pasamontañas que cubría su cara. Revelando el rostro de un jovencito de aproximadamente dieciocho años. Algunos mechones de dorado cabello, cayeron sobre sus ojos.

—Me confundes…—Susurro—No sé de que hablas.

El hombre estaba a punto de decir algo más, cuando un bólido de energía blanca se dirigió hacia él.

Kunzite salto hacia atrás. Y miro lleno de furia al hombre que lo había atacado.

—Artemis…—Susurro con rabia.

—Nos volvemos a encontrar—Respondió. Era un hombre alto y delgado, de largos cabellos blancos y mirada esmeralda.

— ¿Qué esta pasando? —Pregunto el jovencito.

Con un movimiento de su mano, Kunzite provoco que las sombras a su alrededor tomaran forma. Un ser de sombras se junto alrededor del general.

—Ve por el chico—Susurro.

De inmediato Artemis se lanzo para defender al joven.

—Tú eres mío—Dijo Kunzite, saliéndole al paso.

Artemis miro al chico atrapado con los aros de energía y evaluó sus opciones. Solo tenía una. En sus manos se materializo un extraño objeto dorado con un cristal ambarino en el centro.

— ¡Úsalo! —Grito al jovencito, mientras enviaba el objeto hacia él.

— ¿Qué? —Respondió el, al ver el dorado brazalete frente a él.

—Está en ti, es un poder que siempre ha estado dentro de ti, sabrás que hacer, ¡Guardián de Venus!—Artemis grito, mientras esquivaba un golpe de Kunzite.

El chico rubio miro el brazalete sin saber bien qué hacer. Delante de él dos hombre de fundían de un batalla, y además un extraño ser de sombras estaba a punto de atacarlo.

—Debo estar loco…—Susurro—Pero prefiero eso a estar muerto—Cerro los ojos e intento ver dentro de sí mismo. Nada paso.

Sintió como algo afilado se hundía en uno de sus hombros. Un grito de dolor salió de sus labios. Abrió los ojos y pudo ver una de las garras del oscuro ser hundida en su cuerpo. Un escalofrió recorrió su cuerpo, cuando la sombra arranco la garra de golpe. La sangre comenzó a manar de su cuerpo.

La sombra lanzo un nuevo ataque, pero una potente luz brillante salió disparada del brazalete. La sombra callo algunos metros en el suelo.

Los aros de energía que lo mantenían prisionero de inmediato de desintegraron.

El chico rubio cayó de rodillas al suelo. Entre sus manos sostenía el brillante brazalete. Una pieza de oro con un ámbar incrustado en el centro. Un extraño símbolo brillaba en el centro de la gema.

"Está en ti, es un poder que siempre ha estado dentro de ti, sabrás que hacer, ¡Guardián de Venus!"

Las palabras se formaron en sus labios. Palabras que el sabia, pero que de alguna manera había olvidado.

— ¡Poder cósmico de Venus, Transformación!

El callejón se lleno de una potente y brillante luz.

Kunzite miro asombrado aquel hecho. Su misión había fallado, uno de los legendarios guardianes había despertado. Pero aun podía eliminarlo.

Cuando la luz de disipo, donde había estado aquel jovencito ahora se encontraba, Soldier Venus; Guardián de la Luz. Vestía un uniforme de marinero con la parte superior blanca y el pantalón en tonos naranjas, un par de botas blancas con detalles en naranja, y sobre el pecho un listón azul, con una gema ambarina.

La sombra se abalanzó de nuevo hacia el chico, pero este ya no estaba indefenso.

— ¡Rayo Creciente!

El brillante rayo de energía atravesó al ser oscuro desintegrándolo al instante.

—Maldición…—Kunzite dio un fuerte golpe a Artemis lanzándolo algunos metros en el suelo. Y de inmediato se arrojo sobre Venus— ¡Es tiempo de acabar contigo! —En sus manos formo una esfera de energía que lanzo hacia el guerrero.

Venus simplemente levanto su mano, imitando el ataque.

— ¡Impulso de Luz!

Una esfera de energía ambarina salió disparada, chocando con el ataque de Kunzite. Durante unos segundos, ninguno pareció ceder. Finalmente ambas esferas se fundieron en una saliendo despedidas hacia arriba.

El firmamento de la noche se ilumino durante un momento, para después volver a la normalidad.

Kunzite miro lleno de rabia al nuevo guerrero.

—Nos veremos de nuevo…—Amenazo. Y con un movimiento de su capa, desapareció en las sombras.

— ¡Woah!, eso fue intenso—Susurro el rubio.

—Es apenas el comienzo…—Agrego Artemis, caminado hasta quedar frente a él.

—Creo que ahora sería un buen momento para saber que es todo esto—Miro al hombre de cabellos blancos.

—Ya habrá tiempo para explicarte bien, todo lo que pasa—Aseguro Artemis—Solo puedo decirte que eres el guardián de un antiguo poder, y que tienes una misión, y para ello debemos viajar a Tokio.

— ¿Una misión? ¿A Tokio? —Respondió el con más preguntas.

—Si…debemos encontrar al Príncipe de Luna y protegerlo de las fuerzas del mal.

El chico miro a Artemis sin comprender totalmente a que se refería, sin embargo algo dentro de él, le decía que su destino era seguir a aquel hombre y cumplir con la misión. Tal vez después de todo, esa era la señal que había estado esperando. Y pensándolo bien, dejar Inglaterra y conocer otro país, no era tan mala idea.

—Muy bien, iré contigo…—Respondió Minato Aino.

Tokio.


Un joven de cortos y ordenados cabellos negros, barría tranquilamente la entrada de aquel enorme templo.

Sus sentidos se pusieron en alerta al sentir una extraña presencia en el viento. Sus ojos amatista se afilaron mirando en todas direcciones.

Un par de cuervos negros volaron hasta posarse en cada uno de sus hombros.

—Lo sé…—Dijo mirando a sus mascotas—Yo también lo he sentido. El tiempo se acerca.


Primer capitulo de esta extraña historia.