N/A) Inuyasha y cia. Le pertenecen a Rumiko Takahashi. Puede que aparezcan algunos míos, pero ella es la única dueña… sin mas que decir, que comience mi FanFiction
Holis! jej para variar, publicare otro fic mas jeje pero tendrán que tenerme paciencia porque los anteriores ya están muy avanzados en escritura y este recién lo empecé hace poco pero pensé que les gustaría!
Espero que lo disfruten!
Prologo
Entre casanovas se entienden, códigos y reglas.
Aunque no hay dos más descarados que ellos en aquella profesión, todo cambia cuando uno de ellos rompe una regla de oro:
"No conquistaras a mi hermana"
¿Puede un descarado y casi desalmado galán enamorarse?
No me Mientas
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Capitulo I
Miroku se encontraba hablando por teléfono, mostrando un rostro serio muy raro en él.
A los pocos metros, Inuyasha estudiaba ya que próximamente tendrían un parcial de la facultad y le contaba mucho aquella materia.
Dio un sorbo a su café y miro a su amigo. Hacia mas de media hora que hablaba por teléfono y no se notaba que la conversación fuese muy amena. Su amigo suspiro y luego de despedirse cortó, dejando el teléfono inalámbrico en su base.
- ¿Ocurre algo?- consulto Inuyasha cuando este se hubo sentado.
- Mi abuela murió- negó con la cabeza, aquella noticia le dolía mucho.
Inuyasha no sabia que decir. Recordaba que para Miroku su abuela era una persona muy querida e importante en su vida. Siempre tenía alguna anécdota divertida para contar de su astucia.
- No me dijeron nada, para no molestarme ya que sabían que estoy rindiendo- lo miro fijamente- Ella misma dijo que no me llamara.
- Lo siento- su nudo en la garganta era muy grande.
Miroku dio un sorbo a su café y volvió la vista a su lectura, pero Inuyasha sabia perfectamente que aun se encontraba muy metido en pensamientos para estudiar.
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Se despertó y descubrió a su amigo preparando el desayuno, cosa rara en él.
- Quiere pedirme algo- dijo inaudible con los ojos entre cerrados por el sueño que aun sentía- Lo sé.
- Buenos días Inuyasha- lo saludo colocando unas cuantas tostadas en la mesa.
Volvió a la cocina, sirvió el café en dos tazas grandes y las dejo en el desayunador para que su amigo las llevara a la mesa también.
Inuyasha se sentó delante de su taza y luego llego Miroku con mermelada y manteca para las tostadas.
- Inuyasha…- dijo lentamente- Necesito hablar contigo.
- Lo sabia- respondió tomando la azucarera y echando dos cucharadas a su café.
- Es mi hermana- suspiro- Tras la muerte de mi abuela, esta sola y quisiera traerla a vivir con nosotros. Ayer no te lo dije, por miedo a que tu respuesta sea negativa.
Su compañero no respondió nada, solo lo miro con atención y algo de sorpresa. Si esa niña venia a vivir con ellos, sabia que no podrían llevar otras mujeres a casa.
- Te prometo que no será un problema- continuó al ver que la cara de su amigo no era la mejor respuesta- Pasara desapercibida ante tus ojos.
- ¿Y ante la de las mujeres que traigamos?- frunció el ceño.
Su amigo bajo la mirada y de inmediato se sintió un poco mal. Le estaban pidiendo algo importante y el le estaba dando la espalda.
- Esta bien- suspiro dando un sorbo más largo- Pero no quiero ni un solo escándalo.
Miroku sonrió ampliamente y suspiro por la tranquilidad que llegaba a su alma.
El desayuno continuo en silencio.
* * * * *
La puerta se abrió y una mirada apreciadora recorrió el lugar. No estaba mal para ser su nuevo hogar.
- Gracias Miroku- volvió a decir entrando ya por fin, sin dejar de examinar todo- Realmente no soportaba ni un segundo mas vivir con el Tío Naraku.
Su hermano sonrió y admiro a su hermanita. Cuanto había crecido en esos tres años sin verla.
- ¿Tu compañero no esta?- consulto al no ver a nadie en el departamento.
- No, esta en la empresa del padre- respondió y camino hacia unas escaleras que llevaban a un segundo piso- Sígueme.
La joven subió detrás de su hermano las escaleras de metal frió.
Entraron en la segunda puerta, la habitación de huéspedes.
Tenía una decoración muy agradable. Las paredes de color crema, en su centro descansaban una cama matrimonial, un gran ropero a su derecha y una mesa antigua que sostenía un espejo y una ventana a su izquierda.
- ¿Te gusta, Kagome?
- Me encanta- le sonrió y le quito su valija de las manos. Suavemente tiro de ella y se dirigió al ropero.
- Iré a preparar la cena- le sonrió- La tercera puerta es el baño. Puedes darte una lucha después.
- Si, gracias- dijo arrodillándose en el alfombrado suelo y abriendo su valija.
* * * * *
Estaba exhausto, solo tenia ganas de comer y dormir en su cómoda cama toda la noche. Esa noche podría salir con alguna de sus "amigas" a pasarla bien, pero no tenía energías para nadie.
Entro a su casa, tiro las llaves en aquella mesita al lado de la puerta y se dirigió a la cocina al sentir el olor a pizza.
- ¿Qué comeremos pizza?- pero rápidamente se quedo callado.
Miroku estaba hablando con una muchacha mucho mas baja que él, quién solo cubría su cuerpo con una toalla.
- Bueno, gracias hermano- le respondió y se dio vuelta para descubrir al joven que estaba estático en el umbral.
¿Ella era la pequeña hermana de Miroku? Por Kami, esto seria muchísimo mas complicado de lo que esperaba.
- Hola- le dijo y se fue rápidamente un poco avergonzada.
- ¿No llegaba mañana?- pregunto acercándose a su amigo quien se reía por su cara de asombro.
- Si, pero al parece se adelanto un día- se encogió de hombro.
El joven no respondió nada, solo dio media vuelta y se fue hacia las escaleras.
- En cinco minutos estará la comida- le informo.
Pero su compañero solo subió y entro por la primera puerta sin responder nada.
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Se tiro sobre la cama y suspiro. ¡Eso no era una niña, era una mujer! Una niña no tendría unos pechos de aquel tamaño, piernas tan delgadas y apetecibles, una cintura tan estrecha, piel pálida como porcelana, cabello ondulado sobrepasando la cintura, unas caderas ensanchadas y glúteos perfectos. Pensándolo mejor, solo su rostro mostraba inocencia gracias a sus dulces ojos y simpática sonrisa.
Suspiro, no podía pensar en aquellas cosas. Ella era la hermana de su mejor amigo.
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Entro a la ducha, donde el agua caía en forma de lluvia mojando todo su cuerpo y cabellera. Se sentía rara ante la mirada del amigo de su hermano.
Paso el jabón por sus brazos con delicadeza. Aquella mirada dorada la había hecho sonrojar antes de irse. ¿Por qué?
No podía negar que era realmente guapo y seguramente ninguna mujer resistía a sus encantos.
* * * * *
Bajo ya cambiado con ropa de entre casa y se sentó en su lugar en la mesa, la cabecera.
Pronto vio como aquella muchacha acercándosele y le dejaba su plato frente a él. Dio media vuelta e Inuyasha vio aquel short demasiado corto que llevaba acompañado con una musculosa roja.
Luego aparecieron ambos hermanos, cada uno con su plato y se sentaban a sus lados.
- Mañana te quedaras sola, ya que Inuyasha y yo tenemos que ir a nuestras clases- le informo.
La joven asintió y corto una porción para llevarla a su boca. Inuyasha trataba de no observarla mucho ya que aquella musculosa dejaba ver sus redondos pechos.
- A la tarde, haré una copia de las llaves y te buscare un instituto- continuo- Así que trata de preparar la cena.
- No te preocupes- sonrió Kagome mostrando sus blancos y perfectos dientes.
Inuyasha aparto el plato ya vació y camino hacia la heladera para sacar un pequeña botella de vidrio y sacarle la tapa.
Dio un trago profundo y miro a la puerta. Kagome traía los platos sucios para lavarlos. Intercambiaron miradas por unos breves segundos y el joven se marcho antes que su autocontrol desaparezca.
Ella solo lo observo partir. ¿Acaso tan mal le caía para no poder estar unos segundos a su lado? Cuando termino su tarea, volvió al comedor y encontró solo a Miroku.
- Miroku…- lo llamo, sentándose en su lugar- ¿Tu amigo no me soporta? Es que desde que he llegado, no me ha dirigido la palabra.
- No te preocupes- le sonrió- Seguramente hoy estaba de malhumor. Cuando pasa eso, tampoco me habla a mí.
Ambos hermanos sonrieron y subieron las escaleras para ir a descansar cada uno a su cuarto.
* * * * *
Kagome se encontraba barriendo el piso de la sala de estar cuando llego Inuyasha, quien se encontraba muy agotado por tanto estudiar y ayudar a su padre.
- Hola- lo saludo sonriéndole.
- Hola…- contesto dirigiéndose directamente al gran sofá donde se recostó. Solo quería estar tranquilo por unos segundos ya que le dolía la cabeza.
La muchacha pudo apreciar como él se colocaba la mano en la frente asiendo una mueca.
- ¿Quieres que te prepare un té?- le consulto parándose a su lado.
Inuyasha la miro por unos segundos. En vez del short, hoy llevaba una remera blanca con una mini falda de jeans pegada a su cuerpo y unas zapatillas converse rojas. Todo el día había estado pensando en esa niña y en su cuerpo de mujer.
- Si, por favor- respondió quitando la mirada.
A los pocos minutos regreso Kagome con la taza entre sus manos y se sentó en el sofá, a la altura de la cintura de Inuyasha.
- Aquí tienes- le dijo y el abrió los ojos para descubrirla allí.
Se sentó para quedar a unos treinta centímetros de ella. Ya no aguantaba más. No le importaba que Kagome fuese la hermana de Miroku, tenia que tenerla en la cama, aunque sea solo una vez.
Tomo la taza y dio un sorbo. Para su asombro, Kagome lo había preparado perfecto, a su gusto.
- No hemos podido hablar mucho- dijo dando otro sorbo a su té.
- Es verdad- sonrió Kagome. Por fin podría conocer un poco de aquel muchacho de ojos dorados que llamaba su atención.
- ¿Cuántos años tienes?- pregunto dejando la taza en la mesa ratona que estaba a unos centímetros.
- Diecisiete- respondió y pronto se ruborizo al ver como el joven acortaba la distancia entre ambos.
- Ya eres toda una mujercita- sonrió poniéndola más nerviosa.
Con agilidad tomo la taza que había abandonado el joven y se dirigió a la cocina sin mirar ni un segundo a atrás. Debía establecer distancia inmediatamente.
- ¿Y tu tienes veinticinco como mi hermano?- consulto en voz fuerte dejando la taza de la pileta.
Pero no pudo darse vuelta ya que el muchacho se había colocado tras ella y podía sentir tanto su calor como respiración cerca. Suavemente poso sus masculinas manos en los costados de su cintura.
- Si- respondió apreciando su figura desde atrás.
Suavemente se dio vuelta para quedar a una escasa distancia. Trato de alejarse lo que mas podía de él, pero solo consiguió hacer escapar una risa por parte de él.
- ¿Crees que te voy a hacer algo malo?- rió al verla nerviosa.
La joven lo miro confundida soltando un poco su tenso cuerpo.
- No le haría nada a una niña- mostró sus blancos dientes mientras acariciaba su cabeza.
Dio media vuelta y se fue a su cuarto. No la tocaría por ahora, pero si haría que ella le rogara que le hiciera el amor. Luego pensaría como hacer para que Miroku nunca se enterase.
La muchacha permanecía estática aun. No sabía que era lo que mas le molestaba. Que el la acorralara o que le tratara como una niña de cinco años.
Molesta, decidió comenzar a hacer la cena y no pensar en aquel joven.
* * * * *
Miroku llego agotado al departamento, tirando todas sus pertenencias en el gran sofá de madera y cómodos cojines de cuero negro.
- Hola Miroku- le sonrió saliendo de la cocina al sentir la puerta cerrarse- ¿Cómo fue tu día?
- Una pesadilla- suspiro pero luego se quedo en silencio, no quería que ella se enterar de que era ella la generadora de sus problemas- ¿Qué cenaremos?
- Prepare pollo con una salsa muy rica de vino blanco y cebolla que me enseño la abuela- comento con una deslumbrante sonrisa. Quería darle las gracias a su hermano de aquella forma especial para ella.
- Suena muy rico- aseguro- ¿E Inuyasha?
La joven dio media vuelta en sus talones y con un pequeño grito le indico el paradero de su amigo.
Sin esperar subió las escaleras para encontrarlo frente a su escritorio con la computadora portátil, muy serio.
- ¿Ocurre algo malo?- consulto Miroku sacándolo de sus pensamientos.
- No, solo estaba revisando unos documentos que me enviaron de la oficina por Internet- suspiro con una sonrisa mientras refregaba sus ojos- ¿Y tú? No tienes muy buena cara.
- Ya encontré una instituto muy lindo para Kagome- le explico sentándose en la esquina de la mesa- Pero sobrepasa mi presupuesto, con el trabajo que tengo ya no me alcanza.
- Sabes que te he ofrecido trabajo en la empresa- cruzo sus brazos con rostro serio- Se que es un trabajo duro y quitara mucho del tiempo libre pero te pagaremos bien.
Miroku suspiro. Ese trabajo era realmente su salvación financiera pero no quería abusar de la amistad de Inuyasha. Aparte los horarios solo le darían tiempo para estudiar y dormir.
- Inuyasha…- suspiro nuevamente pero mas amargo- No quiero abusar de tu generosidad. Primero permites que traiga a Kagome a tu departamento y ahora me darás un empleo que no merezco.
- Primero, es nuestro departamento y segundo, no me haría nada más feliz que tener a alguien de confianza en la oficina.
* * * * *
Los tres comían agradablemente en el comedor. Inuyasha saboreaba fascinado el plato que había logrado la pequeña tentación y Miroku quien ya concia ese sabor, lo disfrutaba como en los viejos tiempos.
- Esta exquisito Kagome- le confeso limpiando su boca con la servilleta.
La muchacha solo sonrió con vergüenza mientras sus mejillas permanecían sumamente rosadas.
- Aprovechando esto, quería proponerte algo- la miro fijamente sorprendiéndola- Miroku acepto trabajar conmigo en la empresa y eso no le dará el tiempo a tener la casa bien ordenada como a el le gusta.
La joven asintió. Sabía lo cuidadoso que era Miroku con ese detalle.
- Entonces mi propuesta es que te pagare para que limpies el lugar y prepares la comida- le comento y luego tomo agua- Es una forma fácil de trabajo y no dependerás tanto de tu hermano.
- Me parece muy bien- sonrió y volvió a su comida.
Dejando la servilleta en la mesa se puso de piel y reviso que su elegante atuendo no estuviera manchado o con migas de pan.
Le informo a Miroku que se encontraría aquella noche con una amiga, a lo que su amigo soltó una carcajada. Miro la hora en su celular y salio por la puerta con un pequeño saludo.
Kagome lo observo seria por unos segundos antes de mirar a su hermano sin expresión.
- Ese es mi amigo generoso- sonrió tomando su plato y llevándolo a la pileta siendo seguido por su hermana.
- ¿Generoso por qué?- cuestionó.
- Porque este es legalmente su departamento, donde puede hacer lo que quiera, y no trae a una mujer aquí por ti.
La joven sintió molestia por el dato pero a la vez debería sentirse agradecida. Decidió permanecer en silencio mientras meditaba.
Continuará…
