Por casualidad su balón choco con el píe de él. Por casualidad estaban en la misma clase. Por casualidad ambos jugaban en el mismo equipo de fútbol. Por casualidad ese chico se convirtió en su mejor amigo. Con el que hizo esa promesa tan importante.

Por casualidad conoció a los "gemelos". Por casualidad ellos seis amaban tanto el fútbol como ella. Por casualidad Green Breeze se enfrentó a Dark. Por casualidad alguien quiso que entrar en los Demonios Rojos. Por casualidad... nunca volverá a ver sus ojos verdes.

¿Casualidad o destino?

/OVA de mi fanfic Una Nueva Aventura. Leer primero para entender esto/

/Inazuma Eleven no es de mi propiedad, el anime, video-juego, manga pertenece a LEVEL-5/

/El OVA se compondrá de dos capítulos, los cuales se publicarán según llegue a cada momento de la historia base (Una Nueva Aventura)/


Una Nueva Aventura

OVA: Recuerdos De La infancia

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JAPÓN

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Poco a poco el cielo comenzaba a tomar un tono oscuro, haciendo ver que la noche se acercaba. El pitido de un silbato resonó por toda la cancha, el entrenador lo había echo sonar para después confirmar a sus jugadores que la practica había acabado. Mientras que todos se dirigían con tranquilidad a los vestuarios, un chico de cabello castaño con el paso acelerado diblaba a sus compañeros para llegar enseguida.

―Novato, más tranquilo. ―Dijo uno de los chicos de tercer años con tono burlón.

―Lo siento. ―Se disculpo mientras volvía a realizar la misma acción que antes, pero esta ves a la inversa.

―Este Fire... no tiene remedio. ―Comentó entre risas un chico de ojos ámbar.

Fire Andy, jugador de fútbol soccer. Cursa primer años de secundaria en Kidokawa, la secundaria más cercana a su casa con equipo de fútbol.

Debía volver rápido a casa, era el cumpleaños de su hermanita, cumplía cuatro años. Amaba a su hermana, su caracteres alegre siempre le hacía sonreír, y esa torpeza que tenía le hacía estar pendiente de ella casi siempre, cosa que le gustaba, pensaba protegerla siempre. Corría sin descanso por las calles para llegar a tiempo y entregarle su regalo, era algo que la pequeña quería, deseaba, y su padre no le había decidido comprar. Aun que la pequeña usa los de su hermano ella quería el suyo propio.

Abrió la puerta al mismo tiempo que avisaba de su llegada, en menos de tres segundo una pequeña de cabello plateado y ojos negros saltaba sobre el para abrazarle, pero por su baja estatura solo llegaba abrazarle por las piernas. El apoyo una mano en la cabeza de la pequeña mientras le revolvía el cabello, dejándolo aun más despeinado.

―¡Bienvenido a casa Hermano! ―Gritó llena de energía mientras le miraba con una sonrisa radiante.

El muchacho de ojos verdes le devolvió la sonrisa al mismo tiempo que se agachaba para quedar a su altura y darle un beso en la mejilla. La agarro con fuerza y se levantó junto a ella mientras la alzaba dejándola tumbada sobre su cabeza. La pequeña no podía parar de reír.

―¡Feliz cumpleaños Rosenthal!

Ambos hermanos comenzaron a reír, el mayor de ver tan feliz a su hermanita, y la pequeña por lo giros que le hacía dar su hermano.

―hay que ver...

Esas palabras llamó la atención del mayor, haciendo que dejara de girar y cogiera a su hermana de un modo normal, apoyando su pequeño cuerpo contra su costado, mientras con un brazo la sostenía por debajo, haciendo un asiento, con su otra mano sobre su hombro por sí se movía no acabara en el piso.

―Ya regresé, mamá.

―Ya lo escuche. ―Dijo con una sonrisa. ―¿Rosen, le has costado a tu hermano que has echo esta tarde?

La pequeña miró al techo mientras posaba su dedo indice sobre sus labios en gesto pensativo. Esa acción provoco una leve risa en el mayor.

―¿Qué has echo? ―Preguntó con tono ilusionado

―No sé.

Su respuesta causo una leve risa en los presentes, siempre hacía esas cosas. La mujer de cabello rojizo comenzó a decir parte de la palabra que correspondía con lo que había echo en la tarde.

―¡Ah! ―Exclamó feliz. ― ¡Tarta!

―¿Una tarta? ―Dijo fingiendo asombro. ―¿Y para que es la tarta?

―No sé.

En esta ocasión fue la risa de la pequeña la que inundo el lugar.

―Ja ja ja. Venga Venga Andy, cierra la puerta y al baño. ―Ordenó con una sonrisa la mujer antes de volver a su despacho.

Bajo a su hermana e hizo lo que su madre le pidió. Según caminaba por el pasillo su hermana le seguía de cerca con una sonrisa. Ella no era como las demás niñas, no quería vestirse con vestidos, ni ser la princesa de casa, ella quería ser el valiente caballero que defendiera el castillo contra los malhechores.

/_·_·_·_/

―¡Bien! ―Dijeron casi al unisonó los tres mayores de esa familia.

Habían acabado la cena y era hora del postre, una pequeña tarda de queso con una cubertura de gelatina de limón. La pequeña de los Fire acababa de soplar las velas de su cumpleaños, aun que hoy era su cumpleaños su fiesta sería el sábado, dentro de dos días. La pequeña comenzó a sonreír.

―Un poco de tarta y a dormir. ―Dijo Andrea mientras apartaba la vela de la tarta.

―¿¡Eeeeeeh!? Yo quería jugar con mi hermano. ―Protestó con un puchero adorable.

―Pero mañana hay clase. ―Dijo esta ves su padre mientras se recolocaba las gafas.

―¡No quiero! Quiero jugar con mi hermano.

Ambos adultos se miraron antes de soltar una leve sonrisa, todas las noches eran igual, parecía increíble que una niña tan pequeña le tuviera "alergia" ir a clase.

―Pero Rosen, los jugadores de soccer deben descansar.

―Pero yo soy un jugador de soccer. ―Protestó mientras se cruzaba de brazos haciendo de nuevo un puchero. ―Ni siquiera tengo un balón.

―¿eso crees?

Dejando esa pregunta en el aire salió corriendo alguna parte. La pequeña miraba ingenua por donde se había ido su hermano. ¿Que quería decir? Ella no tenía ningún balón, todos lo que había en casa eran de su hermano. Los adultos suponiendo a lo que se refería su hijo se lo tomaron de formas distintas. Andre con algo de indiferencia, por jugar un poco con a ese deporte no tenía porque derivar en que quiera ser una jugadora. Katsu ni se molesto en ocultar su enojo.

―¿Hermanito? Mamá, ¿donde ha ido el hermano? ―Preguntó dudosa.

―No lo sé cariño, ahora vendrá.

El señor Fire comenzó a partir la tarta, un pequeño trozó para la menor, otro pequeño para él, y dos de tamaño más normal para su hijo y esposa. Una ves los cuatros tozos estaban servido pudieron ver como Andy se acercaba al comedor con las manos escondidas tras su espalda, y una enorme sonrisa decorando su cara.

―¿Qué traes hermanito?

Con esa pregunta se bajo de la silla y fue corriendo conde su hermano para ver lo que escondía este con rápidos movimientos comenzó a girar para que no lograra ver su espalda. La pequeña protestaba, pero aun así no paraba de reír. Andy alzo las manos mostrando un objeto redondo envuelto en papel de regalo.

―Feliz cumpleaños hermanita.

A la pequeña se le ilumino la mirada al tiempo que comenzaba a brincar para intentar llegar a por su regalo. Pero este estaba muy arriba. Enojada comenzó a protestar, el de ojos verdes bajo un poco el objeto, pero cuando la pequeña saltó lo volvió a elevar.

―¡Hermanito!

―Jajaja, vale, toma. ―Le entregó el regalo antes de caminar los pocos pasos que le quedaba hasta su asiento. Una ves allí miró a su padre quien lo miraba serio.

A tomar el regalo se dejo caer al piso y comenzó arrancar el papel, con pocos tirones dejo descubierto su regalo. Un balón de fútbol soccer, pero este no era como los demás. Este no era blanco y negro, sino amarillo y negro, su color favorito. Agarró con fuerza el balón y comenzó a dar pequeños saltos de la alegría.

―Gracias, gracias, gracias, ¡gracias!

/_·_·_·_/

Desde ese día siempre estaba jugando con el balón. Le encantaba patear ese objeto, era tan divertido. Pasaron dos años, dos años en los que estuvo observando a su hermano, el capitán del Kidokawa y un mediocampista que podía cambiar de defensa a atacante en un abrir y cerrar de ojos. Cada partido que veía era incapaz de apartar la vista de su hermano, le admiraba y quería jugar como él.

Las clases habían acabado y estaban en vacaciones de verano. Por lo que hoy que sus padres tenían que hacer cosas él tenía que cuidar a su hermana. Ambos hermanos junto a Mik, el mejor amigo del castaño, se encontraban en un parque cercano a su casa. Andy miraba con una sonrisa como Mik y su hermana jugaban al fútbol, bueno, más bien como el chico de ojos ámbar mareaba a la pequeña. Aunque llevara dos años practicando fútbol no era muy buena, lo normal de un pequeño de seis años casi recién cumplido. Andy no pudo retener una sonrisa a ver a su hermana, era la viva imagen de ellos, las dos personas que le enseñaron amar el deporte y sobre todo el fútbol.

Rosen consiguió tocar el balón haciendo que se alejara de ellos. Antes de que se fuera más lejos comenzó a correr tras el. Según se iba alejando escucho como el amigo de su hermano se quejaba de lo cansado que estaba, que como podía aguantar eso todo los días. El balón acabo rebotando contra el píe de un chico que corría tras otros niños. A ver el balón se agacho a recogerlo y miró a su alrededor en busca del dueño.

―¿Me lo devuelves? ―Pidió con una sonrisa mientras extendía las manos.

―Ah... si.

Dio unos pasos para poder estar más cerca. Una ves le dio el balón se percató las marcar que tenía el dueño el balón. Les parecía extraño, eran muy raras. Una estaba en su cuello, otra en el antebrazo izquierdo.

―¡Gracias! ―Grito lleno de energía.

Miró confundido al chico de delante, ¿por qué gritaba? Estaba al lado. Rosen se fijo un poco más en el chico, su cabello de color crema le recordaba a algo, pero no llegaba a recordar a que.

―Ne, ¿te gusta el fútbol? ―Preguntó mientras mostraba el balón.

―Si.

―¿¡Quieres jugar!? ―Ofreció con una sonrisa.

El pequeño de ojos castaños la miró con seriedad, iba a responder pero la voz de uno de sus amigos hizo que no dijera nada. Uno de los niños a quien perseguía le llamaba para que se diera prisa en volver al juego. Al mismo tiempo desde la otra dirección Andy la llamaba mientras movía los brazos en gesto de que se iban.

―Mi hermano me llama. ¡jugaremos otro día! ―Gritó antes de salir corriendo.

El pequeño se quedo viendo como se alejaba mientras pensaba lo escandaloso que era ese chico...

Nadie podía pensar que ese encuentro tan corto y por coincidencia llegara a algo más, a una amistad tan fuerte que ni la distancía fuera capaz de romperla. ¿Pero todo eso fue cosa de la casualidad o destino?

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Los pequeños de seis años comenzaban hoy las clases, tras un lago verano de diversión, playa, piscina, guerra de globos de agua etc, llegaba la tranquilidad de la escuela, tocaba aprender, ser un poco más mayores. Uno tras otro los niños comenzaban a presentarse, decían su nombre, quienes eran sus papás y hermanos, y que había echo en verano. Mientras que todos escuchaban atento el relato de uno de los niños sobre como encontró un tesoro pirata, había uno que no prestaba mucha atención. Él miraba por la ventana con aburrimiento. Aunque tenía seis años no lo parecía, era muy serio y poco hablador.

―¡Ahora me toca ami! ¡soy Rosen Fire! ¡Me gusta mucho jugar fútbol y los animales! ¡Mi mamá es muy buena, y mi papá un poco gruñón, pero siempre me levanta en brazos y juego con migo! ¡También esta mi hermano mayor, la persona mas genial de toooooooodo el mundo!

El chico de cabello crema volteó para ver quien había gritado, ¿no sabía hablar normal? A verle no pudo evitar sorprenderse, era el chico del parque, ese a quien le devolvió el balón. Quien estaba a su lado volteo a verle, una ves lo hizo su sonrisa se agrando. Esa sonrisa... esa sonrisa hizo que el chico comenzara a sentir algo extraño. Se mantuvo unos segundo en silencio, segundos en los que al profesor le dio tiempo en decirle que le tocaba a el.

―Eh... soy Goenji Shuuya...

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Inevitablemente el tiempo continuó pasando. Andy se había convertido en un jugador magnifico, un jugador que llamaba la atención de todo el mundo, varios clubes deportivos querían que entrara en sus instalaciones, un jugador como él era una apuesta segura. Pero el castaño no quería dejar Japón, él no nació allí, pero aun así consideraba ese país como suyo. Rosen tenía siete años y cada día que pasaba más amigos tenía y mejor se volvía jugando. A comenzar la escuela entró en un equipo, su padre se opuso al principio, pero al final, y como siempre, lo que dijera Andrea era lo que se hacía, y ella estaba a favor de que jugara en ese equipo. Allí, por casualidad coincidió con su compañero de clase Goenji Shuuya. Al principio casi no hablaban, pero de un día para otro comenzaron a llevarse genial. Siempre estaban juntos. Nadie ni nada podría pesarlos... o eso creían ello.

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Goenji esperaba con paciencia a Rosen, normalmente eras él el que llegaba tarde, pero por algún motivo hoy lo hacía ella.

Bajo la sombra de uno de los arboles del parque la seguía esperando.

Miró por décima ves la hora en el reloj de plástico que llevaba en la muñeca, cada ves se retrasaba más.

Preocupado e impaciente miraba en todas las direcciones, no había rastro de ella.

Ya estaba cansado de esperar, iba a volver a casa cuando la vio, a lo lejos venía caminando a pasado lento, con la mirada baja y sin despegarla del piso, algo le pasaba. Sin pensarlo dos veces comenzó a correr en su dirección hasta quedar enfrente de ella.

―Rosen... ―Susurró preocupado.

La chica no levantó la mirada, la dejo clavada en el piso. La miraba sin saber que hacer, nunca la había visto de ese modo, ¿que debía hacer? Agarro con fuerza la mano de la chica y comenzó a correr. Ella no entendía nada, ¿qué estaba pasando? Pero aun así se dejo guiar por el de ojos castaños. No quería verla así, quería que volviera a sonreír, que volviera a gritar su nombre para llamar su atención, que volviera hacer ella quien le llevará a tirones por donde quisiera... no soltar su mano.

Los dos pequeños de ocho años quedaron delate a la fuente principal del parque. Rosen le miró sin entender que asían allí. Y de la nada su expresión cambio a una de sorpresa. Era verano, claramente hacía calor, pero nunca imagino que Goenji sería capaz de entrar en el agua de la fuente y comenzar a jugar lanzandole un poco de agua. Ya no recuerda cuantas veces dijo de que hicieran eso para no pasar tanto calor y el de cabello crema se negaba, y ahora... ¿el era quien entraba?

―¡No es justo! ―Protesto a gritos mientras entraba junto al chico para salpicarle.

Y así de fácil se olvido de su problema, se olvido de todo lo que le había echo sentir tan mal, ahora solo quería sonreír y pasarlo bien junto a él. ¿Cómo podía conseguir ese efecto en la chica?

/_·_·_·_/

―¡NO! No te puedes ir. ―Gritó al borde de las lagrimas.

―Lo-losiento... goenji-kun...

Los dos pequeños estaban empapados, después de hacer jugado con agua es normal. Uno estaba enfrente del otro, él miraba el suelo cerrando con fuerza los ojos y puños, no podía ser verdad. Ella miraba a otro lado unas pocas lagrimas resbalando por sus mejillas. Algo alejado de los pequeños estaba Andy esperando paciente a que terminaran de despedirse con el corazón partido de ver en ese estado a su hermana. Con el dorso de su mano limpio las pocas lagrimas que se acumularon en sus ojos. Con la otra mano rebuscaba algo en su bolsillo mientras se acercaba a ella.

―Te la quería dar antes... pero entremos en el agua y acabo empapada... ―Saco de su bolsillo una pulsera de tela de un color verde muy llamativo, en el centro tenía escrito "SxR". ― Es una pulsera de amistad... ―Agarró la mano derecha de la chica y le anudo la pulsera. ―Nos tenemos que volver a ver...

―¡Prometido! ―Gritó haciendo que el no pudiera terminar de hablar. Intentó guardar las lagrimas, pero ya no podía más.

Entrelazaron sus meñiques para sellar su promesa, pocas veces se prometían algo, pero su lo hacían lo cumplían, daba igual lo que fuera, siempre lo cumplían. Daba igual donde se fuera Rosen a vivir, España o Canada. Tarde o temprano ellos volverán a estar juntos.

~Continuara~