Y ella desapareció ante sus ojos esmeralda. Ya no esta... y quizá nunca mas fuese a verla. La única mujer a la que había amado en su vida, por quien había mata al el Tiempo dos veces y por quien se había arriesgado a atacas al terrible Jabberwocky a sabiendas que no debía pues esa era la batalla de Alicia Kingsley, la salvadora de Infratierra y la dueña de su corazón, y por quien ahora entristecía.
"Podrías quedarte" fueron sus palabras, pero no se quedo, el sabia que debía volver a su mundo, a Inglaterra, a continuar con su vida hasta la próxima vez que volviese a el País de las Maravillas como le llamo la primera vez que visito el lugar. Aun sabiendo eso, Tarrant Hightopp no podía evitar sentir dolor, pena y una profunda tristeza.
Todos los presentes lo miraban expectantes, como esperando a que se largara a llorar, pero el sombrerero no dejaría que le viesen liberara una sola lagrima por lo que miro a sus amigos y esbozo una sonrisa de dientes separados. Convencidos todos de que estaba triste al mismo niel que ellos se fueron y le dejaron solo presintiendo que eso prefería el hombre de cabello anaranjado. No se equivocaban.
El atardecer estaba apunto de dar paso a la noche cuando Tarrant decidió salir de lo que hace unas horas fue un campo de batalla. Ya era de noche cuando llego a su habitación que tan amablemente le había dado la Reina Mirana para que se instalase durante el tiempo que él quisiere. Tras cerrar la puerta, se desvisto y camino hacia un espejo de cuerpo completo que yacía en un rincón del enorme cuarto. Observando su pálido cuerpo bañado por la luz de la luna que se colaba por la ventana aprecio uno de otro hematoma que contrastaba con su blancura. Fueron hechos cuando era prisionero de la malvada Reina Roja, siendo torturado por Stayne en un vano intento que dijera donde estaba Alicia. Mas que vano, jamas la traicionaría. El estaba y estará dispuesto a morir por Alicia si fuese necesario, de hecho casi fue decapitado por mandato de Iracebeth al saber que el era fiel al reino de Marmoreal y la Reina Blanca y, por supuesto, de la joven de rizos dorados.
- Oh Alicia, no sabes cuanto te extraño. Nunca podré decirte todo lo que te amo y cuanto te deseo a mi lado- y tras estos susurros cargados de dolor, tibias lagrimas se deslizaron por su mejillas y dejando escapar un gemido, sus ojos abnegados en lagrimas liberaron el torrente que deseaba salir desde el momento en que se dio cuenta de que su bella Alicia no se quedaría en Infratierra.
