«El universo de Fairy Tail y sus personajes no me pertenece, sino a Hiro Mashima»

Pairing: Elfman y Evergreen.

Palabras: 426.

Porque un hombre debe ser fuerte.

El hombre tenía que ser EL hombre, de eso no cabía duda, pero ser EL hombre no era únicamente ser una masa de músculos y golpear a los malvados que van tras las doncellas en apuros, esperando a cambio un tierno beso en la mejilla como agradecimiento.

De ninguna manera.

Porque la «doncella» en cuestión era un persona... algo especial. Del tipo que te deja de piedra al verla, literalmente.

Oh, sí. Ella no necesitaba un hombre que la protegiera porque podía protegerse a sí misma, es mas, como intentaras convencerla de lo contrario bien que podrías sentarte a esperar a ver los años pasar —cabe destacar que convertido en piedra— antes de que cediera.

De alguna forma, tal vez ella era la única que lo entendía— No necesito que me cuides, ve a revolotear por ahí—, que por alguna jugarreta del destino lo apreciaba a su manera; retorcida y arrogante.

Se sentía bien tener a alguien tan fuerte de espíritu cerca— Ever, dejame ayudarte—, aunque era bastante complicado interactuar en el principio, conforme pasaba el tiempo se volvió natural.

Y entonces la costumbre se volvió necesidad.

Elfman aseguraba que Evergreen era de las personas que necesitan una correa porque son bastante destructivas si se las deja a su suerte. Por ello, se aseguraba estar cerca para evitar una posible catástrofe apenas le veía arrugar el rostro. Ella era aterradora.

EL hombre nunca díría que le gustaba ver la sonrisa loca que ponía a veces cuando lo atrapaba haciendo una tontería, pero admitía que era algo difícil dejar de contemplarla— Elfman, llevas rato mirándome—, si se ponía a pensar, le sorprendía bastante no haber terminado de piedra hace ya rato— Lo siento, Ever.

Nunca admitiría que— vergonzosamente— le faltaba la hombría suficiente para dedicarle un elogio. Así que hacía lo que podía, a su manera. Pero hasta EL hombre se dio cuenta que darle el asiento con ventanilla no sería suficiente para que se dé cuenta.

Tenía que encontrar la forma de que ella se diera cuenta— Elfman, cierra los ojos— antes de que fuera demasiado tarde para él— ¿Qué planeas Ever?—, o para ambos. Tenía que haber algo que pudiera hacer— No me hagas enojar y haz lo que te digo.

Entonces, fue la dama quien, irónicamente, fue más hombre que EL hombre. Aunque en el fondo, eso no le molestaba en lo absoluto.

Porque el hombre ya no era EL hombre, siempre le había pertenecido a la dama. Era suyo, y de nadie más.


Notas de Autor:

Subrio, hablar contigo me hacer escribir Elfgreen, asi no se puede vaguear.

En fin, espero que esto les haya gustado, millones de gracias por leer.

Creo que es mi primer Elfgreen, y para ser franco, me ha gustado bastante. Ciertamente son una linda pareja.

En fin, saludos.

~Scarpillo.