Holaaa~ ¿Me habéis echado de menos? *-* ¡Decid que sí! (?) Vale, fuera idioteces~~ A ver, a ver... Esta vez vengo con una historia de KHR!, totalmente inventada ._. Hay partes que, si no entendéis, estaré encantada de resolver la duda D:
Igualmente, espero que todo se entienda y os vaya bien y disfrutéis de la lectura è_e
Ale, a disfrutar 8'D
Corrían las siete de la mañana cuando el pequeño se había levantado. Ese día lo llevaría a la mansión donde después trabajaría, como el guardián de la niebla. Su sensei le había dicho que no se acercara mucho a la gente de aquél lugar, ya que era una de las familias más peligrosas de toda Italia. La Varia. Se miró al espejo. No sería más que un relevo, por que su anterior guardián se había marchado por su propio pié de allí. Debía de ser duro no tener a una pieza de la familia, aunque su maestro no lo llamaba de esa manera. Le decía que, en vez de estar dolidos, estaban ''desprotgidos''. Se rascó su ojo izquierdo con su puño, para salir de su habitación. Su sensei aún dormía, tal vez era demasiado pronto para él. Bajó lentamente las escaleras por miedo a caerse, ya que aún estaba bastane dormido y pesado. Bostezó y bajó el último escalón, dirigiéndose a la cocina. No había nadie levantado, y mejor para él. Gustaba de estar solo y tranquilo, ya que desconfiaba de toda persona que habitara a su alrededor.
Arrastró una silla hasta delante del frigorífico, se puso encima y lo abrió. Para tener 8 años era bastante bajo, y eso causaba que la mayoría de la gente se equivocara con su edad. Sacó el cartón de leche y se sentó de piernas cruzadas, bebiendo diractamente desde éste. Dió un par de sorbos, mirando el suelo, hasta que se cansó y la dejó dentro de la nevera de nuevo. Bajó y volvió a colocar la silla. Subió de nuevo las escaleras, con cuidado de no caerse de bruces. Cuando estuvo arriba, vió como la puerta de la habitación de su sensei se habría, dejando que saliera Mukuro. Le miró, pero no le dijo nada. Andó a su lado, más bien en dirección contraria. Le despeinó con la mano, para empezar a bajar las escaleras. Se tocó el cabello, pensando que tenía algo en éste. Cuando verificó que no, entró en su habitación y se subió sobre su cama, buscando el cepillo del cabello. Cuando lo encontró se peinó un poco, como pudo; Se bañó con agua caliente, y finalmente, se vistió. Eran las ocho y media de la mañana, y el sol empezaba a iluminar las calles.
Salió de la habitación, bajando de nuevo las escaleras con precaución. Se sentó en un sillón de la entrada, con las piernas encogidas y arropadas con sus brazos. Vió como salía su sensie de la cocina, ya arreglado, para alargarle la mano. Saltó del sillón, agarrándose a su mano. Sabía a dónde se dirigían y para qué. Lo que desconocía era, por qué lo iba a intercanviar su maestro; No preguntó, más bien se sentó en su lado de la limusina, se puso el cinturón de seguridad y miró por la ventana.
Al pasar las horas llegaron a una juguetería, dónde vió un peluche de una rana. Cogió a su maestro de su chaqueta, pidiéndole que le comprara el peluchito. Al principio se negó, pero él siguió insisitendo. Le dijo: ''Fran, tú ya no tienes edad para ir jugando con peluches'', pero igualmente bajó con él, cogieron el peluche, lo pagaron y regresaron a la limusina. Cuando se sentó, abrochó el cinturón, se acomodó y finalmente escuchó como cerraban la puerta de la limusina, miró a la ranita. Era un peluche, de grandaria media, verde rana, con los ojos algo verdes, como los suyos. Sonrió un poco. La llamaría brinquitos.
Jugaba con la rana sobre los asientos libres, haciendo que saltara y algunas veces croara. Su maestro se reía divertido, pero él no le prestaba atención. La verdad, pocas veces le pedía a su maestro que le comprara alguna cosa, pero estaba deseoso de poder tener un peluche en forma de rana. Eran de sus animales preferidos, tanto podían vivir en el agua como en tierra firme. Además, se alimentaban de bichitos, cosa que le quitaba molestias en verano de no ser atacado por ellos. Le gustaban las ranitas, pero nunca había tenido un peluche o un solo juguete de ellas. Bostezó largamente, abrazándose a brinquitos. Con los ojos entrecerrados vió que su maestro le miraba.
-Fran, duerme. Aún falta un poco para llegar.
Y eso hizo. Cerró los ojos, acomodándose en el asiento, abrazado a su rana.
Se despertó por que la limusina dió como un salto. Abrió los ojos, algo sobresaltado. Miró a su alrededor, viendo como su maestro seguía mirando por la ventana, sin muchas ganas de nada. Miró por la suya, viendo que ya se adentraban por un camino esfaltado. Miró un poco más hacia el horizonte, viéndose en él una mansión enorme. Seguro que se dirigían allí. Miró a su maestro de nuevo, el cual le sonrió de medio lado y volvió a acariciarle el cabello. Se dejó hacer, abrazado a su peluche; La verdad, ahora se le habían ido las ganas de conocer su casa ''de mayor''. Apretó a brinquitos contra su cuerpo: al menos tenía algo a lo que aferrarse.
Cuando el coche paró, su maestro bajó de la limusina, la rodeó y abrió su puerta, ayudándole a bajar. Le tomó de la mano, andando hacia la entrada. Vió como unos guardias miraban a Mukuro-sensei, pero enseguida le dejaron pasar al fulminarle él con una de aquellas miradas asesinas que le lanzaba cuando decía algo fuera de lugar o algo que no le gustaba. Entraron dentro; La casa era enorme, lujosa, digna de una familia adinerada y poderosa de Italia. Su maestro le dijo que esperara sentado en uno de los sillones de la sala que se entreveía delante de ellos. Andó hacia allí y se sentó en un sillón, mientras el peliazul subía las escaleras.
Mukuro sabía muy bien a lo que iba a buscar; Sería un trato rápido con Varia. Solo pedía la gema que tenía en su poder Xanxus. Si se la daba, él le entregaba a un guardián de la niebla, además de entrenado por él, con un anillo un tanto especial. El 666 hacía respondido delante del pequeño peliverde. Todo iba sobre ruedad, pronto tendría en su poder lo que anhelaba de Varia, y Varia, lo que les faltaba.
Belphegor se aburría encerrado en su habitación, hoy las misiones habían sido canceladas a todos. Suspiró con fuerza, para después reírse de aquella manera tan característica suya. Ya que no había misiones, iría a molestar a Squalo. Al menos, así, se le pasaría rápido la mañana, y tal vez, encerrada, la tarde. Saltó de la cama, para colocarse su coronita y salir andando de la habitación. Hacía poco que había cumplido los 15, y necesitaba ''acción''. Se acercó a las escaleras, cuando escuchó a alguien hablar. Bueno, más bien que hablar, parecía que alguien estaba jugando. Se acercó a las escaleras, y sin hacer ningún ruido, se acercó a los últimos escalones. Vió a un pequeño niño jugando con un peluche sobre el sofá, mientras Lussuria le observaba desde la cocina. Parecía que no le importaba que el guardián le estubiera observando.
Regresó la mirada al niño del sofá. Pantalones negros cortos, sobre las rodillas; Unas botitas negras, a juego con los pantalones. Subió la vista, llevaba una camisa blanca de verano, con tirantes que le aguantaban los pantalones. Bajó los últimos escalones que le quedaban, para andar hacia el pequeño. Mammon le había abandonado, y necesitaba molestar a alguien para no morir de puro aburrimiento. Rió con su risa cínica, característica suya.
-Niño rana~ -le llamó, pero el pequeño no se giró. Volvió a llamarle, pero tampoco. ¿Como osaba no hacerle caso al príncipe?
Fran, de mientras, escuchando de fondo la voz de alguien, jugaba con su rana encima del sofá. Entonces notó como alguien se sentaba a su lado. Dejó de jugar con brinquitos y se giró, viendo a un chico mucho más mayor que él, pero más joven que su sensei. Llevaba una corona que le adornaba el cabello rubio láceo, que le cubría los ojos. Su camiseta era rayada, entre violeta y negra. Sus botas le llebagan hasta las rodillas, oscuras, como las pantalones que estaban dentro de éstas. Le sonreía cínicamente, enseñándole todo los dientes. Se abrazó al peluche, mirándole aún; Se moría por ver sus ojos.
-Niño rana, ¿ya vas a hacer caso al príncipe? Shishishishi~
Abrió los ojos un poco más, clavándole la vista donde deberían quedar sus ojos. ¿Quién era ese chico, y por qué le hablaba a él?
Bien, la autora no se quejará si se le lanzan piedras, patatas o a Fran 8'D
Es un intento fail del BelFran -lo ama- y bueno, siento que sea tan corto ;w; -huye antes de que le tiren patatas rosas con mini Franes- (?)
