Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son creación de Tadatoshi Fujimaki. Yo solo los shippeo muy fuerte. (xD) No me pagaron para escribir esto.
Capítulo I: Ya no importa
—Se ve muy mal, ¿verdad?
Aomine no respondió y Kise bufó un poco divertido, buscando con entusiasmo los ojos azules del moreno, pero este rechazó el contacto visual y en cambio presionó un poco sobre la herida, haciendo a Kise chillar un "¡Qué cruel!".
Nadie sabía cómo demonios habían llegado a esa situación. Es decir, sí, Aomine sí recordaba haber dejado su morral lleno de las camisetas sucias de la semana en medio del pasillo (y él no tenía la culpa, si no Midorima, quien le había obligado a sacarlas de su casillero) y Kise sí recordaba haber entrado corriendo sin ver por dónde iba, como era típico en él cuando escapaba de su pseudo novia/acosadora de turno. Pero entre tanto jaleo que armó Kise, con la cara muy roja y tratando de arrastarse para no ser visto, nadie sabía cómo es que ambos se habían quedado solos en la cancha de la primera categoría. Todos los milagros se habían esfumado y Aomine no supo cuándo ni por qué. Es decir, ¡ni siquiera estaba Kuroko ahí! Y Aomine lo buscó y rebuscó con mucho ahínco en cuanto se dio cuenta de que se había quedado a solas con el modelo-idiota-de-los-cojones. Soltó algunas groserías en cuanto, supuso, su consciencia y buena moral le obligaron acercarse a Kise, quien muy agitado se sobaba las mejillas sin idea de que se había abierto una herida en la frente. Y así había sido que Aomine terminó curando a Kise.
—De cualquier forma no importa. —musitó después de unos minutos de silencio en los que Aomine se limitó a juguetear con el algodón entre sus dedos—. Ya no importa.
Kise dijo que no importaba, pero la herida seguía ardiendo y Daiki seguía callado. No era usual, pero esta vez Kise sabía por qué. Kise sabía que, normalmente, Aomine no le diría nada a menos que tuviera la oportunidad de reírse de él, pero el problema era que ese era el momento perfecto para reírse y hacerle notar lo ridículo que era, así que Kise sintió como una necesidad imperiosa que debía aprovechar para recordarle que hacía un par de semanas le había confesado su amor de la forma más casual y disimulada que había podido.
Entonces Kise lo había dicho como quien no quiere la cosa, como si fuera normal andar por ahí soltando oraciones quita aliento sobre lo mucho que admiraba al moreno y que amaba su forma de jugar pero amaba mucho más pasar tiempo con él, jugando un uno a uno después de cada entrenamiento. Le había dicho también que estaba celoso de Kuroko y que todo aquello le había sobrepasado hacía rato. Aomine al inicio había sonreído amargamente, ya muy consciente de su exorbitante poder y de que el único que podía vencerse era él mismo. Pero luego, cuando se dio cuenta y entendió que las palabras no tenían el mismo significado de siempre las cosas cambiaron mucho y hasta sintió su interior arder (porque Daiki no se sonrojaba con mariconadas como esas). Se había tardado un poco/bastante en darse cuenta (o eso le había dicho Kuroko dos días después cuando Aomine no pudo lidiar con el asunto y se lo contó todo). El moreno había continuado dribleando y Kise jadeó, completamente vencido, en cuanto el as de Teiko lanzó y el balón atravesó el aro limpiamente.
—A veces todo lo que dices suena tan gay, Ryouta. Andando, a menos que quieras que te vuelva a patear el trasero.
Kise había soltado una risita tímida y murmuró "Pero solo me gusta Aominecchi, eso no me hace gay, ¿no?". Y luego tuvo el descaro de sonrojarse. ¡Se sonrojó! Aomine era el más cohibido en la situación, pero era Kise quien se volvía el hombre tomate. Entonces, Daiki se había esforzado mucho en rememorar las bubbies grandes que había estado ojeando en una revista esa misma mañana y que nada tenían que ver con el pecho plano del rubio, quien recuperado de su sonrojo (no tardaba nada el descarado) se colgó de su brazo exclamando: "¿Ehhh? ¿Aominecchi no va a decir nada? Qué cruel".
Aomine no supo cómo volvió a casa y cómo pudo dormir esa noche. No era la primera vez que alguien se le declaraba y, aunque nunca había tenido novia, no podía creer que estaba reaccionando de esa forma. Por afuera seguía indiferente y hasta burlón, pero por dentro estaba completamente cohibido (incluso si no estuvo dispuesto a aceptarlo en voz alta, cuando Kuroko le preguntó). ¿Y qué si Kise intentaba algo? ¿Y si todo aquello terminaba desarrollando en algo?... Aomine compró muchas revistas porno esa semana y faltó al entrenamiento casi todas las tardes (casi porque Shintaro y Akashi lo arrastraron hasta la cancha el viernes). Y allí fue cuando Kise aprovechó para recordarle lo innombrable. Aomine había tenido la esperanza de que Kise se había arrepentido de lo que había dicho y que, en el mejor de los casos, lo había olvidado, pero en cuanto terminó de ponerle la curita en la frente y Kise murmuró que "ya no importaba", Aomine se dio cuenta de que no hablaba precisamente de la herida.
—Bien, mejor olvidemos el asunto.
Kise le observó cuidadosamente. Lucía contrariado, pero no dijo nada hasta que ambos se pusieron en pie. Sonrió antes de coger su morral y soltar:
—Aominecchi, dije que ya no importa, no que vaya a olvidarlo. Este tipo de cosas no se evaporan de la noche a la mañana y no soy de los que se dan por vencidos tan fácilmente. Ya deberías saberlo.
—No seas fastidioso, Kise. De cualquier forma, no sé qué es lo que esperabas diciendo eso pero no voy a cambiar de opinión.
—Vamos, vamos, Aominecchi, es por eso que digo que ya no importa.
Kise caminó hasta las puertas del gimnasio y le hizo un gesto de despedida mientras le sonreía anchamente. Aomine bufó. ¿Qué había sido eso? ¿Significaba que en serio le iba a dejar en paz, ya no más palabras cometarro ni declaraciones gay?
Caminó lentamente todo el recorrido hasta su casa. Deseó que Kuroko estuviera cerca, de alguna forma, el enano lograba desentrañar los significados ocultos de todo lo que el rubio le decía pero el traidor le había dejado a solas esa tarde. Cuando llegó a casa, su mamá le sirvió la cena y se dedicó a contarle algo sobre la casera y su esposo, pero más tarde, Aomine ni siquiera fue capaz de recordar de qué habían hablado ni tampoco lo que había cenado.
Estiró los brazos, ya acomodado sobre su cama, y los puso bajo su cabeza, a modo de almohada. Se suponía que debía estar más tranquilo, pero no dejaba de pensar en Kise. No era justo.
Una vez más recordó al rubio diciendo que ya no importaba y Aomine, adormilado como estaba, decidió confiar en las palabras de Kise. No debía darle importancia.
Notas de la autora: Hola, y gracias si llegaron hasta aquí. Me demoré bastante en escribir esto, que ya venía con la idea hace más de un mes pero por cosas en la universidad, no podía ni siquiera pensar en mi OTP de KnB. u.u En fin, esto debería tener una segunda parte y espero poder terminarla pronto. Si me dejan reviews, sería muy feliz.
