De Intercambios y Pociones.

Capítulo uno: De amnesia e ideas estúpidas.

Al despertar de lo primero que se dio cuenta es que esa no era su cama. Su cama era suave y las almohadas que utilizaba eran de plumas de ganso. Definitivamente esa no era su cama, porque a pesar de tener los ojos cerrados y permanecer inmóvil, miraba esa niebla rojo-naranja que aparece cuando tus ojos están así y el sol te da plenamente en la cara. El sol nunca le daba en la cara por las mañanas ni por las tardes, tenía la mejor habitación que el castillo le pudiera ofrecer a una persona que odia despertar abruptamente. Y sinceramente, a nadie le gusta despertar abruptamente por el sol, y al que le gusta esta demente o en coma.

Yaciendo en la cama inmóvil, trataba de recordar como es que llego al ala de enfermería. Por supuesto que sabía que estaba en la enfermería, esas sábanas ásperas y ese olor tan sui generis que su mente solo los podría acomodar en ese lugar que tan bien conocía, la zona de Madame Pomfrey, ya sea por sus méritos como ahora, o por los de los cabezotas de Harry y Ron.

Si cabezotas, porque seguramente estaba ahí por su culpa, ya que lo último que recordaba era la mazmorra de pociones, donde se encontraba alegremente partiendo el hígado de dragón para la poción del día de hoy, la poción Shape-shifter.

¿Hoy? ¿Aún será hoy?

Seguramente alguno de los cabezotas de sus amigos logró explotar su caldero y fue impactada por un artefacto disparado con dirección a su cabeza. Tal vez ahora se encontraba en coma y todo era un sueño y sus amigos estaban llorando y pidiéndole perdón a su cuerpo inerte. Como me gustaría escucharlos. Merecían el sufrimiento, no era justo que solo ella se llevara la parte mala de toda la situación.

¡Ja!

Seguramente Snape ya tenía limpiando con un pequeño cepillo de dientes al idiota culpable de que estuviera en coma. Pero si estuviese en coma, ¿podría recordar algo? Y si tal vez hubiese recibido un golpe en la nuca que haya diseccionado su médula ósea a nivel de la tercera cervical, y su cuerpo solo pudiera hacer cosas como pensar y dormir, y nada más, absolutamente nada más, ¿como si estuviera atrapada dentro de su propio cuerpo?

Ok… tranquilízate, demasiado Dr. House. Ya decía mi madre que esa serie te vuelve paranoica.

Seguramente solo tenía que esforzarse un poco para poder mover su cuerpo. Debía empezar por algo básico, como abrir los ojos, y luego… mover el dedo gordo. ¡Basta! Demasiadas repeticiones de Kill Bill. Hasta parece que mientras más ansiosa estoy, más estúpida me vuelvo.

Finalmente, luego de una diatriba mental y un poco de esfuerzo, logró abrir los ojos hacía un cálido sol resplandeciente. Bien, ahora tenía que revisar que no tuviera la dichosa disección medular. Cerró los ojos como si fuera mejor no ver la realidad en caso de que lo peor ocurriera.

Lentamente, como si tuviera miedo, comenzó por mover la mano izquierda, primero el índice y luego el pulgar. Hizo un puño, y sintió la misma dicha de quien saborea un helado de limón en una tarde de verano calurosa.

Intento flexionar el codo y levantar el antebrazo, pero lo encontró difícil, el brazo se sentía como peso muerto, así que se rindió y de reojo intento observar que detenía su brazo. Lo que no esperaba es que su brazo no estuviera ahí…

Qué mierd…!

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Debí haber abandonado la docencia en cuanto pude, pero no, ahí estaba McGonagall en mi habitación en San Mungo suplicando que regresara, justo cuando me hallaba enclenque y vulnerable, recuperándome de la mordedura de la maldita lombriz de Voldemort.

Que vueltas da la vida, cuando por fin iba a liberarme de la carga que era, es, el mundo para mí, regresa el niño que-vivió-otra-vez-para-joderme-la-vida y estrujó la muerte de mí ser con la estúpida cotorra de Dumbledore, Fawkes. Según me contó Minerva después de abusar de mi estado debilitado para volver con los pequeños tontos de Hogwarts.

Fue lo primero que pasó por la mente del profesor Snape, actual maestro de pociones de Hogwarts. Aun no terminaba de desperezarse de la cama en la que estaba, sintiendo el cuerpo más relajado que de costumbre, cuando un berrido lo hizo sentarse de manera estrepitosa en la cama al mismo tiempo que buscaba la varita debajo de su almohada.

Pero abandono la búsqueda cuando vio frente a la cama, aparentemente de la enfermería, a su doble el cual se veía las manos, se palpaba el rostro, el pecho y por ultimo miraba de manera perturbada la marca tenebrosa, que si bien se estaba borrando, todavía se notaba contra su pálida piel.

¡Tengo que estar soñando!

Fue entonces que su doble se percato de sí mismo, quedándose pasmado y boqueando como pez fuera del agua. ¿Tan patético y feo me veo con esa expresión?

¡Joder! ¡Sí!

‒ ¡Tu! ‒Dijo con un irritante falsete su doble, señalándolo. ‒Devuélveme ahorita mismo mi cuerpo. ‒ ¡Por Dios, se escuchaba así mismo como un travesti! Solo faltaba la boa de plumas y el maquillaje vulgar.

Se le quedo viendo perplejo. Es más, se señaló así mismo con un dedo en el pecho, cuando sintió algo suave y de consistencia firme. Fue entonces que se percato de su delicado dedo, con excelente manicura, acompañado de otros delicados deditos, formando lo que sería una mano pequeña y femenina, para nada como las suyas, grandes, masculinas y fuertes.

Decidió mirar "su cuerpo", observo dos protuberancias en su pecho, que claramente no eran para nada masculinas, demonios, hasta estaban firmes y redonditas como los senos de una jovencita, y claramente él no era una jovencita.

Levanto la sábana que cubría su regazo y vio unas piernas largas, firmes y delicadas, que claramente pertenecían a una mujer y definitivamente él no era una mujer.

Probablemente solo era un sueño extraño, creado por la estúpida explosión que Potter ocasionó en su laboratorio. Definitivamente, era un maldito sueño, de hecho una pesadilla y ahorita iba a entrar el profesor Flitwick y le iba a decir que si no se comprometía en matrimonio con él, lo iba a maldecir a una muerte social al mostrar nuevamente su trasero al aire, como se lo hicieron alguna vez cuando fue estudiante.

‒ ¡No, infiernos que no!

Se cubrió la boca no antes de haber acabado la frase proferida, no por la maldición, sino por lo ridícula que sonó en la voz de una jovencita, él no tenía voz de jovencita, de hecho se jactaba de tener una voz, que en palabras de Lucius, era seductora y varonil.

‒ ¿Ya por fin me vas a devolver mi cuerpo quien quiera que seas? ‒Habló la persona que habitaba su cuerpo con ese falsete de drag queen borracha.

Y todo hizo clic en su cabeza, observo la falda escolar y la corbata borgoña y dorada, Gryffindor. Tomo un mechón de cabello y no hubo duda.

‒Granger le ordeno que me devuelva mi cuerpo y me explique como es qué sucedió este incidente. ‒Ordenó airadamente el Profesor Snape dentro del cuerpo jovial de la señorita Granger.

¡Diablos!

La orden perdía fuerza en la voz tan femenina del cuerpo de su alumna, que en otra situación hubiese sido atemorizante profiriendo de su cuerpo. Y la Hermione dentro del cuerpo del profesor Snape, no pudo evitar reír, no sabía si por la frase dicha de forma atemorizante, por el seño fruncido que su cuerpo malamente caracterizó o por lo inverosímil de la situación.

‒ ¿De qué se ríe? No le encuentro nada de divertido a esta situación, de hecho la considero estúpida. Y a usted más porque se ríe como si estuviera convulsionando.

‒No es mi culpa que su cuerpo no sepa reír, así que quite ese seño fruncido de mi cara ¡porque me voy a arrugar!

‒ ¡Como te atreves pequeña sabandija!

‒ ¡Suficiente! ‒Interrumpió Minerva McGonagall, directora de Hogwarts. ‒ ¿Qué sucede aquí?

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Continuará.

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