Título: Crescendo psicótico
Claim: Ushiromiya Rosa, eventualmente también Ushiromiya Maria
Notas: Precuela y ongoing. Spoilers de las novelas hasta el EP7. Suposiciones mías sobre la vida de Rosa, no deben de ser tomadas como la verdad, sino como mi interpretación a todo lo acontecido en las series.
Rating: T
Género: Angst/Drama
Tabla de retos: Corolarios
Tema: Si un trabajo se ha atascado, todo lo que haga para arreglarlo sólo conseguirá empeorarlo.


Probablemente ése es uno de sus primeros y dolorosos recuerdos, la pieza fundamental por la cual el producto terminó torcido. Rosa nunca había pensado ni esperado mucho de su vida, su mente infantil se entretenía con sus muñecas, sus juguetes y el colegio, era todo lo que necesitaba. Sin embargo, a nadie le importaba lo que ella necesitaba, a nadie le importaban los pequeños sueños futuros, infantiles e idealizados. A nadie, en resumen, le importaba lo que Rosa pensara, sino lo que podía ser, lo que querían que fuera.

Su madre la obligaba todos los días a seguir el ejemplo de sus hermanos, su madre le imponía altos estándares, incluso para una niña tan pequeña. Clases extra todas las tardes, un tutor privado para enseñarle idiomas, entrenamientos los fines de semana. No había tiempo para jugar, no había tiempo para ser una niña. Y los constantes gritos preguntándole el porqué no podía ser como su hermana —la siempre perfecta Eva—, sólo hacían que se sintiera peor.

Esa tarde, particularmente, estaba al borde de las lágrimas. Había abogado tontamente por el favor de su padre, para que liberara algunas de las cargas sobre su espalda, pero lo único que había obtenido a cambio habían sido más gritos, más insultos y más humillación. ¡Ningún miembro de la familia Ushiromiya ha sido tan incompetente como tú! ¡No eres digna de llevar mi apellido! Kinzo se había dejado oír por toda la mansión, incluso hasta los sirvientes sabían del incidente en el estudio. No obstante, lo que más le dolía y le pesaba eran las miradas de satisfacción en los rostros de sus hermanos, quienes no la compadecían, pese a estar en su lugar muchas veces, sino que se mofaban de ella, se creían superiores.

Eso la tenía al borde de las lágrimas, teñidas de frustración, de angustia y de ira. Frente a ella, un cuaderno emborronado con las tablas de multiplicar yacía en un charquito de agua salada, imposibilitado de cumplir su tarea, de enseñarle al miembro más incompetente en la familia algo útil. No era particularmente difícil aprender, pero no podía hacerlo tan rápido como todos esperaban.

—Siete por ocho —apoyó el lápiz con furia contra el papel, tratando de recordar el producto obtenido en base a esos dos números. ¡Lo sabía! Tenía que saberlo, ¿verdad?

—¿Qué haces, Rosa? —su hermana se acercó a ella con una sonrisa poco agradable temblándole en los labios, su mirada translucía un poco de burla y Rosa tuvo ganas de salir corriendo del comedor, para encerrarse en el único lugar seguro que le pertenecía: su habitación—. ¿Todavía estudiando? ¡Ah, pero ¿qué es esto? —Eva se había inclinado sobre la mesa con ademán insolente, para arrebatarle de las manos el cuaderno con símbolos emborronados y sucios—. ¡Muy mal, Rosa! ¡De esta manera no aprenderás! ¡Mira lo que has hecho!

—Dámelo, nee-san, tengo que terminar la tarea —a Rosa nunca le gustaba llevarle la contraria a sus hermanos, pues de esa manera lo único que conseguía era empeorar la situación—. Por favor.

—No. Creo que debo de enseñarte una lección —la hoja que contenía los preciosos apuntes se rompió en dos con ayuda de las manos de la joven, para después ser convertida en ínfimos e inservibles trocitos de papel—. Ahora deberás de hacerlo de nuevo. Deberías de darme las gracias, Rosa. Podrás aprenderlas una vez las repitas varias veces, ¿no he sido de gran ayuda?

Soltando una risita estridente, siempre burlándose de saber más que ella y de ser más que ella, Eva abandonó la habitación, dejando a la niña sumida en el más profundo llanto de odio.

Mamá y tú pueden morirse, fue su maldición ese día, mientras juntaba los trozos de papel, intentando buscarles un orden, pues ya no quería volver a pensar en nada complicado.

Ojalá se mueran.