Hola! Bueno, antes que nada este es uno de los proyectos que tengo, desde hace casi un año. Una serie de one-shots KxKula, que iré publicando poco a poco.

Cada uno es independiente de los demás, las historias serán distintas entre ellas y dependiendo de lo que se me ocurra puede haber de todo. Una vez más, lamento los OC y demás. Estoy tratando de corregir eso de la mayoría de mis fics. Bien, el primer momento que traigo es este, lo escribí aproximadamente en junio del año pasado así que es uno donde todavía se aprecia mucho el OC (u.u) pero la idea me gusta, así que, por favor, sean buenos conmigo ¿sí?

King of fighters no me pertenece. Hago esto con fines de entretenimiento.

Momentos del fuego helado

Momento Uno

Atrapada

Acurrucada en una esquina, una polvosa y cenicienta esquina de aquel callejón, enredó sus brazos alrededor de sus rodillas y trató de calmarse un poco. Todo su alrededor era caos. Caos, flamas y cenizas. No había más.

Pero apreciaba su vida, más de lo que temía a la muerte.

Se estremeció un poco. Ella sabía que debía vivir.

Sin embargo, los últimos días que habían pasado, parecían estar marcados para ser eso: los últimos.

Juntando todo el aire que podía en sus pulmones, respiró varias veces, intentando calmarse.

Su pecho se sentía pesado, el aire contaminado era insoportable, tuvo que toser varias veces para desembarazar sus órganos del humo.

Pero…era imposible respirar bien, pensando en el desastre que acababa con su ciudad.

Destrucción, derrumbes, incendios, inundaciones, epidemias… un holocausto exclusivo en Southtown, pues la calamidad se limitaba a esa zona. Habían sido recluidos por el ejercito, no había forma de salir ni de entrar, estaban incomunicados a excepción de las televisiones, que seguían funcionando. Pero teléfonos, computadoras y otros aparatos comunicativos no servían de nada.

Nadie sabía como era posible que ocurriera tal catástrofe, que además era aprovechada por saqueadores, ladrones y demás criminales para ejecutar sus fechorías, todo sumado a la muerte masiva que se daba con el paso de las horas. Chizuru, la sacerdotisa, creía firmemente que se trataba de un nuevo enemigo que trataba de destruirlos con ese ilógico caos que sólo afectaba a la ciudad de los legendarios luchadores del KOF. Sospechaba de una venganza.

De pronto los rayos cruzaron el cielo. La lluvia comenzó a caer lentamente, apagando el fuego de un edificio que estaba ardiendo en ese momento.

Pero Kula no vio esperanza en aquella lluvia, más bien, era la continuación de la destrucción. Era un ciclo interminable. Inundaciones, incendios, muerte.

La lluvia se volvió aún más fuerte, mientras ella seguía en esa esquina, abrazándose a sí misma. La lluvia mojó por completo sus cabellos y su cuerpo, a pesar de adorar el frio esto la hizo sentirse débil.

Al menos el aire era más limpio ahora. Tomó una profunda respiración y comenzó a cantar en voz baja, para si misma, arrullándose.

*Playground school bell rings again

La campana del patio de la escuela suena otra vez

Rainclouds come to play again

Las nubes de lluvia vienen a jugar otra vez

Has no one told you she´s not breathing? Hello

¿Nadie te ha dicho que ella no está respirando? Hola

I´m your mind giving you someone to talk to

Soy tu mente dándote alguien con quien hablar

Hello

Hola

Se abrazó un poco más fuerte, viendo a su alrededor. La gente se refugiaba en sus casas, bajo cualquier techo que tuvieran al alcance sólo tal vez para sobrevivir un rato más.

Enfermedad, tristeza, agonía. ¿Por qué a su ciudad? ¿Porqué a ella?

Todo se derrumbaba, se caía poco a poco. La gente era transportada en camillas, a los hospitales, o, cubiertos con una sábana blanca, a algún lugar al cual citar a sus familias para identificar los cuerpos.

A estas alturas, la locura estaba creciendo sobre la razón, había discusiones que desembocaban en peleas, a puños, si no era grave, a balazos, cuando ya era serio.

Había quien se refugiaba en las drogas y en el alcohol. Esa noche había visto por lo menos tres tipos, ahogándose de borrachos…literalmente.

Suicidios tampoco faltaban, se sabía por lo menos de 150 personas que habían optado por esto desde que dio inicio la tragedia.

De la población de la que fuera esta gran ciudad, quedaba apenas un poco mas de la mitad. En unos pocos días.

Ella había estado a punto de morir un par de veces. ¿Ayudar? ¿Con sus poderes? Lo habría hecho si alguien le hubiera ayudado a saber qué demonios hacer.

Pero estaba sola. Conocía a todos aquellos que tenían poderes, como ella, pero le había sido imposible encontrarlos, aunque vivieran en la misma ciudad. Había salido de su escondite una vez más para intentarlo.

Pero no lo había conseguido, y tenía miedo, demasiado miedo de cruzar la ciudad otra vez. Pensó que tal vez, después de todo, ya no quedara ninguno de esos héroes que ella había conocido.

Por eso ahora estaba en esa esquina, lamentándose.

Tal vez ella podía escapar también. Tal vez, después de todo, al final todos morirían, pues Southtown era una ciudad infame, llena de gente infame que había ganado su destrucción a pulso.

¿Pero que había de los niños, que no tenían la culpa de nada?

¿Y la gente buena?

Lloró con desesperación.

Pero algo detuvo sus pensamientos, su llanto y su respiración.

Al callejón entró, como para esconderse, un agitado muchacho, alto, de buen cuerpo, con una vestimenta un tanto violenta, se le notaba un chico fuerte. Al parecer no la notó en ningún momento, pero, luego de ver hacia las calles, se internó en el callejón. Al caminar unos metros, encontró, pegado a la pared, lo que a primera vista se le hizo un pequeño bulto. Al examinarlo más de cerca y dejando que sus ojos se acostumbraran a la luz, descubrió el rostro demacrado, los ojos llorosos, el semblante derrotado de una niña.

Se acercó, arrodillándose junto a ella, aproximó su mano.

Ella alejó su rostro, temerosa. Su lacio cabello, un poco enredado, calló sobre su rostro.

Él lo retiró con un movimiento cuidadoso. Su mirada estaba agachada, pero ella le levantó la cara y creyó ver a un fantasma frente a ella. Para asegurarse, tocó su rostro y retiró el flequillo, que le llegaba a la mitad de los ojos.

¿Cómo olvidar esos ojos grises? ¿Cómo olvidar ese pelo blanquecino, esa piel?

Por toda comunicación, la mirada gris se juntó con la roja.

No hacían falta explicaciones.

La lluvia no dejaba de caer, ambos estaban empapados e impresionados. Él, por haber encontrado a un ángel. Ella, por encontrar a un fantasma de su cruel pasado.

Pero había que hablar. Hacía tres años que no se veían. El se había ido y ella se había quedado completamente sola cuando desaparecieron Máxima y Diana.

-¿Cuándo volviste?

-Hace un par de meses, cuando supe que habían desaparecido. Pensé en buscarte pero no pude- avergonzado, bajó la mirada de nuevo.

Tanto tiempo solo, asustada, preguntándose donde estaba él, si no le faltaba nada, y él había dudado en buscarla.

-No creas que he sido tan egoísta. Sólo que fui un cobarde. Pero desde que comenzó todo esto, no he hecho más que buscarte. No tienes una idea de lo que estoy sintiendo, ahora que te he encontrado – quería sonreír….pero ¡Dios! Ya no le quedaban fuerzas.

La lluvia estaba insoportable. K´ sentía escalofríos y temblaba un poco.

-Tengo un pequeño refugio, si vienes conmigo…al menos estaremos secos.

Ella asintió y luego de correr entre la lluvia llegaron a una casa, pequeña, pero resistente.

K´ le indicó que bajara por una escalera.

-Está bien arriba, pero el sótano es más seguro- puso un poco de leña en una pequeña chimenea, prendió fuego con su mano y comenzaron a secarse.

Le dio unas gruesas mantas, se acomodó junto a ella y guardaron silencio un rato. Kula ya estaba más tranquila, después de todo, su búsqueda al fin había dado un resultado. No era exactamente lo que esperaba, pero cualquier cosa era mejor que estar ella sola. Aunque… ¿A quien engañaba? Había estado añorando ver a K´ desde dos minutos después de que él se fuera.

-Quédate conmigo. Juntos estaremos fuertes. Yo ya no puedo sola. Po favor, hazme mas fuerte- finalmente las lágrimas acudieron a sus ojos. Escondió su rostro entre las sábanas.

K´ la sacó y le levanto la cara, tomándola de la barbilla.

La besó profundamente, abarcando cuanto podía de su boca, disfrutando como ella correspondía a esa muestra de amor, tardío, torpe, pero su amor.

-No he venido para otra cosa.

Afuera la ciudad seguía destruyéndose, la gente seguía siendo severamente castigada. Las personas morían, la lluvia caía sin piedad, un par de edificios colapsaban ante el terror de Southtown, pero en alguna parte, dos seres diferentes, dos polos opuestos, esperaban un nuevo día, disfrutando juntos, al menos, de un momento de felicidad.

Lo siento si no fue lo que esperaban, quizás sea algo bueno para empezar. La historia surgió de la nada y no sé si sea oneshot, drabble o qué, pero aquí está.

Mañana comienzan mis exámenes y no publicare nada nuevo en aproximadamente 2 semanas, a menos que un milagro me permita escribir u.u mientras tanto decidí dejar este proyecto publicado.

En cuanto a mi otro fic de KOF, Pacto de sangre, estoy escribiendo el 2do capitulo, será lo primero que publique en cuanto pueda, lo prometo.

Saludos y hasta la próxima.

Atte. Yereri Ashra.