Oneshot dedicado a Shiryu y Shunrei, con la inestimable colaboración de Dohko ;)
Mò li huā (La flor de jazmín)
El Viejo Maestro se hallaba, como siempre, sentado en la roca frente a la cascada de Rozan, vigilando sin cesar la Torre de los 108 Espectros.
Ni siquiera la contemplación de ese edifico maldito podía eclipsar el aroma de una hermosa mañana de finales de primavera.
Dohko se sentía pleno gracias al frescor de la caída de agua ensordecedora. Permaneciendo con los ojos cerrados, de repente una chispa floral le hizo abrirlos.
Ese dulce aroma intenso y sublime que provenía de algún lugar cercano. Podría reconocer el olor a distancia.
Shunrei apareció tras la puerta, acompañando a Shiryu que iba a iniciar su entrenamiento matutino. Los dos jóvenes conversaban en voz baja. Hacía unos cuantos días que ambos habían comenzado a mostrarse más compenetrados.
Quizás el tiempo benévolo de los últimos días, sumándole el implacable curso del tiempo por el cual los dos muchachos crecían a ritmo vertiginoso. Quizás el tenerse el uno al otro había generado esa complicidad entre ambos.
Su alumno estaba convirtiéndose en un joven fornido, responsable y de voluntad férrea. Sus técnicas de combate habían mejorado notablemente y Dohko se sentía orgulloso del futuro caballero portador de la armadura de Dragón. Y quién sabe, seguro que llegaría a vestir la armadura de Libra.
Y por otro lado Shunrei. El sol que alumbraba con su risa cualquier rincón de un alma sumida en oscuridad, la que con su mera presencia hacía que los días lluviosos se convirtieran en días apacibles. La que con esmero, dedicación y amor atendía al Viejo Maestro y a Shiryu.
Ella intuía que los días con los dos hombres de su vida llegarían a su fin. A pesar de ello, Shunrei se mostraba optimista.
Y ahí estaban los dos, cuchicheando. Shiryu le susurró algo que hizo que brotara un leve rubor en las mejillas de la muchacha.
En un gesto sumamente femenino, Shunrei se llevó sus finas manos de porcelana a la boca, para tapar una risa que quería escapar.
Ante ese gesto, el contagio de rubor se hizo patente en Shiryu, quien se despidió de ella con una sutil caricia en el brazo.
Dándose media vuelta, Shunrei desapareció colina abajo, en dirección al pueblo para recoger unas verduras.
Shiryu se mantuvo en el sitio, observando como la muchacha caminaba con paso ligero.
Infló sus pulmones de aire y exhaló largamente, emitiendo un suspiro.
- Hǎo yī duǒ měi lì de mò li huā- canturreó Dohko, esbozando una sonrisa.
Su alumno se giró sorprendido.
-¿Disculpe Maestro?- preguntó, sin comprender la inexplicable felicidad del anciano.
Dohko carraspeó y contempló a su alumno. Ciertamente, lo que él había ansiado durante muchos años, por fin empezaba a dar sus frutos.
-La flor de jazmín, Shiryu. Deben haber florecido. Puedo oler su perfume. ¿No lo percibes?-
El joven se quedó aturdido unos segundos. Negó con la cabeza mostrándose, si cabe, más confuso todavía.
En ese momento, se escucharon unos pasos rápidos. Shunrei corría alegre y pasó por delante de ambos metiéndose en la casa.
Salió a los pocos segundos y agitando un monedero en la mano se dirigió a los dos hombres.
-¡Me olvidé el dinero!- gritó divertida, continuando su carrera.
El Viejo Maestro y Shiryu soltaron unas risas. Cuando se tranquilizaron, Dohko volvió la vista a su alumno, que se quedó pensativo.
-Es cierto Maestro. Ahora sí percibo el aroma a jazmín-
Dohko sonrió complacido. Hay flores que tardan en florecer, pero cuando lo hacen, son las más hermosas y perfumadas.
NOTAS:
La canción que canta Dohko se titula como este fic. Podéis buscarla en youtube poniendo esto 茉莉花.wmv Y la frase que canta dice "Qué hermosa es la flor de jazmín". Está escrito en
Pīnyīn, porque hacerlo en Hànzi quizás no me lo reconocería. Es chino mandarín.
¡Un saludo y gracias por leer!
