Bueno pues, hola a todos :D cmo la ven? no me mori :E pero si ando corta de imaginacion e.e pero pues aqi ando, viva, y estoy de vuelta con un nuevo fic XD sii, ando explirando nuevos fandoms,como la ven? Nunca en mi vida habia echo uno de inuyasha, espero les guste ;) No soy mega fan, pero si me gusta. Ademas, qe puedo perder? Nada ganas si no apuestas. Y como esta idea me vino, pss...qe le vas a hacer no? xD Para los que ya me conocen, Si, esto incialmente era un oneshot como TODOS mis fics, pero a la ora de la ora no se puede! simplemente no se puede. No sirvo para oneshots e.e soy una inutil lo se xD Para los que no me conocen...pss ya me conocieron :D jajaja. por mas qe trate, los oneshot no son para mi.
Como sabrán, Inuyasha no es mio. Se darán cuenta con tan solo empezar a leer XD igual espero lo disfruten ;) Para todos aqellos qe les gusta inuyasha:
Falsas Sonrisas
Porque las más amargas lágrimas suelen disfrazarse de sonrisas.
-¡Inuyasha, eres un idiota!- Medio gritaba una joven pelinegra, con el terror grabado en sus ojos, mientras se aventuraba en el bosque.
Hacía unos minutos había regresado a la era feudal, tal y como lo había prometido, pero por más que buscaba, no había ni rastro de aquel joven de cabellos plateados. Era tarde, el cielo estaba oscuro, y solamente había pocas estrellas que alumbraran su camino.
Siguió caminando, incierta, entre los árboles, en busca de cualquier señal de sus amigos.
No tardó mucho en escuchar pasos. Alarmada, llevó su mano derecha a la altura de su corazón.
-¿Inuyasha?- Murmuró en un hilo de voz, presa del pánico que la embargaba en aquel momento. Carraspeó la garganta un par de veces, tratando de ahuyentar su propio miedo. Ya fuera por orgullo, o por no dejarse vencer, no podía permitirse que la vieran tan débil.
Empezó a escuchar murmullos, pero no podía descifrar las palabras. Llevada por la curiosidad, avanzó hacia las voces, y, aunque los sonidos no eran mas que eso, sonidos, pudo reconocer al dueño de una de las voces; Inuyasha. Una sonrisa inconsciente se formó en sus labios. Confiada y alegre caminó con más seguridad hasta un claro a las afueras del bosque de donde provenían las voces, pero no fue hasta que estaba a escasos metros del lugar que advirtió quien era la segunda presencia que guardaba compañía a Inuyasha; Kikyou.
Sintió como si alguien la golpeará en el estómago. ¿Qué estaba haciendo ella ahí? ¡Y con él! Sin saber porque se escondió entre los árboles, lo suficientemente lejos para no ser vista, pero lo suficientemente cerca para ver.
Él la rodeaba con sus fuertes brazos en un apretado abrazo, ella recargaba su mejilla contra el hombro de él, escondiendo su rostro en el cuello. Algo le susurró a su oído y ella soltó una leve risa, para después levantar el rostro y verlo a los ojos. Y así, sin más, sin aviso, ella se acercó peligrosamente a él, rozando sus labios. Inuyasha no necesitó más para entender, y rápidamente selló sus labios con los de ella, uniéndose en un apasionado beso.
Un nudo se le formó en la garganta y su cuerpo parecía no responder, como si de repente pesara mil kilos más que 5 minutos atrás. Incapaz de evitarlo, una lágrima rodó sobre su mejilla.
¿Porqué? Fue lo único que le vino a la mente.
Ni ella misma entendía la razón de tantos sentimientos encontrados.
Tardó un poco, pero logró recuperar el control sobre su cuerpo. Confundida, y dolida se limpió las lágrimas que, traviesas, le empapaban el rostro, para después salir corriendo del bosque, tratando de hacer el menor ruido posible. Corrió entre los árboles, tratando de alejar aquella imagen que, de alguna manera, había resultado tan hiriente.
¿Es qué como era posible que ella se hubiera enamorado de aquél hombre mitad bestia? Sabía que aquello era imposible, y había tratado mil veces de engañarse a si misma diciéndose que no lo amaba. Esto era una clara prueba de la verdad, y tenía que remediarlo; Debía alejarse de Inuyasha.
Sí tenía que alejarse de él para no lastimarse a sí misma lo haría. Ya pensaría como. Y es que toda su vida hubiera sido mas sencilla si jamás hubiera cruzado aquel pozo mágico. Pero ahora era muy tarde, y la verdad es que le gustaba venir... al menos hasta aquel día.
Caminó pensativa, abrazándose a si misma, como si así pudiera evitar desmoronarse, cuando un monje sentado a las orillas de un río reparó en la presencia de la joven.
-¡Señorita Kagome!- Le llamó, haciendo señas, haciendo que sus tres acompañantes; una joven mujer, un pequeño niño-zorro, y un curioso animal, parecido a un gato de tres colas.
Kagome alzó el rostro, para encontrarse con aquellas caras sonriéndole. Y aunque la destruyó por dentro, una sonrisa falsa se dibujó en su rostro. Tan solo uno de los presentes notó aquel cambio, pero no dijo nada al respecto.
El pequeño niño zorro corrió a los brazos de la muchacha, acomodándose en su hombro, mientras la ponía al corriente de lo que había pasado en los 3 días de su ausencia, y los otros dos corroboraban los hechos.
No, se dijo a sí misma. Definitivamente haber venido aquí no fue un error... haberme enamorado tan tontamente.
-¿Has visto a Inuyasha, Kagome?- Preguntó el monje Miroku, genuinamente interesado, mientras miraba alrededor. -Hace rato que no lo veo-
-Tienes razón, Miroku, no he visto a Inuyasha desde que llegamos aquí. Él fue el que dijo que te debíamos esperar, Kagome. ¿No as estado con él?-
Así que tenía ya tiempo con Kikyou... Dejó escapar un suspiro, sin notar que alguien no había hecho pregunta alguna sobre Inuyasha, y que le dirigía una mirada curiosa y preocupada a la vez.
-No, Shippo, no he visto a Inuyasha.- Contestó seria, tratando de ocultar el tono de amargura en su voz, mientras miraba el reflejo de la luna en el río.
La luna siempre la había tranquilizado. No sabía porque, pero cada vez que algo le preocupaba, veía la luna y eso la reconfortaba. Pero ni siquiera eso lograba tranquilizarla ahora. O es que no era la luna lo que realmente veía, si no aquel rostro perteneciente a un joven de ojos miel y pelo plateado. Sintió un agudo dolor en su pecho, justo en donde debía estar su corazón, si este no estuviera roto. Y es que un corazón es capaz de sanar si tienes todas las piezas, pero él se había quedado con la mitad, dejándola sin opción, más que tragarse el dolor a solas, y esconder sus sentimientos tras aquella máscara de alegría. Sólo esperaba que nadie fuera capaz de notar la falsedad de sus sonrisas, de sus palabras.
Llevaba tanto tiempo reprimiendo sus sentimientos hacia él, de negárselo a sí misma que ahora todo parecía verlo con nuevos ojos. Aquellos sentimientos recientemente despertados la aturdían y le impedían pensar con claridad.
Nuevamente luchó contra las lágrimas. Ella no era una mujer que se dejara vencer tan fácilmente por sus sentimientos, pero no siempre puedes luchar contra lo que sientes. Abrazó fuertemente a Shippo, quién ahora se encontraba sentado en su regazo, tratando de encontrar refugio en la inocencia y la inmensurable alegría que emitía aquel pequeño.
Se despide de ustedes
-AliceHalenn
