Sí me buscas, tú a mí,

me podrás encontrar,

yo te espero aquí y sí,

este es mi lugar.

Sí quieres reír, descubre la alegría de soñar,

un mundo de aventuras sin igual,

junto a mí, a tu amiga Candy.

Sí te sientes sólo recurre a mí,

te estaré esperando aquí,

cuéntame tu historia, te alegrará, sabes que una amiga tendrás.

Búscame, sígueme, llámame Candy,

Busca mi camino, sígueme, ríe como Candy.

CAPÍTULO 1

Un mes después a que Albert se presentara frente a Candy y le revelara su verdadera identidad, fue a visitarla a su casa, el Hogar de Pony donde la joven había decidido pasar un tiempo. Tiempo que dedicaría a pensar y reflexionar sobre lo acontecido en los últimos meses. Después debía tomar una decisión, ¿qué hacer con su vida de ahora en adelante? Albert no tenía una respuesta a esta interrogante, pero sí tenía un plan para darle más tiempo a Candy de poder decidir. Quedarse en el lugar al que siempre recurría tras una crisis. Salir al mundo y enfrentarlo con valor. O buscar el amor. Esas eran algunas de sus opciones.

Después de jugar un poco con los niños del orfanato, que en poco tiempo se habían encariñado con Albert y después de charlar con las dos mujeres que lo dirigían desde hacía muchos años, Albert llamó a Candy a que se sentara a su lado en la sala de estar para contarle su nuevo proyecto. Tal vez su último proyecto como Albert, para después convertirse en el importante señor Andley, representante de una prestigiosa familia americana con ascendencia escocesa.

— ¿Has dicho Egipto?— exclamó la joven sorprendida tras escuchar el plan de Albert— ¡te has vuelto loco!

—no, te aseguro que no. Es una oportunidad que se me presenta. En todos mis viajes nunca he ido a Egipto y este año es la última oportunidad que me queda— respondió Albert— Después tomare mi lugar como cabeza de la familia y los únicos viajes que podré hacer serán a oficinas. Las únicas personas que conoceré serán empresarios que no hablarán de otra cosa que no sea dinero. Pero allá, en Egipto habrá personas completamente diferentes.

—te entiendo Albert, pero no crees que es algo arriesgado viajar en estos días. Quiero decir, ya pusiste tu vida en peligro una vez al regresar al país. — dijo Candy recordando cómo había encontrado a su mejor amigo meses atrás.

—esta vez es seguro. De no ser así no te pediría que vinieras conmigo. El viaje será largo, pero estaremos a salvo. Lo prometo. — dijo el joven aventurero dispuesto a llevar a Candy consigo. "así deba meterla en una maleta" pensaba en ese momento.

— ¿Lo prometes?— preguntó ella solo por decir algo.

—Por supuesto, no sucederá nada malo.

— ¿Cuándo nos vamos?— Había tomado ya una decisión, iría con Albert a Egipto.

—En una semana. Todo está arreglado, partiremos desde Nueva York.

— Bien. Estaré lista para ese día. Dime una cosa, ¿quién sabe sobre tu nuevo viaje?

—hasta ahora, solo mi tía y George, como siempre ellos son los únicos que sabrán donde estoy.

— ¿Y Archie?— al igual que Candy, él ya sabía quién era verdaderamente Albert y se había llevado casi la misma sorpresa que la joven.

—le diré mañana por la mañana. Por el momento solo quiere hablar de los planes que tiene. En poco tiempo volverá al colegio y debe estar concentrado.

— ¿Crees que vaya a ser reclutado?— añadió Candy preocupada. La guerra continuaba y parecía que no terminaría nunca.

—No, esperemos que la guerra no llegue a ese nivel. — los dos rubios se quedaron callados, ambos recordaron a Stear quien había muerto durante la Gran Guerra.

La semana que Albert había dado de plazo se había terminado. Candy se preparó con emoción pero también con un gran nerviosismo. ¿Qué se suponía que debía llevar en sus maletas? Toda la ropa que tenía era adecuada para la ciudad, no para el desierto. ¿Debería llevar su equipo de enfermera?, por supuesto, eso no debía faltar. ¿Su fiel acompañante, Clint, iría? No, Albert había dicho que ninguna de las mascotas iría, el clima no era adecuado para ellos. Así que ambos animales se quedarían al cuidado de los niños del orfanato. Por primera vez en su vida planeaba un viaje a conciencia. Todos los anteriores habían sido preparados por otros, como cuando había ido a Inglaterra. Su regreso al país había sido aún más espontáneo. Cuando fue a estudiar a Chicago lo habían preparado las personas de administración del hospital. Incluso su viaje a Nueva York había sido preparado por Terry, su exnovio. Pero esta vez era diferente, Albert le había dado la oportunidad de hacer un viaje maravilloso a su lado. Un viaje que sabía que sería completamente diferente a cualquier otro que hubiera hecho.

—Candy, tienes una visita— dijo uno de los niños cuando entraba a la habitación donde la joven preparaba sus cosas.

— ¿Quién es?— preguntó dejando lo que tenía en la mano dentro de la maleta.

—no lo sé. Pero es muy elegante— respondió el menor y salió corriendo después haber entregado el mensaje.

Candy sonrió. Extrañaría mucho a sus niños.

Salió de la habitación y fue a la sala donde sabía la esperaba aquella visita. Al entrar vio a George, siempre en su impecable traje negro y su bigote perfectamente recortado. — ¡George, qué gusto!— saludó la joven y lo invitó a que tomara asiento

—Lo mismo digo— sonrió el hombre— vengo a darle esto. Lo encontré en mi biblioteca y creo que le podrá servir— dijo George entregándole un grueso libro.

"los misterios de Egipto"— leyó Candy en voz alta

—el título solo es llamativo. En él podrá encontrar la historia de aquel país. Creo que le gustará y que la preparará para lo que vaya a encontrar allá.

—es perfecto George. Muchas gracias— sonrió Candy y comenzó a hojear el libro— me alegra mucho que vinieras, quisiera que me ayudaras en un asunto— dijo Candy con entera confianza. George asintió y esperó a que la joven hablara— ¿qué se supone que debo llevar a Egipto?

George sonrió y comenzó a darle una larga lista de las cosas que podría necesitar y de otras que eran indispensables.

El día había llegado y, una vez que Candy tuvo todo listo fue a despedirse de las mujeres que la habían criado. En un par de horas llegaría Albert y juntos partirían a una nueva aventura. Egipto, cuna de una larga familia de emperadores. Lugar donde dieron inicio un sinfín de hechos que marcarían la historia del mundo. Un territorio lleno de historia, leyendas y misterios.

—Cuídate mucho Candy— dijo la monja a quien todos llamaban Hermana María y a la que todos veían como una madre.

—procura escribirnos para saber cómo te encuentras— dijo la otra mujer, la señorita Pony.

—no se preocupen, iré con Albert. Él encontrará la forma de comunicarse. Tiene más experiencia que yo en este tipo de cosas. — respondió Candy y besó a cada una de las mujeres con gran cariño. Estaba emocionada por irse, pero ya comenzaba a extrañar a todos.

En ese momento un torrente de niños entró a la casa seguido de Albert. Se veía formidable. Sus gafas de sol cubrían sus ojos, su chaqueta color café con bolsillos por todos lados, sus pantalones de mezclilla, la mejor tela para soportar el viaje y sus botas. Albert estaba listo para la aventura. Candy lo miró fascinada. Aunque lo había visto de esa manera toda su vida, Candy notó algo diferente en él; se veía más sonriente que los últimos días, parecía caminar más ligero y se veía más fuerte.

—Todo listo, ¿nos vamos?— preguntó después de saludar a las tres mujeres que se encontraban ahí.

—Sí, podemos irnos— respondió Candy— iré por mi maleta

— ¡Alto!— gritaron los niños y los adultos se quedaron casi petrificados. —

— ¿Qué ocurre?— preguntó Albert

—antes de partir Candy debe prometer algo

— ¿ah sí?

—promete que si encuentras una momia la traerás contigo y nos la darás— dijo uno de los niños y todos los adultos rieron, pero callaron al instante al ver los rostros serios de todos los infantes.

—les prometo que si la encuentro la traeré, así arrastre una maldición faraónica hacia este lugar— dijo Candy con la misma seriedad que los niños. Después de todo los comprendía, si ella tuviera aun esa edad habría pedido lo mismo, o tal vez hubiera pedido una momia resucitada.

Los niños celebraron las palabras de Candy y dejaron partir a la pareja deseándoles la mejor de las suertes en su viaje.

— ¿Y si no encuentras ninguna momia?— preguntó Albert una vez en el auto.

— ¿bromeas? Vamos a Egipto, te aseguro que encontraré una— sonrió Candy.

La primera parada sería Chicago, de ahí partirían en tren hacia Nueva York y al día siguiente a su llegada zarparía el barco.

La ciudad de Nueva York no había cambiado mucho desde la última vez que Candy estuvo ahí. El clima era bueno, la primavera parecía haber llegado con tanta fuerza que mayo, mes en el que partirían del país, se sentía como el mes más cálido que se había tenido en muchos años.

— ¿qué te ocurre Candy? Estás muy callada. — preguntó Albert a la joven mientras tomaban el desayuno en un discreto hotel, donde Albert no corría peligro de ser identificado como un Andrey.

—nada malo; solo recordaba algunas cosas. Dime, ¿a qué hora zarpará el barco?— dijo Candy borrando de su mente aquellos tristes recuerdos que permanecían en su mente, pero que eran solo eso, recuerdos.

—dentro de una hora. A las diez estaremos adentrándonos en el océano. — respondió Albert sabiendo exactamente lo que pasaba por la mente de Candy. Pero él encontraría la forma de alegrar aún más a la chica de ojos verdes. Estaba seguro que su viaje a Egipto le haría mucho bien a Candy y a la historia.

—muy bien. –Asintió Candy y después añadió— Me siento extraña. Como si un cosquilleo recorriera mi cuerpo. Creo que es la emoción. — se frotó las manos y rio con Albert, que el día anterior había dicho lo mismo.

—Será un viaje emocionante e inolvidable, estoy seguro. — añadió después de tomar un sorbo de café.

— ¿En verdad será tu última aventura?— preguntó Candy después de un rato.

—Como una persona libre, sí— contestó Albert— hice ese trato con mi tía:

Fue un par de días después de haberme presentado contigo como un Andley. Tomé ventaja de la situación, ella se siente culpable por lo que ha ocurrido en los últimos meses. Cree que ella tuvo la culpa de mi accidente y de que Neal haya intentado forzarte a casarte con él. Aunque lo hablamos y ambos estamos de acuerdo de que en este último punto es responsable. Le dije: "tía, me voy a Egipto. No intentes detenerme. Este será el último viaje que haré y volveré dispuesto a tomar mi lugar como cabeza de los Andley. Incluso, si tú lo deseas, me casaré" Entonces ella dijo: "si ese es tu deseo, no te detendré"

— ¿En serio eso pasó?— preguntó Candy extrañada.

—no. La conversación terminó en discusión. Su plan era que para este día yo estuviera frente a un escritorio hablando con hombres de negocios. — Albert rio— pero todo hubiera sido más fácil si las cosas hubieran sucedido como te las conté.

Candy rio por la ocurrencia y terminaron su desayuno en silencio. Hasta que Albert dijo que era hora de partir. Pidieron que bajaran las maletas de sus habitaciones y fueron directo al puerto.

El hotel en el que se hospedaban no estaba lejos del puerto, así que partiendo con una hora de anticipación llegarían a tiempo para zarpar.

— ¡Que comience la aventura!— exclamó Candy una vez que estuvieron a bordo y faltaban pocos minutos para que la enorme máquina se pusiera en marcha.

Tal como Albert había dicho el viaje iba a ser muy largo. Pasarían semanas navegando hasta poder llegar a su destino. Por fortuna, ninguno de los dos jóvenes se mareaba en alta mar, de lo contrario el viaje habría sido fatal.

Durante el viaje Candy se dedicó a aprender sobre Egipto. Le fascinaron sus dioses y su arquitectura. Su historia y las leyendas de los grandes tesoros y poderosas maldiciones avivaron el espíritu aventurero de Candy, que cada día se mostraba más entusiasmada y ansiaba llegar pronto.

—Candy, la cena pronto estará lista— dijo Albert que había decidido cenar en el gran salón, con todos los pasajeros.

— ¿nos vamos?

—Sí, un segundo— dijo colocando un separador entre las páginas del libro sobre Egipto.

Los dos jóvenes salieron del camarote y avanzaron hasta llegar al gran salón. Ahí encontraron a personas de todo tipo. Algunos eran demasiado ricos. Ambos lo supieron por la forma en que miraban a las otras personas, con cierto desdén y aire de superioridad. Otras personas eran tan "normales" para Candy y Albert que no dudaron en tomar una mesa cerca de aquellas personas que conversaban entre sí y que se mostraban animados.

—Lo que ves allá será tu nuevo mundo— dijo Candy por lo bajo una vez que se habían sentado.

— ¡Me muero de ganas por conocerlo!— respondió él con sarcasmo.

—lo harás bien, Albert. No tienes nada de qué preocuparte.

— Piensa de manera positiva, no todos los ricos se creen dueños del mundo.

— ¿ah no?

—no. Tú no lo crees, porque tienes los pies bien puestos sobre la tierra, y te aseguro que encontrarás personas que serán parecidas a ti en ese mundo. — lo animó Candy

—tienes razón Candy. No sé por qué siento tanta aversión hacia ellos.

—no pienses en eso ahora. Ya tendrás tiempo para eso. ¿Te parece si ordenamos ya?— Candy puso fin a la conversación y pidieron una modesta cena que les fue traída de inmediato.

Mientras comían la charla no fue de gran importancia, solo hasta que terminaron de cenar Albert sacó una larga caja negra del interior de su saco y lo puso sobre la mesa.

—quiero que uses esto mientras estamos en Egipto. Será de gran utilidad.

— ¿ah sí? ¿Qué es?— preguntó Candy tomando la caja y abriéndola al instante. Dentro de la caja había un reloj dorado de bolsillo, de él pendía una larga cadena de oro. Al abrirlo se podía leer en finas letras el nombre de "Candy"

—Si lo usas como un collar será más práctico— dijo Albert— ¿me permites?— le quitó el reloj de las manos y, poniéndose de píe para después colocarse detrás de Candy; rodeó su cuello con la cadena y dejó que la gravedad hiciera el resto. El reloj se deslizó rápidamente sobre el vestido de la joven. — ¿te gusta?

— ¡es bellísimo Albert! ¡Una verdadera joya!— dijo Candy emocionada— gracias.

—qué bueno que te gustara. Por cierto Candy…feliz cumpleaños— dijo cuando un camarero se acercaba a su mesa con una tarta de manzana.

— ¿cumpleaños? Pero… ¡es hoy! No puedo creerlo, lo había olvidado.

—pero yo no, y los chicos tampoco. ¿Te parece si después de la tarta vamos a tu camarote para que te entregue los obsequios que te envían?

— ¡Claro que sí!— respondió con una sonrisa de lado a lado— esta tarta se ve deliciosa…


Hola a todas las personas que lograron llegar al final de este primer capítulo. Como ya se habrán dado cuenta soy nueva aquí, así que este es mi primer fic que publico. Espero haya sido de su agrado y me acompañen en esta nueva historia. Como es el inicio de la historia quise poner la letra del opening del anime, ya que es una de mis partes favoritas de cada episodio.

Atte. Clío