Primer día de su último año. Yukie estaba buscando su nombre en la lista de salones de tercer año mientras comía un onigiri que debería guardar para su almuerzo. Su vista se deslizaba ordenadamente columna por columna. No había encontrado su nombre en los primeros tres grupos, pero lo que le preocupaba en ese momento era el hecho de no haber encontrado el nombre del dueño de sus pesadillas.

—Seguro lo saltaste, es imposible que vuelva a estar en tu clase — comenzó a repetir su cabeza como si fuese un mantra.

Aoyama. Asana. Asuma. Bokuto.

Y ahí estaba. Ese chico de nuevo, en su salón ¿Acaso estaba maldita? ¿Bokuto la perseguiría hasta su lecho de muerte?

—¡Hey, hey, hey! — escuchó a sus espaldas. Era la inconfundible voz de Bokuto, además, era el único que estaría tan animado tan temprano en la mañana —. Konoha, no estamos en el mismo salon este año... — se dirigía Bokuto a su amigo con un deje de tristeza en su voz.

No dejaba de gritar y en pocos segundos Yukie ya se sentía con migraña. El joven era demasiado energético y podía agobiar fácilmente a la gente.

—Nakahara, Rokujou, Satou... — Bokuto leía en voz alta los nombres de la pizarra, trataba de recordar al mismo tiempo la cara de sus dueños —...Shirofuku... — el pequeño búho hizo una pausa y mira a su alrededor, tratando de encontrar a su amiga y portadora de ese apellido.

Yukie al escuchar que Bokuto pronunció su nombre trato de huir del lugar. Pero su misión fue estropeada antes de comenzar.

— ¡Yukie! Estaremos juntos otro año más — tomó a la pelirroja por los hombros alegremente — ¿Onigiri en la mañana?

Yukie se apartó rápidamente. Le molestaba la genuina alegría de Bokuto al verla, ya que ella lo odiaba. O más bien, no lo aguantaba. Aunque eso tampoco es del todo correcto, solo que en tres años no ha podido acostumbrarse a él. Bokuto era alegre y energético, actuaba por impulso, siempre decía lo que pensaba sin importar la situación y estaba predispuesto a ayudar a quien lo necesite. En cambio ella prefería mantener distancia y analizar las cosas, no le gustaba involucrarse demasiado y prefería pasar tiempo a solas. Dos personas totalmente opuestas a simple vista. Pero ellos no solo tenían en común ser compañeros de clases, sino que también estaban en mismo club.

—Sí, tengo hambre — contestó de manera fría, pero la cálida sonrisa de Bokuto permaneció intacta.

Eso le molestaba, no podía entender a ese chico. Por más que fuese distante con él, Bokuto volvía a acercársele.

Yukie se apartó sin decir nada más. Bokuto pensó que ella quería ir al baño y no la molestó más. Yukie comía demasiado y en algún momento la comida debía salir. Los pensamientos del chico eran demasiado infantiles.