Disclaimer: Twilight y sus personajes son de la pertenencia de Stephenie Meyer.
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Recuerda cómo esa mezcla de pánico junto con satisfacción que transmitía cada víctima, creyendo haber visto algún ángel maligno; de hermosas facciones y ojos oscuros, sedientos, mientras sentían la sangre drenarse de su cuerpo.
Se sentía enfermo, enfermo de un mal que empeoraba con el tiempo y con las vidas que tomaba.
Jasper Whitlock, estaba cansado de matar a cualquiera. Una ironía viniendo de un ser como él. Pero su no-vida siempre fue una ironía, condenado a alimentarse de los humanos que antes luchó por proteger.
Y con eso, una cosa nunca cambió. Toda su existencia había estado en peleas. Guerras. La de los humanos y la territorial de los vampiros, casi lo mismo. Le tocó vivir siempre lo peor de ambas razas. Tener que convivir con el instinto animal de cada una.
El odio que carcome sus entrañas y las ganas incesantes de cazar de todos aquellos neófitos ansiosos por recibir sus presas del día tras cumplir las órdenes impuestas por él, por María.
Decidió huir un día y era libre, sin embargo la paz duraba tanto como su autocontrol. Los días pasan como horas para los humanos mientras su desesperación crecía.
Un día y se volvió loco.
Un día que no tenía sed, pero el estar rodeado de humanos siempre era tentación. Se había convertido en un suicida al meterse en aquella situación. Él, que nunca actuaba sin pensar las cosas dos veces se había dejado llevar por un impulso al entrar en ese bar.
Tampoco había creído nunca en el destino, pero esa noche, al momento de que ella le dirigiera la palabra, llena de extraños sentimientos que tenía tiempo sin percibir y ojos dorados, creyó en él.
Ella fue como la luz al final del callejón. Uno lleno de sangre y gritos desesperados por piedad, gritos desesperados por seguir en la pelea y destruir al enemigo entre las llamas donde siempre debieron estar.
Sus cicatrices se lo recordaban en todo momento.
