Disclaimer: Rurouni Kenshin pertence a Nobuhiro Watsuki. La historia y la trama son de mi pertenencia.


A lo lejos lo observaba.

El cielo está despejado. Brillante, azul. Y ella sonríe.

Porque está aquí a su lado y es feliz por ello. Aunque nunca deje de temer por la próxima vez que decida irse. Que tenga qué. Por defenderse a sí mismo, por protegerla a los suyos mientras ella hace berrinches y le ruega no hacerlo. Es tarde, Battousai ya ha tomado control de la situación para ese momento.

Y ella no piensa quedarse a esperarlo, tiene en mente seguirle. No puede permanecer mucho tiempo alejada de su contacto sin saber si está vivo o no, por muy buen samurai que sea.

Battousai la toma entre sus brazos y la aprieta con fuerza contra sí, demasiada, como si quisiera exprimirle el alma, con una falta de delicadeza que hubiese sido extraña de tratarse de Kenshin. Pero es tan intenso que no puede negar que desearía que siempre fuese así.

Y es que a veces Kaoru no sabe a quién quiere más. Kenshin o Battousai.

Porque sabe que Battousai tiene un pasado negro y heridas sin cicatrizar que ni ella misma ha sido capaz de sanar. Aun con todo su ser, con todo su amor. Nunca olvida que éste último no siempre basta.

Adora la dulzura de Kenshin, su amabilidad y esa sonrisa que es capaz de hacerle creer que todo anda bien cuando en realidad es todo lo contrario. Pero entiende a la vez que sin Battousai, Kenshin no existiría. El lado amable forjado tras el dolor de las vivencias pasadas del que alguna vez fuera el más sanguinario asesino.

Battousai era como un cielo oscuro y negro. Nublado en pleno día que hace que el sol brillante de Kenshin se oculte.

Sólo eso. Ocultarse, para dar paso al hombre sin piedad. Y entonces cuando la oscuridad torrencial que contiene sus negras nubes se descarga, él regresa. Con su sonrisa cálida para asegurarle a ella, a Kaoru, que todo va bien nuevamente.