Sí, aquí dentro.
Aquí abajo.
Más abajo de mi cerebro.
Más arriba de mis labios...
Poesía, eso me pedían en clases.
¿Qué sabrán ellos lo que es poesía?
¿Acaso lo han visto realmente? ¿Han tenido las vivencias de algún poeta alguna vez?
¿Qué sabrán ellos? ¿Qué sabrán...?
Tampoco yo lo sé... puede que sea una idiota inconsciente y no vea más allá de mis narices...
Curiosa la sociedad, te domina tanto que hasta te dice lo que puedes mirar y lo que no. Te hace ver cosas que no existen y sin embargo, la gente se las cree.
Te dicen cuan hermosa es la vida y que hay que agradecerlo por ello cada día.
Te dicen lo que debes consumir y hasta lo que debes pensar.
Y siempre que aparece alguien que no opine lo que la sociedad dice estás loco, o eres raro.
No mereces compartir la vida como los demás.
Igual que la poesía. Antes salida del alma... ahora son sólo simples palabras en una hoja de papel que tiene un precio.
Sin precio no valen.
Más te vale estar muerto, porque sino no vende...
¡Qué lástima!
Pocas personas piensan lo que yo y además intento disimularlo.
Quién sabe por qué... tal vez tenga que ser así.
Tener ideas propias fuera de las reglas de la vida ordinaria y normal de cada persona es algo que casi se podría condenar.
Simplemente me he limitado a amar con el corazón... y ese fue mi error.
A flor de piel.
I
Por NaYmCo.
Hay una pesadez en mi cuerpo. Es extraño, amar sin sentido. Eso es lo que dicen cuando te enamoras de un imposible.
Sus hermosos ojos, su dulce mirada y esos labios que me volverían loca si los llegara a hacer míos...
Como decía Neruda, es tan corto el amor y tan largo el olvido...
Mas yo no creo poder olvidarla.
Si pudiera... me gustaría no sentir esto cada vez que la veo. Cada vez que me mira.
Me encantaría borrar todo este dolor aquí en mi pecho.
Deshacerme de cada una de sus sonrisas.
Despojarme de sus palabras... y esa piel...
Trémula y rosada.
Casta y oculta bajo el uniforme del instituto.
Por no querer mirarla mis parpados se cierran.
Por no observarla prefiero desviar la mirada.
Ruedo las pupilas a un lugar constante donde no esté ella.
Un sitio que me arrope y me recoja, aunque el dolor... este horrible sentimiento, sigue aquí.
Pesa cada vez más... más y más... y ya no sé explicarlo.
Puesto que pareciera borrarle las palabras al mayor poeta del mundo... pues aún teniendo muchas cosas que decir podría callar hasta los pájaros cantarines.
Si yo fuera pájaro me borraría hasta el sentido... no podría volar.
Estaría sentada siempre en la ventana de su habitación observándola.
Y no quiero...
Ya no puedo... no lo deseo...
Este sentimiento que me toca me lastima y me arrulla.
Es un dolor despreciado y a la vez adorado.
Me gustar sentirlo y no me gusta.
Quiero y no quiero...
Mas olvidarlo no puedo...
Mi dicha por ello.
Es algo que te vuelve idiota y hasta sudan mis manos al pedirme un simple bolígrafo.
Afloran mis nervios intentando complacer su pedido y cuando lo recibe... me da su regalo.
Un pequeño roce de manos.
Algo tan simple y a la vez... es como un gemido en silencio.
Humilde grito guardado con ansias de salir.
Quisiera hacerlo... gritar su nombre a los cuatro vientos y decirle que la amo...
La amo y no puedo evitarlo.
Lo peor llega en el cambio de horario.
Un profesor se va y otro llega... en ese corto tiempo, es como si me latiguearan arrancándome a tiras la piel.
Destrozando hasta el hueso mi alma.
Me habla. Y yo... yo idiota de mí, sólo escucho.
Me cuenta sus cosas, aunque sean superficiales.
Su voz... es como estar encadenada y presa del delirio.
Deseo sus labios, necesito callarlos... mas no puedo.
Mi garganta se seca y ni saliva me queda para tragar.
Llega la ansiedad...
Mi corazón galopante sale de mi pecho.
Mi respiración no la puedo controlar.
Me desboco como un potro aprendiendo a correr.
Y no llega la calma... mi calma.
Nunca llega porque aunque me vaya a casa, ella jamás sale de mi mente.
Otro profesor... otra clase.
Una más... y que sufrimiento el que viene después.
La hora de la comida.
Más almuerzo no quiero comer.
Mi madre se empeña y yo apenas la pruebo.
A cambio la suelo regalar a algún compañero lleno de gula.
Con más ganas de comer sin comer.
Otra variedad de angustia.
Ni un respiro.
Simplemente saco mi bento y se lo doy al primero que pasa.
¿Y qué más da ya? Llevo mucho tiempo así.
Si lo pienso puedo recordar ese día...
El día que la conocí.
– –
No siempre fui así. Me fui encerrando en mí misma, aunque ya tenía un porqué.
La memoria es lo más cercano a volver a vivir algo. Si lo pienso hasta recuerdo ese olor característico del colegio.
Olía a tiza y a pizarra.
A madera y ese aire contaminado de estudiantes sudorosos y nerviosos al ver a la chica que más le gusta.
Yo en cambio era nueva y sólo pretendía ir obligadamente.
Y pronto comprendí que yo no había nacido para estar en este mundo.
Y que casual fue ese momento.
Tanto que a veces pienso que si no hubiera pasado así tal vez hoy... a lo mejor... es posible... que... y más palabras sinónimas de esas pasarían años y años por mi cabeza.
Aún no lo entiendo.
No lo comprendo bien.
Pero, sólo iba a mi clase.
Para ese entonces tenía nueve años. Y la vi...
La vi apresurándose a saludar a alguien.
Alguien que más adelante sería importante para mí.
El pasillo parecía moverse.
Y hasta mareada me vi.
Mi cara pálida debió asustarles a los dos.
Pues me había quedado en un estado lamentable.
Paralizada intentaba avanzar.
Pero no pude, no fui capaz.
Mis libros cayeron al suelo.
Y fue entonces cuando sus ojos se cruzaron con los míos.
Pero, ¿qué complicada es la vida? Pensé.
¿Por qué tenía que verla? Pude haber pasado de largo sin fijarme.
Como siempre hacía, nunca mirar a nadie a los ojos.
No confíes en nadie... nunca te fíes... jamás...
Ese fue mi error.
La miré fijamente.
Y ella a mí.
Millares... centenares de mariposas nacieron en mi estomago... es el único modo que tengo de describirlo.
La única forma posible. Mi pecho latía sin rumbo.
Sin causa y sin comprensión, no entendía que me estaba pasando.
Mi cara comenzó a sonrojarse.
Lo sé porque ella sonrió. La primera sonrisa que le vi.
Desgraciadamente para mí, no sería la última.
Mis manos temblorosas, intentaban alcanzar lo que hacía rato por los suelos se esparcía.
Mas mi cuerpo no funcionaba. Era un robot sin combustión...
Mis actos eran muchos en mi cabeza, y yo no me movía.
Fue ella y el chico que la acompañaba, quienes recogieron todo.
Y desde entonces mi mente está llena de niebla.
No me deja ver la realidad, y sólo veo lo horrible que es sentir esto a cada momento sin nada que hacer.
Sé de sobra que todo está perdido.
Aquel chico que conocí al mismo tiempo que ella, resultó ser más adelante mi propio hermano.
Chrono Harlaown.
Una persona amable y preocupada por los seres queridos.
Con él, he compartido muchas cosas. Desde pequeña me aceptó cariñosamente, e intentó que me adaptara como tal.
Pues su madre me adoptó y me dio algo que nunca había tenido.
Familia.
Mi nombre que por ese entonces era Fate Testarossa, cambió a Fate T. Harlaown.
Intentaba ser feliz, pero verla cada día en mi casa, se acabó convirtiendo en una pesadilla.
A cada minuto, a cada hora.
Me preguntaba el porqué de ella siempre allí.
Era la mejor amiga de mi hermano, no había mucho que entender.
Y aunque yo pasaba tiempo con ellos, mi carácter y modo de ser, me hacía separarme poco a poco.
Hasta encerrarme en mi propio pecho. Cerré la puerta para siempre y de algún modo, sentía alivio de ello.
No tener que verla cada vez que llegaba, era algo que mi corazón agradeció encarecidamente.
Aunque aquello no fue todo... pocos años después me enteré de que ellos dos ya no sólo eran los mejores amigos... había algo más.
Cada día escuchaba a Chrono hablando de ella.
Me decía lo mucho que le gustaba pasar tiempo con ella.
Me contaba lo feliz que era a su lado...
Mientras mi alma se desgarraba lentamente con sus palabras, deseando sólo por un momento ser él y poder robarle un beso.
Uno... nada más que uno.
Quería probar a que sabían... y me golpeaba la cabeza para dejar de pensar esas cosas.
Se pasará, pensé.
¡Qué idiota fui al pensar eso¡
Una estúpida.
¿En qué momento crees que esto pasará?
Tal vez ella le diga que no.
Reía sola en mi habitación.
¿Crees que ella le dirá 'no' a tu hermano?
Es un chico inteligente y guapo, y por desgracia un caballero para ser un niño.
Además su mejor amigo, las probabilidades son tan altas como tú de coger un catarro.
Eres tonta, Fate. Una tonta.
Estaba muy claro. Ella dijo que sí. Y desde entonces me los encontraba a cada rato en mi casa.
Besándose, tocándose, haciéndome sentir horrible.
No era justo que él lo tuviera todo y yo no tuviera nada... quería ser él.
Quería ser Chrono... y comencé a odiarle.
Finalmente llegamos al ahora...
Llegar a casa no te librará, Fate.
No... no me librará.
De nuevo verles juntos de la mano, y sentir como mil cuchillos atraviesan mi cuerpo.
Mis sentimientos han llegado a hacerme sentir culpable, ya no sólo dolida.
Detesto vivir así y creo que nunca debí haber nacido.
Fui un error como siempre me dijo mi madre biológica.
Y luego en el orfanato... y luego... en la soledad.
Las palabras si pueden hacer daño... a mí me lo hicieron una vez y aún me duele.
¿Y cómo lo evito? ¿Cómo evitarlo? Si lo tengo a cada segundo en mi vida.
Si pudiera y tuviera más valor... yo misma acabaría con esto desquebrajando mis venas.
Sintiendo alivio en mi alma... paz.
Felicidad de no sentir nada.
Esto dejaría de doler, tal vez en algún momento... esto acabaría.
Y este sentimiento sólo quedaría en el olvido y nada más.
Pero soy una cobarde, sólo soy eso.
No debería odiarle a él, si no a mí.
Soy lo peor, debería ser feliz al verla a ella sonreír, aunque no fuera jamás mía.
Si el logra siempre arrancarle las millones de risas de sus labios, yo debería alegrarme.
Pero me he vuelto una egoísta, y una persona podrida en dolor.
Pariendo angustias a cada paso que doy.
No puedo dejar de sentirme así y aunque por fuera parezca un mar en calma por dentro siento que el mundo está al revés.
Y que nada de esto acabará jamás...
Nunca...
– –
Escuchar mi nombre en sus labios hace que vuele sin alas, y al volverme la veo agarrada de la mano de mi hermano.
Su sonrisa...
Sus labios... de nuevo este deseo en mí.
No, ¿qué haces? ¡Estás loca!
"Fate-chan nunca espera por mí. Me pone triste, Chrono-kun."
Él sonríe y me mira. De nuevo culpable, salgo tan rápido de clase que ni quiero saber de nadie.
Y no queriendo, llega sólo.
En silencio dirijo mis pasos hacia ellos y comenzamos a caminar hasta mi casa.
Por el camino ellos hablan animadamente.
Sus sonrisas, sus gestos, ella abrazando el brazo de él, y yo... sólo aparto la mirada para no seguir engullendo más dolor.
No puedo más, grita mi cuerpo. Estoy agotada de tanto sufrir...
Quiero irme lejos... desaparecer y ser sólo aire.
Sólo eso.
Quiero poder ir a donde quiera sin el peso de mi cuerpo. Sin tanto dolor y tanto despojo de amor.
No lo soporto más.
Una excusa, no necesito más.
Vuelvo a mirar como idiota que soy y veo sus dedos entrelazados.
¡Qué daría yo por sentir eso! Pensé...
Mi vida entera daría sólo por poder disfrutar un día de ella a solas.
Todo lo que tengo y todo lo que soy lo daría gustosa de poder sentir todo eso.
Sólo por un momento...
¿Y qué será lo siguiente? ¿Qué pasará después?
Mi alma corroída quiere huir... necesito huir de aquí...
Irme lejos... no quiero verlo más, mis ojos queman cada vez que los miro.
Los celos me están matando...
Y despedazan mi corazón lentamente.
No sé si pueda comparar esto que siento, con algo. Creo que no existe nada tan doloroso.
¿Hasta cuándo debo aguantar?
¿Cuándo acabará todo esto?
Quiero que termine ya esta agonía.
No lo soporto más...
Y llegar a casa es lo peor.
Mi madre no está, y justo es perfecto para ellos.
"Eh Fate, ¿quieres jugar con la consola? Tengo un juego nuevo." Dice mi hermano nada más llegar.
"No... de... debo estudiar."
Mentira.
"Tengo cosas que hacer."
Te has vuelto una mentirosa. No tienes nada que hacer y sólo quieres irte.
Sólo quiero irme, no quiero verlo. Sé que luego comenzarán a besarse y no lo soportaré.
– –
! Qué idiota! No he comido nada y ahora tengo hambre.
¿Cómo haré para salir ahora de mi cuarto? Hace rato que no se escucha nada fuera y seguro están a lo suyo...
Un crujido en mi estómago, me dice que pronto comenzarán los mareos.
No puedo más. Debo comer algo.
Eso no es gran problema. Nada más salir se me quitó.
Sus labios suaves jugaban con los de Chrono. Y ella agarraba sus manos para que las pusiera en su cintura.
Lentamente sus bocas se entreabrían y comenzaban con un largo beso.
Mis puños cerrados y mi cara de horror, contemplaban la escena desde la puerta del salón.
Me giré con rabia y de nuevo a mi habitación.
Como dije hace rato, la memoria es lo mejor que hay pero también... también lo peor.
Ella susurraba su nombre entre besos y le pedía más.
Tras de la puerta cerrada, yo apoyaba mi espalda.
Y las lágrimas se acumulaban por salir.
Mis ojos rojos dejé cerrar.
Me iba dejando caer al suelo mientras ahogaba mi llanto.
Finalmente lloré desconsoladamente aquel día.
¿Cómo puede haber felicidad y odio en un mismo lugar? ¿Existe? Sí, yo misma lo estaba viviendo.
Y su nombre de nuevo en los labios...
Ojalá lo pudiera gritar hasta desahogar mis ansias...
Mas apenas salían pequeños susurros... tan dolorosos como mi alma.
Nanoha... Nanoha... Nanoha...
N/A: La historia de esta historia no sé de dónde salió. Hacía tiempo que no me sentía así. Últimamente he sido bastante pésima escribiendo y creí que jamás volvería a sentirme así. Hoy sin más y de la nada, me puse a escribir, sin rumbo. Mis manos y mi cabeza comenzaron a soltar todo esto que habéis leído. Historia nueva sí, aún no me lo explico.
Espero que os guste, y también espero seguirla más a menudo al igual que todas las que aún me quedan por acabar.
Saludines. ^^
